
A juzgar por las tres primeras emisiones, “La casa de América” tiene buenos cimientos sobre los que ir creciendo. El principal pilar es, sin duda, la conducción de Fernando Bravo, que con este ciclo regresa a la tevé. Con una experiencia que incluye programas tan recordados, como “Veinte mujeres”, “Siglo XX cambalache” –junto a Teté Coustarot– y “Fair play”, entre otros, Bravo demuestra que no le ha perdido la mano al oficio de ponerse frente a las cámaras y llevar al espectador de un tema al otro sin sobresaltos, alaridos ni golpes bajos. Al menos hasta ahora, a Bravo el vértigo de la tevé sometida al rigor del minuto a minuto no le impide desarrollar su personal estilo de conductor ameno, riguroso en los conceptos y diestro en repartir el juego entre los integrantes de su equipo.
Anita Martínez oficia de coconductora y, a su vez, participa en el segmento humorístico del ciclo, que cuenta con la labor de un histórico en el género, Juan Carlos Mesa. Por el momento, el desempeño de Martínez es más alto en la veta histriónica que en la tarea de oficiar como coequiper de Bravo en la conducción o en el rol de entrevistadora.
Concebido como un magazine para el horario matinal, el nuevo ciclo de América combina las noticias de actualidad con las entrevistas, las recetas de cocina, la participación del público y el humor. Hasta allí, nada que escape a las propuestas del género. Sin embargo, “La casa…” hace la diferencia en su segmento informativo: el aporte de los móviles enviados al lugar donde suceden los hechos y la seriedad con la que Dolores Cahen D´Anvers desarrolla su labor, logran posicionarlo como un producto periodístico antes que de entretenimiento. Además, en las primeras jornadas se ha visto que el ciclo cuenta con el apoyo del servicio noticioso de América, una contribución que merece ser valorada. Por caso, puestos a tratar el tema del odontólogo Ricardo Barreda sumaron el aporte de Guillermo Andino, que anticipó el contenido del programa especial que saldría al aire esa misma noche: una entrevista con el homicida que por esos días peleaba por obtener el beneficio de la prisión domiciliaria con objeto de terminar de cumplir su condena fuera de la cárcel.
Otro punto fuerte de “La casa…” es el tono elegido para el magazine: transmitir un clima amigable sin resignar la seriedad propia de un ciclo periodístico. Según se advierte, los integrantes del programa no se sienten obligados a hacer un chiste por segundo, a privilegiar el show sobre la palabra, o a instalar una atmósfera de gritos y excitación constante, como se suele hacer la tevé, en la creencia de que el desborde es sinónimo de optimismo o buenas ondas.
Por lo demás, con el correr de los días “La casa de América” tendrá que ir resolviendo algunas fallas de sonido y estableciendo un orden de importancia entre los contenidos heterogéneos que aborda durante las dos horas. Lo bueno es que tiene cómo y con quiénes hacerlo.