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Leonera

(Argentina, 2008) Drama. Intérpretes: Martina Gusmán, Elli Medeiros y Rodrigo Santoro.Dirección: Pablo Trapero. Apta mayores de 13 años.

Por Jorge Carnevale

 

A Pablo Trapero le gustan los riesgos, las historias que le pueden cambiar la vida para siempre a un personaje. En 1999, “Mundo grúa”, en blanco y negro y con un protagonista no profesional, pateaba el tablero. Hablaba de criaturas y situaciones que nos conciernen, pero desde otro ángulo. En las películas que siguieron –“El bonaerense”, “Familia rodante”, “Nacido y criado”–mezcló familiares y gente de la calle con actores profesionales para contar historias que sonaban con un aire de verdad irrebatible. De un cachetazo le sacaba al cine argentino su acartonamiento.

Trapero investiga a fondo lo que elige narrar, por eso todo suena tan real. El cine local tiene una larga tradición en el género carcelario (“Apenas un delincuente”, “Deshonra”, “Procesado 1040”), pero este no es un film de denuncia ni un thriller, se trata de calar hondo en un personaje puesto a prueba en una instancia límite. Julia Zárate (a cargo de Martina Gusmán, además productora y mujer del director) despierta de un sueño que, de golpe, se le convierte en pesadilla cuando descubre en su departamento que una persona ha sido asesinada y otra está malherido. Presunta culpable, va a parar a la cárcel y como está embarazada, la remiten al Pabellón de las Madres. La película no baja línea: nos introduce en un mundo desconocido y temible. En ese contexto ajeno, Julia aprenderá a sobrevivir, a ser otra. “Leonera” habla de la capacidad de adaptación del ser humano en un espacio donde todo es nuevo e inquietante. De la necesidad de no entregarse, a pesar de todo.