A las versiones de la última dictadura militar se les suele objetar una representación -una estructura discursiva de los hechos, una historiografía, una novela- en última instancia disciplinaria. El "aquí no ha pasado nada" o "aquí ya ha pasado todo". Apropiaciones que operan como síntesis monoaurales y cerradas de la Historia. Aunque coincidan en un distanciamiento razonado desde el actual repliegue político, cultural y económico en lo individual-privado. Subjetividades que, a partir del testimonio, como víctima o victimario, despliegan Memoria pero no Historia –y discusión sobre la que Beatriz Sarlo, a partir de Tzevan Todorov, ha diferenciado el valor de recordar del valor de entender. La voces de “Fuimos soldados” maniobran en esta zona gris entre la teoría de la Memoria y la de la Historia. Entre el testimonio en primera persona de los actores y la puesta en contexto de un tercero -el narrador- que opera como intérprete. Por eso el rasgo clave de los guerrilleros de Marcelo Larraquy (periodista e historiador, autor de “Galimberti. De Perón a Susana. De Montoneros a la CIA”) es que son cuadros políticos y soldados acoplados a un proyecto: la revolución, la guerra contra la Junta Militar. Hombres y mujeres enfrentados no sólo al status quo del Estado sino al de los líderes (divididos) de la Conducción montonera. Sujetos incompatibles con la asepsia idealista del actual canon oficial de la memoria setentista. Por eso al reconstruir la historia de la contraofensiva (1978-80) no es el sustrato de una reivindicación moral ni política lo que sale a luz. Sí el de una demanda histórica. El catalizador es Lazarte, un ex-montonero reinsertado en la organización con la misión oficial de interferir las emisiones de los partidos durante el Mundial 78, y con el ansia íntima de liquidar a una Conducción que envía a sus tropas a una muerte segura, en un Buenos Aires que ya no quiere saber de ellos. Mixtura de confesiones veladas, non-fiction novel -diluida por una prosa periodística que gana más terreno del necesario-, retratos contundentes y documentos de primera mano, es la ambientación entre políticas decadentes, inclemencias de combate y tragedias particulares lo que sitúa al lector en una magnética "situación de época" que, al correr de las páginas, también se deja leer como la historia de la evolución de una serie de violencias, convicciones, crímenes, derrotas y traiciones colectivas, durante el último tramo político del siglo XX argentino.