
Espesa (y por momentos confusa) intriga en torno de los turbios manejos de la CIA en países periféricos. Esta coproducción entre Estados Unidos y Sudáfrica, con la batuta de Gavin Hood (“Tsosi”), ofrece una galería de personajes muy duchos en practicar doble juego. Douglas Freeman (J.Gyllenhaal, lejos de “Secreto en la montaña”), analista de la CIA con destino en África, comienza a cuestionar seriamente su tarea en la Organización luego de ser testigo del brutal interrogatorio al que somete la policía de Africa del Norte a un egipcio americano.
Anwar es ingeniero químico. Su familia emigró a los Estados Unidos cuando era un niño. Ahora se sospecha que pueda tratarse de un terrorista encubierto. El hombre desapareció en un vuelo que iba de Ciudad del Cabo a Washington D.C, y su mujer, Isabella, desesperada, moviliza a un compañero de estudios con conexiones políticas y al senador Hawkins, quien acaba descubriendo que la encargada del rubro Terrorismo en la CIA, Corrinne Whiteman (M.Streep) tendría mucho que ver en la suerte corrida por Anwar. Si a esta altura usted se siente medio perdido, lo mismo le pasa al espectador, con toda esta gente comprometida en asuntos donde no impera la inocencia. Film de estructura coral, con nerviosas idas y venidas de figuras que mueven los hilos entre bambalinas, mientras otros, en el llamado Tercer Mundo, llevan a cabo las tareas más sucias. El asunto pone el acento en la habitual paranoia de los servicios de información, tan proclives al doble juego y a encontrar chivos expiatorios. Meryl Streep hace lo suyo de taquito.