Recién restaurado, el nuevo Museo de Arte de Tigre (MAT) reluce de día y brilla de noche en la antigua sede del Casino Tigre Club, un edificio de estilo renacentista de dos mil metros cuadrados, con un fresco en el cielorraso creado por el artista español Julio Vila Prades, escaleras de mármol de Carrara, espejos venecianos, arañas francesas con cristal de roca y bacarat, roble de Eslavonia, vitrales importados, y prolijos jardines, que fue inaugurado en 1913 en la rambla a orillas del río Luján.
Con alrededor de 160 piezas figurativas, de 70 artistas nacionales de los siglos XIX y XX, el MAT presenta un recorte del arte argentino. Su creación se debe a la idea y empuje del recientemente fallecido intendente de Tigre, Ricardo Ubieto, y a los fondos municipales (cerca de seis millones de dólares) que financiaron la restauración del edificio, la dotación de tecnología museística, las medidas de seguridad y la compra de obras de arte (que eluden la abstracción) en subastas públicas.
El recorrido por siete salas temáticas se inicia con la memoria del edificio, de su vida como casino y donde de 1983 a 1997 funcionó el Honorable Concejo Deliberante de Tigre, con objetos y antiguas fotos del Club y acuarelas del arquitecto Pablo Pater, que dirigió la obra junto al ingeniero Emilio Mitre (hijo de Bartolomé). El espacio dedicado a los precursores incluye a artistas como Juan L. Pallière, Carlos E. Pellegrini, Johan M. Rugendas, con vistas de la ciudad y el campo. En la sala destinada al paisaje nacional con sus planicies y serranías, luces y sombras, se destaca Fernando Fader, Atilio Malinverno, Molina Campos, Juan C. Castagnino, Alfredo Gramajo Gutiérrez, y en la de los panoramas verdes y húmedos del Tigre cabe nombrar a Jorge Larco y Horacio Butler.
Pinturas de Quinquela Martín, Alfredo Lazzari, Eugenio Daneri, Fortunato Lacámera, celebran al puerto, mientras que las de Pío Collivadino, José Malanca y Leoni Matthis le cantan a cierta arquitectura. Las salas restantes se encuentran pobladas por naturalezas muertas de Epaminonda Chiapa, Alberto Trabucco, Miguel Victorica, y por retratos y figuras de Carlos Alonso, Antonio Berni, Lino E. Spilimbergo, Guillermo Roux y Miguel Viladrich.
Al mismo tiempo de celebrar la inauguración de un bello espacio para las artes, en un sitio tan alejado de la constelación artística de la ciudad de Buenos Aires, es preciso señalar la penosa ausencia de las distintas variantes del arte abstracto y subrayar la consecuente arbitrariedad en la selección del patrimonio del MAT, que pertenece a la Municipalidad de Tigre.
Precisamente los artistas abstractos de los 40 en la Argentina, como Ennio Iomi, Tomás Maldonado, Raúl Lozza, Gyula Kosice, Lucio Fontana, Martín Blaszko, Carmelo Arden Quin, entre otros, hicieron escuela con grupos como el de Arte Concreto-Invención, el Grupo Madí, el Perceptismo, y son apreciados y bien cotizados, tanto en la Argentina como en Latinoamérica, Europa y los Estados Unidos (donde se ha comenzado a pensar que estos artistas del Sur anticiparon algunos perfiles del posterior minimalismo norteamericano). Sería una alegría saber que el MAT, que posee razones para ser visitado, se plantee de ahora en más el desafío de sumar obras abstractas a su patrimonio.
Miércoles a viernes de 9 a 19; sábados, domingos y feriados de 12 a 19.
Entrada $ 5. Residentes de Tigre, gratis.