Sociedad | Psicología

La dictadura de la salud

Un grupo de científicos alerta contra los riesgos de convertir la salud en un prejuicio.

Por Nana Queiroz

 

Son considerados “enemigos de la salud”, pero hay que tener un cierto cuidado para entender el tema. No tienen nada en contra de la penicilina, de las investigaciones con células tronco o el protector solar. Se trata simplemente de un grupo de médicos y académicos que se rebelaron contra lo que se llama la “dictadura de la salud moderna”, bajo la cual se esconderían ciertos prejuicios. Los argumentos del grupo se pueden encontrar en el libro Against Health - How Health Became The New Morality (Contra la salud: cómo la salud se transformó en una nueva moralidad), lanzado recientemente por la editora de la Universidad de New York. La obra está a cargo de uno de esos mal llamados “enemigos de la salud”, el psiquiatra norteamericano Jonathan Metzl.

Periodista: ¿Por qué estar en “contra de la salud”? 

Jonathan Metzl: Quiero que quede claro que no estamos en contra del bienestar de las personas. Sino que protestamos contra algunos usos de la idea de salud que involucra supuestos sin fundamentos y prejuicios importantes.

Periodista: ¿Podría dar un ejemplo?

Metzl: Se puede percibir en la forma en que a veces nos dirigimos hacia los gordos. Decimos: “La obesidad es perjudicial para la salud”, cuando, en realidad, no queremos decir que esa persona tenga alguna enfermedad, sino que es perezosa o carece de fuerza de voluntad. Incluso, en los Estados Unidos, es normal asociar la gordura con un cierto sentido de “subhumanidad”. Es una forma inaceptable de discriminación. Algo similar sucede cuando vemos a una madre alimentando a un bebé con una mamadera y pensamos: “La leche materna es saludable para los bebés”. En realidad, estamos suponiendo que aquella mujer no es una buena madre. En este y otros casos, apelar a la salud nos permite hacer varios supuestos morales. Y la definición de nuestra propia salud también depende de la forma en que juzgamos la de los otros.

Periodista: La obesidad produce riesgos reales al organismo. ¿No le parece correcto que alertemos a las personas acerca de los mismos?

Metzl: Sí, realmente existen riesgos relacionados con la obesidad. Pero una parte de ellos fue muy exagerada. Lo que conocemos como fat panic (pánico a la gordura) se basa más en argumentos estéticos que en la ciencia. Las teorías sobre la muerte precoz de los obesos no está comprobada: ellos viven tanto como las demás personas.

Periodista: ¿Y con respecto a los fumadores? ¿Qué piensa sobre las leyes que se aprobaron en todo el mundo, creando áreas restringidas para este grupo de personas?

Metzl: Es indiscutible que fumar es perjudicial para la salud y estamos de acuerdo en que las personas no deberían hacerlo. Sin embargo, mucha gente suele creer que los fumadores son ciudadanos de segunda clase. Están obligados a aislarse y las personas los miran y dicen: “Eres una mala persona que fuma”. Este argumento, que comenzó con un tema de salud, se convirtió en una crítica moral. Y está reforzada por la exclusión física de los fumadores. Muchas leyes antitabaco son importantes, pero es necesario retomar los orígenes del argumento, cuando realmente era un tema relacionado con la salud.

Periodista: Usted cita en su libro que, en 1970, el filósofo austríaco Ivan Illich ya criticaba la preocupación excesiva por la salud. ¿Qué cambió desde entonces?

Metzl: En los años '60 y '70, se criticaba mucho a la salud. En aquella época, las personas recriminaban a los médicos, diciendo que intentaban controlar a las personas. Es gracioso releer estos artículos porque, hoy en día, los médicos tienen menos poder. Lo que estos filósofos no previeron fue el poder de influencia de las industrias farmacéuticas y de las empresas de seguro, que ganaron un gran poder para decidir lo que es y lo que no es saludable. Y, muchas veces, se trata más de una cuestión de negocios que de salud.

Periodista: ¿Por qué el argumento de la vida saludable tiene tanto peso actualmente?

Metzl: Tal vez las personas sienten la necesidad de controlar el propio cuerpo porque tienen miedo. Existen tantas cosas imprevisibles, podemos desarrollar un cáncer o sufrir un accidente de auto, que resulta mucho más sencillo evadirnos que asumir nuestra vulnerabilidad. Las personas creen que si comemos las cosas adecuadas tenemos todo controlado. Al mismo tiempo, las personas también están mejor informadas sobre la salud, entonces, se preocupan más. Existe una cantidad infinita de informaciones de fácil acceso sobre el tema y un exceso de comerciales sobre productos y elaboraciones farmacéuticos. Muchos de estos comerciales dan la impresión de que todos estamos, de alguna manera, enfermos. Hay personas que llegan a mi consultorio pidiendo un determinado medicamento, alegando que tienen enfermedades que no sabían que existían y no tienen idea de cómo son, pero que vieron en la televisión.

Periodista: ¿Cómo liberarse, entonces, de esta obsesión por la salud?

Metzl: Nosotros no predicamos que las personas no deban cuidarse, sino que les decimos que no deben olvidarse de investigar los valores que se asocian con su noción de salud. También pedimos a los médicos y al público en general que estén atentos al rol de las industrias farmacéuticas y que, al divulgar nuevos productos, reflexionen sobre cuál es la enfermedad verdaderamente, y cuál es la necesidad real de un tratamiento.

Periodista: ¿Cómo definiría a una persona saludable y feliz?

Metzl: Actualmente, existe una línea general de pensamiento que parece sugerir que la salud y la felicidad caminan juntas. Tal vez este no sea el caso. Las personas que fuman pueden ser felices, las personas con sobrepeso pueden ser felices. Existen varias fuentes de felicidad en el mundo. Parte de esto se define con la condición médica, pero otra gran parte la determina la familia, las cosas que nos gusta hacer. Estamos tan obsesionamos por la salud que nos olvidamos del sabor de la buena comida y los placeres de diferentes cosas. Dejamos de lado el concepto del placer.

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