De alguna manera, "Sophie Scholl" viene a completar esa mirada lacerante sobre el nazismo encarada por el cine alemán con "La caída" y "La secretaria de Hitler". Los archivos de la Gestapo siguen mostrando hechos que estremecen.
La Rosa Blanca fue un movimiento clandestino que procuraba, acaso ingenuamente, minar los cimientos del Tercer Reich. La crónica de esta tragedia cubre menos de una semana. El 18 de febrero de 1943, Sophie Scholl y su hermano Hans son arrestados mientras reparten panfletos en el campus de la Universidad. Durante tres días serán interrogados por un oficial de la Gestapo.
El film de Rothemund va creciendo dramáticamente como un thriller a medida que avanza la encuesta. Sophie, con una entereza a toda prueba, miente, niega, fabula y, hasta donde puede, pone en jaque a su interlocutor. Mohr se desconcierta y hasta se le adivina cierta admiración por esa muchachita de 20 años que lo enfrenta sin traicionar a los suyos. En algún momento se le ofrece la posibilidad de una condena más liviana, si elige denunciar a sus compañeros. La suerte está echada. Sophie no se entrega. Le niegan la posibilidad de elegir un defensor. El juicio es rapidísimo, el juez se muestra implacable y el fallo pretende ser ejemplar. La sentencia se cumplirá de inmediato. Sophie, su hermano y su cuñado acabarán en la guillotina, sin quebrarse.
La película se carga de una intensidad que no dejará a nadie indiferente. Fue nominada al Oscar y Julia Jentsch obtuvo el merecido premio a la mejor actriz en el Festival de Berlín. Un relato de una fuerza extraordinaria. Conmovedor. 117 minutos de extrema tensión.