RESTAURANT: Destacado
Bar con ángel
"Don Bar", Arcos 1836, Tel.: 4896-4929. Reservas. Principales tarjetas. Martes a domingos de 8 al cierre. $ 20 a $ 50 por persona.

Por Fernando Vidal Buzzi. Foto: Gustavo Bosco.

En el barrio de Belgrano perdura algo especial, quizá originado en 1880, cuando durante un tiempo fue sede del gobierno nacional, o sea capital de la República. Es un tono entre elegante y formal, quizá algo desdibujado en este mundo erosionado por la modernidad, pero perceptible. Gastronómicamente el barrio está bien provisto (al menos desde las épocas del memorable "Dietze") con opciones de todo tipo, tanto en cocina como en estilo. Y de vez en cuando nos sorprende con algún lugar inusual.

Hace pocos meses nació uno, "Don Bar", que no es muy visible desde la vereda, visto su discreto frente, y para nada mantiene un estilo Corleone sino más bien transita una onda japonesa. Es un gran espacio, angosto y largo, con recto pasillo que se inicia con un patio y termina con una terraza, con el salón propiamente recostado sobre la derecha. En otros tiempos fue un popular vivero, del que mantiene una rumorosa acequia. Las cañas ayudan al toque nipón, así como la calma generalizada del ambiente. El salón cuenta con mesas altas y bajas y una amplia barra. La obra, confortable y bien lograda, fue diseñada por los estudios de arquitectura 2H y Cristin-Landi. Está abierto para todos los momentos del día: desayuno (8 a 12), almuerzo (12.30 a 16), té (16.30 a20.30), cena (20.30 a 24) y barra de tragos (happy hour de 18 a 21) todo el día, lo mismo que el servicio de café y bar.

La gastronomía está manejada por Martín Otero (28), un fogueado profesional ("Espacio Dolli" y, en especial, cuatro años en España) quien organizó menús de mediodía y noche, sin contar sandwiches, medialunas, repostería, bocaditos para las copas, etc. Define su cocina, con honestidad y cumpliendo con lo prometido, como "mediterránea con base española", con diversos menús estacionales. El recientemente inaugurado de primavera/verano consta, para el almuerzo, de una serie de sandwiches con diversos panes, ensaladas (buen mix de hojas verdes con salmón en dos versiones, ahumado y escabechado, burrata, tomatitos) y platos sencillos (cintas con vegetales, hongos, pollo y crema de cebollín, lomo con revuelto de papa y cebolla, tortilla de papas con hojas verdes y morrones asados).

La cena ofrece un menú más amplio, entradas (boquerones y anchoas con hojas verdes y pasta de aceitunas, papas con pimentón y alioli, calamares rebozados, jamón crudo y queso curado), principales (pescado del día, pimientos de piquillo, brotes de ajos y hojas verdes, pollo en pincho con papas a lo pobre y morrones, conejo confitado a la plancha con hongos y espárragos, terrina de cordero asado con papas, hongos y puré de berenjenas, una buena degustación de pescados y mariscos con langostinos, calamares, mejillones, salmón rosado y pesca del día) y postres (crème brulée de chocolate blanco, alfajor de mango y café, mousse de dulce de leche sobre bavarois de coco).

La cocina cumple con sus promesas, lo que no es poco, con preparaciones de sabores netos y sin sofisticaciones inútiles, destacándose por su adecuada combinación de productos y co- cciones. El servicio es amable y los precios varían según sea almuerzo o cena. A esas horas es conveniente reservar mesa, porque abunda el público.




 







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