
El programa que ofrece el Ballet Contemporáneo en el teatro Pte. Alvear se caracteriza por el denominador común de los sueños y los misterios, aunque las tres obras que lo integran apunten a distintas metas. Buena idea la de reponer la treintañera “Memorias”, obra con la que Ana María Stekelman no sólo evocó a la época de la Modernidad, sino que rinde homenaje a su mentor Mijail Fokin, el primero que tomó la bella partitura de “Carnaval” de Robert Schumann y recreó el mundo de la Commedia dell Arte, con el travieso Arlequín y Chiarina, entre otros.
Stekelman agrega la presencia de Chopin, con todo su peso romántico, y evoca con notable rigor estilístico el movimiento y los caracteres de su concepción, donde tiene lugar preferido el juego incansable y sutil de Arlequín. El ambiente está logrado con el vestuario de estética belleza de Renata Schussheim y la iluminación de Alejandro Le Roux. Se destaca la intervención la de Valentín Fernández (Arlequín), Elizabeth Rodríguez, y Diego Poblete.
El contraste con “La Noche más Negra”, estreno de Pablo Rotemberg, fue grande: ideó una coreografía dependiente de elementos heteróclitos, con escenas donde la danza se reduce a dilatados minutos de violento escarceo sexual. Integró su obra con misteriosos personajes y atmósferas extrañas, a las que conduce asimismo la música, de carácter violento y con un obstinado machaque. El elenco cumple y Le Roux logra impactos lumínicos que dramatizan ciertas escenas. El cierre fue para la reposición de Mauricio Wainrot, “Luz Distante”, sobre la homónima música de Petéris Vasks. Sin duda, y más allá de la referencia del mismo coreógrafo a los exilios sufridos por argentinos, se trata de una sólida creación basada en su maestría, enrolado en la danza contemporánea de neta influencia neoclásica. Logra momentos de notable lirismo con la colaboración interpretativa de la Compañía, que cuenta con nuevos bailarines. Son adecuados la escenografía y el vestuario de Carlos Gallardo y la iluminación de Eli Sirlin.