La base del PBI

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Una vida sin límites

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Trenes al borde del colapso

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La neurosis del ahora o nunca
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Oyarbide público y privado

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El profeta de la indignación

La liberación de Ríos

Como representante de José y Norma Cabezas, padres de José Luis, el asesinado fotógrafo de la revista NOTICIAS, esta semana me he visto en la obligación de elevar un reclamo ante los jueces de la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires. En representación de ellos manifesté que en tribunales inferiores están ocurriendo situaciones de alarmante impacto familiar, social, nacional e internacional, ya que se ha puesto en libertad, sin necesidad ni justificativo alguno, y en violación de normas preestablecidas, a Gregorio Ríos, uno de los presuntos asesinos de José Luis, quien solicitó prisión domiciliaria y se la concedieron aun sin vigilancia. También me vi en la necesidad de insistir ante el tribunal para que se expida de una vez por todas respecto de la causa madre, la del crimen, ya que desde febrero del año 2000 se espera una sentencia firme.

Hubo un juicio y hubo condenados. Sin embargo, los asesinos fueron saliendo, uno por uno. Primero fue José Luis Auge, luego Sergio González y también Horacio Braga, quien, según el mismo lo reconoció, gatilló en la sien del fotógrafo. Detrás de ellos salieron de la cárcel los ex policías Sergio Cammarata y Aníbal Luna, también acusados del cruel asesinato.

Todos fueron beneficiados por nauseabundas leyes ya derogadas. Por este motivo, los seres queridos de José Luis, sus padres, sus hijos y la sociedad toda, contempla y repugna -alarmada, angustiada y absorta- la facilidad con que el doctor Jorge Sandro, defensor de Alfredo Yabrán, ha logrado hacer evitar una condena ya dictada, convirtiendo en impunidad la letra de la ley y riéndose una vez más frente al dolor de la familia Cabezas, a su desolación, y al cadáver de quien aún no puede descansar en paz.

Gregorio Ríos, quien estuviera al frente de la custodia de Yabrán, fue condenado por dos sentencias a 27 años de prisión, pero cuando aún no se cumplen diez años del atroz asesinato, ha sido puesto en libertad, consagrando la impunidad en la Argentina para aquellos que puedan pagar honorarios a abogados como el doctor Sandro, especialista en interponer chicanas evidentes a fin de evitar que la sentencia por asesinato se cumpla.

Parece haber un premio para estos pícaros, por sus actitudes emparentadas con el delito y por el abuso indiscriminado de los medios defensistas, mediante burdos artilugios. Esta clase de abogados buscan que la ley se convierta en letra muerta.
Ríos, el principal encargado de transmitir y hacer llevar a cabo la voluntad del jefe Alfredo Yabrán, denunciado por sus consortes de causa -los llamados “horneros” y el propio ex oficial Gustavo Prellezo-, ha quedado libre gracias a los oficios de Sandro y ahora pasa sus días en la comodidad de su hogar. Ha sido puesto en libertad en violación de todas las reglas que rigen la materia de excarcelaciones, en violación de las garantías establecidas para el otorgamiento de la libertad vigilada, y con una inmediatez ampliamente llamativa, sospechosa, que llama a que sin esfuerzo la familia de José Luis y la sociedad infieran que el doctor Sandro utiliza recursos poco claros para la obtención de semejantes logros.

El logro, por supuesto, es haber obtenido la libertad de un presunto homicida luego de que su cliente haya sido condenado con dos sentencias dictadas por tribunales legítimos de la provincia de Buenos Aires.