Información General | Vanesa Carbone (24)

Conejita política

Asesora de legisladores peronistas castigada por posar desnuda.

Por Nicolás Diana

 

Va­ne­sa Car­bo­ne no es una ru­bia ton­ta. Es­tu­dió De­re­cho, fue ase­so­ra de un di­pu­ta­do en el Con­gre­so y aho­ra es co­ne­ji­ta de Play­boy. Blon­da, pul­po­sa y se­gu­ra de los pa­sos que da, la jo­ven de Tie­rra del Fue­go di­ce que ama la po­lí­ti­ca y el mo­de­la­je. Ase­gu­ra que es pe­ro­nis­ta y de­fien­de al Pre­si­den­te Nés­tor Kirch­ner. "Con él se aca­ba­ron los cien años de so­le­dad pa­ra el sur".

Car­bo­ne lle­gó a Bue­nos Ai­res ha­ce cin­co años pa­ra es­tu­diar le­yes. Co­mo su pa­drastro, Juan Pé­rez Agui­lar, ha­bía si­do di­pu­ta­do del jus­ti­cia­lis­mo en Tie­rra del Fue­go, le con­si­guió un pues­to de ase­so­ra del le­gis­la­dor Ri­car­do Wil­der. Allí te­nía a car­go va­rias co­mi­sio­nes y has­ta re­dac­ta­ba pro­yec­tos de ley: "No me cos­ta­ba na­da, te­nía cur­sa­dos cua­tro años de De­re­cho así que es­cri­bir un pro­yec­to era un pa­va­da", ase­gu­ra Va­ne­sa.

Lue­go, tra­ba­jó en el Con­gre­so pa­ra el se­na­dor del PJ Ma­rio Da­nie­le, has­ta que el mo­de­la­je me­tió la co­la. Las dos ac­ti­vi­da­des eran in­com­pa­ti­bles: "Iba ves­ti­da to­da de gris pe­ro con za­pa­tos y car­te­ra de leo­par­do. Los em­plea­dos se da­ban vuel­ta pa­ra mi­rar­me."

No­ti­cias: ¿Por qué re­nun­ció al Con­gre­so?

Va­ne­sa Car­bo­ne: A mi me en­can­ta­ba el tra­ba­jo. Yo que­ría ha­cer el ca­mi­no pa­ra lle­gar a la go­ber­na­ción o ser di­pu­ta­da. Te­nía ga­nas de ha­cer po­lí­ti­ca, por­que en el sur es­tá to­do por ha­cer. Veía el ca­mi­no y los con­tac­tos pa­ra ha­cer­lo. Pe­ro con el suel­do del Se­na­do no me al­can­za­ba, ga­na­ba 600 pe­sos. En­ton­ces, pa­ra­le­la­men­te tra­ba­ja­ba co­mo mo­de­lo y así jun­ta­ba un suel­do dig­no. Tu­ve que re­nun­ciar cuan­do hi­ce unas fo­tos su­ges­ti­vas pa­ra una re­vis­ta de hom­bres.

No­ti­cias: A ver, ex­plí­que­me.

Car­bo­ne: Yo siem­pre cui­dé mu­cho mi per­fil por­que sa­bía que am­bos tra­ba­jos no eran com­pa­ti­bles. Pe­ro se me fue yen­do de las ma­nos. Cuan­do sa­lió la re­vis­ta pen­sé que me iban a ma­tar. Ade­más, una de las chi­cas de la ofi­ci­na la com­pró y la lle­vó al la­bu­ro. Ahí me di­je­ron que te­nía que ele­gir, un tra­ba­jo o el otro. Y me fui, por­que el mo­de­la­je pa­ga­ba me­jor.

Va­ne­sa lle­gó a Play­boy de ca­sua­li­dad. Pri­me­ro apa­re­ció des­nu­da co­mo play­ma­te del mes y en el ve­ra­no, lue­go de un du­rí­si­mo con­cur­so don­de to­das las co­ne­ji­tas se arran­ca­ban las pes­ta­ñas, fue ele­gi­da play­ma­te del año. Y se ga­nó la ta­pa del ma­ga­zi­ne.

No­ti­cias: ¿Fue di­fí­cil ha­cer el des­nu­do?

Car­bo­ne: Un po­co lo hi­ce por re­bel­día, es­ta­ba ner­vio­sa pe­ro lo vol­ve­ría a ha­cer. Fue jus­to cuan­do re­nun­cié al Se­na­do y es­ta­ba un po­co eno­ja­da. Pe­ro me gus­tó. Es más, du­ran­te es­te año voy a es­tar en la ta­pa.

No­ti­cias: ¿Vol­ve­ría a la po­lí­ti­ca?

Car­bo­ne: Por aho­ra si­go con mi ca­rre­ra de mo­de­lo, es­toy bien así. Me en­can­ta­ría tra­ba­jar con Ge­rar­do So­fo­vich. Igual no des­car­to que en un fu­tu­ro pue­da vol­ver a la po­lí­ti­ca. Si la Cic­cio­li­na que fue una ac­triz por­no y no tie­ne ni el 50 por cien­to de la pre­pa­ra­ción y la ca­pa­ci­dad que yo ten­go fue di­pu­ta­da, ¿por qué yo no pue­do ser po­lí­ti­ca?

No­ti­cias: Us­ted tra­ba­jó con le­gis­la­do­res jus­ti­cia­lis­tas, ¿có­mo se de­fi­ne?

Car­bo­ne: Soy pe­ro­nis­ta y pin­güi­na, por­que con Nés­tor Kirch­ner se aca­ba­ron los cien años de so­le­dad pa­ra el sur. El sur co­bró vi­da gra­cias al Pre­si­den­te, eso me pa­re­ce muy bien. Ade­más, ad­mi­ro mu­cho a la mu­jer de Kirch­ner, Cris­ti­na Fer­nán­dez. Aun­que le di­ría que use me­nos ma­qui­lla­je. En los afi­ches de cam­pa­ña apa­re­ce con mu­cho ri­mel y se le ha­cen gru­mos en las pes­ta­ñas. Eso le em­pa­ña la mi­ra­da.

No­ti­cias: Qué le atrae más, ¿la po­lí­ti­ca o ser co­ne­ji­ta?

Car­bo­ne: Mmm… son dos co­sas di­fe­ren­tes. Pe­ro tie­nen una co­ne­xión. La po­lí­ti­ca ge­ne­ra mu­chas fan­ta­sías, por­que el po­der ge­ne­ra fan­ta­sías. Y las co­ne­ji­tas son una mar­ca que tam­bién ra­to­nea a hom­bres y mu­je­res. Las dos co­sas son dis­pa­ra­do­ras, y eso me en­can­ta.

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