
Keane es un trío inglés formado por el cantante y guitarrista Tom Chaplin –la cara más visible del grupo–, el tecladista Tim Rice-Oxley y el baterista Richard Hugues. Llevan grabados y editados tres álbumes: “Hopes and Fears” del 2004, “Under the Iron Sea” del 2006 y el más nuevo –cuya presentación motivó la gira que acaba de traerlos por segunda vez a la Argentina– “Perfect Symmetry” del año pasado. Esta vez hicieron un único concierto por aquí –en el club Ciudad de Buenos Aires–, ante unas 20.000 personas, y con el bajista/tecladista/guitarrista Jesse Quinn como invitado.
El repertorio se concentró en buena medida en el último disco –desde “The Lovers are Losing” con que arrancaron, hasta los exitosos “Spiraling” o “You don’t see me”– pero también hubo lugar para los dos primeros CD’s. Sonaron así hits anteriores como “Is it any Wonder?”, “Everybody’s Changing”, “Crystall Ball”, “Somewhere Only We Know” o “Nothing in my Way” en medio de los temas del nuevo disco. E incluyeron su “cover” de “Under Pressure”, la canción de Queen que escribieran Freddie Mercury y David Bowie.
Keane es una banda que tiene en su cantante Chaplin a su figura casi excluyente, que esta vez se mostró mucho más exultante y hasta demagógico. Festejó la alegría de los fans –tienen particular ascendencia entre el público femenino–, que corearon sus canciones. Dijo estar viviendo la noche más feliz de su vida. Pidió por la participación de la multitud. Y no se privó de exhibir una bandera argentina.
Keane es un grupo que responde a todos los mandatos del mercado –muchachos lindos, un pop de cómoda digestión, sonidos “modernos”–. En la Argentina lograron seducir a un público de buen poder adquisitivo y que pagó entre 120 y 200 pesos para verlos de pie en el club de Núñez. Y la resultante musical no difiere mucho de lo escuchado tantas veces.
Sin embargo, Keane es un trío que merece el elogio. Porque Chaplin canta muy bien y porque termina siendo simpático en su lugar de parlanchín –hasta se animó varias veces en castellano–. Porque saben tocar, son profesionales y suenan muy bien. Porque organizan el show de manera que nunca pierda continuidad ni buen ritmo –intercalando baladas y canciones más movidas, temas acústicos y electrónicos–. Porque tienen ese toque de magia que entra en el terreno de lo que la crítica no puede explicar.