Teatro |

Una bruja inmortal

"La Celestina", de Fernando de Rojas, versión y dirección: Daniel Suárez Marzal. Con Elena Tasisto, Julieta Díaz y Sergio Surraco. Teatro Regio, Córdoba 6052.

Por Ernesto Schoo

 

No es poca hazaña reducir a hora y media de espectáculo los veintiuno (o veintidós, según distintas versiones) actos de esta formidable novela dialogada, o teatro novelado, como se quiera. Son más las incertidumbres que pesan sobre la "Tragicomedia de Calisto y Melibea" -su título original, publicada entre 1499 y 1500- que las certezas. Ni siquiera sobre la identidad del autor se han puesto de acuerdo los eruditos, pero la tradición atribuye al menos los primeros dieciséis actos originales a un tal Fernando de Rojas, abogado y magistrado, nacido -se dice- en Montalbán, cerca de Toledo, y fallecido en Talavera de la Reina hacia 1541. No se le conoce ninguna otra incursión literaria.

Daniel Suárez Marzal, director de reconocido prestigio y especialista en los clásicos de la lengua (recuérdese su bellísima versión de "El perro del hortelano", de Lope de Vega, dos años atrás, en La Ribera), reduce la trama a lo esencial y hace jugar tan sólo a los tres personajes principales: la impetuosa y desdichada pareja juvenil, y "la puta vieja, remendadora de virgos y maestra grande" (como la define el autor) que, al facilitar el acceso carnal de los amantes, los lleva a la muerte. El insólito desenfado sexual (que durante tanto tiempo escandalizó a la España puritana) y el catastrófico final, tan afines a los criterios actuales, justifican la calificación que hacen de la obra de Rojas algunos estudiosos, considerándola la primera novela moderna, anterior a "Don Quijote".

Surge así, en la versión del Regio, una "Celestina" descarnada y feroz, con toda la carga libidinosa y también todo el lirismo apasionado de los encuentros de la pareja. La bella, funcional e imaginativa escenografía (con proyecciones) de Pigozzi, iluminada con acierto por Trovato, la hermosísima ropa de Schussheim y el valioso aporte musical de los contratenores Pehuén Díaz Bruno y Nicolás Bernazzani (también compositor) y del tañedor Miguel de Olaso, enmarcan al impecable terceto de actores. Donde Elena Tasisto compone a una formidable "madre Celestina", sentenciosa, astuta y hasta simpática por momentos, y el dúo juvenil (con sagacidad, se ha evitado cualquier contaminación romántica) despliega una pasión arrasadora y finalmente fatal.