MUSICA: Destacado

Dueño de la fiesta
Con un repertorio que se basó en viejos éxitos, el inglés Robbie Williams enloqueció a la multitud en dos River prácticamente colmados.
Por Ricardo Salton, ricardosalton@hotmail.com. Fotos: Pablo Grinberg y Julio Romero.

HHH El muchacho sabe mucho de escenarios y de marketing. Treinta y dos años de una vida agitada. Un pasado que incluye el éxito y luego la disolución de aquel grupo que fuera Take That. Vicios varios que se ha encargado de difundir a la prensa. Declaraciones altisonantes -que en cualquier otro rondarían el escándalo- y contradictorias, como aquellas que hablan de su supuesta homosexualidad o del disgusto que siente con muchas de sus canciones.
Nada es cierto y todo es verdad en Robbie Williams. Y en esa mezcolanza de personaje mediático, cantante con algunas virtudes, showman capaz de recorrer el escenario más grande como si fuera el de un café concert, presencia permanente en los medios -la mayoría de las veces por cuestiones no artísticas-, humorista "stand up" y compositor de melodías pegadizas, debería buscarse la explicación para el descomunal éxito que está teniendo en todo el mundo y también por estas tierras.

Profesionalmente, Williams subió al escenario de River y cumplió ampliamente su cometido. Había dicho que venía a presentar su futuro álbum "Rudebox", pero sólo se limitó a cantar una de las canciones que contiene -justamente, la que dará nombre al disco- y a la hora de los bises. Tampoco hizo pié en su anterior trabajo, "Intensive care" -del que seleccionó unos pocos títulos-. En cambio, prefirió ir a lo seguro -con una lista que repitió hace pocos días también en Chile-, con canciones más antiguas -"Millenium", "Back for Good" (de la época de Take That), "Let me Entertain You", "Angels", "Rock DJ", "Monsoon"-, lo que significó la locura del público. Y frente a un River que estuvo prácticamente colmado en las dos noches, bailó de punta a punta del espectacular escenario, hizo chistes que muy pocos entendieron, intentó sin éxito hablar en castellano, compartió un par de canciones con su amigo Jonathan Wilkes -"Strog" y "Me and my Shadow", que fue lo mejor del show-, y dio rienda suelta a la demagogia -con frases como "esta es una noche muy especial en mi vida"; "ustedes son un público excelente; mucho mejor que el de Chile"; o emponchándose con una bandera argentina-. Se respaldó en una banda numerosa y profesional, que tiene su puntal en el coro gospel al que entregó mucho protagonismo y fue, siempre, dueño absoluto de la fiesta. La sorpresa, la novedad, la búsqueda estética no están en su diccionario; y por cierto, nadie se siente defraudado, porque nadie buscaba esos valores.



 







Publicación semanal de Editorial Perfil S.A. // © Copyright 1999-2006 All rights reserved
Correo Noticias | Suscribirse a Noticias