La cocina centroeuropea (concepto que abarca, aproximadamente y con algunas excepciones, desde Alemania a Rusia y desde los países nórdicos a los balcánicos), fue bastante popular hasta los años 40/50, en parte gracias a las cervecerías germánicas de entonces.
Luego, perduró en algunas cocinas de descendientes de aquellos países, clubes y también en la comunidad judía ashkenazi, cuya culinaria responde a variables de aquel modelo. Es una cocina casera, sólida (suele hacer frío por aquellas zonas), sabrosa, algo pesada (por las grasas). De esta matriz han derivado estilos (o especialidades), como las delicatessen y otras instituciones newyorkinas (los bagels, por ejemplo), además de versiones fusión. La juventud todavía no la asumió, pero puede hacerlo.
Para ello nació "Mamá Europa", un lugar inspirado por un conocido publicista, cantautor, escritor, etc., Jorge Schussheim, cuyos hijos Luis y Valeria son los fundadores de esta casa. La instalaron en una esquina de tradición gastronómica ("Big Mamma"), ambientándola con sobriedad, buena iluminación y sonido, música evocadora de los años 20 a 50 más o menos, confortable y amistosa. Jorge, creador del menú, está casi siempre presente. Fuente inagotable de explicaciones, consejos, anécdotas, que permitirán al comensal enterarse a fondo de qué se trata. También abre sus puertas para desayunos, tragos, tés, y todo lo demás, modalidad que, por lo visto, está en plena expansión.
El menú (cuyo valor, efusividad e ingenio literario no es menor, tal como Jorge nos tiene acostumbrados desde los que hiciera en "Big Mamma") es extenso y comienza con los platos del día. Ejemplos: miércoles, busecca, jueves "el gran cerdo de Tadeusz Kantor con zanahorias de Thessaloniki", viernes "schnitzel a la Holstein con papas salteadas", sábado "gefilte fish de la frontera ruso-polaca mit Mandelman jrein", domingos "krupnik con rabo y hongos secos". El comensal no acostumbrado a estos platos encontrará minuciosa explicación en el menú y complementaria, si la necesita, en los mozos (o el propio Schussheim). Luego siguen ensaladas, platos fríos, tablas (buena la "tabla caliente del buen soldado Schweik"), sopas (como el famoso caldo de pollo, denominado aquí "penicilina idische"), principales que van desde clásicas costillitas de cordero a la Villeroy o gnocchi all ragú bolognese, hasta lentejas a la Weimar o "morcillas a la Kurt Tucholsky con manzanas caramelizadas y puré de Mundek" sin olvidar el muy buen gravlax con la tentación de Jansson, y mucho más. Por ejemplo, sandwiches de pastrami con pan de kümmel o bagel con salmón ahumado y queso crema. Los postres también abarcan una lista, menos amplia, pero variada, desde los blintzes de queso hasta la ratatouille de manzanas con cítricos y crema, sobresaliendo, "Puta de limón", original versión del lemon pie.
La oferta se completa con buena pastelería y panes, corta y bien seleccionada lista de vinos y cervezas, pensada para acompañar, con alternativas varias, la comida, y personal amable y entrenado. El colofón del menú defiende, en forma irónica y crítica, la autenticidad de los productos que ofrece la casa: "En este país... donde suele darse paleta por jamón, vaca por novillo y buey por ternera... al vino espumante lo llaman champagne y a un queso con agujeritos gruyère... se falsifican los arenques con lachas, el caviar con bolitas de plástico de colores... nosotros también engañamos al cliente: aquí le servimos liebre por gato".