Realizada por Endemol, "Doble venganza" toma la posta de manos de otra telenovela de la misma productora, "Doble vida" -que se emitió en 2005, por América- y sigue, historia adelante, con identidad propia. La transición entre ambas tramas se centra en el personaje de Malena Saravia (Agustina Lecuona). Hija del cirujano plástico y dueño de una clínica, muerto en oscuras circunstancias, ella resuelve vender el establecimiento a dos hermanos, ex discípulos de su padre. Como socio de los compradores, aparece Gonzalo Brizuela (Gerardo Romano), un psiquiatra privado de escrúpulos, casado por conveniencia con la ricachona Antonia (Elizabeth Killian) y decidido a dejarla sin un solo centavo. No le resultará sencillo: Vera (Marcela Kloosterboer), la hija de Antonia, está dispuesta a casi todo con tal de desbaratarle el plan a quien ahora es su padrastro y antes, su terapeuta, es decir, el médico al que le confió terribles secretos familiares. A Vera se une Manuel Ferrer (Tomás Fonzi), un fiscal que cayó en el alcohol tras haber fracasado en el esclarecimiento del caso Saravia. Para más complicaciones -como lo exigen las telenovelas- a la clínica en cuestión se incorporará la doctora Marcela Rosenthal (Carolina Papaleo), ex amante de Saravia, involucrada en un juicio por mala praxis del que logró zafarse con recursos innobles.
"Doble venganza" parece concebida antes para respetar que para transgredir las reglas de la telenovela. En tal sentido, la composición que hace Gerardo Romano del doctor Brizuela, el malo de la historia, es digna de reconocimiento. Más aún, si se tiene en cuenta que el actor debe pelear contra ciertos clichés del guión. Por caso, la relación de su personaje con Antonia, un vínculo narrado a golpes de lugares comunes y diálogos estereotipados. Por su parte, Carolina Papaleo se desempeña con la soltura que le da su experiencia en este género televisivo. Y Marcela Kloosterboer, todavía no ha alcanzado el punto de caramelo para la chica justiciera que le ha tocado en suerte. Con todo, en el aspecto actoral, hay equipo. Queda por ver si él guión consigue abandonar los extremos, un sitio donde pierde atractivo, y aventurarse por la senda de los matices.