El empresario Max Higgins está enojado. Se autoproclama “el rey del entretenimiento”, pero hoy no está de humor para el show.
Es cierto que tiene todo lo que se necesita para ser un rey: corona y capa (usó una corona de laureles dorados ante miles de personas que no pagaron su entrada en un estadio de Mar del Plata), egocentrismo, jet privado, despliegue de guardaespaldas con trajes oscuros, ganas de ser famoso, actitud displicente con la prensa, un toque de excentricidad (o de mal gusto, combina camisa a rayas rojas con corbata y tiradores a lunares), pero sobre todo –y lo más importante– millones de dólares para comprar éste o cualquier otro título nobiliario. Es más, de sus manos cuelgan anillos con piedras preciosas y pulseras de oro que servirían de festín para la inseguridad paisana sino fuera por los cuatro custodios que siempre vigilan sus valores.
Pero cuando Higgins recibe a NOTICIAS en su oficina de Puerto Madero, su ánimo no está a la altura del protocolo de la monarquía. Este enigmático empresario negro, jamaiquino, de 37 años, casado con una ignota dama argentina, está enojado porque cree que la prensa se ensañó con él sembrando dudas sobre su imagen, hasta ahora bastante misteriosa, su fortuna y el origen de los fondos. Y se pone molesto cuando le preguntan quién es. “Debería saberlo”, responde en inglés.
Su nombre apocopado, ya que en realidad se llama Emile Maxim St. Patrick Higgins, era hasta hace poco tiempo desconocido. Pero, como todo en la Argentina, saltó a la luz pública en medio de una polémica. Higgins proyecta la construcción de un parque de diversiones en San Pedro, al estilo Disney World, que será bautizado con un nombre primo hermano del original: Walt Disney Mundo S.A, Inc. Esto le valió una desmentida por parte de los parientes del ratón Mickey en los Estados Unidos y la amenaza de una demanda judicial por utilización ilegal de marca.
A imagen y semejanza. No es la única analogía con grandes compañías norteamericanas del mundo del espectáculo. La corporación Higgins Warner Group –un conglomerado de empresas dedicado a producir música, películas, shows y modas– está formado por subsidiarias cuyos nombres también suenan famosos: Higgins Warner Music USA (como la Warner Music) o Higgins Warner Elite Modeling Agency (como la agencia de modelos Elite). Aunque no tenga la menor vinculación comercial con las originales.
En julio, el empresario puso en marcha en el Polideportivo de Mar del Plata, otro emprendimiento faraónico: el World Football Idol, un evento internacional que intenta pescar nuevos talentos con la pelota pero que, en su primera edición, fue un fracaso de público, por lo que Higgins debió regalar las entradas de la segunda ronda y contratar a figuras como Diego Maradona, Sergio Goycochea y la cantante Gloria Gaynor para seducir espectadores. En este espectáculo, Max estrenó su corona y bajó del escenario con paso de showman y brazadas de predicador electrónico.
La organización de estos mega eventos, según su dueño, le costará a la corporación Higgins la astronómica cifra de 18.000 millones de dólares en todo el mundo que se financiarán con el aporte de capitales “árabes y europeos” (siempre suena exótica la palabra árabe ya que remite a turbantes y petrodólares). “A mí no me importa gustarle a la prensa. Yo estoy acá para progresar, crear empleos y no sentarme a criticar. Yo soy un empleador. Ustedes deberían preocuparse por mi trayectoria y creer en lo que voy a hacer en el futuro”, protestó el jamaiquino.
“¿Cuál fue su trayectoria en Jamaica?”, quiso saber NOTICIAS. “Me llama la atención que me hagan esta pregunta porque hace más de un año y medio que estoy en la Argentina. Ya creé dos World Fútbol Idol y mucha gente me conoce. Todo el mundo sabe que soy de Jamaica, tengo residencia argentina -dijo señalando un documento de identidad sobre el escritorio- y una buena trayectoria. Lo único que no me gusta de la prensa es que no informa correctamente”, respondió sulfurado, traductor de por medio, mientras daba rienda suelta a una hiperkinesia poco habitual: escribía en su laptop, trituraba papeles y sacaba fotocopias.
En realidad, contrariamente a lo que piensa Sir Emile Maxim ST Patrick Higgins, su poderoso y extendido nombre todavía no prendió en el gran público argentino. Es más, a algunos personajes contratados por él para animar su show futbolero todavía les cuesta unir el evento con la cara del empresario. “¿Quién?”, preguntó asombrada una top model que cobró su caché más puntual que nunca luego de desfilar en Mar del Plata. “Ah, sí...pero no tengo idea de quién es. Nosotras hicimos la nuestra. Estuvimos encerradas en el camarín”. “No sabemos casi nada de él. Vamos a sus eventos, cobramos y nada más”, agregaron en el entorno del ex arquero Goycochea.
Extravagante. Para los pocos privilegiados que tuvieron contacto con el jamaiquino, Max Higgins es un tipo demasiado extravagante. Cada vez que aparece en escena, deslumbra. Es como una sombra que, en contadas entradas, muestra un despliegue inaudito de recursos económicos y se va. En San Pedro emergió de entre la polvareda que levantaron sus tres helicópteros recién aterrizados y que, luego, barrieron más de una decena de guardaespaldas y de personalidades que no entendían el español. Quién sabe si por apego a la verdad o porque la historia se vuelve así más atrapante, la prensa local atribuyó a Higgins una amistad con los príncipes de Dubai. Estilo no le falta. En el aeropuerto de Ezeiza bajó de una limusina blanca con túnica y alpargatas, en medio de la corrida de sus custodios. En Mar del Plata fue presentado con luces y música estridente. “Es impactante”, afirman en la municipalidad de San Pedro. Ni hablar de lo que produce en sus interlocutores la ostentación de joyas y brillos al estilo ochentoso de Mr.T de Brigada A.
NOTICIAS insistió, tratando de relajar el tono defensivo de sus respuestas: “Ya sabemos qué hizo en la Argentina. Lo que nos interesa es saber si proviene de una familia de dinero y cuáles son sus negocios en Jamaica”.
“Vengo de una familia acaudalada y mi padre es ex jefe de policía, muchos políticos lo saben. Traje de Jamaica el desarrollo de algo que no hubiera podido hacer allí ya que mi país no ganó ninguna copa mundial. De los países latinoamericanos, sólo podía tomar la Argentina ya que en Brasil no quiero que me secuestren. Este es un país muy seguro, por eso todos los inversores norteamericanos y europeos vienen acá”, contestó, desafiando quizás la sensación de territorio paria que tenemos los argentinos de nosotros mismos. La traductora, que transpiraba para sintetizar los largos monólogos y no se animaba a interrumpirlo, licuaba el malestar en el discurso que aún se le notaba al hombre que, evidentemente, no adhiere al pacifismo de Bob Marley.
Noticias: Está casado con una argentina. ¿Quién es ella? ¿Cómo la conoció?
Higgins: Mi mujer es una persona agradable, pero ella no es productora ni cantante, no le interesan los medios. A mí me gusta la fama, pero ella no la pidió. Yo soy el que creó el World Football Idol y el parque Disney. Por eso quería pedirles que dejen a mi mujer a un costado. Ella está embarazada y no toleraría los estragos de los medios. Yo sí los puedo enfrentar.
Noticias: ¿Pero usted vive en la Argentina o viene de vez en cuándo?
Higgins: Mis sedes mundiales están acá. La tierra para construir Walt Disney me costó un millón de dólares. ¡No entiendo por qué no podría vivir acá! -se indignó-. No me interesa caerle bien a la prensa, yo vine a crear proyectos. Si yo fuera una mala persona, ni Goycochea ni Maradona se hubiesen sumado.
Noticias: ¿Por qué está tan enojado con la prensa?
Higgins: Porque dicen mentiras...
Un colaborador hacía gestos acodado en la puerta. “Ellos no son del diario La Nación, son de NOTICIAS”, le apuntó en un precario inglés. A nosotros: “Es que Max se confundió. Pensó que ustedes eran de La Nación”.
El enredo no distendió el clima, pero al menos nos sacó una culpa de encima. Max siguió parándose y sentándose en una oficina pequeña y bastante desordenada. La incomodidad del empresario se debía a una nota de ese diario en la que se relataba que la Policía Federal había secuestrado un Lamborghini Diablo, color champagne, valuado en 350.000 dólares, que habría sido alquilado por Higgins, pero nunca devuelto al representante de la marca italiana en la Argentina. Se enfurece cuando le toca aclarar este punto. “Este auto me lo vendió un mexicano que decía que era el presidente de Lamborghini en Latinoamérica y me engañó. Era un auto ilegal. Las partes no coincidían con el motor original”. Siguió: “El mexicano también quiso vendérselo a un amigo de Goycochea, pero él se dio cuenta que había algo raro. Yo soy la víctima”.
Higgins parece tener fascinación por los autos y se tomará revancha con un nuevo Lamborghini, que espera para dentro de unos días. Mientras, alterna entre dos BMW y dos Mercedes Benz.
Noticias: ¿Qué pasó con Disney por el uso de la marca?
Higgins: Cuando me reuní con el intendente de San Pedro quedó claro que esto era un prototipo de Disney. El nombre no es igual y el logo es distinto. Nunca dijimos que tenía que ver con el Disney de los Estados Unidos, sino que ese misterio lo inventó la prensa.
Noticias: ¿Por qué utiliza nombres similares a empresas norteamericanas?
Higgins: Nunca nadie me reclamó por parte de Warner Brothers porque los papeles de incorporación siempre fueron correctos. Yo admiro a Jack Warner, el creador del imperio, por el éxito que tuvo y me inspiré en él. Las empresas son legales.
Noticias: Está bien pero ¿no cree que nombres tan parecidos generan confusión?
Higgins: No. Ese es un punto de vista anglosajón: sentarse a esperar que los gringos actúen y seguirlos. Yo vengo de una sociedad de elite en la que nosotros somos líderes y dirigimos. Estoy acá para quedarme y quiero decirle a los argentinos que no se preocupen porque el Disney de San Pedro sólo va a traer oportunidades, trabajo, turismo, árabes y va a hacer que muchos europeos inviertan en el país.
El jamaiquino habla de inversores con la sencillez de quien cuenta caramelos. No abunda en sus contactos internacionales, pero asegura que cuando “el proyecto serio se empieza a desparramar, me bombardean de todos lados con ofertas”. Y agrega en tercera persona, como un slogan: “Ellos saben que invirtiendo con Max Higgins tienen muy buenas devoluciones de ganancias”. En su página de internet hay un link en el que se invita a poner plata. Cuando se le pregunta sobre las diversas hipótesis que se tejieron sobre sus inversiones (que son falsas o que encuadran en el estereotipo del lavado de dinero), contesta con un análisis sociológico: “En la Argentina no tienen confianza en nada”.
Noticias: Finalmente, ¿por qué usa capa y corona?
Higgins: El show business es así. En Hollywood no hay nada opaco. ¿Por qué me vestí como un emperador? Porque tiene que ver con el entretenimiento. Si yo, que soy el rey del entretenimiento, no hago estas cosas con glamour y emoción, sería aburrido.