La base del PBI

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“Nuestras carreras son muy egocéntricas”
Una vida sin límites

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Trenes al borde del colapso

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La neurosis del ahora o nunca
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Oyarbide público y privado

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El profeta de la indignación

La inflación a gusto de Felisa

Como parte de la cruzada antinflacionaria, Beatriz Paglieri había llegado a las oficinas del tercer piso del Instituto Nacional de Estadística y Censos a mediados de enero como “enviada de la ministra” Felisa Miceli. Día a día revelaba a sus mentores, Miceli y Guillermo Moreno, la evolución de los números que desvelan a la dupla. El lunes 29 sonó la alarma y Paglieri pasó de simple “observadora” a interventora de la dependencia que mide el Índice de Precios al Consumidor (IPC). En la etapa final del cálculo de la inflación de un enero caliente por la suba del turismo, las prepagas y los alimentos, en un escenario con el consumo creciendo a toda máquina, los técnicos llegaron a la conclusión de que el IPC de enero sería de alrededor de 2,1% y a Moreno el número, claro, no le gustó. Estaba casi un punto por encima de la cifra que le había prometido al presidente Kirchner y mostraba, a las claras, el fracaso de la política de acuerdos de precios del Gobierno. Además, la cifra superaba ampliamente la inflación de 1,3% de enero del año pasado. Las causas eran varias: el aumento de las prepagas generó que el rubro salud tuviera un aumento de precios de alrededor del 0.74%; el turismo aportó otro 0,68% al índice, la suba de los taxis un 0,11% y el resto de los rubros acumularon un incremento superior al 0,5%, que redundó en un IPC total de alrededor de 2,1%.

LA SOLUCIÓN.
La respuesta fue contundente, ese mismo día se pasó a licencia a la directora de Índices de Precios de Consumo, Graciela Bevacqua, una funcionaria de carrera con más de cinco años en el área de precios del INDEC. Se nombró en su lugar a Paglieri, que si algún nivel de especialización tiene está vinculado al área de comercio exterior, y no de estadísticas. Fue funcionaria pública desde 1978, pasó por la secretaría de Agricultura, la de Industria, el Ministerio de Producción bonaerense y el equipo de asesores de Miceli, siempre en cargos relacionados con el comercio exterior. El tiempo para actuar sobre la realidad de esta licenciada en Economía de 56 años era poco, pero las órdenes que le había dado Moreno al trasladarla al INDEC eran claras: conseguir la lista de comercios en los que el organismo mide la evolución de los precios semana tras semana, para poder presionar sobre esa cadena de comerciantes sean chicos o grandes, y condicionarlos para que cumplan con las listas de precios sugeridos que dispuso el Ministerio de Economía. El pedido al equipo de técnicos incluía un detalle: que la lista sea transcripta manualmente, en hojas en blanco, sin membretes del INDEC. La intención era clara, no dejar registro en el sistema de la falta. Según pudo constatar esta revista con fuentes del organismo, por lo menos tres técnicos acataron la orden de la “interventora” y entregaron la lista de comercios que está bajo su área.

La irregularidad de la situación es tal que Paglieri, cuyo nombramiento no fue aún publicado en el Boletín Oficial, no podría acceder a ninguna información de las encuestas del INDEC, ya que se trata de datos que están protegidos por ley como secreto estadístico.

DIBUJANTE.
Así y todo, con la lista de comercios en la mano el desafío para que Paglieri cumpliera con las órdenes de sus jefes, Felisa Miceli y Guillermo Moreno, era grande. ¿Cómo hacer para corregir hacia atrás la cifra de la inflación de enero que ya habían sido relevadas? Como sobre la información de campo no se podría actuar, la opción fue intervenir sobre las cuentas finales. Es decir, dibujar una cifra de suba de precios que esté acorde con las necesidades políticas del Gobierno. Para eso Paglieri dio órdenes “confidenciales” a un grupo de jefes de áreas del organismo que, por estar obligados a cumplir con el estricto secreto no podían alertar sobre los “dibujos” que les encargaron sin caer en una falta que podría costarles el puesto.

Pero además, la funcionaria debía avanzar rápido en “corregir” la metodología del INDEC y evitar que el desborde de precios vuelva a reflejarse en el índice de febrero, que comenzaría a medirse el 1 del mes. La flamante directora, aún sin nombramiento oficial, reunió al equipo de relevamiento de precios en el tercer piso del edificio ubicado a una cuadra de Plaza de Mayo y le ordenó “no considerar en la medición los aumentos de precios que sean ilegales. Desde ahora, las subas de precios que estén por encima de lo autorizado por la Secretaría de Comercio Interior no deberán ser tenidas en cuenta para calcular el IPC”, argumentó tranquila, Paglieri. La mujer que tiene un estilo prepotente y altanero, según quienes la trataron, para no dejar dudas en el equipo explicó: “Si la suba autorizada por el Gobierno a la medicina privada es del 6% y al realizar la encuesta se encuentra que alguna empresa realizó un aumento del 20%, ese dato no debe tenerse en cuenta porque es ilegal”, dijo sin inmutarse. “El planteo es tan ridículo que, en ese escenario, la medición de analfabetismo debería dar cero en la Argentina, ya que la educación primaria es obligatoria en el país”, dijo un técnico del equipo de IPC.
El pedido de medir sólo la inflación “legal” fue demasiado y el personal del organismo llamó a una asamblea con el objetivo de defender el prestigio de la institución y valorizar la llegada a los cargos por concurso, y no por designación política. La directora nacional de Estadística de Condiciones de Vida, Clyde Trabuchi, de la que dependía Bevacqua, amenazó con renunciar. La mujer ya conocía el nivel de presiones que ejerce Moreno. Tuvo un duro cruce con el secretario cuando este comenzó, hacia septiembre, con la intención de conocer la lista de comercios medidos en el IPC. En la reunión, el embate verbal de Moreno llegó a tal punto que Trabuchi optó por dar por concluido el encuentro diciéndole al secretario que ella tenía 15 años practicando yoga y que podía soportar toda la presión que estuviera dispuesto a hacer sin inmutarse. Ganó la batalla, pero no la guerra. Y ahora la paciencia de Trabuchi estaba al límite. Entonces, el titular del INDEC, Lelio Mármora, se animó a salir al cruce del nombramiento ordenado por Moreno, luego de conseguir el guiño del jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Eterna interna. En nombre de Mármora, el director adjunto del INDEC, Mario Krieger, reunió a todo el personal de la Dirección de Precios mientras el resto del equipo del INDEC cortaba la avenida Diagonal Sur y amenazaba con realizar un paro por la intervención política del organismo. Krieger respaldó a Trabuchi y anunció que no se acatarían las medidas anunciadas por la flamante enviada oficial. Ordenó no reportar a Paglieri y dar marcha atrás con los pedidos que les realizó. “Desde ahora, y mientras el nombramiento de esta señora no sea publicado en el Boletín Oficial ustedes deberán responder a las órdenes de Clyde (Trabuchi) y actuar como si Graciela Bevacqua hubiera renunciado y aún no tuviera reemplazante”, afirmó.
El temor a la violación de la información fue tal que el personal se había trasladado a esa reunión “con la carga de trabajo en mano”, por la posibilidad de que se robara información de los escritorios del personal. Y para completar el desorden puertas adentro, Krieger autorizó a que el personal de IPC se trasladara a trabajar al segundo piso. Así las cosas, en el tercer piso estaba sentada Paglieri en la que debería ser su oficina, sola con su soledad y hablando por celular con sus padrinos políticos. En el segundo piso, el personal, carpetas bajo el brazo, anunciando que si el lunes 5 el comunicado que se difundirá a las 16 revela una cifra distinta a la que indican las tendencias que tienen los técnicos denunciarán públicamente las maniobras y desmanejos realizados.

Aprovechando la eterna interna política, la cúpula del INDEC se apoya en Alberto Fernández para frenar el embate sobre la gestión de Guillermo Moreno. El jefe de Gabinete cuestiona al secretario de Comercio por el costo político que le hará pagar al Presidente con la decisión de modificar la conducción técnica del organismo. “El costo político de desguazar el Indec es mayor que el de tener una inflación de dos dígitos”, le escucharon decir a Fernández en la cúpula del organismo. Para colmo, un economista de su confianza le advirtió al jefe de Gabinete que entre los riesgosos efectos colaterales de intervenir el INDEC figuraba el de que los tenedores de bonos de deuda pública indexados por el CER (que sigue la inflación) podrían realizar juicios al Estado demandando que la suba de precios que mide el INDEC habría sido modificada y que se les está liquidando por sus papeles una cifra inferior a la que corresponde.

La decisión que transmitió Fernández a Mármora es que la designación de Paglieri se concretará. Dar marcha atrás con la medida sería hacerle pagar el costo político al Presidente. El segundo paso será “aleccionar” a la flamante funcionaria para que cumpla estrictamente con los procedimientos del INDEC, de manera tal de que baje la conflictividad puertas adentro y que se difunda una cifra de inflación de enero lo más cercana a las estimaciones del mercado y que no se modifique la metodología de trabajo hacia adelante.

La verdad se conocerá el lunes 5, cuando se difunda el comunicado oficial sobre la suba de precios de enero. Aunque la duda sobre la fidelidad de las estadísticas quedará sembrada para siempre. La distancia entre la percepción de la inflación que tenía la sociedad y la que medía el INDEC ya era importante y a los bolsillos de la clase media era difícil hacerles entender que los precios del año pasado habían subido menos de dos dígitos. Ahora, el Gobierno se encargó de darle argumentos a la percepción social.