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COSTUMBRES
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La calle más lujosa del país es terreno de contrastes. Del Fashion & Arts, a la ostentación y el regodeo kitsch. La lucha entre vanguardia y tradición.
PorAna Peré Vignau, aperevignau@perfil.com.ar
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En el mundo, sólo se desenrrolla para grandes ocasiones. Premios importantes. Visitas de luminarias. Pero, una vez al año, una alfombra roja de tres mil metros atraviesa la avenida Alvear. Esta calle, lujosa como ninguna en el país, busca mostrar todavía más glamour que el habitual durante el evento Fashion & Arts. Pero entre tanto champagne y pompa, se cuelan algunos deslices, pequeñas miserias que a veces se intentan meter bajo la alfombra. Roja, por supuesto.
Quien pasee con la intención de diseccionar la avenida más paqueta de la Argentina va a encontrarla en proceso de transformación. Mientras desembarcan las grandes tiendas mundiales de lujo, en puntos aledaños abren locales los diseñadores más audaces del país. Así, este mix entre tradición y vanguardia hace que no todas las piezas encajen como quisieran los "vecinos bien". Pero las contradicciones no terminan ahí. Completan el cuadro de fashion & art & miserias de la calle más chic una serie de tortas fritas confiscadas, obras plásticas incomprendidas por señoras de la zona e imágenes de Leticia Brédice artísticamente desnuda en un video expuesto en una tevé de plasma en medio de una galería refinada.
YING Y YANG.
No es casual que los contrastes salgan a la luz en medio de la semana que reúne arte y moda en Recoleta. Como nunca, la avenida se invade de gente. Los organizadores estiman que el evento convoca unas 100 mil personas. "Se puede calcular que el 15% son extranjeros, otro 15% turistas del interior, un 20% es gente que utiliza Alvear habitualmente y un 50% está compuesto por aquellos para quienes es ajena la avenida", observa Braulio Bauab, uno de los organizadores de Fashion & Arts y responsable de la comunicación de varias de las marcas que pueblan la avenida.
Está claro: estas cifras no tienen nada que ver con lo que ocurre cotidianamente en la calle, por donde apenas circulan vecinos y gringos. Porque si bien por la ciudad se puede andar libremente, existen límites imaginarios. "Hay lugares que la gente tiende a ir menos, y la avenida Alvear es uno de ellos. No es un sitio de paso y, además, intimida. Entrar a un local acobarda un poco: son palacios", reflexiona Ricardo Watson, historiador y uno de los fundadores de la empresa de turismo Eternautas, que organizó visitas guiadas durante el evento. "Con las caminatas, lo que hicimos fue repasar la historia de la avenida. Y participaron desde la señora con cuatro apellidos y gente del barrio, hasta otros que encuentran una buena excusa para conocer la zona".
Ya sea porque abre metafóricamente las puertas de una calle que, durante el resto del tiempo, posee un cerco virtual para algunos o porque promociona más que nunca el lujo, se vuelven visibles los contrastes. Así, el artista Rogelio Polesello bautizó a esta cuarta edición del evento como la "Castells Chandon", a raíz de la presencia en la inauguración que tuvo el líder piquetero, quien intentó montar una olla popular frente al Hotel Alvear, en rechazo del festival artístico. "Ese juego de palabras simboliza lo que pasó. Cosas que suceden cuando se juntan los polos opuestos", sintetizó Polesello, quien participó con obras propias en la vidriera de Cartier. El noticiero de América no se quiso quedar atrás y denominó "chorichetos" a los visitantes (no vecinos) que circularon la noche de apertura por esas alfombras carmesí convulsionadas.
"Pensé que nunca me iba a poder comprar nada en la avenida Alvear, pero conseguí unas chatitas", le dijo con asombro una señora a otra, copa de champagne en mano. Juego de contrastes en la paqueta avenida también conocida como el "rincón parisino" de la ciudad donde, por esos días de fiesta, hasta era posible tomarse el colectivo 67 sobre la mismísima "red carpet" que, hay que decirlo, perdía glamour con el correr de los días. Post lluvia, estaba manchada, llena de hojas y las pisadas hacían "chap-chap".
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BIEN ARTY.
Arte, moda y bebidas burbujeantes se asocian en el clásico evento de la avenida. Vidrieras de las primeras marcas del mercado global sirven de espacio expositor para obras de arte. Gigantografías de fotos de Jean Larivière entre valijas y carteras Louis Vuitton, los coloridos cuerpos trajeados en obras de Bertani se mezclaron entre corbatas y sacos reales en James Smart y los ejemplares del "art to wear" creado por Marta Minujín vendidos hasta agotar stock.
HASTA AQUI PURO BRILLO
Pero lo cierto es que no todo el arte resultó bien recibido. "Saquen esa rata ahí", chilló la dueña de Antolina, un local en la Galería Promenade que tiene idéntico logo al de la marca Valentino, pero patas para arriba. Cuestión que nadie entendió su furia, entonces le lanzó patadas a la instalación de Carlos Fernando Herrera "Ópera número ochenta y dos bis" en la que un mapache embalsamado mira la tevé, sentado en una mesita de pic-nic. En fin, que había que tolerar lo kitsch en esta muestra donde fotos del cantante Carca en slip de leopardo -con autoría de Juan Cruz Bordeau- compartía vidriera con ropa de gusto exquisito en el local Nomykos. "Busqué los artistas más contemporáneos posibles", admite Bony Bullrich, curador del evento. Por su parte, Bauab apunta: "Hay veces que el mix entre tradición y vanguardia no se resuelve bien. Pero, en general, la vieja guardia se adapta a la entrada de lo nuevo".
LUJO A LA VENTA.
Infusiones nada convencionales creadas por la "diseñadora de tés" Inés Bertón. Prendas vintage de las primeras marcas con poco uso y precios razonables. Las últimas colecciones de las firmas más importantes del mundo. Y palacetes a uno y otro lado de la calle son algunos de los gustos que da la avenida Alvear. Todo muy, pero muy in. Porque, esta gran calle pone lo aspiracional al alcance de la mano. "Es el acceso al lujo, y lujo es placer, exclusividad, deseo, calidad, detalle, confort, personalización y también significa pertenecer -detalla Marisa Koifman, otra de las organizadoras del Fashion & Arts y responsable de una empresa de comunicación especializada en empresas premium-. Lujo es un buen vino, un perfume, un buen auto, un buen hotel, ropa de diseño, una buena cartera, un buen habano". En definitiva: todo lo que ofrece Alvear.
El simple hecho de pasear por esas vidrieras y hacer que la tarjeta de crédito eche humo a muchos les alegra el día. Consumir gusta. Pero no cualquier producto. Sino sólo los que llevan el sello de una marca premium. "Hermés pone sólo una ‘hache’. Y el que lo entiende, bien -puntualizó Roberto Devorik, representante de Polo Ralph Lauren, en una sala del Hotel Alvear para una audiencia mayormente femenina, mayormente mayor-. Pero lo que pido es más humanidad en los precios. Porque lo más triste que puede existir en una democracia es que no nos dejen soñar".
Es decir, tener pensamientos oníricos que incluyan carteras Louis Vuitton, cinturones Hermés, autos BMW, habanos Davidoff, equipo de música Bang & Olufsen, relojes Rolex y anillos Cartier. Todo lo que se encuentra en la avenida más vip del país que abraza el desembarco de las grandes marcas. Y eso que algunas le faltan el respeto, como la tienda Armani. "Lo que hicieron es una locura, que atenta contra el valor del petit hotel donde hoy está la marca: borraron el nombre del arquitecto encargado de la obra, que era nada menos que Bustillo, uno de los más importantes del país", se indigna Watson, de Eternautas.
DE LUXE.
Tiempo de contrastes para este pequeño rincón europeo en Baires. Veredas alfombradas y pobladas como sólo ocurre una vez por año, tortas fritas confiscadas, champagne y muestras de arte en las boutiques, abiertas hasta tarde. Pese a las contradicciones, la avenida Alvear estuvo de fiesta. Otra que París.
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