Danza |

Evocación del fasto real

"La Bella Durmiente del Bosque" de Chaicovsky-Petipa-Aharonian, con Genoveva Surur y Mijail Kaniskin. Ballet y orquesta estables. Teatro Argentino de La Plata.

Por Enrique Honorio Destaville

 

Verdadero éxito el del montaje de este ballet académico a cargo de Pablo Aharonian, quien eligió revalorar los aportes de la tradición surgidos desde el original de Marius Petipa (1890). Sólo innovó en algunas danzas colectivas. La sala completa vivó a Genoveva Surur como notable Aurora, quien se superó artística y técnicamente, contenida al máximo y dando pruebas de gran capacidad de estudio, sobre todo del adagio de la rosa, la visión, y el brillante pas-de-deux final. Príncipe Deseado fue el ruso Mijail Kaniskin, de natural noblesse en sus maneras y técnica fulgurante. Su maestría de partenaire resolvió brillantes "pescaditos" con Aurora. Muy bien la pareja real (W. Aon y M. Sosa), con refinada y elaborada pantomima, apenas discreto el Pájaro Azul de V. Filimónov con la briosa Caroline Queiroz, en papel aunque falta de plasticidad corpórea el Hada Lila de Julieta Paul. En general, bien todos los solistas y cuerpo de baile incluyendo los pequeñitos como pajes. Aharonian diseñó a Carabosse como hada, malévola pero no ridícula y grotesca, luciéndose Aldana Bidegaray. El éxito se completó con la sugerente y bella escenografía de Andrés Tatavitto y el vestuario evocador de los fastos versallescos de Mariano Toffi. La orquesta tuvo al frente a Guillermo Scarabino esforzado por acentuar ciertos espacios magnificentes y otros dramáticos de la ejemplar partitura de Piotr Ilich Chaicovsky. El corno, por ejemplo, respondió brillantemente, pero algunos vientos fueron de lamentable intervención por su desafinación.