Restaurantes |

La flor roja floreció

“Benihana”. Arenales 1310. 4827-8900/9923. Reservas. Tarjetas de crédito. Domingos a jueves 12 a 0, viernes hasta 1, sábados hasta 1.30. $ 50 a $ 60 (sin bebidas).

Por Fernando Vidal Buzzi

 

Las posibilidades de la gastronomía son casi tan infinitas como la imaginación, sobre todo cuando los medios de comunicación incentivan la curiosidad del comensal y el ingenio del cocinero y el empresario. Un buen ejemplo es “Benihana”, una exitosa cadena de restaurantes japoneses con influencia norteamericana, cuyos orígenes corresponden a Yunosuke Aoki, quien después de los desastres soportados en la Segunda Guerra Mundial, abrió una pequeña cafetería en Tokio. Aparentemente dudó sobre el nombre comercial hasta que un día tropezó con un cártamo rojo, una decorativa planta cuyas flores se utilizan para la coloración de alimentos y el teñido de telas. En el Japón se la conoce como “la flor roja” (benihana). La empresa fue creciendo y sus hijos incorporándose al staff. Hiroaki, el mayor, que sabía de la afición de su padre por el teatro, decidió incluir algunos actos, que fueron celebrados por el público. En los '60, fue a los Estados Unidos como miembro del equipo de lucha libre, y las luces de New York lo deslumbraron, pasó a llamarse Rocky Aoki y a trabajar y estudiar para convertirse en dueño de un restaurante, pero no cualquiera, sino uno que incorporara al “teppan-yaki” (plancha de acero en donde se asan los ingredientes) cocineros que fueran a la vez hábiles malabaristas. El éxito no fue inmediato, pero llegó y hoy es una cadena creciente que se acerca al centenar de sucursales esparcidas por el mundo. El caso merece esta descripción, aunque ya podrá conocer el resultado en vivo y en directo en Alto Palermo, Buenos Aires.

El menú es amplio, japonés con un ligero acento norteamericano, y el plato fuerte es sentarse (8 mesas con 8 asientos, cada una con su “teppan”) frente al cocinero que lo sorprenderá con su juego de manos al cortar carnes, pollos, mariscos, vegetales, con precisión y arte. Personalmente, más que dichos juegos, me llamó la atención, la limpieza del corte, la rapidez de cocción, las buenas combinaciones. El menú es amplio y explica (en castellano) con claridad y detalle el contenido del plato (cuyo nombre está en inglés), así como su contenido, por ejemplo, el bife de chorizo grillado, con champiñones más la compañía de sopa de cebolla japonesa, ensalada de la casa, aperitivo de langostinos, zucchini y cebolla al estilo hibachi, salsas de jengibre y mostaza, arroz blanco al vapor y té verde. Estos acompañamientos se repiten en las “specialities” de la casa. También se ofrecen clásicos sushi (original roll de la casa, kanikama, palta, pepino y “smelt egg”) con sutiles diferencias de sabor, y sashimi/niguiri sushi, continuando con platos basados en carne vacuna, pollo, pescado y mariscos, en donde quizá la combinación oriente-occidente sea más evidente, por ejemplo en el original salmón tsutsumi-yaki, con vegetales, hongos shiitake, lima, cilantro, y envueltos y cocidos al vapor, y otras varias alternativas. Finalmente el servicio (con simpático uniforme rojo y negro) eficaz y abundante: el público descubre un nuevo estilo de cocina y de atención que, no dudo, tendrá éxito.