Información General | Íconos de la histeria juvenil

Casi vírgenes

Son artistas teen diseñados para seducir pero ponderan la castidad. El abismo que separa a Hollywood de las matinés.

Por Omar Bello *

PlayStopAnteriorSiguiente

En uno de esos calderos humeantes donde cocinan sus hechizos las brujas de los cuentos, mezclar un poco de asquito frente al relajo moral imperante, con una buena dosis de perplejidad ante la crisis económica global, varias gotas de pánico a los ataques terroristas, un chorrito de desquiciados que masacran a sus compañeros de colegio, cien gramos de vacío existencial, una pizca de incomunicación humana y toneladas de corrección política; todo espolvoreado con terror al SIDA y estética Disney. ¿Resultado? Ídolos adolescentes que portan “purity rings”, anillos de pureza que simbolizan su decisión de ponerle candado a bragas y braguetas. Aunque la pesadilla de los padres sea que sus hijas púberes se entreguen en los boliches a cambio de una Caipiroska, la moda que se viene pasa por llegar virgen al matrimonio. ¿Cuándo pasó?

Obsesionados como estamos en la conquista de la juventud eterna, las generaciones que hoy tenemos treinta o cuarenta años, solemos ningunear los cambios que impulsan aquellos que nacieron en la década del noventa; jóvenes para quienes Madonna es lo que para nuestra generación fue Mae West. Es decir, sólo una viejita piola que recauda millones haciendo chanchadas de salón, y va a seguir haciéndolas mientras su público le festeje la hazaña de bailar cuando se supone que sus huesos deberían crujir, y frotarse ahí cuando también se supone que ese tipo de urgencia debería languidecer. Ni que hablar de los Rolling Stones y otros próceres del reviente que a los ojos de los chicos son polvorientas piezas de museo dignas de admiración, no mucho más. Si la intención es adormecer hormonas adolescentes, basta con mencionar a los Rolling. Si por el contrario, lo que se busca es avivar la natural ebullición púber, los nombres a evocar son Kevin, Joe y Nick, los tres hermanos perfectos y educados que integran la banda pop Jonas Brothers, Miley Cyrus, la protagonista de Hannah Montana, y otras figuras menos conocidas por el público argentino como Jordin Sparks, la ganadora de American Idol. Además de exhibir niveles de corrección y pulcritud que harían vomitar al mismísimo Donald (el músico, no el pato), todas estas figuras comparten la adhesión a un fenómeno que crece y se materializa en el uso del “purity ring”, cuyo origen se remonta a los noventa, época en que fue creado por cristianos y miembros pertenecientes a grupos de abstinencia sexual; probablemente sea una variante del Silver Ring Thing, un movimiento fundado por el reverendo Denny Pattyn como programa para el control de la natalidad y riesgo epidemiológico en los Estados Unidos, que pegó fuerte entre los adolescentes de la superada era Bush.

Abstinencia cool. El gran acierto estratégico del movimiento fue convertir algo tan extremo como la abstinencia sexual hasta el matrimonio, en una movida cool digna de imitación. El marketing todo lo puede. En You Tube están colgados los shows donde Pattyn presenta su programa con raperos cantando “no, no lo entregues” (¿hace falta aclarar qué?), y testimoniales de chicos y chicas lindas que, anillo redentor de por medio, se creen los He-Man del no sexo. Porque en este revival virginal inesperado, la castidad tiene un sentido más amplio y complejo que el que supo ostentar en el pasado, casi parece una extraña forma de acumular energía, una fuente de poder que debe ser usada con cuidado. Al revés de lo que nos enseñaron: cuanto menos tiros, mucho mejor. Más que genio y figura hasta la sepultura, abstinencia y privación hasta el sagrado matrimonio. O para ser más exactos, hasta la llegada del amor verdadero. El cuerpo se entrega a una sola persona. Y al igual que en los novelones de la tarde, para siempre jamás.

¿Imposible? Es la filosofía que están consumiendo nuestros hijos en el universo del entretenimiento. “Me gusta pensarme como la chica que ninguno puede tener, que ninguno puede manejar ni poseer. A mi misma edad muchas chicas están empezando a caer y pienso que (seguir virgen) es un compromiso que podemos hacer, es fantástico”, le dijo Miley Cirus/Hannah Montana a la revista norteamericana TV Guide. Convicción o estrategia de marketing, sus esfuerzos por resultar creíble superan a las risotadas de Wanda Nara, nuestra versión criolla del fenómeno, quien ni siquiera llegó a calzarse el anillo y ya estaba desmintiendo la versión. Los Jonas elevan su voluntad de mantener la bragueta cocida a dimensiones aún más filosóficas: “Ha sido una decisión personal que cada uno de nosotros tomó hace ya algún tiempo, significa que intentamos y vivimos una vida de valores”, le dijo el mayor de los hermanitos canoros (hablando por todos) a una periodista inglesa. Primera sorpresa: la virginidad vuelve a ser un valor social. El golpe de gracia vino de la mano de Jordin Sparks: “No todas quieren prostituirse”, largó por si quedaban dudas acerca de su postura sobre el tema. Según la buena de Jordin, sexo libre y prostitución van de la mano. Lo más interesante del fenómeno “purity rings”, no es la represión sexual que supone y pregona. Después de todo, cada tanto, las sociedades se llaman a un período de abstinencia, especialmente si se ven amenazadas por enfermedades, guerras o crisis de cualquier grupo y factor (hoy por hoy las tenemos todas).

Haz lo que yo digo.Tampoco importa si estos chicos cumplen o no con lo que vociferan. En ningún manual dice que hay que comprar lo que se vende. Desde siempre, el mundo del espectáculo es una máquina de fabricar personajes que repiten un libreto y se adaptan a las necesidades del mercado. Mientras filmaba el Mago de Oz, y el mundo la veía como a una niña encantada que buscaba la felicidad más allá del arco iris; en la vida real, Judy Garland era manoseada a piacere por el dueño del estudio para el que trabajaba.

Lo realmente notable del movimiento que encabezan estos jóvenes castos del anillo en cuestión, es la concepción de la sexualidad como un “arma” cuyo poder de fuego debe controlarse. Nadie promueve el desarme, sólo el uso discrecional del poder de fuego. Si no lo controlás, te puede matar. Quizá el ejemplo más notorio de esta tendencia que asocia pérdida de la virginidad con muerte sea “Crepúsculo”, la película que devino de una serie de libros escritos por una mormona, y hace furor entre los adolescentes del planeta. Su tema central es, justamente, la virginidad: un vampiro que no puede “concretar” porque hacerlo supondría matar a la mujer que ama. Así, en menos de cuarenta años, el sexo pasó de pecado a placer, y de placer a peligro; posicionamiento que alienta múltiples incongruencias. Por ejemplo, lejos de ocultar su cuerpo y su sensualidad como en los tiempos del pecado, los chicos son libres de desplegar sus encantos sin restricciones; igual que esas naciones que hablan de paz y viven haciendo desfiles en los que muestran artillería. Claro que, pasados los años del placer, deben conformarse con reducir la experiencia sexual a una batería de juegos histéricos, capaces de chamuscarles sus juveniles cabezas.

*Publicista y Filósofo.

Más Información General en Noticias

Duplicados polémicos

¿Existen los clones idénticos?

A nuestros lectores

Raíces de la violencia

Leonardo Bergara (37)

Detrás del secuestro

A nuestros lectores

Tarde, pero necesario

Omar Bello/El Almacén/Bue

Transparencia versión digital

Nueva teoría

Las memorias de las células