Aventura en contexto bravo. Acá la vida vale bien poco y la inocencia parece no tener lugar. Sierra Leona, África, 1999. Lugar para manejarse con ojos en la nuca. La guerra civil lleva 8 años y acumula miles de cadáveres. Las conspiraciones abundan y hay arreglos turbios entre guerrilleros y mercenarios. El amigo de hoy será el enemigo de mañana. Lo que impera es la arbitrariedad y el miedo. En este escenario enrarecido y en zona de extremo riesgo, van a conocerse dos africanos que, en apariencia, nada tienen que ver. Uno es negro, Solomon Mendy (Djimon Hounsou), un pescador obligado a trabajar en los campos de diamantes. El otro, Danny Archer (L. Di Caprio), ex mercenario, endurecido en todo tipo de transas, es rubio, cínico y ambicioso. Se gana la vida negociando diamantes por armas. Solomon ha encontrado un diamante rojo que vale una fortuna. Esa piedra podría significar la libertad para su familia. Danny lo descubre y se le une con intención de apoderarse de la joya. Se suma una periodista arriesgada y linda (J. Connelly), para completar ese equipo disfuncional dispuesto a jugar la partida más peligrosa en una tierra que no permite errores. Con semejante intriga en la que se mezclan argumentos políticos, racismo, intolerancia, lucha por el poder y delincuentes de todo calibre dispuestos a sacar su beneficio, Edward Zwick ("El último samurai") consigue que el espectador ni parpadee en lo que dura la proyección. Lejos de ser un film de denuncia, coquetea con todos los tópicos y maneja una dinámica irresistible en una geografía inquietante y exótica que aumenta el interés de la platea.