Personajes | Milo Lockett (41)

“Pinté mucho tiempo enojado, con bronca”

Chaqueño y autodidacta, es un éxito en ventas. Fue ajero, verdulero, tuvo bares y negocios de ropa. Enseña dibujo a chicos wichi.

Por Cecilia Alemano

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Lockett no para de vender”, avisan sus agentes de prensa. Así sucedió en las últimas ediciones de arteBA y en la prestigiosa Fay Gold Gallery de Atlanta, Estados Unidos, en donde expuso hasta el 3 de enero. Así ocurre hoy en la galería Teresa Anchorena: “Esta obra cuesta 5 mil”, dice afable una señora señalando una imagen en el catálogo. Nadie pestañea. Todos están ávidos de llevarse uno de esos cuadros a casa. El menos sorprendido es él: “Supongo que mis imágenes son muy accesibles, no tienen pretensiones de obra de arte”

Noticias: ¿No?

Milo Lockett: No, son lo que son.

Noticias: ¿Y qué son?

Lockett: Color, imagen simple.

Noticias: ¿Nunca tuvo pretensión de hacer obras de arte?

Lockett: No, sólo tengo pretensiones de artista.

Noticias: ¿Cómo sería eso?

Lockett: Me refiero a mi actitud, no me importa nada, aunque suene egoísta. Me interesa lo mío, trabajar bien. No opino sobre el otro.

Lleva apellido irlandés, pero su cadencia al hablar es la de un chaqueño. Dice que se inspiró con Jean-Michell Basquiat y que lo deslumbró el color de Alfredo Rocco. Pero quien le dio ganas de pintar fue el argentino Jorge de la Vega –autodidacta como él–. Creció en una familia de inmigrantes irlandeses trabajadores que –luego de denegada la entrada a Nueva York, Uruguay y Brasil– fueron a parar a Resistencia, Chaco. Al pequeño Milo le gustaba la pintura. (“En casa, si bien no abundaba el arte, crecimos con libertad para pensar, sentir y opinar”). Se entusiasmó con unos cuantos talleres libres en la escuela de Bellas Artes, hasta que los complejos de la adolescencia hicieron mella (“Los chicos de mi curso me cargaban, así que colgué los pinceles hasta que cumplí 21 años”) Después fue ajero, verdulero, tuvo bares, y un negocio de ropa. Llegó a tener tres locales y una fábrica de remeras en donde estampaba sus dibujos. Pero con la crisis del 2001 el negocio textil colapsó y tuvo que cerrar.

Noticias: ¿Entonces se dedicó a la pintura?

Lockett: Sí, un día dije: no trabajo más. Mi hija Olivia era muy chica, todos pensaban que me estaba tomando unas vacaciones. Pero Estela, mi mujer, me apoyó, sabía que ya no quería hacer ninguna cosa que no fuera relacionada al arte.

Noticias: ¿Se puede hacer arte desde las provincias?

Lockett: Yo creo que sí. Algunos se autodiscriminan por ser del Interior, no hay que tener miedo ante la posición que uno toma en el arte. La producción y el lenguaje son de uno.

Noticias: ¿Ese dejo de improvisación que aparece en su obra es tal?

Lockett: Intento que las cosas me lleven. Trabajo diez ó doce horas por día, al pintar bosquejeo poco. Aprovecho el error, si algo salió mal y me gustó, lo sigo. A veces son cosas graciosas, me divierto mucho.

Noticias: ¿Qué emociones lo inspiran al pintar?

Lockett: Trabajé mucho tiempo enojado, con bronca, renegaba contra el sistema. Después apareció la euforia, la compulsión por hacer más y más. Ahora la satisfacción es poder colaborar en lo social.

Noticias: Encontró utilidad a lo supuestamente inútil...

Lockett: Bueno, doy clases a chicos de comunidades nativas del Chaco, donde no hay siquiera maestros de plástica. Pero yo aprendo con ellos. Uno piensa que va a enseñar, pero en realidad termina tomando un material visual que en algún momento reaparece. Esos “baños de realidad” –como los llamo yo– para el artista son tan importantes como saber mezclar el rojo con el blanco.

Noticias: ¿Recibió críticas por no tener una formación formal?

Lockett: Sí, pero no les hice caso. No me detengo en eso, mi mirada siempre está más adelante, viendo qué se puede hacer.

Noticias: Y cuando su mirada va hacia atrás, ¿le gustaría haber tenido otra educación?

Lockett: No, no me arrepiento para nada. Estoy contento de haber sido libre, sin maestros, de haber buscado mi camino. Sí me gustaría haber leído más.

Noticias: Da talleres para chicos indígenas y se codea con galeristas de prestigio. ¿Cómo vive esa versatilidad?

Lockett: En todos lados me comporto igual, el que cambia es el paisaje. Lo único que me incomoda es la mediocridad. Defiendo el valor de la palabra, y tenemos algunos términos que son muy pobres y generan más pobreza. El progreso sólo se consigue trabajando, no importa el lugar que te toque.

Noticias: ¿Siente que su estilo pictórico acorta distancias con su espectador?

Lockett: Sí, yo no busco generar un aura de misterio. Agradezco cada vez que me compran una obra, es lo que tiene que suceder. Esa persona, más otras diez, te cambian la vida. Busco mi mercado, no tengo miedo.

Noticias: Tampoco teme relacionar arte y mercado, un tabú para muchos.

Lockett: No, porque es una realidad. Nadie está por fuera del mercado, los que dicen eso son mediocres que temen el fracaso. Es fácil adoptar una postura así. Si hacés arte es porque querés mostrarte, ganar plata y ser exitoso. Si no buscate un trabajo en una oficina y listo.

Noticias: La curadora Laura Batkis lo definió como un artista burlón, ¿lo siente así?

Lockett: Fue bastante acertado. Lo dijo porque leyó tres o cuatro frases que son muletillas en mis obras: “Un café para Milo”, “Mamá hizo milanesas”, “Decime que me querés”. Son frases simples, me gustan así.

Noticias: La última la habrá oído de su mujer.

Lockett: ¡Pero claro! En casa circulan mucho las palabras, mi mujer es psiquiatra. No tenemos miedo de decir “amor”, “alegría” o “abrazo”, aunque suenen cursis.

Noticias: ¡Qué combo ese de artista y psiquiatra!

Lockett: Sí, y yo hago mucho análisis también. Creo que cuando uno no encuentra una respuesta tiene que ir a la persona que le va a hacer la pregunta correcta.

Noticias: Su hija está respirando mucha bohemia.

Lockett: Sí, pero quiero que se sienta libre de hacer lo que quiera. Me parece interesante que pueda apreciar mi colección de arte. Esa centena de cuadros son mi orgullo (enumera algunos de los tesoros que conforman su colección. Se apasiona, pero prefiere que no se publiquen porque le parece ostentoso: “A lo mejor más adelante”, sonríe.)

Noticias: En una sociedad en la que todo se hace con fines utilitarios, ¿para qué se colecciona arte?

Lockett: Para nada. Se trata de aprender a mirar a los otros. Yo disfruto al pararme junto a una obra y contemplarla por un rato.

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