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	<title>Clases Magistrales | Revista Noticias Online</title>
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	<title>Clases Magistrales | Revista Noticias Online</title>
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		<title>Sobre artistas, locura y psiquiatría</title>
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		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Sep 2021 09:37:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Si se profundiza en la vida de algunos grandes escritores y pintores, es posible encontrar cúmulos de conflictos psicológicos en su personalidad y que se reflejan en sus propias existencias y obras. Por ejemplo, el alcoholismo de Edgar Allan Poe, la homosexualidad de Oscar Wilde y Truman Capote, las relaciones incestuosas de Lord Byron, las crisis afectivas de Van Gogh, la ciclotimia de Charles Dickens, la depresión mayor de Hemingway, la paranoia de Dalí, etc. El propio Dalí se definía como un paranoico y añadía con sospechosa lucidez: “Debo ser el único de mi especie que ha dominado y transformado en potencia creadora, gloria y júbilo una enfermedad mental tan grave”.</p>
<p>La relación entre arte, genio creador y locura proviene desde la antigüedad y ha sido un permanente motivo de fascinación. Los griegos llamaban a los poetas “enfermos divinos”. Platón consideraba la “manía” –la exaltación del alma– como un regalo de los dioses que facultaba a los artistas y a los poetas para poder llevar a cabo sus obras. “Siendo así que todo lo que es grande ocurre en la locura”, escribe en Fedro, uno de sus diálogos.</p>
<p>Aristóteles preguntaba (en un texto célebre, el Problema XXX, al que después se le añadió el subtítulo El hombre genial y la melancolía) por qué los hombres excepcionales son con tanta frecuencia melancólicos. Por melancolía no sólo entendía esa tristeza soñadora vinculada a la imagen del artista, sino también a la noción de la época, de que el estado de ánimo de una persona era consecuencia del predominio de algunas de las cuatro sustancias que generaba el organismo humano, y que definían su habitual estado de ánimo.</p>
<p>Más tarde diría Diderot, recuperando la idea de Aristóteles del genio cercano a la locura “¡Cuán parecidos son el genio y la locura! Aquellos a los que el cielo ha bendecido o maldecido están más o menos sujetos a estos síntomas, los padecen con más o menos frecuencia, de manera más o menos violenta. Se les encierra o encadena, o bien se les erigen estatuas”.</p>
<p>Esta “diferencia” según la cual el artista puede ser un excéntrico, una persona inestable, obsesionada por su obra y, en caso extremo, rayana en la locura es todavía una idea ampliamente extendida. Quizás porque en el arte no es posible la creación sin la imaginación, que lleva al artista a inventar mundos. Como los niños, el artista funde y confunde la fantasía, la realidad, sueños e imágenes y los concreta en su obra artística.</p>
<p>No hay más que observar cómo pintan y dibujan los niños pequeños para ver que lo creativo forma parte de la vida del hombre, hasta que la sociedad le hace abandonar lo artístico a favor de lo eficiente. Los artistas se diferencian del común de las personas en que en su creatividad profesionalizada pueden seguir siendo como niños. “A los doce años sabía pintar como Rafael, pero necesité toda una vida para aprender a pintar como un niño”, afirmó Picasso.</p>
<p>Si bien el hombre no puede escapar al entorno cultural en el que se desarrolla, hubo artistas que se sumergieron tanto en su propia interioridad que la exhibieron con características singulares. En pintores surrealistas como Max Ernst, Giorgio di Chirico, escritores como André Breton o compositores como Debussy se puede asistir a una clara manifestación sensitiva vinculada a sus fantasías inconscientes y paralela al desarrollo del psicoanálisis.</p>
<p>Tomado como un ejemplo a Dalí dos fuerzas moldearon su arte. La primera fue la expresión de sus fantasías inconscientes y sus obsesiones sexuales que pueblan su universo. La segunda fue su relación con los surrealistas franceses, un grupo de artistas y escritores dirigidos por el poeta francés André Breton.</p>
<p>Bajo la influencia surrealista, el arte de Dalí se cristalizó en una mezcla de hiperrealismo y fantasía onírica, la cual se convirtió en su sello personal. Sus cuadros yuxtaponen objetos bizarros e incongruentes (relojes blandos, pianos, muletas, materia orgánica en descomposición) en paisajes desolados. Estas obras, descritas por Dalí como “fotografías de sueños, pintadas a mano”, están inspiradas por sueños, alucinaciones y otras poderosas expresiones de su inconsciente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El arte de volverse loco</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A finales del siglo XIX, el psiquiatra italiano Cesare Lombroso (1835–1909) hizo popular la relación entre el arte y la locura. En Genio y locura, publicado en 1888, analizó a los artistas y escritores más importantes de su época. Encontró en ellos signos de una “debilidad psíquica”, cuya causa atribuyó a la herencia. Al establecer esta conclusión, Lombroso reflejaba la doctrina en boga por entonces que postulaba que la locura era una degeneración innata del enfermo. Las ideas de Lombroso fueron propagadas en Francia por el psiquiatra alemán Max Nordau, que publica en 1894 Degeneración, un libro de consecuencias funestas para el arte en particular y los hombres en general ya que inspiró décadas después al nazismo. En esta obra, Nordau identifica una patología en los místicos (entendiendo por místicos a los simbolistas como Wagner o Tolstoi) y en los egotistas (Baudelaire, Verlaine, Mallarmé). Sus conclusiones eran que “los místicos, pero sobre todo los egotistas y la canalla realista son los peores enemigos de la sociedad, que tiene el estricto deber de defenderse de ellos. No hay lugar entre nosotros para el buen salvaje ni para el héroe dionisíaco, que será aplastado sin piedad si se atreve a infiltrarse en nuestras filas”.</p>
<p>La conexión entre genialidad y enfermedad mental se acrecentó con la publicación en 1922 de Expresiones de la locura, del psiquiatra Hans Prinzhorn, sobre una exposición de pinturas de enfermos mentales. Prinzhorn señaló un punto de sumo interés: cómo la creatividad sobrevive a la desintegración de la personalidad que producen algunas patologías. Algo así como que “mientras la pulsión creadora está actuando, la esquizofrenia no se manifiesta”.</p>
<p>Con el monumental libro de Prinzhorn sobre la colección de Heidelberg, el valor estético de esas obras comenzó a ser reconocido públicamente, entre otros por artistas de la talla de Paul Klee y André Breton, quienes quedaron fascinados por la espontaneidad de los trabajos de estos enfermos.</p>
<p>La colección de dibujos, pinturas y bordados de los pacientes psicóticos fue iniciada por célebre psiquiatra Emil Kraepelin, que siendo director de su clínica (entre 1890 y 1903) observó que la enfermedad mental podía “liberar poderes que de otra forma están reprimidos por toda clase de inhibiciones”.</p>
<p>Prinzhorn en su libro presentó teorías innovadoras sobre la psicología de la expresión, y valorizó extremadamente la producción realizada por los enfermos, al demostrar que una pulsión creadora y una necesidad de expresión instintiva sobreviven a la desintegración de la personalidad y no apreciaba distinción alguna entre producción normal o psicótica.</p>
<p>En 1945, el pintor Jean Dubuffet inicia una de las más importantes investigaciones desarrolladas en Europa. Crea el concepto de “arte bruto” (art brut) que define como “producciones de toda especie de dibujos, pinturas, bordados, modelos, esculturas, etc., que presentan un carácter espontáneo y fuertemente inventivo, que nada les deben a los padrones culturales del arte, y que tienen por autores a personas oscuras, extrañas a los medios artísticos profesionales”. Dubuffet no espera que el arte sea normal. Al contrario, que sea inédito imprevisto y extremadamente imaginativo.</p>
<p>Cuando se habla de art brut, de inmediato surge la pregunta: ¿Es arte la obra de un esquizofrénico? Quienes dicen que no, se fundamentan en que no hay creatividad en este tipo de pinturas, sino el traspaso al papel del delirio. Quienes sostienen que sí se trata de arte y que sí incluye creatividad valoran el art brut por ser arte primitivo, descontaminado, sin condicionamientos relativos a un contexto social determinado o a una técnica. Arte “en bruto” que emana de personas aisladas de la realidad.</p>
<p>Pero, ¿qué es lo que muestran los cuadros pintados por psicóticos? ¿Qué diferencias se aprecian, tras una vista rápida, con los cuadros de artistas “normales”? Para algunos nadie podría reconocer una obra cuyos trazos fueron delineados por un esquizofrénico de otra cuyo autor fue un pintor normal. “Son todas metáforas de su delirio –decía el psiquiatra argentino López de Gomara– los autores de estas obras no reproducen sus delirios en el papel, sino que construyen una metáfora de sus alucinaciones y la reproducen. Y esa es otra prueba de su creatividad”. Aunque para algunos expertos, sí existen ciertos rasgos que se repiten en muchas obras de art brut: los colores brillantes, las figuras fragmentadas, las repeticiones, los ojos desorbitados, la obsesión por no dejar ni un centímetro de la hoja sin colorear.</p>
<p>Para Enrique Pichon Rivière existían diferencias notorias.</p>
<p>“En el artista normal, el proceso creativo se da en forma controlada y es definidamente temporario. En cambio, en el alienado es más automático, más permanente y, en cierta medida, más necesario. La obra del alienado participa de las características del pensamiento mágico. La del artista normal no carece de magia, en tanto también él trata de ejercer un dominio y control sobre este mundo, pero no crea para transformar el mundo exterior de una manera delirante, sino que su propósito es describirlo a otras personas sobre las cuales trata de influir, teniendo la idea de un significado definido. Aprende, progresa, haciendo ensayos, sus modos de expresión cambian y su estilo puede transformarse, en tanto no está estereotipado en ninguna imagen o situación.</p>
<p>El artista alienado está impulsado a crear con el fin de transformar el mundo real; no busca un público ni trata de comunicarse.</p>
<p>Trata de reparar el objeto destruido durante la depresión desencadenada por la enfermedad”. Su hipótesis es que el creador es aquel que logra transformar lo siniestro interior a lo maravilloso en su obra estética. En cambio, la locura residiría en quedarse simplemente atrapado en la desintegración de siniestro. Aunque la diferenciación puede que nunca llegue a ser clara. La cuestión es si alguien crea por su patología o a pesar de su patología. Para Pichon, “Artaud no es poeta por su demencia: es poeta pese a su demencia”.</p>
<p>¿Hay que tratar a los artistas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Entonces, doctor, ¿según usted todos los novelistas, hombres y mujeres, son unos neuróticos?” pregunta André Maurois en Tierra de promisión. “Para ser más exactos –le responden– todos serían unos neuróticos si no fueran novelistas… La neurosis hace al artista y el arte cura la neurosis”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div class="cban468"></div>
<p>La Asociación Americana de Psiquiatría presentó hace pocos años un estudio que muestra que las personas sanas ligadas al mundo de la creatividad tienen más posibilidades de ser temperamentales y neuróticas, que las que no tienen relación con las artes.</p>
<p>Al estudiar la tasa de trastornos mentales en los artistas se encontró un interesante dato estadístico: que, por ejemplo, tiene mayor riesgo ser poeta que escultor. Las cifras de riesgo señalaban los siguientes porcentajes: poetas: 50%, músicos: 38%, pintores: 20%, escultores: 18%.</p>
<p>La comunidad científica se divide entre quienes piensan que hay que tratar a los genios con enfermedades mentales aunque esto suponga la pérdida de su genialidad, y quienes creen que las actividades creativas tienen un papel terapéutico, de manera que si se administran tratamientos que anulan la capacidad artística empeora el estado del enfermo y se complica su vida emocional.</p>
<p>P. Brenot, en Genio y Locura, pregunta: “¿Son nocivos o perjudiciales para la creatividad de los artistas los tratamientos con psicofármacos, necesarios en tales casos? Es razonable el planteo, en la medida en que los medicamentos se oponen a las fuerzas inconscientes que son el motor de la obra, así como en la medida en que limitan el descenso a los infiernos que el poeta necesita para acercarse a su verdad”.</p>
<p>Sin embargo, no está claro aún si las terapias, especialmente las farmacológicas, mejoran o empeoran la capacidad artística. Se sabe que las enfermedades mentales afectan gravemente a las facultades creativas y la libertad del propio individuo. Desde este enfoque, en algunos artistas los tratamientos farmacológicos tradicionales pueden actuar como agentes liberadores al controlar la enfermedad mental, pero en otros también pueden tener una función opuesta y favorecer la contención, lo que impide la expresión artística.</p>
<p>Sí es cierto que los psicofármacos atenúan un rasgo típico de las personas creativas que consiste en una inquietud que les impulsa a generar constantemente nuevos proyectos. Y cuando esta inquietud desaparece, disminuye la creatividad.</p>
<p>Desde sus inicios, el psicoanálisis ha mantenido una relación muy fructífera con el arte. En la obra de Freud hay un interés evidente por desentrañar su naturaleza, con referencias a Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Dostoievski o el mito de Edipo. El objeto artístico era sólo interpretable en función de la sublimación “que permite satisfacer las exigencias del yo sin estimular la represión”. Sin embargo, esa satisfacción sublimatoria que propicia la creación estética no hace al artista necesariamente una persona feliz.</p>
<p>Freud fue el primer psicoanalista en aplicar el psicoanálisis al arte y exploró la psicología del arte, del artista y la apreciación estética. El ambiente creativo de los artistas se vio invadido, entonces, por la asociación libre, el descubrimiento del inconsciente y el lenguaje de los sueños. Para algunos artistas fue como una invasión contra su identidad y algo perturbador para su inspiración.</p>
<p>Lacan concibió el arte como un campo de aprendizaje para el desarrollo del psicoanálisis. Según Lacan –amigo de Marguerite Duras, Balthus, Breton o Duchamp– el artista llega de una forma intuitiva, sin saber lo que expresa, a los mismos hallazgos que el psicoanálisis a partir de la aplicación de sus dispositivos clínicos. El arte y el psicoanálisis, por tanto, serían homólogos, porque por vías diferentes van al fondo de lo desconocido para encontrar algo nuevo.</p>
<p>La diferencia entre un artista-creador y una persona común no sería una diferencia originaria, sino más bien una diferencia en el tratamiento que cada cual aplica a sus fantasías. Tanto el artista, como el hombre común, desde que abandonan el útero materno, están permanentemente sometidos a pulsiones y fantasías que representan un intento de retornar a ese estado felicidad primitiva. Existe entonces una situación traumática, que intenta ser superada, por medio de representaciones que permitan recrear esa síntesis personal, definitivamente perdida. La situación inicial es para todos la misma. Sólo que el artista sería aquel “ser privilegiado”, cuya naturaleza especialmente sensible y receptiva le impide resolver los conflictos y tensiones nacidas del ejercicio de esas pulsiones. El ser “normal”, por el contrario, por tener una sensibilidad menos viva, se bloquea más fácilmente, siéndole así más fácil su proceso de normalización.</p>
<p>A principios del siglo XX, en Zurich, Carl G. Jung fue uno de los primeros en criticar cierto reduccionismo del psicoanálisis del arte iniciado por S. Freud y Otto Rank ya que consideraba que la investigación psicológica del hecho artístico sólo podía referirse al proceso psíquico de dicha actividad y no al arte en sí mismo. Jung utilizó y fomentó la producción artística y simbólica como parte del proceso terapéutico; y en respuesta a la postura del psicoanálisis comentó irónicamente: “si una obra de arte se explica por el mismo procedimiento que una neurosis, entonces o bien la obra de arte es una neurosis, o la neurosis es una obra de arte”.</p>
<p>Eduardo Pavlovsky, en nuestro medio, critica cierto reduccionismo psicoanalítico que intenta explicar la creación a partir de la patología. Por el contrario, valora la importancia de la teoría del juego infantil para entender los procesos creativos: “el creador, hombre de teatro, no repite en sus obras sólo los gestos de su infancia, sino que su obra es también la superación de ese pasado condicionado”. Se opone así a cierta miopía de considerar solamente a la creación como expresión de conflictos y desestimar su potencia creadora.</p>
<p>La desconfianza de los artistas hacia los médicos, psiquiatras o psicoanalistas resulta proverbial. Artaud dice en Van Gogh, el suicidado por la sociedad (1947): “En todo psiquiatra viviente hay un sórdido y repugnante atavismo que le hace ver en cada artista, en cada genio, a un enemigo”. Y viceversa, dirán los psiquiatras: todo artista ve un enemigo en cada psiquiatra viviente. Si bien muchos artistas tienen una vida trágica, plena de torturas interiores, pocos aceptarían que los médicos les quitaran su dolor, pues se concibe que junto al dolor, la neurosis, la desdicha, está la posibilidad de la inspiración. Perder la neurosis y la desdicha equivale a no encontrar los estados de éxtasis que caracterizan a la creatividad. Este rechazo a los psiquiatras encuentra un buen ejemplo popular en la canción de Joaquín Sabina, en que este le pide al médico que le devuelva su neurosis, esa locura que le hacía tener alas en los pies, puesto que ya no se reconoce en el ser curado en que se ha convertido luego de las terapias, y considera que ha perdido con el cambio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La creatividad y la psicosis tienen una misma base neuronal</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La enfermedad mental no presupone una creatividad genial. Lo que ocurre es que a veces coinciden, porque, a menudo, sus manifestaciones provienen de la misma fuente, como, por ejemplo, la angustia. Lo cual significa que no todo artista es un loco ni todo loco es un artista.</p>
<p>Al igual que en la psicosis, la creatividad se manifiesta cuando se produce un déficit de la inhibición latente, que es una facultad neurológica innata que permite a la mayoría de las personas procesar toda la información que reciben los sentidos y seleccionar únicamente aquella que les resulta más útil para la vida cotidiana. Este déficit explica por qué los artistas y creativos viven en la frontera de la percepción y al borde de la psicosis, y por qué la mayoría de las veces sufren la incomprensión del entorno en el que expresan su creatividad. En otras palabras, significa que los creativos y los locos perciben más intensamente el mundo que les rodea. El problema es que esa superior conciencia de sus alrededores y la mayor flexibilidad mental que la acompaña pueden acabar haciendo que la mente deje de ser comparable con la de otros seres humanos, imposibilitando así su vida social. A esto se llama en la vida diaria locura. Creación y pérdida de la cordura serían, pues, dos caras de un mismo proceso de inmersión en el universo sin protecciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿El arte cura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El arte, en todas sus formas, no sólo es un modo de expresión, sino una herramienta terapéutica que en los últimos años ha experimentado un importante desarrollo como forma de complementar los tratamientos de diversas enfermedades y también como un medio de crecimiento personal.</p>
<p>Si bien es cierto que el campo del Arte Terapia, entendido como la sistematización del uso de medios, técnicas y soportes provenientes de las artes visuales con objetivos terapéuticos, es relativamente nuevo, no lo son así sus precursores.</p>
<p>Jean Pierre Klein, arte-terapeuta francés director del Instituto Nacional de la Expresión de París, cita entre otros a Pinel, Esquirol, Georget, Marcé, Charcot, Fursac, y por supuesto a múltiples trabajos que desde el psicoanálisis y otros paradigmas que abordan el psiquismo humano se han escrito con relación a las artes visuales.</p>
<p>Actualmente la formación en Arte Terapia es dictada en los Estados Unidos a nivel de masters y doctorados en las principales universidades de ese país. La American Art Therapy Association, fue fundada en el año 1969.</p>
<p>No ha de sorprender que las primeras sistematizaciones dentro del Arte Terapia la hayan desarrollado dos profesionales con formación psicoanalítica. Maurice Naumburg realizó en 1950 una investigación encargada por el New York State Psychiatric Institute y la New York University acerca de la expresión artística espontánea con niños con dificultades graves de conducta. Posteriormente Edith Kramer, psicoanalista de origen húngaro que emigró a los Estados Unidos a causa de la guerra, publicó en 1958 “Arte Terapia en una comunidad infantil”, libro que sentaría las bases teóricas de lo que hoy se denomina, precisamente, Arte Terapia.</p>
<p>Una buena mayoría de los especialistas se vuelca a la idea de que, a través del arte, los esquizofrénicos intentan reconstruir un mundo propio que se encuentra escindido y fragmentado. E intentan, pincel en mano, recomponer el camino que los separa del mundo real. Porque comunicarse con el mundo real es uno de los grandes dramas de los enfermos psicóticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Profesor Titular de Psiquiatría, USAL y IUSAM</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/sobre-artistas-locura-y-psiquiatria/">Sobre artistas, locura y psiquiatría</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Petropolítica: la política de la Edad de Piedra</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/petropolitica-la-politica-de-la-edad-de-piedra/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 May 2021 09:55:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un breve vistazo a las mayores fortunas del planeta, encabezadas por productores de programas informáticos, especuladores financieros, propietarios de medios de comunicación y magnates de Hollywood, permite comprender que la generación de riqueza está pasando de una fase hardware, en la que el valor se generaba produciendo objetos mediante el trabajo manual, a una fase [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Un breve vistazo a las mayores fortunas del planeta, encabezadas por productores de programas informáticos, especuladores financieros, propietarios de medios de comunicación y magnates de Hollywood, permite comprender que la generación de riqueza está pasando de una fase hardware, en la que el valor se generaba produciendo objetos mediante el trabajo manual, a una fase software, en la que predomina el trabajo intelectual. De Henry Ford a Bill Gates, en un mundo postindustrial dedicado a la creación y manejo de informaciones, conocimientos, diversidad cultural, comunicación, innovación y emociones, el cambio registrado en lo que Marx hubiera denominado el &#8220;modo de producción&#8221; ha sido increíblemente rápido: bastante menos de un siglo entre el Ford T y la primer PC. Un soplo en la historia de la humanidad.</p>
<p>Ya para 1980, Alvin Toffler sostenía que el conflicto entre capitalismo y comunismo era una disputa transitoria dentro de una misma civilización industrial, y profetizaba que dejaría paso a la verdadera lucha política del futuro: un megaconflicto de dimensiones planetarias entre los defensores de la segunda ola industrial y los de la naciente tercera ola postindustrial. Toffler tenía más razón de lo que sospechaba, y sin embargo no sería exactamente la industria la que adoptaría la defensa del obsoleto statu-quo nacional-industrial sino la rama más atrasada de la industria, que se ocupa de la provisión de energía para la antigua forma de producción, dependiente de su majestad el petróleo.</p>
<p>Un cuarto de siglo después de la publicación de &#8220;La tercera ola&#8221; toffleriana, apenas se alza la mirada por encima de las fronteras nacionales se observa que las mayores y más urgentes amenazas al mundo postindustrial y global (el recalentamiento atmosférico, el agotamiento de los recursos no renovables, los conflictos por los recursos energéticos) provienen de un decrépito orden nacionalista e industrialista intrínsecamente dilapidador y contaminante, y tendiente al militarismo y la confrontación. He aquí el origen de la petropolítica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Dos paradigmas antológicos: petropolítica y sociedad del conocimiento y la información</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada más lejos de la tan mentada sociedad de la información y el conocimiento que la industria petrolera. Un pozo o un barril de petróleo no valen nada para nosotros si otro se apodera de ellos. Por el contrario, los programas informáticos de una computadora pueden ser copiados sin perder su capacidad original y son más valiosos cuantos más usuarios lo utilicen. Los intangibles productos básicos de la economía de la información son, pues, condivisibles. No importa cuán avaros y monopolistas sean los líderes de la economía de la información: ésta necesita de la cooperación y del bienestar general para producir y vender una riqueza cuya magnitud se potencia con la riqueza de todos, sin que cuenten los orígenes nacionales y sociales. La inteligencia humana en la que está basada es un recurso no contaminante, inagotable, y desligado de potestades territoriales cuya pérdida de centralidad económica ha puesto fuera de juego el modelo de conflicto de la era industrial: la disputa bélica por un territorio y sus materias primas.</p>
<p>No ha habido guerras entre países desarrollados desde que -allá por los sesenta- los trabajadores intelectuales superaron numéricamente a los manuales en las economías avanzadas. En esos países, las unidades económico-políticas se han extendido pacíficamente debido a las exigencias que generaban las nuevas tecnologías y gracias a las posibilidades que creaban. Todas las estadísticas disponibles señalan que no existen ya estados de bienestar en las naciones organizadas bajo modelos nacionalistas-industrialistas, y destacan también que son los países postindustriales y con mayores índices de intercambio global los que tienen los menores índices de desigualdad del planeta. No es casual: toda economía basada en la inteligencia humana supone un alto nivel educativo y una elevada capacidad de trabajar asociadamente, factores indispensables para la redistribución social de la riqueza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Exactamente lo contrario sucede con las materias primas y el petróleo. Como en todo modelo basado en la explotación de recursos escasos y agotables, en los países extractivos el proceso económico es del tipo suma-cero: la apropiación por parte de unos excluye la de los otros; lo que inevitablemente lleva a la disputa y excluye toda posible cooperación. La extracción de materias primas está, por razones obvias, fuertemente ligada al territorio, y por lo tanto, es tendencialmente generadora de conflictos por su control y por el predominio geopolítico. Esto conduce directamente a la aparición de núcleos de poder petropolítico surgidos de los acuerdos entre los agentes económicos de las corporaciones extractivas y los agentes políticos ligados al comando del aparato militar. Dado que en toda actividad extractiva la intervención de la población en la generación de la riqueza es escasa y de baja calidad laboral, los niveles de bienestar de la población y su capacidad para trabajar cooperativamente son factores de producción irrelevantes. Así, la riqueza generada se acumula inevitablemente en manos de los propietarios privados de los recursos y de las autoridades públicas que poseen el poder de gestionar el acceso y el control de las concesiones.</p>
<p>Es éste el reino en el que la petropolítica, política de la Edad de Piedra en los tiempos de revolución tecnológica, tiene sus dominios. Las teorías del &#8220;intercambio desigual&#8221; con las que el tercermundismo achacaba todos los males del subdesarrollo a los bajos precios de las materias primas se tornaron irrelevantes después de décadas de subida vertical del precio de petróleo; subida que originó un flujo inconmensurable de riqueza hacia los países de la OPEP sin que las condiciones de vida de sus ciudadanos sufrieran cambios significativos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>El mundo de la petropolítica</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde domina la petropolítica, el conflicto y la exasperación sustituyen al diálogo y al consenso. Así, la sociedad se divide entre un &#8220;nosotros&#8221; y un &#8220;ellos&#8221;. El territorio y sus virtudes morales son exaltadas y la disputa por su control adquiere valor metafísico. Sin importar el uso que hagan las castas locales de la riqueza extraída, los extranjeros son presentados como una manada ávida de apoderarse de &#8220;nuestros&#8221; recursos.</p>
<p>Más allá del discurso que se esgrima desde el poder, la petropolítica lleva a que la riqueza se acumule en pocas manos. La democracia tambalea, si es que existía, o nunca surge, allí donde no la había. A pesar de la retórica incendiariamente nacionalista que sirve para encubrir los intereses reales en juego, la unidad nacional se ve frecuentemente desgarrada, abriendo la puerta a un nuevo esquema destructivo: la guerra intra-nacional por el control de los recursos en forma de guerra civil o étnica; tendencia que amenaza trasladarse hoy desde las arenas del África hasta la gasífera Bolivia.</p>
<p>Fundamentalismos de tipo político y religioso predominan en el universo petropolítico. El mundo se divide en amigos incorporados a la red de reproducción del poder existente y enemigos mortales, buenos sólo para ser destruidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las propiedades ambiguas de los recursos naturales en términos de progreso político y social no sólo han tornado obsoleta la teoría de los intercambios desiguales sino que han dado lugar a la tesis de la &#8220;maldición de los recursos naturales&#8221;, bien apuntalada por el hecho de que países con bajísimos recursos per capita (como Japón) han sido capaces de estructurar sociedades ricas e igualitarias, en tanto otros con elevados recursos naturales por habitante (como la Argentina) se debaten en la pobreza y las desigualdades crecientes. Que Latinoamérica sea el continente con mayor cantidad de recursos naturales por habitante y el de mayor desigualdad del mundo, y que África la siga en ambos rubros, constituye una confirmación directa de la tesis. Se ha comprobado también, en recientes estudios, una elevada correlación entre la suba del precio del petróleo y un empeoramiento de las capacidades democráticas y republicanas en casi todas las naciones petroleras, sin diferencia alguna entre las latinoamericanas, las africanas y las asiáticas, para no hablar de los Estados Unidos de América.</p>
<p>El continente en el que el peso de los recursos naturales en la economía es el más alto –África– es el mismo en el que las masacres generalizadas, los genocidios étnicos, las tiranías seculares y la barbarie tribal alentadas por las corporaciones a la búsqueda de los diamantes de Sierra Leona y el petróleo de Sudán se han convertido en la regla. Lo cierto es que mientras el mundo miraba lo que sucedía en Irak, el más extendido drama humanitario, con millones de muertos y cientos de miles de refugiados, expulsados y exiliados, se verificaba en esa África cuyos recursos naturales son la fuente casi exclusiva de riqueza. La tribalización y militarización de las sociedades africanas ha generado un renovado medioevo donde las lanzas y flechas han sido reemplazadas por ametralladoras y kalashnikovs. Tampoco parece casual que Medio Oriente, la región del mundo en la que el petróleo es el recurso económico por excelencia, sea un centro generador de inestabilidad política, terrorismo e inseguridad energética mundiales, para no hablar de los costos que el consumo irracional de combustibles fósiles tiene en términos de contaminación atmosférica y recalentamiento global.</p>
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<p><b>Los líderes petropolíticos</b></p>
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<p>¿Cuántos millones han gastado las compañías petroleras y sus aliados en financiar las campañas que presentaban mundialmente a la energía nuclear como una opción demasiado peligrosa, y a los biocombustibles y el hidrógeno como fuentes de energía buenas para libros de ciencia-ficción pero de escasa aplicación práctica? ¿Cuántos, en demorar y obstaculizar las investigaciones sobre fuentes alternativas? ¿Cuántos, en impedir el desarrollo de organismos de fiscalización democráticos y globales que pudieran, digamos, establecer una tasa mundial a los combustibles fósiles y dirigir esos recursos al financiamiento de la investigación, desarrollo y aplicación de fuentes renovables y no contaminantes?</p>
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<div class="cban468"></div>
<p>Conspiración o no, lo cierto es que vivimos hoy en un mundo completamente diferente al del industrialismo de inicios de siglo pero en el que los combustibles fósiles siguen siendo la fuente básica de energía. Significativamente, el único sector en el que la revolución tecnológica no ha cumplido sus promesas, el energético, ha generado un núcleo petropolítico de atraso global de índole preindustrial y patrioteramente nacionalista que en esta última década se ha extendido como un cáncer. Basta mirar el mapamundi: el primer exportador mundial de petróleo es la Arabia Saudita dominada por una monarquía absolutista de cuya periferia salió Osama Bin Laden; el segundo es la Rusia del ex jefe del KGB Vladimir Putin; el cuarto es el Irán del negador del Holocausto Mahmoud Ahmadinejad; el quinto es la Venezuela del coronel Chávez; el sexto son los feudales Emiratos Árabes; el séptimo es el dinástico Kuwait; el octavo es la devastada Nigeria; el décimo es la Argelia de los hermanos musulmanes degolladores de infieles; el undécimo es el Irak que fue de Saddam Hussein y el duodécimo la Libia que aún es de Muahamar Kadaffi. Compárese esta lista con la de los mayores conflictos bélicos de las últimas décadas y la de los peores regímenes autoritarios y genocidas y se comprenderán las verdaderas dimensiones que asume hoy el reino de la petropolítica.</p>
<p>No es todo. Sintomáticamente, el carácter nacional de las empresas (anacrónica reliquia de los tiempos nacional–industriales) es una característica marcada en el sector petrolero. Tanto Exxon, Chevron, BP y Repsol –del primer mundo– como PDVSA y Petrobrás –del tercero– son corporaciones nacionales. Shell es el máximo infranqueable del cosmopolitismo que han logrado alcanzar las big oil corporations: una compañía binacional. Si esto es poco, cuando se repasa la lista de los productores de petróleo se encuentra en el tercer puesto a los Estados Unidos y en el decimotercero al Reino Unido, naciones cuyas empresas petroleras dominan el mercado mundial y que han liderado la desastrosa invasión de Irak, accediendo así al control de la segunda reserva petrolífera del mundo y generando una suba del precio del petróleo que ha hecho la fortuna del sector petropolítico. ¿Mera casualidad o la demostración de una relación de causa-efecto del que no están exentos los países del mundo avanzado?</p>
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<p><b>La nueva polaridad política global</b></p>
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<p>La petropolítica ha invadido el terreno de las políticas nacionales poniendo al frente de los estados a líderes reaccionarios ligados a poderes corporativos y concepciones nacional-industriales, es decir, antiglobales. No otro es el rol que ha desempeñado en Estados Unidos la dinastía Bush. De los pantanales creados por la petropolítica surgió también la desgracia del que fuera el más prometedor de los líderes del mundo avanzado: Tony Blair.</p>
<p>Cuando se observa que los Estados Unidos son un país escindido en dos mitades (una costera, hiperconectada, cosmopolita, productora de bienes simbólicos, progresista, y en la que ganan casi siempre los demócratas, y una interior, desconectada, nacionalista, productora de bienes primarios, reaccionaria y votante de Bush y los republicanos) no se hace más que comprobar la profecía de Toffler: una lucha mortal por el predominio entre la segunda y la tercera ola. Y como todos las tendencias del mundo moderno, esta tensión entre un industrialismo nacionalista y el mundo postindustrial se ha hecho visible como polaridad política mundial, con los jeques internacionales de la petropolítica enfrentando a una coalición de fuerzas (la Unión Europea, Japón y Canadá, principalmente) favorables a los acuerdos de regulación ecológica y financiera global y al reforzamiento de las instituciones supranacionales (como la misma Unión Europea, la Corte Penal Internacional y la ONU), y fuertemente contrarias al unilateralismo y el militarismo petropolíticos. Y dado que en un mundo global las polaridades políticas se vuelven globales, quien crea que las tensiones provocados por la petropolítica son una cuestión ajena no tiene más que mirar el mapa de una Latinoamérica polarizada por la puja entre el coronel Chávez y sus aliados: sus energéticos compadres Morales y Correa (los tres, presidentes de las únicas naciones sudamericanas en las que la producción de energía es el recurso económico predominante) y el resto de los gobernantes del sub-continente.</p>
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<p>En fin, quien piense que la Argentina está fuera de estas tendencias puede observar que por primera vez en la Historia el país tiene un presidente nacido en la región que concentra el 84% de la producción petrolera nacional, o repasar la lista de las provincias en las que una lucha de tipo suma-cero por el reparto de una torta esencialmente petrolera está llevando al conflicto entre los gobernantes que controlan esos recursos y el gremio emblemático de una sociedad basada en el conocimiento y la información: los docentes.</p>
<p>A este preocupante panorama se agregan hoy los planes de &#8220;reargentinización&#8221; de Repsol-YPF, es decir: el uso del nacionalismo para favorecer un modelo de capitalismo de amigos ligados a las discrecionalidades del poder nacional, lo que garantizará, como siempre, que las ganancias -si las hay- sean privadas y las pérdidas, públicas. En todo caso, más que un paso hacia el futuro la reprivatización de una parte de Repsol-YPF bajo la apariencia de &#8220;reargentinización&#8221; significaría, previsiblemente, la reafirmación en Sudamérica de un núcleo petropolítico venezolano-argentino aún más autoritario y antirrepublicano que el actual.</p>
<p>* Autor de &#8220;Globalizar la democracia&#8221;.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/petropolitica-la-politica-de-la-edad-de-piedra/">Petropolítica: la política de la Edad de Piedra</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La conciencia, sin misterios</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/la-conciencia-sin-misterios/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 May 2021 08:45:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los métodos de la ciencia alcanzan para entender el funcionamiento de la mente. &#8220;Científicos marcianos&#8221; y obstáculos filosóficos. Por Daniel Dennett A menudo se ve a la conciencia como un misterio que está más allá de la ciencia, impenetrable desde afuera por más íntima que sea la relación que tenemos con ella desde adentro. En mi [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Los métodos de la ciencia alcanzan para entender el funcionamiento de la mente. &#8220;Científicos marcianos&#8221; y obstáculos filosóficos.</h3>
<h4><b>Por </b>Daniel Dennett</h4>
<p>A menudo se ve a la conciencia como un misterio que está más allá de la ciencia, impenetrable desde afuera por más íntima que sea la relación que tenemos con ella desde adentro. En mi opinión, esta idea no es sólo un error, sino también un obstáculo para el desarrollo de la investigación científica que puede explicar la conciencia con la misma profundidad y exhaustividad con las que da cuenta de otros fenómenos naturales: el metabolismo, la reproducción, la deriva continental, la luz, la gravedad, y muchos otros. Para establecer, o poner en claro, las bases de esa investigación, comenzaré por analizar las consideraciones acerca de los supuestos límites de todos los estudios que se han hecho de la conciencia.</p>
<p><b>Científicos marcianos</b></p>
<p>Supongamos que unos &#8220;marcianos&#8221; avanzados en materia científica y tecnológica llegaran a la Tierra para estudiar la flora y la fauna del planeta. Vamos a imaginárnoslos con algún tipo de órgano de los sentidos, que bien puede ser distinto de los de los seres humanos pero que les permite adquirir información sobre las regularidades del mundo con la misma facilidad conque lo hacemos nosotros. Como también cuentan con tecnología avanzada, pueden hacer lo que nosotros hemos hecho con los microscopios, telescopios, detectores de rayos infrarrojos y ultravioleta, &#8220;rastreadores&#8221; químicos y adminículos afines: así, pueden arreglárselas para &#8220;ver&#8221; lo que vemos nosotros,&#8221;oír&#8221; lo que nosotros oímos y percibir lo que nosotros percibimos, gracias a las extensiones mecánicas de los sentidos con las que estén dotados, equipadas con interfaces para usuarios marcianos.</p>
<p>De modo que todo lo que nosotros podemos observar es observable para ellos, aunque a veces sólo de manera indirecta (como las formas de las bacterias, las sombras de fuentes infrarrojas de radiación electromagnética y las vibraciones de terremotos distantes son observables gracias a nuestros dispositivos tecnológicos).</p>
<p>Entre los fenómenos que los marcianos podrán observar de inmediato se encuentran las representaciones públicas de la conciencia: globos de historieta como los de la obra de Steinberg, soliloquios de obras de teatro, voces &#8220;en off&#8221; de películas, usos del punto de vista omnisciente en novelas y otros. Es común pasar por alto el hecho de que gran parte de lo que creemos sobre la conciencia proviene de las representaciones objetivas, públicas, compartidas, del fluir de la conciencia de otros, en la ficción o en la realidad. Los marcianos también podrían tener acceso a las representaciones menos entretenidas que se encuentran en los libros de los filósofos, los psicólogos, los neurocientíficos, los fenomenólogos y otros estudiosos serios del tema. Con todo esto, los antropólogos de Marte (los estudiosos de la fauna extramarciana) podrían llegar a elaboradas conclusiones sobre esa parte de la conducta del Homo sapiens (tal es el nombre que nos damos los terrícolas parlantes) de la que se ocupa la &#8220;teoría popular de la conciencia&#8221; y también los primeros atisbos de una formulación científica al respecto.</p>
<p>Me permito una digresión: toda esta fábula se apoya en el supuesto de que los marcianos adoptan la &#8220;actitud intencional&#8221; respecto de la fauna que observan, de modo que pueden aprender nuestras lenguas e interpretar nuestra comunicación, pero no se supone que sean conscientes en ninguno de los sentidos tendenciosos de las últimos debates filosóficos.</p>
<p>De modo que, para los fines de esta argumentación, vamos a considerar que los marcianos podrían ser &#8220;zombis&#8221; cuya recolección de datos y teorización científica se realizan sin rastros de &#8220;fenomenalidad&#8221;, &#8220;qualia&#8221; o como sea que llamemos a lo que caracteriza a la verdadera conciencia. O sea que, por el momento, no voy a presuponer que su pericia científica manifiesta sea evidencia que permita concluir que son conscientes.</p>
<p>Podría suceder, por ejemplo, que nuestros marcianos no se emocionaran con nuestra música, nuestro arte o nuestro teatro, y sí pudieran detectar sin ningún inconveniente cómo esas cosas nos afectan a nosotros. (&#8220;¿Qué verán estos tíos en esos cuadros de Picasso?&#8221;, se preguntarían incrédulos, advirtiendo no sólo las cantidades de dinero que estamos dispuestos a pagar por esos cuadros sino también los importantes efectos en los neuromoduladores, el sistema endocrino y las vísceras que los encuentros con esas obras nos producen.)</p>
<p>Esta introducción sobre los científicos marcianos imaginarios me permite hacer una presentación vívida de un tema subliminal frecuente en los debates actuales sobre una teoría científica de la conciencia. Uno de los postulados de la teoría popular que los marcianos no tardarían en descubrir es que los terrícolas consideran que una teoría científica de la mente es imposible.</p>
<p>Parte de la sabiduría popular que recopilarían (como la recopilamos nosotros como miembros de esta cultura) apunta a que la conciencia es absolutamente privada, inaccesible para los extraños, imposible de transmitir al menos en parte, e inescrutable por medio del método científico, justamente los medios que los marcianos usarían para explorar nuestro planeta. ¿Qué dirían de esto los marcianos? ¿Lo creerían? ¿Lo entenderían? ¿Cómo lo explicarían? Y, lo que es más significativo aun, ¿qué opinarían de la hipótesis de que hay algo en la conciencia humana que ellos no podrían conocer mientras que nosotros, los terrícolas, sí?</p>
<p>Nuestros marcianos han leído el artículo &#8220;¿Cómo es ser un murciélago?&#8221;, de Nagel (1974), y lo oponen a la pregunta &#8220;¿Cómo es ser un ser humano?&#8221;. Han leído el libro de David Chalmers &#8220;La mente consciente: en busca de una teoría fundamental&#8221; y entonces se preguntan si han podido identificar &#8220;el problema difícil&#8221; de la conciencia. ¿Qué aspectos de la conciencia quedan fuera del alcance de los investigadores alienígenas? Y si existen esos aspectos, ¿cómo sabemos &#8220;nosotros&#8221; que son reales?</p>
<p>Uno de los textos que con toda seguridad estudiarían los marcianos son las Meditaciones de Descartes (1641), y al leerlas advertirían que parecerían estár dirigidas a ellos. El prefacio convoca a quienes deseen &#8220;meditar conmigo seriamente y apartar la mente de los sentidos y con ello de todos los prejuicios&#8221;. Descartes esperaría que los lectores marcianos hicieran los experimentos mentales y las inferencias necesarias, eliminando todas las peculiaridades de su aparato sensorial (&#8220;apartar […] de los sentidos y […] de todos los prejuicios&#8221;). Como buen científico que era, Descartes apreciaba el valor de la intersubjetividad, y los modos de la ciencia para suprimir la idiosincrasia de los investigadores individuales para que todos compartieran la misma investigación: el abordaje &#8220;en tercera persona&#8221;del método científico.</p>
<p>Por cierto, nada impide a los marcianos participar de las meditaciones cartesianas, y yo propongo que sigamos el camino de Descartes y busquemos una ciencia de la conciencia con el mayor grado de intersubjetividad posible. Veamos qué ocurre cuando tratamos de llevar esta metodología científica en tercera persona al interior privado de la mente. ¿Dejaremos recovecos importantes sin analizar?</p>
<p><b>El acceso a la conciencia</b></p>
<p>En la actualidad, muchas voces se alzan para cantar a coro que nuestros intentos van a fallar, ya que una ciencia de la conciencia en tercera persona es pobre desde el punto de vista metodológico y se aparta de importantes fuentes de evidencia, datos, explicaciones o… lo que sea. Lo que se necesita, nos dicen esas voces, es una &#8220;ciencia de la conciencia en primera persona&#8221;, o incluso &#8220;en segunda persona&#8221; (denominación que acentúa la empatía con el objeto de estudio, y que refleja una metodología de trato familiar, es decir, de &#8220;tú&#8221; y no de &#8220;usted&#8221;). La idea de base, que se expresa de distintas maneras o se presupone, es que los marcianos no pueden jugar los juegos de los humanos.</p>
<p>No pueden hacer ciencia de la conciencia en primera persona porque no son primeras personas del tipo adecuado. Pueden usar la primera persona para estudiar la conciencia &#8220;marciana&#8221;, si es que existe, pero no la &#8220;nuestra&#8221;. Tampoco pueden hacer ciencia en segunda persona porque, como son una forma de vida alienígena, no pueden establecer el vínculo de empatía entre un &#8220;yo&#8221; y un &#8220;tú&#8221; que el método requiere.</p>
<p>Ahora yo me pregunto: ¿hay alguna razón valedera para creer que todo eso es cierto? Mi respuesta es que no: no hay nada en nuestra conciencia que sea inaccesible a los métodos marcianos.</p>
<p>Los métodos en tercera persona de las ciencias naturales alcanzan para estudiar la conciencia con tanta exhaustividad como cualquier otro fenómeno de la naturaleza, sin dejar residuos significativos.</p>
<p>¿Qué quiere decir aquí &#8220;significativos&#8221;? Nada más que esto: si los científicos estudiaran un grano de arena, siempre habría más cosas para averiguar sobre él, por más tiempo que le dedicaran. En la suma de las fuerzas de atracción y repulsión de todas las partículas subatómicas que componen los átomos del grano, siempre habrá una incertidumbre residual de la magnitud del último dígito significativo que hemos calculado hasta la fecha, y ubicar en tiempo y espacio el grano de arena a través de miles de millones de años lleva a un cono creciente de indiscernibilidad. Sin embargo, esa incertidumbre no será significativa. Aquí también aplica la ley de disminución de beneficios.</p>
<p>En mi opinión, si usamos los métodos en tercera persona de la ciencia para estudiar la conciencia, la ignorancia residual que tendremos que admitir no será, al fin y al cabo, ni más perturbadora, ni más frustrante ni más desconcertante que la ignorancia imposible de eliminar del estudio de la fotosíntesis, los terremotos o los granos de arena. En resumen, no se han esgrimido buenos argumentos para defender la hipótesis popular de que, vista en tercera persona, la conciencia es un misterio cuya naturaleza es diferente de la de los otros fenómenos naturales.</p>
<p>Tampoco hay buenas razones para afirmar que, por ser conscientes, nosotros sabemos algo significativo que a los marcianos les resulta absolutamente incomprensible, por más distintos de los humanos que sean.</p>
<div class="cban468"></div>
<p>Una buena manera de empezar a abordar este tema es planteando cuestiones que lo delimiten. Si, por fuerza, los marcianos que pretendan estudiar la conciencia humana tienen que dejar algo sin explicar, ¿cómo lo sabemos nosotros? Y, ¿quién es ese &#8220;nosotros&#8221;? Por ejemplo, ¿hay algo que los francófonos saben acerca de su conciencia que quienes no hablan francés desconocen? ¿Acaso hay algún aspecto de la conciencia femenina al que los hombres no pueden tener acceso? ¿O los diestros saben algo de su conciencia diestra que los zurdos no pueden entender? ¿Quizás el lector sepa algo acerca de su propia conciencia que nosotros, los demás, nunca podremos conocer?</p>
<p>En el texto clásico que aborda esta cuestión, Nagel se resiste con astucia –pero sin argumentos– a caer en el solipsismo: sugiere que es posible para &#8220;nosotros&#8221; saber lo que se siente cuando &#8220;experimentamos&#8221; sensaciones humanas, pero sostiene –una vez más, sin argumentos– que no podemos saber lo que se siente cuando se es algo muy distinto, como un murciélago.</p>
<p>La razón, creo yo, por la que Nagel logra escapar al solipsismo es que nadie se atreve a cuestionar su modo de pensar porque es atractivo. A todos nos resulta atractivo. &#8220;Nosotros&#8221; sabemos sobre nuestra conciencia porque nos comunicamos a propósito de ella todo el tiempo. En nuestros intercambios cotidianos, &#8220;presuponemos&#8221; que, en gran medida, compartimos las representaciones públicas de la conciencia y, como contribuimos a ese acervo común cuando interactuamos, el presupuesto parece reforzarse con la interacción.</p>
<p>La teoría popular sobre la conciencia humana es producto de una empresa común que ha tenido un éxito asombroso, pero tiene sus conocidos puntos oscuros. ¿Puede una persona que ha nacido ciega tener &#8220;nuestra&#8221; concepción del color? ¿Y las personas daltónicas? ¿Y la &#8220;inversión espectral&#8221;, un experimento mental que tiene más de trescientos años? ¿Puede ser que lo que yo percibo azul otro lo percibe amarillo, pero aun así llama a ese color subjetivo &#8220;azul&#8221;? ¿Cómo es ser un bebé: una &#8220;floreciente confusión de zumbidos&#8221; o algo completamente distinto? ¿La experiencia femenina del mundo y la masculina son incomparables?</p>
<p>Cada una de estas preguntas tiene muchas respuesta en pugna, y todas merecen que, con el tiempo, nos vayamos ocupando de ellas. Pero antes de decidir sobre ellas desde el principio, tenemos que respirar hondo y aceptar que todas las respuestas, buenas y malas, forman parte de la &#8220;sabiduría popular&#8221; sobre la conciencia y no son &#8220;datos&#8221; que podamos compartir con los marcianos.</p>
<p><b>En tercera persona</b></p>
<p>El método en tercera persona, el que podemos adoptar tanto los terrícolas como los marcianos sabiendo que hemos adoptado el mismo método, queda dentro de los límites de lo que he dado en llamar &#8220;heterofenomenología&#8221;: el camino neutral desde la ciencia física objetiva y su insistencia en el punto de vista de la tercera persona, hasta un método de descripción fenomenológica que (en principio) pueda hacer justicia a las más privadas e inefables experiencias subjetivas, sin abandonar los escrúpulos metodológicos de la ciencia.</p>
<p>La heterofenomenología no tiene nada de revolucionario ni de novedoso. Con supuestos y límites más o menos meticulosos, se la practica hace alrededor de cien años en varias ramas de la psicología experimental, la psicofísica, la neurofisiología y la neurociencia cognitiva en la actualidad. Lo único que yo hice fue darle un nombre e identificar y fundamentar a conciencia sus supuestos instrumentales.</p>
<p>Los heterofenomenólogos partimos del registro de los datos crudos de todo lo que ocurre en el interior y el exterior de los sujetos, una muestra que se restringe a los seres humanos con facultades de comunicación (con o sin patologías o anomalías, de ambos sexos, de todas las edades y culturas, con distintos niveles socioeconómicos y otros parámetros). Los colaboradores marcianos quedan fuera de la muestra pero se consideran perfectamente capacitados como investigadores. Recopilamos datos de todos los eventos químicos, eléctricos, hormonales, acústicos… en definitiva, físicos, que se observan en los sujetos estudiados, registrando el tiempo en el que ocurren, pero también seleccionamos algunos datos para tratarlos de una forma especial: los sonidos y las marcas que hacen los sujetos para comunicarse (por la vía oral o por alguna otra), que transcribimos y luego interpretamos para producir un inventario de actos de habla que luego reinterpretamos como expresiones (aparentes) de creencias.</p>
<p>La gente tiene una tendencia simpática pero engañosa a exagerar respecto a las maravillas de su experiencia consciente, como el público de un espectáculo de magia, que cuando sale del teatro dice haber visto muchas más cosas maravillosas de las que ocurrieron sobre el escenario. La neutralidad de la heterofenomenología tiene el efecto cáustico de reducir la tarea de explicar la conciencia a su verdadera dimensión. El objetivo de la heterofenomenología es obtener los datos, cualesquiera sean, sin desinflarlos.</p>
<p><b>Ilusiones y agnosticismo</b></p>
<p>Pasar del punto de vista en tercera persona al punto de vista en primera persona es buscarse problemas: no obtenemos datos que no estén ya disponibles a través del método en tercera persona, y nos arriesgamos a salir a tontas y a locas a la caza de experiencias conscientes que sólo nosotros sabemos que tenemos.</p>
<p>¿Y la segunda persona? Cuando se habla de segunda persona, lo que parece venir a la mente es o bien algún tipo de &#8220;empatía&#8221; o bien alguna clase de confianza que se distingue con toda claridad de la actitud de no tomar partido, extraña, por cierto, adoptada por la heterofenomenología. Centrémonos primero en la confianza.Uno de los que criticaron la neutralidad o agnosticismo fue Alvin Goldman. En su artículo &#8220;Science, publicity and consciousness&#8221; (1997), afirma que la heterofenomenología no es, como sostengo yo, el método estándar de investigación en los estudios de la conciencia, porque los investigadores &#8220;en gran medida se apoyan en las creencias introspectivas de los sujetos respecto de su experiencia consciente (o de la falta de la misma)&#8221;. En correspondencia personal, lo dice de esta manera:</p>
<p>“La objeción presentada en mi trabajo de 1997 contra la heterofenomenología es que lo que los científicos cognitivos ‘hacen’ en este campo es no practicar el agnosticismo. Se basan en las creencias introspectivas de los sujetos, o en los informes sobre esas creencias. Por eso, afirmo que el método de la heterofenomenología no es una descripción acertada de lo que hacen los científicos cognitivos (de la conciencia) en sus prácticas estándar. Por supuesto, puede decirse –y quizá fue su intención pero, en ese caso, no estaba del todo clara– que eso es lo que los científicos ‘deberían’ hacer, y no lo que ‘en verdad’ hacen.”</p>
<p>Por cierto, yo no tengo ningún problema en introducir reformas de ser necesarias, pero Goldman está equivocado. La postura agnóstica está tan enraizada en la práctica científica contemporánea que se da por sentada, y quizá por eso él no la advirtió. Tomemos como ejemplo la disputa de décadas sobre las imágenes mentales, que tuvo como protagonistas a Roger Shepard, Stephen Kosslyn y Zenon Pylyshyn, entre otros. Comenzó con los brillantes experimentos de Shepard y sus discípulos, en los que se mostraba a los sujetos pares de figuras hechas con líneas, y se les pedía que pulsaran un botón si las figuras representaban el mismo objeto visto de distintas maneras (con una rotación espacial) y otro, si lo que mostraban eran dos objetos diferentes.</p>
<p>Muchos sujetos afirmaban que habían resuelto el problema rotando una de las dos imágenes con &#8220;el ojo de la mente&#8221; o la imaginación para ver si podían hacerla coincidir con la otra. ¿De verdad hacían esa &#8220;rotación mental&#8221;? Cambiando la distancia angular que se necesitaba para hacer coincidir las dos figuras y cronometrando las respuestas, Shepard estableció una relación lineal de una considerable regularidad entre la latencia de las respuestas y el desplazamiento angular. Los sujetos más entrenados rotaban las imágenes mentales a una velocidad angular de 60º por segundo. Esto no zanjó la cuestión, sin embargo, puesto que Pylyshyn et al. no tardaron en elaborar hipótesis alternativas para dar cuenta de esa sorprendente relación temporal. Se pidieron e hicieron nuevos estudios, y la disputa sigue generando experimentos y análisis aún hoy. Los sujetos siempre &#8220;dicen&#8221; que rotan las imágenes mentales, de modo que, si el agnosticismo no fuese la práctica implícita común, Shepard y Kosslyn jamás habrían necesitado hacer ningún experimento para respaldar los enunciados de los informantes respecto de que lo que estaban haciendo (al menos en términos metafóricos) era realmente un proceso de manipulación de imágenes. El agnosticismo es parte constitutiva de toda buena investigación psicológica que trabaje con humanos. En psicofísica, por ejemplo, el uso de la teoría de detección de señales forma parte del canon científico desde la década de 1960 y obliga a los investigadores a considerar el hecho de que el sujeto controla el criterio de respuesta aunque no es en sí mismo una fuente confiable al respecto. También podemos mencionar la enorme cantidad de investigaciones sobre las ilusiones, tanto perceptivas como cognitivas, que se manejan con el supuesto estándar de que los datos son los que los sujetos consideran como tales y nunca cometen el error de apoyarse &#8220;en gran medida […] en las creencias introspectivas de los sujetos&#8221;.</p>
<p>Con este último ejemplo, el diagnóstico del error de Goldman se hace evidente. Por supuesto que quienes investigan las ilusiones se apoyan en las creencias introspectivas que expresan los sujetos en estudio respecto de cómo les parece que son las cosas, pero en eso consiste el agnosticismo de la heterofenomenología: ir más allá sería, por ejemplo, suponer que, en las ilusiones con respecto al tamaño de un objeto, de verdad hay imágenes visuales de distintos tamaños en alguna parte del cerebro (o la mente) de los informantes, algo que ningún investigador se atrevería a hacer.</p>
<p>Pasemos ahora a la ilusión de la Figura 1. ¿Se mueve algo en las líneas grises? En la página no se mueve nada pero, ¿es así como lo percibe el lector? Muy bien. Ahora entremos en el cerebro y veamos qué está sucediendo en la corteza visual. Los investigadores no esperarían encontrar patrones de excitación cortical que se movieran en sincronía con el movimiento aparente de la experiencia. Podría ser que encontraran algún tipo de &#8220;película cerebral&#8221; y, si fuese así, el descubrimiento sería revolucionario.</p>
<p>Pero el agnosticismo de la heterofenomenología exime a los investigadores de pensar que, si no encuentran la película, los sujetos están mintiendo. Los sujetos informan con sinceridad lo que les parece ver y esa convicción es lo que hay que explicar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Déjà vu y empatía</p>
<p>Por último, tomemos un fenómeno como el déjà vu. Las investigaciones serias sobre el tema no cometen el error de abandonar el agnosticismo respecto de los enunciados con los que los sujetos dicen estar reviviendo experiencias previas. Ahora, ocupémonos de la empatía. ¿Hay alguna otra actitud que tenga diferencias importantes con la extraña circunspección del método heterofenomenológico que pueda resultar fructífera en la búsqueda de una explicación científica de la conciencia?</p>
<p>Varela y Shear describen la empatía como una característica distintiva de un método al que consideran en primera persona: &#8220;De hecho, así ve él su papel: como un resonador de empatía con experiencias que le son familiares y que tocan una cuerda íntima en él. Esta posición de empatía es en parte heterofenomenológica, puesto que se necesita un mínimo de distancia y evaluación crítica, pero la intención es bien distinta: encontrarse en el mismo terreno, como miembros de la misma especie. […] Ese encuentro no sería posible si el mediador no se sumergiera en el campo de las experiencias que están estudiándose, ya que nada reemplaza el conocimiento directo. Por lo tanto, este estilo de validación es absolutamente distinto de otros que hemos presentado aquí.&#8221;</p>
<p>Sería absurdo discutir la recomendación de que el investigador &#8220;se sumerja en el campo de las experiencias&#8221;que están estudiándose, pero, ¿podrán sumergirse los marcianos? Y si no pueden, ¿por qué? ¿Hay algo más en la empatía, además de una buena interpretación con fundamentos que parte de la actitud intencional?</p>
<p>Si es así, ¿qué es lo que hay? En un trabajo secundario, Evan Thompson se refiere a una &#8220;empatía sensual&#8221; y opina lo siguiente: &#8220;Es evidente que, para que esta empatía sensual sea posible, el cuerpo de uno y el del Otro tienen que ser de un tipo similar&#8221;. A Thompson le parecerá evidente; a mí, no. De hecho, yo pienso que está equivocado.</p>
<p>En última instancia, podría haber algún tipo de &#8220;marciano&#8221; que fuese incapaz de sentir una empatía sensual con los seres humanos, pero ésa no puede ser la opinión en la que se fundamente una ciencia natural de la conciencia. Si eso es cierto, debería surgir del descubrimiento de la imposibilidad de establecer conexiones una llamativa diferencia en el grado de éxito de los investigadores marcianos y el de los terrícolas, y sería en sí mismo un hecho que nuestra teoría tendría que poder explicar, no un supuesto que se adopta en el proceso de recolección de datos.</p>
<p>Un gradiente o discontinuidad de esas características que merezca nuestra consideración puede ser descubierto por la heterofenomenología. Las ideas de Thompson consagran la afirmación indiscutida de Nagel de que &#8220;nosotros&#8221; no podemos saber lo que se siente al ser un murciélago como principio metodológico y la colocan fuera de los límites de la investigación. Ésa no puede ser una buena forma de proceder para la ciencia de la conciencia, en particular porque &#8220;nosotros&#8221; ya hicimos un excelente trabajo sobre lo que se siente –si es que se siente algo– al ser un murciélago.</p>
<p>Akins (1993) nos muestra cómo proceder, y revela que el supuesto de Nagel de que hay una perspectiva o punto de vista de murciélago (un murciélago de bigotes en la investigación de Akins) no es tan cierto como la tradición filosófica pretende suponer.</p>
<p>Si no queremos decretar una desconexión con esas perturbadoras posibilidades, tenemos que adoptar una posición más neutral. En vez de convertir en un principio metodológico la idea de que los alienígenas no pueden postularse para un puesto en algún equipo de investigación, abramos las puertas a todos los &#8220;tipos corporales&#8221; y veamos si constituyen un obstáculo.</p>
<p>Mi conclusión, tentativa y refutable, es que, por el momento, mi tesis sale ilesa de las disputas: el método de la heterofenomenología recoge todos los datos necesarios para una teoría de la conciencia de un modo neutral. Una ciencia de la conciencia en &#8220;primera persona&#8221; o bien colapsará con la heterofenomenología tarde o temprano, o bien manifestará un sesgo inaceptable en sus supuestos iniciales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Extraído de &#8220;Dulces sueños. Obstáculos filosóficos para una ciencia de la conciencia&#8221;. Katz Editores, 2006</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/la-conciencia-sin-misterios/">La conciencia, sin misterios</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Repensar el secundario</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/repensar-el-secundario/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Sep 2020 07:46:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Remontar el barrilete en esta tempestad Solo hará entender que ayer no es hoy, Que hoy es hoy y que no soy actor de lo que fui Divididos Juan tiene 15 años, abandonó el secundario. Consuela a los padres diciendo que va a hacer un bachillerato nocturno, acelerado, pero más adelante. Su blog, plagado de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><i>Remontar el barrilete en esta tempestad<br />
Solo hará entender que ayer no es hoy,<br />
Que hoy es hoy y que no<br />
soy actor de lo que fui<br />
<b>Divididos</b></i></p>
<p>Juan tiene 15 años, abandonó el secundario. Consuela a los padres diciendo que va a hacer un bachillerato nocturno, acelerado, pero más adelante. Su blog, plagado de frases lúcidas y llenas de ironía, nos permiten advertir que su problema no es la falta de capacidad para estudiar. Mariana tiene 17 años. Va a la escuela y es estudiosa, pero está enojada. Dice que lo que aprende no sirve para nada, que lo que le enseñan lo puede bajar de google y que el secundario debería desaparecer. Pedro no consiguió terminar el primer año. Hoy ayuda a su padre que es albañil. Hizo el intento de estudiar. No era vago. Simplemente tuvo un primario que le dejó una mala base y no entendía los contenidos de enseñanza.</p>
<p>Paralelamente a estas y otras tantas historias de vida, los diarios nos alertan sobre las dificultades que encuentran los egresados del bachillerato para aprobar un examen de ingreso a las universidades (cuando lo requieren). La baja calidad educativa es una queja permanente de la sociedad. Todos sabemos que se trata de un nivel de la escolaridad relevante en la vida de las personas y, al mismo tiempo, percibimos que no por un acaso, es fuertemente cuestionado en su dinámica actual. El objetivo de esta clase es, por un lado, iniciar un diálogo que nos permita diagnosticar y describir las características del nivel y, por el otro, reflexionar sobre posibles cambios para que Juan, María y tantos otros chicos puedan transitar su escolaridad aprendiendo contenidos significativos y disfrutando de estos aprendizajes.</p>
<p>Un diagnóstico del nivel medio</p>
<p>1. Los problemas de rendimiento interno.</p>
<p>El principal problema de la secundaria en nuestro país no parece ser el acceso. Muy por el contrario, hace tiempo que este nivel recibe cada vez más adolescentes de los más variados sectores sociales. Según los datos de un estudio recientemente realizado por el CENEP, el nivel medio amplió su cobertura ininterrumpidamente. Los números nos muestran que mientras que sólo un tercio de la generación nacida en la década de 1930 accedió al nivel Medio, el 85% de la nacida en 1980 logró ingresar al secundario.</p>
<p>¿Cuál es el problema entonces? ¿Por qué criticamos tanto a un nivel que se masificó permitiendo el acceso de sectores sociales desfavorecidos? El problema es que los estudiantes ingresan y no se gradúan. El fenómeno de la ampliación de la matrícula no se acompañó, históricamente, de una mejora en los índices de deserción. Asimismo, en los últimos años, la edad de abandono se adelantó. Este es uno de los principales problemas de la escuela media: el abandono. Juan y Pedro son sólo casos que ilustran un problema social. La particularidad del nivel medio, a diferencia, por ejemplo, de la escuela primaria, es que los jóvenes tienden a abandonar sus estudios en mayor proporción.</p>
<div class="arial12gris">
<p>Existe una correlación entre quienes repiten y quienes abandonan el colegio. La tasa de no promoción sigue una tendencia ascendente para el total del país y resulta preocupante que, considerando el año 2004 (último dato disponible según las fuentes oficiales), el 27,3 por ciento de los alumnos del ciclo Polimodal no hayan logrado promover su año de estudios, y el porcentaje de abandono interanual sea del 19,7 por ciento, considerando el total país.</p>
<p>Pero esta realidad requiere que tengamos en cuenta otro dato clave: un joven que proviene de un hogar con Necesidades Básicas Insatisfechas tiene 70 por ciento más de probabilidades de desertar que uno que proviene de sectores que tiene sus necesidades básicas satisfechas.</p>
<p>2. Los problemas de calidad</p>
<p>Un diagnóstico completo requiere que, además, miremos qué aprenden y cuánto aprenden los jóvenes en la escuela. Si bien esto es muy difícil de medir, algunos datos que provienen de pruebas nacionales e internacionales de evaluación de aprendizajes, nos permiten tener una aproximación. El estudio internacional PISA, en el que participó la Argentina (junto con otros 40 países) en el año 2001, mostró que la Argentina se encuentra muy lejos de los estándares que definen, en parte, a una educación de calidad. Se midieron habilidades de comprensión lectora en población de 15 años. Los resultados fueron alarmantes. El 44 por ciento de nuestros estudiantes lograron un nivel igual o menor al Nivel 1. Si se mira al interior de este grupo se obtiene lo siguiente: el 21% de los alumnos fueron capaces, solamente, de desarrollar tareas de muy baja complejidad, como identificar un tema en un texto o hacer una conexión con un conocimiento de todos los días. El 23 por ciento restante se encontró por debajo del nivel 1. No poseen las habilidades de lectura más simples. Esto implica que estos jóvenes poseen serias dificultades para utilizar la lectura como herramienta fundamental para entender el conocimiento en otras áreas. Quienes lograron el nivel 5, el más alto, en cambio, fueron capaces de comprender en profundidad un texto complejo, localizando información relevante, construyendo hipótesis interpretativas y estableciendo juicios críticos sobre la información. De los estudiantes que participaron en Argentina, sólo un 2 por ciento alcanzó este nivel.</p>
<p>En síntesis, el diagnóstico nos alerta que estamos frente a un subsistema que si bien democratizó el acceso en las últimas décadas, ofrece un servicio muy desigual en el que la calidad sólo es posible para una minoría. Se trata de un nivel que tiene serios problemas de rendimiento interno y que es percibido negativamente por el conjunto social. En el apartado que presentamos a continuación trataremos de describir algunas de las causas que hacen a la crisis de este nivel.</p>
<p>Algunas hipótesis para entender el porqué de la crisis de la escuela media.</p>
<p>1. Complejizar el problema</p>
<p>Cuando se trata de explicar por qué acontece esta crisis en el nivel medio (que no sólo afecta a nuestro país) hay quienes sostienen que el problema es &#8220;la juventud actual&#8221;. Se piensa que los jóvenes no leen como antes, que no se esfuerzan y que por ello la calidad educativa es cada vez peor. Pretenden culpar a la juventud prácticamente de todos los males de la humanidad. Los acompaña el lema de &#8220;todo tiempo pasado fue mejor&#8221;. Lo cierto es que los datos recién expuestos cuestionan estas afirmaciones.</p>
<p>Ante todo debemos considerar la progresiva democratización en el acceso al nivel como un logro: antes estaba reservado a ciertas minorías. Al mismo tiempo necesitamos observar el camino que falta recorrer para que la democratización se profundice. La correlación entre abandono y pobreza indica que quienes no logran concluir el nivel están más afectados por las carencias materiales que por la falta de voluntad.</p>
<p>Otra de las hipótesis que circula sobre la escuela media, culpa a los docentes y a su falta de formación por la crisis. Desconocen que, cuando hay oferta y aún siendo esta de dudosa calidad, los docentes buscan capacitarse. En la última década, más del 70 por ciento de los docentes hizo al menos un curso de capacitación. Al mismo tiempo dejan de lado las difíciles condiciones de trabajo que enfrentan los docentes diariamente. Desconocen que casi siempre deben correr de una escuela a otra, así como los escollos burocráticos que enfrentan.</p>
<p>La realidad es que no hay UNA causa que explique la crisis del nivel. Y… sólo entendiendo la complejidad y multiplicidad de las mismas vamos a poder comenzar a pensar algunos pasos para avanzar en la resolución del problema.</p>
<p>2. Historizar el problema</p>
<p>La escuela media, se conformó en sus orígenes como una institución destinada a educar a las elites dirigentes, preparándolas para ingresar directamente a la universidad o a las burocracias estatales. Es decir, era una escuela para pocos. Este nivel estaba muy diversificado y tenía una función altamente selectiva. Los egresados de los bachilleratos podían ingresar a la universidad, pero un egresado de una escuela normal, o sea un Maestro Nacional Normal, tenía que dar equivalencias, obtener el título de bachiller y recién entonces quedaba en condiciones de acceder a la universidad. En cualquiera de los casos, aquel secundario reservado para las minorías eran un símbolo de alto nivel cultural.</p>
<p>Entre fines de la década del 40 y las décadas del 50 y del 60, la secundaria comienza un sostenido proceso de masificación. Sólo a modo ilustrativo cabe señalar que, durante los dos primeros gobiernos de Perón se triplica la matrícula del nivel. La secundaria, además, comienza a recibir chicos, provenientes de otros sectores sociales, no sólo ya de las clases medias y altas.</p>
<p>El principal proceso que ha atravesado la escuela media desde mediados del siglo pasado ha sido la masificación. La apertura del nivel a nuevos alumnos. Francois Dubet sostiene al respecto que este proceso ha sido clave para las instituciones, planteándole desafíos que aún hoy tiene dificultades para resolver. Sostiene que la masificación no implicó un repensar la tradicional organización de dichas instituciones, orientadas a formar a una elite.</p>
<p>El problema es que la escuela sigue conservando ciertas prácticas históricas de las que le cuesta desprenderse, y que estaban dirigidas a jóvenes de otras épocas. El viejo secundario tenía como modelo a un alumno considerado adulto. La idea de adolescencia, que hoy nos parece tan obvia, no existía. Sólo a modo de ejemplo, recordemos que cuando un niño a los doce o trece años dejaba de usar los pantalones cortos y pasaba a usar pantalones largos, era considerado no un adolescente, sino un adulto.</p>
<p>A partir de la masificación de la escuela, a partir de la aparición de la idea misma de adolescente, a partir de la irrupción de las adscripciones identitarias de los jóvenes, y también en nuestro caso en particular, a partir de los procesos de pauperización de la población, la escuela ya no puede trabajar como antaño.</p>
<p>Sin embargo….frente a esta situación alguien podría argumentar que se resuelve si volvemos a excluir a la mayoría de los jóvenes del sistema. De hecho, esto sería más simple y barato. Sin duda, pensar de tal manera es un absurdo total. Pero, ¿por qué?</p>
<p>3. Ubicar el problema: el lugar del conocimiento en las sociedades contemporáneas.</p>
<p>A diferencia de lo que pasaba a fines del siglo XIX, nuestras sociedades funcionan en base al saber. No por un acaso se denominan en la actualidad &#8220;sociedades del conocimiento&#8221;. La acumulación de conocimiento es cada vez mayor y la información y el saber es el principal valor agregado que puede poseer un individuo y un país. Si antes el problema era acceder a la información, ya que no había radio, televisión ni diarios de circulación masiva y los libros estaban reservados a una minoría, hoy el problema es cómo distinguir la información relevante de la irrelevante, cómo distinguir la información verdadera de la falsa y cómo adquirir conceptos que nos permitan comprender el mundo que nos circunda. Si antes la escuela proveía información y fomentaba que se memorizara para guardarla, hoy la escuela tiene que enseñarnos a pensar y a utilizar la información que nos proveen los diferentes entornos. Información que es cada vez más abundante y compleja. El cúmulo de saberes básicos que debe manejar un joven para desempeñarse con solvencia en la actualidad es mucho mayor que antaño. En este contexto, la escuela media se ha convertido en parte de los niveles básicos de la enseñanza. Todos deben aprender una segunda lengua en un mundo globalizado, deben ser usuarios activos e inteligentes de las nuevas tecnologías de la información. Debemos poder entender y desarrollar en su complejidad los modelos de razonamiento de la ciencia para erradicar el pensamiento mágico en nuestras sociedades. Todo ello es parte de la tarea de la escuela en la actualidad. La escuela hoy es una más entre muchas instituciones que enseñan (más allá que esto nos guste o no). Sin embargo, no es por ello menos importante. No hay otra institución educativa que nos enseñe a pensar la complejidad del mundo actual. Sabemos que hoy necesitamos MÁS ESCUELA. Pero no cualquier escuela. El gran desafío es construir una escuela que enseñe a pensar, que enseñe que el conocimiento es una herramienta indispensable para resolver los desafíos laborales, culturales, políticos, sociales y morales que nos presenta la sociedad actual. Pero también necesitamos una escuela en la que el conocimiento no sea un mero instrumento para… sino un valor en sí mismo. Aprender a disfrutar un buen libro en nuestro tiempo libre, aprender a mirar una buena película, es parte de lo que esta añeja y cara institución puede hacer por nuestras jóvenes generaciones.</p>
<p>Sin embargo, la escuela media es una institución que no sólo debería proveer un conjunto de saberes básicos sino que tiene la función de acompañar el crecimiento integral de los adolescentes. Esto implica la necesidad de colaborar en su formación moral, física y artística. Se trata de una etapa en donde los adolescentes construyen sus propias redes de sociabililidad, descubren intereses y comienzan a construir su identidad adulta. Sin dudas, el paso por la secundaria deja marcas y recuerdos imborrables en nuestras vidas. Vemos muchas veces personas que han descubierto su vocación en la escuela media. Vemos quienes todavía hoy conservan a sus amigos del secundario.</p>
<p>Sin embargo, esta institución decimonónica poco ha cambiado en función de las necesidades actuales y del perfil de los jóvenes que acceden a ella. La realidad es que se producen, en su interior, no pocas asperezas entre una institución pensada para un mundo que ya no es y la realidad de hoy que con alumnos tan diferentes.</p>
<p>¿ De qué hablamos cuando hablamos de juventud en la actualidad?</p>
<p>Los estudios de las culturas juveniles nos posibilitan describir algunos rasgos sobre las prácticas de los jóvenes a partir de las cuales construyen su identidad, permitiéndonos comprender cómo tienden a sentirse, actuar y pensar de determinada manera.</p>
<p>Investigaciones recientes sobre el tema sostienen que, en la actualidad, los jóvenes construyen su identidad a partir de consumos culturales. La mayoría de ellos, producidos y en circulación a escala global. Siguiendo a la especialista mexicana Rosana Reguillo Cruz, las adscripciones identitarias (por ejemplo, skinheads, punks, góticos o roqueros) son, concretamente, procesos socioculturales mediante los cuales los jóvenes se adscriben presencial o simbólicamente a ciertas identidades sociales asumiendo unos discursos, unas estéticas y unas prácticas.</p>
<p>La emergencia de las culturas juveniles pone en evidencia que ni la familia ni la escuela son monopólicas como centro de referencia de los jóvenes. La formación de la identidad de los jóvenes comparte (o disputa) ese lugar junto con el mercado, los medios de comunicación y los territorios locales, como el barrio. Estas manifestaciones culturales deben entenderse no como fenómenos menores, sino como una característica fundante de la construcción de los sujetos jóvenes en estos tiempos. Pero cabe hacer una aclaración: esto no es un fenómeno nuevo. La juventud siempre implicó un proceso de socialización secundaria, es decir, la identificación con otros que no son del ámbito familiar, la separación de lo conocido y la apertura a otros espacios, a otras personas. Antes, los jóvenes también hacían esto. La diferencia con la actualidad es que, quizás hoy, existe una mayor pluralidad y complejidad de las fuentes de identificación. Por otro lado, los jóvenes no son pasivos frente a la oferta cultural creando sus propias &#8220;comunidades de sentido&#8221;, físicas o simbólicas, reales o virtuales, en donde comparten códigos culturales y prácticas. Entre los ejemplos se ubican los grupos de chicos que se identifican con el barrio y generan artefactos culturales ligados a él (graffitis, música, &#8220;murgas&#8221;, etcétera), los movimientos políticos juveniles o los chats en el espacio virtual. Comprender los significados que están detrás de estas prácticas culturales, en contexto, tomarlas en serio, es sin duda el primer paso para entender cómo y de qué maneras los jóvenes se piensan a sí mismos, a los otros y al mundo. Esto es una tarea a la hora de pensar políticas y prácticas educativas, ya que las instituciones educativas tienen implícita una concepción de joven, que muchas veces genera conflictos con los sujetos reales que entran a las aulas. Cuando hablamos de tomarlas en serio, nos referimos a que detrás de estas manifestaciones culturales no hay un vacío, sino todo lo contrario: se trata de sentidos que los jóvenes construyen sobre sí mismos, sobre las instituciones, sobre su futuro. En algunos casos, estos significados pueden confrontar con la escuela (y con los adultos). No obstante, se hace indispensable el diálogo con las identidades juveniles y el establecimiento de consensos entre jóvenes y adultos, con el fin de enriquecer las prácticas educativas y volverlas más inclusivas y democráticas.</p>
<p>Algunas ideas para repensar la escuela media</p>
<p>Si la escuela media se transforma en una institución que acompaña a los jóvenes, los ayuda a aprender y disfrutar del conocimiento, los ayuda a construir un proyecto de futuro y les brinda las herramientas necesarias para hacerlo, se hace necesario repensar algunos de sus esquemas básicos.</p>
<p>1. La escuela media podría convertirse en un centro de articulación de políticas sociales para la juventud (para ampliar el significado de este punto puede leerse mi anterior clase magistral en NOTICIAS Nº1560).</p>
<p>2. Es necesario revisar la política de becas. Sería ideal acompañar la ayuda financiera con un seguimiento pedagógico de los estudiantes más carenciados.</p>
<p>3. La escuela podría comenzar a considerarse un centro socio educativo y comunitario. Se trata de ofrecer a la juventud opciones interesantes para el uso del tiempo libre. Se trata de generar espacio en los que los estudiantes puedan practicar deportes, leer, mirar una película o entrar a internet. Se trataría de abrir las puertas de la escuela incluso los fines de semana.</p>
<p>4. Un aspecto clave para la mejora es repensar la organización interna de la escuela. El estudiante necesita recibir una formación integral y por lo tanto precisa de adultos que, bajo la figura de un profesor tutor, puedan acompañar y guiar su crecimiento. Necesitan tiempo de profesores para poder trabajar sus inquietudes y problemas. El diálogo, el consenso y el principio de la no discriminación, deben ser la base de la formación en valores de la escuela media. ¿Cómo hace un profesor hoy, sin tiempo pero con las mejores intenciones, para ocuparse del tema?</p>
<p>5. Otro aspecto sobre el que valdría la pena reflexionar es sobre la distribución del tiempo en la escuela. ¿Es el mejor esquema posible el del horario mosaico rígido con horas de cuarenta minutos? ¿No convendría explorar la posibilidad de otras divisiones temporales que integren más y mejor los conocimientos y el aprendizaje?</p>
<p>6. Los profesores se quejan de programas enciclopédicos que sólo pueden concluir so pena de correr con los contenidos, sin escuchar las dudas de los adolescentes y sus inquietudes. Se trata de contenidos que a veces se olvidan a las pocas semanas de haber sido estudiados. Enseñar a pensar, enseñar a aprender, ¿requiere una organización por materias tal y cómo se presenta en la actualidad?</p>
<p>7. Con ánimos de respetar e ir desarrollando la capacidad de elección en los estudiantes, no sería descabellado plantear un núcleo de materias obligatorias y un grupo de materias optativas. De este modo, podríamos ayudar a los jóvenes a descubrir intereses y vocaciones. Asimismo, el trabajo por proyectos y problemas puede resultar efectivo tanto para aprender cosas nuevas, desarrollar competencias complejas y ampliar la formación en disciplinas básicas.</p>
<p>8. Para poder concretar algunas de las ideas planteadas, es indispensable tender a que los profesores concentren su trabajo en una o dos instituciones.</p>
<p>9. Por último (aunque sabiendo que dejamos varias propuestas para futuras clases) debemos recordar que más del 30 por ciento de los docentes de nivel medio no tienen formación específica. Conocen muy poco sobre la adolescencia y la juventud, no se prepararon pedagógicamente para dar clases y…es necesario encarar el tema. No alcanza con saber la disciplina para ser un buen docente. El perfil de un profesor de escuela media hoy debe ser alguien capaz de construir propuestas pedagógicas novedosas y adecuadas a los alumnos. Si debe integrar diferentes tipos de culturas, si debe acompañar y motivar para el aprendizaje, es claro que deben conocer las culturas juveniles. Un profesor no puede ser alguien que espere de los alumnos algo que ya no son.</p>
<p>10. No tengamos miedo. Pensemos el modo de construir nuevos barriletes.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>El valor de la historia de vida</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/el-valor-de-la-historia-de-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Sep 2020 12:05:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El empresario argentino radicado en España revela cómo los episodios trágicos de la juventud marcaron su vida de emprendedor. Por Martín Varsavsky rimero, el entorno. Yo, con mis 47 años, me voy a navegar con mi esposa y mi hijo más pequeño a la Isla del Aire en Menorca. Cuando estoy regresando, mi ayudante me dice [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>El empresario argentino radicado en España revela cómo los episodios trágicos de la juventud marcaron su vida de emprendedor.</h3>
<h4><b>Por </b>Martín Varsavsky</h4>
<p>rimero, el entorno. Yo, con mis 47 años, me voy a navegar con mi esposa y mi hijo más pequeño a la Isla del Aire en Menorca. Cuando estoy regresando, mi ayudante me dice que me toca hablar con un periodista que está en otra isla del Aire, la de Buenos Aires. Atiendo la llamada y el periodista me pide que hable de mi primer empleo. Es ahí que empieza el viaje a los 17. El me pide &#8220;volver&#8221; y yo vuelvo con una intensidad que hace casi tensa la conversación con el entrevistador. En ese momento, gracias a la mezcla de lo más moderno, el móvil, con lo más antiguo, la memoria, vuelvo a los 17 y me siento invadido por la tristeza y una emoción profunda. A duras penas logro terminar mi entrevista tratando de enfocarme en el tema del primer empleo, ser aprendiz de carpintero en un astillero de San Martín en las afueras de Buenos Aires. Concluyo la entrevista y me siento obligado a escribir la historia del año más importante de mi vida. Al hablar de mi primer empleo, me doy cuenta que no puedo hacerlo sin relatar los tristes hechos de la dictadura militar, de los años en los que fueron secuestrados y asesinados amigos y familiares queridos. Años de adolescencia donde a las primeras relaciones amorosas les tocaron convivir con los primeros duelos sin funeral, porque así era la historia de los desaparecidos. Morían &#8230;sin funeral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos tenemos años que marcan un antes y un después en la vida. Para mí, sin duda, fue el año comprendido entre septiembre de 1976 y septiembre de 1977, de mis 16 a mis 17. Hasta 1976 mi vida fue la de un chico de clase media, hijo de profesores, que vivió siempre en el mismo departamento en la Avenida Las Heras 1975, 6°A. Pero el año 1976, el año en el que yo decía que vivía en Las Heras, &#8220;el año pasado&#8221; fue tan lleno de descubrimientos, maravillas y horrores que fue mi propio antes de y después de por el resto de mi vida. Si tuviera que decir exactamente cuándo comenzó a descarrilarse mi vida de adolescente, diría que fue en marzo de 1976, cuando Jorge Rafael Videla se hizo con el poder en Argentina y el país -que ya venía mal luego del desastre que había armado el patético líder Juan Domingo Perón al dejar a su esposa en el gobierno antes de morir-, se puso mucho peor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como todos las tragedias, el fin de la década del ‘70 en la Argentina, que concluyó con una enorme ola de terrorismo de Estado (sí, la peor pesadilla, los asesinos son tus gobernantes), tuvo muchas causas. El resultado fue la tormenta perfecta que causó la muerte de decenas de miles de inocentes en manos del gobierno. Entre ellos, mi primo David Horacio Varsavsky, secuestrado y asesinado por el gobierno de Videla en el barrio de Belgrano, en Buenos Aires, el 16 de febrero de 1977. Su muerte, y la temprana muerte de mi padre en un avión que volaba de los Estados Unidos a la Argentina, fueron los dos golpes más duros de m vida.</p>
<p>Los simpatizantes de Videla -que representarán hoy quizás un 10% del electorado argentino-, dicen que la entrada de los militares en el gobierno se debió a dos razones. En primer lugar, debido a la incompetencia de Isabel Perón. Y, en segundo lugar, para luchar contra el terrorismo de izquierda. Mi opinión es que, aunque efectivamente Isabel Perón era una incompetente, quizás no lo era tanto como su marido que la dejó en el poder (la gente que hoy gobierna la Argentina sigue llamándose peronista y cantan una ridícula marcha idólatra a su persona al mejor estilo fachista), y aunque el terrorismo efectivamente existió y se calcula que causó unas 400 víctimas mortales, el terrorismo de Estado fue absolutamente injustificado y causó más de 30 mil víctimas tan inocentes como mi primo. Lamentablemente fue durante esa ola terrorista que a mí me tocó descubrir la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mis 16, como dije, venían tranquilos hasta que los militares no solo derrocaron a la democracia y asumieron el poder en el país, sino que con una capilaridad política inexplicable asumieron el poder en mi colegio secundario, el Nicolás Avellaneda, ubicado en la calle El Salvador, entre Fitz Roy y Humboldt. Se que a mis lectores en Europa o los Estados Unidos les puede resultar difícil creer que un gobierno militar pudiera llegar hasta tal punto de control de querer poner militares a dirigir los colegios, pero así lo hicieron. Y lo primero que hizo el militar que vino a mi colegio fue decidir a qué estudiantes asesinaba y a cuáles simplemente expulsaba del colegio. Me pregunto cómo un hombre adulto, con sangre fría, podía sentarse en una mesa y decir, a este chico lo matamos, a este lo rajamos (expulsamos), a este lo dejamos. Y quizás hoy estoy vivo porque en esa mesa alguien dijo &#8220;a Varsavsky lo rajamos&#8221; y no dijo &#8220;Varsavsky es boleta&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cuál podría haber sido mi delito? Probablemente haberme declarado públicamente un socialista democrático (mi país más admirado en ese entonces era Suecia) y, quizás, por haberme declarado también anti-peronista. Terminé entre los expulsados y no metido en un avión con un cura que me daba el pésame en vida mientras unos militares apoyados por un cura me drogaban y me tiraban en medio del mar para que mi cadáver nunca fuera encontrado (así los curas apoyaban a los militares en el asesinato y así se supone que murió mi primo, en un &#8220;vuelo de la muerte&#8221;). Algunos de mis pobres compañeros comunistas o peronistas no tuvieron la suerte de solo ser expulsados y fueron brutalmente asesinados así como también los de otros colegios como el Nacional de Buenos Aires o el Pellegrini.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo el día que mi madre recibió un llamado del colegio en el que decían que yo no podía ir más porque había &#8220;militado&#8221;. En la Argentina obsesionada con lo militar, militar, curiosamente, quería decir estar en el Ejército y pertenecer a una organización política, Las dos cosas, una gran confusión. Todo era militar o militar. Yo, como buen adolescente, no tenía miedo, nada de miedo. Yo, como buen adolescente, sólo tenía furia, mucha furia. Entonces hice un plan: averigüe que había una manera de no ir al colegio, pero graduarse en el colegio que consistía en &#8220;dar el año libre&#8221;. Para dar el año libre, había que presentarse únicamente durante la semana de exámenes. Y eso es lo que decidí hacer. Como no podía ir al colegio, iba a la biblioteca del Ministerio de Educación, el mismo en el que ahora se hacen las reuniones de Educ.ar, el emprendimiento social creado por mi fundación. Pasaba horas y horas en esa biblioteca estudiando las 22 materias que tenía que dar libres, las 11 de cuarto y las 11 de quinto. Mi madre trataba de convencerme para que fuera a otro colegio, para que no diera el año libre, pero yo ya estaba decidido a hacerlo.</p>
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<p>Mis padres ya estaban separados. Mi madre vivía en Recoleta y mi padre en Belgrano, en Teodoro García y Arribeños, y durante una noche de discusión, luego de pasar el día en la biblioteca, mi madre me dijo que si seguía con mi plan de dar el año libre me echaba de mi casa, que me fuera a vivir con mi padre. Yo traté de hacerla razonar pero no pude, y me tuve que ir a lo de mi padre, con mucho dolor. Así se sumaban las expulsiones, la del colegio, la de mi casa de mi infancia, y mi adolescencia tan armada hasta entonces, se derrumbaba mes a mes.</p>
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<p>Mi primer intento de formar una relación amorosa también fue un fracaso. Mi novia de ese momento sufrió un durísimo golpe cuando su hermana fue secuestrada por los militares. Ella vivía en la esquina de mi casa. Recuerdo el horror de sus padres, su miedo permanente. Para ir de Teodoro García y Arribeños, donde vivíamos nosotros, a Teodoro García y Villanueva, donde vivía ella, había que recorrer 100 metros. Pero esos 100 metros estaban plagados de peligros. El horror fue una noche cuando un representante del gobierno militar apareció de improviso a negociar con el padre de mi novia para que él les entregara el hijo en vez de la hija, ya que se &#8220;habían equivocado&#8221;. Yo estaba por subir a su departamento pero di la vuelta al ver los coches militares abajo. Mi novia era la tercera hija, sufría pensando que la próxima en ser secuestrada era ella. Pero el padre, nunca supe bien cómo, logró lo que casi nadie consiguió en la Argentina y fue que su hija fuera liberada de un campo de detención y reapareciera con vida. Aunque fue maltratada, torturada y abandonada en medio del campo en Santa Fe, pudo rearmar su vida y hoy en día es una feliz médica que vive en Madrid y está casada con su novio de esa época, también médico.</p>
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<p>Pero mi primera relación amorosa terminó así abortada, sin concluir, de un día para otro, porque apenas liberaron a la hermana de mi novia toda la familia se fue a España. Yo estaba feliz por ellos, pero sentía que al reaparecer su hermana había &#8220;desaparecido&#8221; mi novia. Lo que hoy no entiendo, mirando hacia atrás, es cómo ante la evidencia y viendo todo lo que pasaba, no nos escapamos con mi familia a finales del ‘76. Cómo no evitamos el secuestro y asesinato de mi primo, David Varsavsky, que vivía en la calle Federico Lacroze, también muy cerca de nosotros. Cómo esperamos medio año más. Pero no, lo loco es que cuando los militares vinieron en febrero del ‘77 a buscar a mi primo, mi padre, Carlos Varsavsky, una de las personas más inteligentes que conocí en mi vida, reaccionó con calma y creyó que mi primo aparecería con vida &#8220;cuando los militares vieran que David no estaba metido en nada&#8221;. Así que primero nos quedamos &#8220;para ver si mejoraba la cosa&#8221;, luego nos quedamos &#8220;para estar cuando lo suelten a David&#8221; y al final, nos escapamos cuando vimos que gente querida y conocida seguía desapareciendo como cubitos de hielo en un día de calor. Pero yo sigo pensando en cómo mi padre que era judío no se dio cuenta que aquello era como otro holocausto. Su error me hace recordar al poema de otro Martín:</p>
<p>&#8220;Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.</p>
<p>Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.</p>
<p>Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.</p>
<p>Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.</p>
<p>Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada&#8221;.</p>
<p>Aunque ese poema se refiere a los nazis, bien puede contar la historia de los desaparecidos de Argentina detallada en el libro Nunca Más.</p>
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<p>Pero como estaba relatando, durante el ‘76 nos quedamos y yo di exitosamente mis exámenes durante diciembre de ese año. El tema de rendir los exámenes para mi fue una lucha cargada de emociones. Los profesores sabían quién era yo, sabían que me había expulsado y simpatizaban conmigo. Pero el nivel que hay que tener para poder &#8220;dar un año libre&#8221; era muy alto. Cada exámen era un oral y un escrito en el que te podían preguntar cualquier cosa del programa, hasta lo que ellos mismo no tenían tiempo de enseñar. Lo absurdo de todo esto es que como tengo muy buena memoria aún hoy recuerdo con bastante detalle lo que tuve que aprender, temas insólitos de la historia argentina, que es como una película de Hollywood al revés, que empieza bien y termina mal. Al terminar de dar los exámenes y aprobar no solo me sentí contento sino que disfruté de la primera &#8220;venganza&#8221; de mi vida. En mi pequeña medida había triunfado contra el coronel que dirigía el Nicolás Avellaneda: estaba vivo y me había graduado del colegio que me había expulsado. De esta experiencia aprendí que hasta de las situaciones más horribles se puede sacar provecho. Y apenas aprobé, hice mi solicitud para entrar a la New York University donde mi padre estaba tratando de conseguir un puesto de profesor para que todos pudiéramos emigrar y él tener un sueldo. Una vez hecho esto, organizamos con mis amigos más queridos un viaje a Brasil, que para los adolescentes argentinos era la tierra prometida.</p>
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<p>A veces me pregunto si para gozar es necesario sufrir. Si gozar es un sentimiento absoluto o relativo. Porque si no, me cuesta entender cómo escapados de un ambiente tan terrible, los 5 amigos que fuimos a Brasil, nos divertimos tanto. Y recorrimos ese país &#8220;mais grande do mundo&#8221; kilómetro a kilómetro. El viaje a Brasil fue todo para nosotros. Las argentinas eran, y siguen siendo, mucho más difíciles para ligar (seducir) que las brasileñas. Viajábamos en auto stop (a dedo) o en autobús y donde sea que íbamos encontrábamos garotas, garotas y más garotas. El colmo fue una vez, afuera de Florianópolis, cuando nos dividimos en dos grupos para hacer dedo hacia San Pablo y terminamos en un cruce en la ruta en medio de la nada a la puesta del sol. Cuando estábamos armando la carpa, desilusionados y listos para dormir, ya que hacer dedo de noche era inútil, aparecen dos garotas del otro lado de la ruta, también haciendo dedo. Nos miramos, nos reímos, las invitamos a nuestra carpa y terminamos los cuatro enrolladísimos. El único pudor era hacer turno para usar la carpa, porque eran hermanas. Así era Brasil: libertad, sexo, carnaval, todo lo opuesto al horror, al estado de sitio y a todo lo que vivíamos en la Argentina, donde te podían detener en cualquier momento, donde la gente moría porque descubrían &#8220;El Capital&#8221; de Marx en su casa, donde el tema no era el sexo sino pasar a la clandestinidad para seguir vivo.</p>
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<p>Recuerdo que sobreviví en Brasil desde fin de diciembre hasta marzo con 200 dólares. Dormíamos en la playa o en los bancos de las plazas, a veces viajábamos juntos y a veces separados porque era más fácil que te llevaran solo que en grupo. El Brasil de esa época no era como el de ahora en el que los asesinatos son tristemente el pan de cada día (yo mismo presencié accidentalmente el asesinato de un adolescente en Copacabana en el 2001). Algún día alguien me contará cómo fue que Brasil pasó a ser el país increíblemente violento e inseguro que es ahora, porque en esa época, para nosotros, era un paraíso de tranquilidad, hasta el punto que vivíamos hablando con extraños, haciendo dedo, confiando en la gente y comiendo menúes populares en restaurantes de pueblo (siempre mandioca, arroz y pollo).</p>
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<p>Pero Rio de Janeiro, que tenía que ser la coronación de nuestro viaje, puso a toda la &#8220;barra&#8221; en apuros al enamorarnos todos de una chica llamada Isabella que nos invitó a quedarnos en su lujoso departamento de Leblón, aprovechando que sus padres estaban de viaje. Ahora no recuerdo su nombre, pero sí me acuerdo lo increíblemente hermosa que era y cómo mis queridos amigos (aún hoy no pasa una semana sin que nos escribamos todos por internet) se transformaron en peligrosos rivales. Lo peor era que cada uno de nosotros creía haber tenido un triunfo. A mi me besó cuando salía de la ducha, eso lo sé, y yo estaba convencido de que estaba conmigo, pero cuando me enteré que Martín B. y Roddy parecían tener trofeos similares, me agarró un ataque de celos. La situación se puso insostenible y no se cómo me rayé y decidí seguir el viaje solo con el objetivo de llegar a San Salvador de Bahía (o Bahía como decíamos nosotros), ya que me había enterado de que mi tía Ruth, la hermana de mi madre, y mi tío Carlos, se habían escapado ahí. Pero nunca me olvidé de Isabella y ese es el nombre de mi segunda hija, que es tan hermosa como la Isabella original. No tengo claro si esto es una casualidad.</p>
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<p>Mis tíos Ruth y Carlos fueron de los centenares de miles que no murieron en manos de los militares, sino que emigraron, como terminamos emigrando nosotros. La mayoría a España, México, Brasil, Venezuela, Italia y Estados Unidos. El caso de ellos era el siguiente: un ex novio de mi tía simpatizaba con los Montoneros y la ex esposa de mi tío con el ERP. Se que suena tirado de los pelos que alguien que tuviera un ex novio simpatizante de los Montoneros se tenga que ir del país, pero el padre de mi tío, que era general y gobernador de la provincia de Mendoza, les dijo que &#8220;estaban en las listas&#8221; y que se fueran. Ellos se escaparon y como mi tío era un gran neonatólogo encontró rápidamente un trabajo en un hospital de Bahía y hacia allí se fueron.</p>
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<p>Ahora me pregunto cómo tomaba yo decisiones a los 16 años, porque no recuerdo llamar a mis padres para consultarles si me &#8220;dejaban&#8221; seguir de Río hasta Bahía (la distancia por tierra entre Buenos Aires y Bahía es similar a la distancia entre Madrid y San Petersburgo). Supongo que mis padres pensaban que yo estaba mejor perdido en Brasil que encontrado (por los militares) en Buenos Aires.</p>
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<p>Así fue como seguí solo de Río a Bahía, a dedo. Recuerdo que mi estrategia era no hacer dedo en la ruta, sino ir a las estaciones de servicio y hablar con la gente. Estando con tanta garota había aprendido rápidamente el portugués (cuando hicimos Jazztel, de Portugal, daba charlas en portuñol y descubría cuánto más fácil es entender a un brasileño que a un portugués). En general se me daba muy bien pedir que me llevaran. Me imagino que a los 16 años no daba miedo a nadie ni yo tenía miedo a nadie. Era genial vivir sin miedo al crimen, algo que con la enorme inseguridad de Latinoamérica se perdió. Como los viajes en coche eran tan largos, el transporte abría camino a la amistad. Una familia, por ejemplo, me llevó hasta Vitoria y cuando llegamos me invitaron a la boda a la que iban. El único recuerdo que me queda de esa boda es la comida, pasé de las garotas y solo quería comer. Se ve que pasaba mucho hambre.</p>
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<p>La alegría al llegar a Bahía y ver a mis tíos fue total. Y no solo estaba feliz de verlos y ellos a mí, sino que lo que era increíble de mi vida en esa época es que si no llegaba a Bahía hubiera tenido que mendigar o algo así, porque ya no tenía nada de plata, ni móviles que no existían, ni tarjeta de crédito internacional, ni manera de salir adelante. Así que cuando se abrió la puerta de ese departamento en Ondina me invadió una mezcla de alegría y alivio total.</p>
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<p>Quizás la alegría me duró tanto porque no me enteré de que durante mi viaje los militares habían secuestrado a mi primo en Buenos Aires. No se por qué no me enteré, pero creo que fue porque en esa época la primera reacción de los familiares ante un secuestro por parte del gobierno era, absurdamente, confiar en que el gobierno iba a solucionar todo y dejar a la víctima libre. La gente iba a las comisarías, hacía denuncias, y a veces, como en la fábula de Esopo, entraban y no volvían a salir. Las víctimas del aparato represor del gobierno no tenían realmente idea de lo que estaba ocurriendo. La analogía con el régimen nazi es muy fuerte. Una de las razones por las que hice Educ.ar en la Argentina y Chile 25 años más tarde fue mi convencimiento de que si hubiera existido entonces internet los militares de esos dos países no hubieran podido controlar los medios y matar a tanta gente inocente. Pero en esa época no se sabía nada. Las radios, televisiones, periódicos, estaban todos tomados por los militares que secuestraban, asesinaban y torturaban a periodistas disidentes como a Jacobo Timerman, padre de mi querido amigo Javier Timerman. Así fue que, sumido en la inocencia total, ignorante de que esos días, mientras yo ligaba con bahianas y hasta trabajaba de guía turístico, mi querido primo hermano estaba siendo asesinado.</p>
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<p>En marzo, luego del carnaval y gracias a la ayuda económica de mis tíos, pude comprar un boleto de ómnibus y viajar de Bahía a Punta del Este sin hacer dedo. El viaje duró 5 días parando solo para cambiar de autobús. En uno de esos trayectos, conocí a una hermosa brasilera con la que se ve que me enrollé tanto que inclusive en el Brasil del &#8220;valetodo&#8221; nos hicieron bajar.</p>
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<p>Al llegar a Punta del Este, conocí a la que fue mi primera novia, porque la que hubiera podido ser mi primera novia como conté se había tenido que escapar a Madrid. Las brasileras nunca llegaron a novias y mi amor por Isabella no había sido correspondido. Quizás por ese tortuoso inicio de vida romántica mi primer enamoramiento fue un romance total, ella tenía 15 y yo 16, pero no recuerdo como teníamos acceso a un coche (creo que algún amigo más grande nos llevaba de un lado para otro) y nos enrollamos, no en Punta sino en La Coronilla. Recuerdo que en ese viaje estábamos con otro chico que luego resultó ser empresario de Internet en Nueva York.</p>
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<p>Hay gente que piensa que la virginidad es una sola. Yo creo que hay tres que en general se pierden por separado. Una es la que todos conocemos, la de coger por primera vez, otra es la de hacer el amor, estar enamorado y coger por primera vez gozando plenamente, y la tercera -que en general llega más tarde- es concebir, hacer el amor con el deseo de ser padres. Yo perdí mi primera virginidad en el sentido estricto de la palabra a los 13 años en un prostíbulo de Punta del Este llamado Hiroshima, que estaba decorado con una bomba atómica que colgaba del techo. Bastante patético todo. Pero la pérdida de la segunda virginidad compensó con creces al ambiente sórdido de la primera. Fue 3 años más tarde y se ve que los dos estábamos muy listos para gozar. La experiencia fue profundamente romántica.</p>
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<p>Para los que vivíamos los horrores y el miedo de Buenos Aires y podíamos escaparnos a Uruguay o Brasil -aunque estos países, especialmente Uruguay, también tenían sus dictadores- viajar era estar en libertad. Aunque todos estos países tenían dictadores, estos no se pisaban los territorios. Cada dictador, haya sido Pinochet o Videla, se ocupaba de torturar a los suyos. Los uruguayos torturaban a sus ciudadanos, los argentinos a los suyos (aunque los argentinos fueron especialmente sanguinarios y mataban también a bastantes extranjeros, cosa que hizo que los militares argentinos fueran y sean aún buscados por cortes internacionales en muchos países). Es por esto que pese a que Uruguay tenía su dictadura, para mí aún representaba libertad y mi novia y yo ahí podíamos amarnos sin problemas.</p>
<p>Ahora sigo sin recordar cómo me comunicaba yo con mis padres o dónde estaban mis padres cuando volví de Brasil a Uruguay. Supongo que en Buenos Aires. Supongo que mi padre, el tío medio adoptivo de David, cuyo padre había muerto de un ataque al corazón pocos años antes en La Patagonia, estaba tratando de averiguar si aún estaba con vida. Pero me entristece no recordar casi ningún trato con mis padres durante ese año.</p>
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<p>Lo que si recuerdo es que la vuelta a Buenos Aires fue un shock. Me enteré de la desaparición de mi primo y me angustié tanto que me enfermé gravemente. Los médicos decían que tenía difteria. Yo no se qué tenía, pero recuerdo dos cosas. Una, que tenía tanto pus en la garganta que me ahogaba y que me daban inyecciones de Keflin. El horror de esta enfermedad duró 2 semanas y bajé 9 kilos. Así recibí la noticia de la desaparición de David, con quien me había pasado la infancia jugando y era mi único primo. El que me había enseñado un condón por primera vez y cuando me pregunto que creía yo que era le dije convencido &#8220;un globo de cumpleaños&#8221;. La otra cosa que me puso especialmente triste al volver a Buenos Aires es que el padre de Rody uno de mis compañeros de viaje a Brasil, al enterarse que mi primo había sido secuestrado por los militares, le prohibió verme. Rody le obedeció y yo me sentí enormemente traicionado. Esto me causó un profundo dolor. Me sentí un paria, un intocable. Años más tarde lo entendí. Los militares mataban como si lucharan contra una epidemia imaginaria. Ellos jugaban a la mancha, yo te toco, ellos te matan.</p>
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<p>Para colmo, y no sé bien por qué (se lo podría preguntar ahora a mi madre que tiene 68 años a ver si lo recuerda), pero al curarme mi madre me mandó de vuelta a casa de mi padre donde yo no quería ir. Mientras tanto, como no tenía que ir al colegio y estaba haciendo tiempo para ingresar a la New York University, donde había solicitado ingreso y me habían aceptado, decidí buscar trabajo. Mi padre planeaba el exilio y su vida era un verdadero caos. Durante el año anterior había corrido regatas en el Río de la Plata y conocido a un armador (dueño de un astillero) a través de mi madre que me ofreció un trabajo de ayudante de carpintero. Lo acepté ya que mi plan era trabajar en una fábrica y no en una oficina. El plan era en parte ideológico. Yo, como dije, era socialista y creía que los obreros estaban siendo explotados (aún creo que en cualquier mercado laboral en el que hay desempleo los obreros están explotados), pero siendo una persona lógica recuerdo comentar con mis amigos que era absurdo hablar de la lucha por los derechos de los trabajadores sin haber trabajado nunca. Además, argumentaba que para entender cómo era la vida de un obrero, había que ser obrero. Así fue que terminé de obrero en un astillero en San Martín, de marzo a junio de 1977. Mis recuerdos de esa época son trabajar mucho, ver mucho a mi novia, tener muchas relaciones sexuales, estar muy enamorado, tener mucho miedo a los Ford Falcon que usaban los militares y policías vestidos de civiles, escaparme antes de empezar el servicio militar (porque a mi primo lo habían secuestrado la noche que iba a entrar a hacer el servicio militar), organizar mi vida alrededor del estado de sitio, los toques de queda, preocuparme por mi hermanastro que se drogaba muchísimo él y sus amigos y además vendía drogas.</p>
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<p>Los días de aprendiz de carpintero eran eternos. El primer día de trabajo, el carpintero jefe miró mis manos de pianista (no se tocar el piano, pero todos dicen que tengo manos de pianista) y vi cómo se dibujaba una sonrisa burlona en la cara de Joe Tenazas (el apodo fue inspiración de mi amigo Max) y me dijo &#8220;pero vos no trabajaste un día de tu vida, ¿no?&#8221;. Así fue como por falta de experiencia me puso a lijar quillas de veleros y a la semana de lijar quillas estaba que me moría. Claramente la vida de los obreros era una mierda, eso estaba claro, ya lo había aprendido. Pero no renunciaba, seguía lijando quillas esperando la hora de comer el asadito que era el único lujo del obrero argentino. Yo creo que la gente que nunca hizo un trabajo manual, como será el caso de los lectores, no saben lo que es lijar una quilla durante las 8 horas laborales seguidas. Aclaro, es simplemente peor de lo que se imaginan. Cuando yo hoy en día escribo artículos diciendo que los franceses son unos absurdos porque limitan la jornada semanal a 35 horas, pienso en trabajos como los que hago ahora y las 70 horas o más que trabajo a veces. Pero entiendo perfectamente cómo alguien cuyo trabajo es lijar quillas mirando un reloj que se mueve a la misma velocidad que cuando están reparándote una carie quiera la semana de 35 horas. Es más, entiendo cómo puede querer cobrar seguro de desempleo y quedarse en su casa. Así fue que en medio de este sufrimiento -donde además de lijar y lijar tenía a Joe Tenazas diciéndome cuán mal hacía mi trabajo (y lo peor es que tenía razón)-, un día, por el megáfono del astillero, preguntaron si alguien hablaba inglés, salí corriendo hacia la gerencia diciendo que sí. Y ese fue mi último día como miembro de la clase obrera, porque con mis 17 recién cumplidos entré en la gerencia empresarial y nunca volví a salir de ahí. El tema fue que no solo empecé a traducir el contrato para que el astillero pudiera construir un velerito de 21 pies sino que me metí en las negociaciones y terminé sacándole mejores condiciones al diseñador francés, cuyo nombre no recuerdo. Me quedé en la gerencia hasta que me fui a Estados Unidos e inclusive mi primer trabajo en Estados Unidos, mientras era estudiante, siguió siendo hacer consultorías para el astillero.</p>
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<p>La historia de mi llegada a los Estados Unidos también obedece a uno de esos absurdos planes adolescentes que me hacía yo. Todo tenía una lógica en este mundo, donde mi primo había desaparecido de la manera más ilógica. Mi argumento era el siguiente. Me habían aceptado en NYU en Nueva York, pero yo en vez de ir a Nueva York volaba a San Francisco. ¿Por qué? Porque &#8220;cómo me iba a ir a vivir a un país que no conocía&#8221;. Si ya conocía todas las provincias argentinas, menos San Juan y Catamarca (aún no las conozco), tenía que recorrer bien los Estados Unidos antes de llegar a Nueva York. Además mi primo no aparecía y mi padre finalmente se había dado cuenta de que la cosa estaba peligrosísima y mejor que nos fuéramos lo antes posible. Lo raro del caso es que aunque una parte del gobierno norteamericano, los republicanos, se dedicaban a entrenar a militares en Sudamérica para torturar y asesinar civiles, otra parte, los demócratas, y en nuestro caso el querido senador de Nueva York Patrick Moynahan, nos rescataba y daba a mi padre y a todos nosotros visas de refugiados (hace un par de años pude agradecer a su viuda en una cena en la casa de Jim Wolfenson, cuando dirigía el Banco Mundial).</p>
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<p>Esto quiere decir que no sólo me había hecho 8.000 kilómetros entre enero y marzo del ‘77, sino que entre junio y agosto me hice 6.000 más. Esta vez viajando de San Francisco a Los Ángeles, Santa Fe, Phoenix, El Gran Cañón, Denver, Boulder, Omaha, Des Moines, Toronto, Montreal, las Cataratas del Niágara y muchos otros sitios antes de llegar a Nueva York. Pero en los Estados Unidos no me resultó fácil viajar a dedo. A la segunda vez que un homosexual trató de meterme la mano encima me di cuenta de que el sexo en USA no era como en Brasil, y me compré un billete de Greyhound Bus con el que podía cruzar Estados Unidos por solo u$s 75.</p>
<p>El cruce de Estados Unidos fue quizás más interesante, pero mucho menos divertido que el viaje por Brasil. No se trata del idioma, que hablaba bastante bien, sino que la gente me parecía rara, no la entendía. A diferencia de Brasil, los autobuses estaban llenos de personajes solitarios, a veces psicóticos. Si en Brasil me invitaban a una boda, en los Estados Unidos no me daban absolutamente nada sin pagar, nadie parecía interesarse por mí, me sentía increíblemente solo. Llegó un momento en el que, pese a los horrores que había vivido en la Argentina, extrañaba Buenos Aires, donde al ser víctima aún era alguien. En USA no era nadie.</p>
<p>Al llegar a Nueva York me sentí tan contento de ver a mi padre que hasta su esposa, a la que nunca había querido mucho, me pareció simpática y ni hablar de la felicidad de ver a mi hermana Paula. Eran mi familia y estaban ahí, en la Grand Central, para recibirme. Así llegué al final de este viaje, que había empezado en la biblioteca del Ministerio de Educación y que terminaba en Nueva York, concretamente en la Universidad en la que estaba por empezar mis clases y mi padre había conseguido un trabajo de profesor. Un viaje en el que yo sobreviví y mi primo David Varsavsky no. Mi primo al que hice construir en el colegio Toledano de Alcobendas (al norte de Madrid) el único colegio judío donde los chicos juegan todos los días viendo su nombre.</p>
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<p>¿Por qué decidí que su tumba fuera un polideportivo lleno de chicos? Porque David sólo tuvo infancia. Sólo un chico podría entender su vida y sólo los chicos la van a entender. Y decidí que fuera un colegio judío porque aunque David, como yo, no era religioso, los antisemitas que lo mataron no hacen distinciones tan sutiles, ellos odian a los judíos como si fuéramos una plaga. No digo que a David lo mataron por ser judío porque no lo sé, pero las estadísticas muestran que una persona tenía 12 veces más probabilidades de ser asesinada por los militares si era judía.</p>
<p>En España hubo una persona que entendió muy bien el gesto de hacer un polideportivo en Alcobendas, fue Alberto Ruiz Gallardón, el hoy alcalde de Madrid. Cuando Ruiz Gallardón era presidente de la comunidad de Madrid, no se cómo se apareció en la inauguración del polideportivo y dio un discurso muy conmovedor. Había estudiado la historia de mi primo David y la relató muy bien. El segundo homenaje a mi primo fue Educ.ar. Para mí, Educ.ar , aunque no esté directamente ligado a David Varsavsky, es más que un homenaje, una estrategia de prevención para que un pueblo no pueda ser tan brutalmente engañado nunca más. Y durante este proceso de reconciliación con la Argentina que tan mal me trató, lo que fue emocionante fue el reencuentro con los propios militares, ya reformados en Campo de Mayo. Aunque cueste creerlo, fue el Ejército argentino el que distribuyó y distribuye las computadoras de Educ.ar. Hay gente que no puede perdonar. Yo sí. Cuando estuve con el comandante Bendini y sus colegas, sentí realmente que el Ejército nunca más haría lo que está tan bien descripto en el Nunca Más.</p>
<p>¿Por qué hice tantas cosas por David? En parte porque lo quería como a un hermano. Pero debo reconocer que nunca me quedó claro a qué Varsavsky fueron a buscar los militares cuando se llevaron a mi primo. Y nunca me quité del todo la culpa de si me salvé por estar en Brasil. Porque aunque yo era socialista declarado yo sé que mi primo David era solo un chico que iba al industrial y había aprendido a reparar radios y televisores para ganar algo de plata. Nada más.</p>
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<p>¿Volver a los 17? En mi caso sería increíblemente traumático. Nunca cambiaría mis 17 por mis 47 llenos de felicidad, casado, con 4 hijos, queridos amigos argentinos, españoles y norteamericanos. Los 17 se los dejo a mi hija mayor, que los acaba de cumplir, y que está festejando con 4 amigas de marcha por Ibiza. Esos son los 17, los míos fueron muy especiales, y su historia merece ser contada, pero no se la recomiendo a nadie.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/el-valor-de-la-historia-de-vida/">El valor de la historia de vida</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>Manifiesto contra la deforestación</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/manifiesto-contra-la-deforestacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Jun 2020 10:32:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La protección del bosque nativo argentino no es una mera demanda ecologista, dicen los especialistas, sino que apunta a defender un recurso tan estratégico como el agua o el petróleo. Por Jorge Morello* y Walter Pengue** ace ya décadas que en la Argentina se viene poniendo presión sobre los recursos del bosque nativo, sin que esto [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>La protección del bosque nativo argentino no es una mera demanda ecologista, dicen los especialistas, sino que apunta a defender un recurso tan estratégico como el agua o el petróleo.</h3>
<h4><b>Por </b>Jorge Morello* y Walter Pengue**</h4>
<p>ace ya décadas que en la Argentina se viene poniendo presión sobre los recursos del bosque nativo, sin que esto se haya acompañado de un ordenamiento racional del territorio que compatibilice todas las demandas y ponga coto a su uso desenfrenado e irracional.</p>
<p>Entre 1998 y 2006, Argentina perdió más de 2.000.000 de hectáreas contando solamente el bosque nativo destruido: se pasó de 23.800.000 a 21.400.000 hectáreas. Sólo queda en el país poco más del 10 por ciento de bosque nativo en sus distintas tipologías.</p>
<p>El alicaído e indefendible argumento del progreso regional o el crecimiento económico, sólo esconde el afán de un lucro inmediato que, a la hora de la verdad, solamente sopesa en su favor los intereses del sector agroindustrial y de quienes actúan en su defensa. Y no sólo desde el propio sector, algo que resulta lógico y comprensible, sino también desde otras áreas, como determinados medios de comunicación, el gobierno o la misma academia.</p>
<p>La muestra es más que contundente. Las regiones con mayor deforestación no son las más desarrolladas, sino las provincias que más fueron esquilmadas y pauperizadas. Aquellas en las que su población rural, dispersa, campesina e indígena, se encuentra más abandonada.</p>
<p>La protección del bosque nativo no es una mera demanda ecologista, postmoderna o de atrasados que no &#8220;ven&#8221; el progreso. Pretende en cambio ayudar a mantener los incontables servicios ambientales involucrados y resguardar los recursos, para el aprovechamiento integral de las generaciones actuales y futuras.</p>
<p>Pensar que &#8220;desde el mercado&#8221; se hallarán las medidas para regular su uso, es simplemente servir al juego de intereses coyunturales que solo servirán para alentar aún más el proceso de deterioro del patrimonio ambiental argentino. Una explotación minera, no selectiva y por tanto irreversible, en nuestros términos temporales.</p>
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<p>La Ley de Bosques</p>
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<p>Alertados por esta demanda social, el pasado 14 de marzo la Cámara de Diputados dio una media sanción a una ley de protección ambiental para los bosques nativos, conocida como Ley de Bosques (o &#8220;Ley Bonasso&#8221;, por ser uno de los diputados que la impulsaron en el recinto). Es de crucial importancia para proteger un recurso naturalmente ya escaso en la Argentina y actualmente reducido a mucho menos de un tercio de su cobertura inicial.</p>
<p>Se trata de proteger el manto verde, complejo y diverso, que ofrece un fenomenal abanico de opciones, no sólo por su importancia ecológica sino también como proveedor de servicios ambientales y productos útiles para las industrias de fármacos, alimentos, textiles, curtientes, pegamentos y perfumería. Resultan imprescindibles para la sustentabilidad ambiental y también social del país.</p>
<p>El bosque nativo atesora un potencial de germoplasma. Y sobre todo, presta una serie de servicios ecológicos que simplemente son imprescindibles para la supervivencia no sólo regional y local, sino también la de un planeta que –no cabe ninguna duda– tiene vida porque tiene bosques.</p>
<p>Sabemos que todos los tipos de bosque del país están sometidos a una descomunal presión de desmonte para sustituirlos por cultivos anuales, especialmente oleaginosos y granos gruesos en general, la producción de agrocombustibles, la ganadería extensiva extrapampeana y en mucha menor medida, plantaciones.</p>
<p>Al contrario de algunas dicotomías que se proponen entre ecología y producción, la única forma sostenible de aprovechar estos recursos es apoyarse en la definición inmediata de políticas ambientales y productivas que aseguren el bien común y el bien nacional. La única manera de hacerlo es a través del conocimiento pleno de los procesos ecosistémicos involucrados y el desaliento del servilismo al que por desgracia se subieron muchos sectores, incluidos algunos colegas de la comunidad científica y el sistema científico tecnológico, y ni que hablar de los decisores de políticas.</p>
<p>El proceso se llama eufemísticamente y para confundir a los legos &#8220;land reclamation&#8221;: algo así como un &#8220;rescate&#8221; o una &#8220;recuperación&#8221; de un territorio para producir bienes necesarios al hombre.</p>
<p>Pero hay una falacia implícita. Esta &#8220;cirugía mayor&#8221; desconoce que el bosque ya produce servicios, ya está poblado por compatriotas que viven de él por generaciones, y ya presta diversos servicios ambientales que ayudan a mantener la vida en la tierra: control de la erosión; formación de suelos; creación de hábitats para fauna productiva de cueros, pieles, plumas, carne de monte, miel de palo y suelo; protección de cabeceras de cuencas; y secuestro de dióxido de carbono que queda almacenado durante centurias en árboles vivos, suelo o en productos de madera como durmientes, postes, varillas y demás.</p>
<p>Los servicios ambientales provienen de las prestaciones de los ecosistemas naturales y en algunos casos agroecosistemas. Y están ampliamente subestimados por la sociedad actual, hasta que los impactos por sus perdidas se hacen catastróficos y cobran precios muy altos a los países desprevenidos.</p>
<p>El proceso de globalización alimentaria y energética conlleva un incremento importante de los bienes exportables hasta su sobreexplotación, lo que desencadena también la subvaluacion de estos productos.</p>
<p>No siempre se comprende que cirugía mayor no es sólo un eufemismo: sustituir un bosque cuyos árboles viven cientos de años por un cultivo anual, como la soja o el maíz, provoca que se modifiquen los ciclos de nutrientes, agua y energía, la estructura y microfauna del suelo y, sobre todo, el clima local y regional.</p>
<p>Pasar de un bosque con varios techos que desaceleran el impacto de las gotas de lluvia y reorientan el flujo de agua por un suelo permeable, a un cultivo anual de un metro de altura que aporta solamente algo de masa verde de acelerada descomposición, abre enormes interrogantes. La ley de bosque permitirá entre otros beneficios orientar la investigación hacia temas críticos aun no resueltos.</p>
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<p>Cifras pasmosas</p>
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<p>Ocurre que el proceso de desmonte autorizado y el ilegal ha adquirido una aceleración que crea riesgos de desaparición de ecosistemas completos en los que ni siquiera se conoce la totalidad de su fauna y su flora.</p>
<p>Hoy en día, la deforestación en el país alcanza cifras que son pasmosas. En el mundo, la tasa anual de deforestación ronda el 0,23%, mientras que en el África es del 0,78%. En Sudamérica, la tasa pasó del 0,44% en 1999 y 2000 al 0,50% entre el 2000 y el 2005. La Argentina está por encima de la media continental: 0,85%, con extremos como Misiones (1,33%), Santiago del Estero (1,18%) y Santa Fe (0,95%). Y el proceso no se detiene. Cada diez minutos se deforestan en el país 10 hectáreas, es decir, diez manzanas de bosque que ya no estará más.</p>
<p>Esa acelerada sustitución se efectúa mediante labores mecanizadas llamadas desmonte y que altera profundamente el soporte del suelo, invierte y mezcla distintos horizontes, destruye hábitats de fauna cavadora y quema hasta producir &#8220;tierras cocidas&#8221;.</p>
<p>Quien revisa nuestros matutinos tradicionales percibe el reflejo de la aceleración de desmontes de varias maneras. Las fotos de lotes &#8220;perfectamente&#8221; cultivados aparecen con frecuencia con un fondo de bosque tanto en San Luis, como en Entre Ríos, Misiones, y sobre todo en Chaco, Formosa y Salta. Los artículos aluden a lotes que están en espera o siendo desmontados. Los cálculos de inversiones incluyen el costo del desmonte y promesas de progreso, y la diferencia de precios entre la tierra &#8220;tipo Pampa Húmeda&#8221; y la tierra marginal que ahora deviene &#8220;productiva&#8221;. Celebramos el aumento de la superficie bajo cultivo de soja originada en desmontes, pero nos alarmamos por &#8220;la selva de Mato Grosso amenazada por el desmonte&#8221;.</p>
<p>Esa presentación ambivalente de la política del tero también aparece en algunas propagandas de las multinacionales, con una foto o dibujo de un inmenso cultivo de grano sobre un fondo verde (bosque) y encima, como símbolo de salud de un ambiente que ya no existe, con una bandada de aves migratorias en el cielo.</p>
<p>Por desgracia, los representantes de algunas provincias adoptaron una estrategia dilatoria hacia la Ley de Bosques, que en su artículo 25 plantea la veda a los desmontes. &#8220;Fabricaron&#8221; así seis proyectos nuevos que, de manera inevitable, por las normas del tratamiento legislativo, sumarán un compás de espera lo más largo posible para permitir el avance de los desmontes ya autorizados, la autorización de nuevas superficies y el desmantelamiento forestal clandestino, que nadie detiene.</p>
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<p>La amenaza más urgente</p>
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<p>Las consecuencias pueden ser dramáticas. Están amenazados muchísimos manchones de bosques que estudios previos habían determinado que eran &#8220;objetos de conservación&#8221; por tratarse de bancos genéticos en evolución por cruzamiento natural de especies. O que albergan especies endémicas o raras, pero según los argumentos &#8220;de mercado&#8221; ya son demasiado chicos para que se puedan conservar, o que inevitablemente van a sucumbir envenenados por la deriva de los agroquímicos utilizados en la agricultura entrante.</p>
<p>También es importante destacar que los fragmentos remanentes en los desmontes tienen una enorme longitud de borde con relación a su área. Es decir, son normalmente largos y angostos rectángulos donde los ecólogos saben que el efecto de borde permite la entrada de malezas y de especies oportunistas que compiten y eliminan a las nativas que tienen alto valor de conservación biológica.</p>
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<p>Escuchamos a las comunidades aborígenes destacando el carácter de &#8220;bosques nutricios&#8221; que tienen sus algarrobales, talares, mistolares, y chañarales del Chaco, la importancia de textiles y tintóreas para sus artesanías, y el carácter de droguería que asignan a masas forestales de alta diversidad donde buscan sus medicinas. Ese tema no es menor y el valor más grande que tienen los bosques es su carácter de &#8220;banco de información&#8221; utilizable por nuestra generación y la de nuestros descendientes. La población local de estas áreas utiliza al bosque nativo como un &#8220;almacén de la naturaleza&#8221;, al contrario que las poblaciones urbanas, que están perdiendo esta relación y se alimentan del supermercado.</p>
<p>La Argentina está perdiendo irremediablemente sus ecosistemas de bosques nativos como fuentes de información biológica.</p>
<p>Como profesionales que trabajamos en los temas de bosques nativos y de sostenibilidad de los recursos, y como ciudadanos preocupados por el futuro de nuestros hijos, queremos destacar la absoluta necesidad de aprobar lo antes posible, es decir en forma urgente, la Ley de Bosques, y que se aplique de forma inmediata su articulo 25, que prohíbe por un año nuevas autorizaciones de desmontes.</p>
<p>No se puede minimizar su importancia con argumentos nimios basados en nuestra tendencia (una supuesta tendencia argentina) a evadir o no cumplir con las normativas, pues ese criterio aludiría directamente al desprecio de la Ley en su conjunto o a la perdida de un estado de derecho, en el que aún debemos creer y confiar.</p>
<p>La ley abre el camino para una aplicación crecientemente responsable y honesta de sus normativas. Y también, para que los responsables de no cumplirla sean controlados y sancionados.</p>
<p>Tampoco es aceptable que se designe al territorio donde se producen los desmontes más acelerados como &#8220;el área problema&#8221;. No es un área el que está involucrado, sino muchas: prácticamente todo el territorio nacional. Esto amerita un ordenamiento territorial participativo, especialmente de la comunidad local y regional en primera instancia, el Estado y todos los demás representantes de la sociedad civil, sin baches de información y preservando el bien común, que parece ser un principio abandonado de una sociedad que deba apreciarse para sí y su futuro.</p>
<p>Hay sustituciones masivas recientes en las ecoregiones del monte, de bolsones y serranías, monte de llanuras y mesetas, Delta del Paraná, del Espinal, chaco seco, chaco húmedo, bosque patagónico, campos correntino paraguayos, yungas y selva paranaense</p>
<p>No creemos que se pueda establecer una articulación del avance de la frontera agrícola con la conservación de los bosques sin una participación muy fuerte y activa del Estado Nacional. Necesitamos además un compromiso mas concreto y activo, de todos los estamentos científicos y técnicos, de las Secretarias de Ambiente, Agricultura y Planificación, la Universidad, la Secretaria de Ciencia, el Conicet, el INTA, el INTI y todos los centros regionales. Y que todos ellos trabajen con la sociedad civil en un pie de igualdad. No es posible hacerse el distraído, pues la ingenuidad solo genera complacencia y permisividad. Se debe apelar a la responsabilidad de todos los científicos preocupados por el desarrollo de un país para todos y no solo para unos pocos interesados en un negocio de corto plazo, o serviles a este.</p>
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<p>Un recurso estratégico</p>
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<p>Hoy estamos en el terreno de la geopolítica. La discusión del territorio y su ocupación y desarrollo entra claramente en este terreno. La geopolítica es una cuestión del Estado nacional. No es posible dejar que continúe la apropiación y destrucción de los recursos naturales. El recurso bosque es un recurso estratégico y un patrimonio nacional, tan importante como el petróleo, la tierra, los minerales o el agua. El Estado Nacional debe instalar una Secretaría de Recursos Forestales equivalente a los servicios forestales de otros países, o mirar cuidadosamente lo que están haciendo algunos países hermanos donde se tomó cuenta a tiempo, aunque parcialmente, de la hecatombe nacional que significaba la ampliación de la frontera agropecuaria sobre ecosistemas frágiles como la selva amazónica.</p>
<p>En la Argentina existió alguna vez un organismo autárquico de jerarquía y representatividad, el Instituto Forestal Nacional o IFONA. Justo cuando estaba terminando su plan nacional de manejo de bosques nativos, en 1989 fue demolido por la política destructora del modelo neoliberal que nos gobernó desde entonces.</p>
<p>Finalmente, conviene destacar el despoblamiento rural y el costo social creciente que involucra. Allí donde entra la agricultura y la ganadería industriales, los conflictos que se establecen con cultivos regionales tradicionales desde la caña de azúcar al algodón, y cómo afecta esto a la economía local y la seguridad alimentaria.</p>
<p>Es también llamativo que no se hayan tenido en cuenta metodologías existentes y conocidas que mensuran y valoran más allá de lo monetario, los imprescindibles servicios prestados por el bosque. No todo es dinero, ni todo puede transformarse en un bien &#8220;commodity&#8221; o en un bien ambiental. Todo necio confunde valor y precio: debemos dejar de ser necios con los cada vez menos recursos naturales con que disponemos.</p>
<p>En la Argentina, debe comprenderse que la frontera agropecuaria horizontal opera ya casi de manera exclusiva sobre comunidades de leñosas (entiendase bosques), porque los ecosistemas de pastizales y sabanas ya fueron ocupados por actividades agropecuarias desde hace décadas. Esto es muy importante a tener en cuenta en las definiciones de políticas.</p>
<p>Si hoy la deforestación sigue avanzando, atenta tanto contra nuestra generación como contra las generaciones futuras, que perderán para siempre estos recursos.</p>
<p>Un país que no cuida sus bosques, no puede plantearse seriamente ser una nación. Los recursos económicos para hacerlo están disponibles, y pueden provenir justamente de las retenciones aplicadas hoy en día, y que pueden ser &#8220;leídas&#8221; como un cobro por el beneficio extraordinario que se esta obteniendo de la sobreexplotación de nuestros recursos naturales. Una renta ambiental que deberemos comenzar a estimar con justicia y reconocimiento en beneficio de todos. No faltan recursos, siempre que no pretenda estatizar el costo ambiental y privatizar solo los beneficios.</p>
<p>La cuestión urgente sobre la decisión de una Ley sobre el Bosque Nativo es una muestra de este proceso. Permitirnos dilaciones sólo hará que lo perdamos para siempre. Por eso, hoy más que nunca es imprescindible que la comunidad exija, utilizando todas las herramientas disponibles legal, penal y socialmente, para que el Senado trate y resuelva la ley. Aunque en verdad ya es tarde y sólo estamos pretendiendo que se salve algo de lo poco que queda, de lo mucho que ya han dejado destruir.</p>
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<p>* Ecogeógrafo. Profesor Emérito de la UBA. Director del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente (Gepama).</p>
<p>** Doctor en agroecología. Director del Posgrado en Economía Ecológica, UBA. Coordinador del Gepama.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/manifiesto-contra-la-deforestacion/">Manifiesto contra la deforestación</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Ser progresista en la Argentina del Siglo XXI</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/ser-progresista-en-la-argentina-del-siglo-xxi/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 May 2020 10:41:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La globalización y la crisis financiera impuso un nuevo paradigma en la conformación de corrientes ideológicas. El autor, propone revisar la dialéctica progresismo-conservadurismo para un país que, como la Argentina, unos se han mimetizado con los otros. Por Fernando Iglesias ejos de convocar a la preocupación y la prudencia, la crisis financiera cuyos espasmos recesivos amenazan [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>La globalización y la crisis financiera impuso un nuevo paradigma en la conformación de corrientes ideológicas. El autor, propone revisar la dialéctica progresismo-conservadurismo para un país que, como la Argentina, unos se han mimetizado con los otros.</h3>
<h4><b>Por </b>Fernando Iglesias</h4>
<p>ejos de convocar a la preocupación y la prudencia, la crisis financiera cuyos espasmos recesivos amenazan el futuro económico del mundo ha provocado expresiones de inmoderada alegría en el populismo nacionalista argentino. Antes de tomarse el trabajo de comprender cómo funciona un mundo globalizado, urgida por la insana costumbre de interpretar los fenómenos sociopolíticos como antinomias estilo Boca-River y vistos los extraordinarios resultados obtenidos por la Argentina en los cinco años en que la coyuntura internacional fue la más favorable en doscientos años de historia, la Presidenta ha salido a dar inesperadas lecciones al planeta sobre cómo deben hacerse seriamente las cosas. Por su parte, los referentes económicos del neodesarrollismo no se han privado de explicar la complicada situación global en términos nacionales, como si la debacle mundial fuese un epifenómeno de la disputa entre setentistas-kirchneristas y noventistas-menemistas locales. Con su habitual miopía, el populismo neodesarrollista-industrialista ha subrayado sólo uno de los muchos aspectos causales de la debacle: la desregulación de las actividades financieras, ofreciendo una visión incompleta de este aspecto y ocultando el resto de las causas que han llevado al colapso.</p>
<p>Es notable que se atribuya hoy la crisis al neoliberalismo sin que nadie mencione la palabra crucial que lo regía: ajuste. Y es que el manual de economía de la administración Bush no ha aplicado ningún ajuste (una burbuja es, por definición, lo contrario de un ajuste) y sí se ha hartado de usar políticas expansivas en una fase expansiva, lo que recuerda las hazañas de los Kirchner en estos últimos años. Para analizar lo sucedido tratando de no limitarse a encontrar lo que ya se sabía, no estaría mal dejar de lado la demagogia y abandonar las posiciones antiamericanas y anticapitalistas del tipo Chávez-Ahmadinejad, que hablan como si en sus países reinara el socialismo y no el más espantoso capitalismo de amigos completamente dependiente –vía exportaciones petroleras– del crecimiento de la economía mundial fogoneado por las irresponsabilidades de Bush. Es cierto que los Estados Unidos y el modelo capitalista anglosajón están, por razones bien relacionadas con su conducta, bajo los focos de la crítica. También lo es que la principal lección que ofrece la crisis (la de que, abandonado a su libre arbitrio y sin las intervenciones regulatorias de un sistema político-democrático que disminuya los riesgos y distribuya los beneficios, el espíritu predatorio del capitalismo tiende a llevarnos a la ruina), la conocíamos ya desde 1929.</p>
<p>Dicho esto, no es justo ni inteligente desconocer hoy que si los Estados Unidos amenazan convertirse en el epicentro de una crisis recesiva mundial es porque hace varios años que vienen siendo (en su propio provecho, qué duda cabe) la locomotora que con sus altos niveles de consumo permitía el crecimiento récord de la economía mundial, comenzando por China e India, que colocan más de un tercio de sus exportaciones en el mercado norteamericano y con sus ganancias han impulsado hasta ayer ese formidable viento de cola que no existe, pero que lo hay, lo hay. ¿De dónde creían los neodesarrollistas que venía el crecimiento K si no de la venta de soja? ¿Y de dónde creían que sacaban China e India las divisas para pagarnos si no de sus masivas exportaciones a los Estados Unidos de Bush? Si aún no se enteraron, ahora se van a enterar, lamentablemente para todos. Tampoco es coherente la actitud de muchas personas emocionalmente trotskistas que han invertido la mitad de su vida en denunciar que los malvados bancos sólo les prestan a los que tienen dinero, para virar hoy, sin transiciones, a la denuncia enfática de la irresponsabilidad de los banqueros que han financiado la casa propia a decenas de miles de estadounidenses de clase media-baja sin exigir garantías adecuadas, dando así origen a la crisis de las hipotecas subprime.</p>
<p>1929 Y 1913. La mirada a la década del treinta, que todos usan para comprender lo que sucede y adivinar lo que vendrá, está justificada (yo mismo la vengo utilizando desde hace diez años para anticipar los efectos de una crisis como la que hoy enfrentamos).</p>
<p>Pero es insuficiente. En primer lugar, porque el capitalismo financiero ha alcanzado hoy un nivel de globalización claramente superior por intensidad y magnitud al de cualquier tiempo precedente: la circulación de activos financieros es hoy cincuenta veces superior al valor de los activos no financieros.</p>
<p>En segundo lugar, porque el riesgo mayor que se corre no es el de repetir la Gran Depresión de los años treinta, sino que el 2008 se transforme en 1913, año que puso fin a esas tres prósperas décadas de internacionalización y globalización ininterrumpidas que hoy conocemos como la Belle Époque. En aquel fatídico año 1913, la crisis se hizo sentir, las voces del proteccionismo económico lograron hacer escuchar su habitual canto de sirenas que promete una isla donde esconderse del tsunami y descalifica a las posiciones cooperacionistas y universalistas por su ingenuidad; el nacionalismo político creció en todas partes y llegó la hora del sálvese quien pueda. Previsiblemente, a 1913 siguió 1914, año que inauguró las tres décadas más infaustas de la historia mundial, gobernadas por el nacionalismo extremo, la guerra y el genocidio, episodios que sólo culminaron con la derrota militar del nacional-socialismo y la fundación de instituciones internacionales en Bretton Woods (FMI y Banco Mundial, 1944) y San Francisco (ONU, 1945).</p>
<p>Sin embargo, las posibilidades de que las cosas tomen hoy el mismo rumbo no son demasiadas, ya que el mismo fenómeno globalizador se encarga de dejar en claro a cada paso que en un mundo mundializado no hay lugar para planes de salvación nacional y que, nos guste o no, ya no es la nación sino el mundo nuestra forzosa comunidad de destino. Si la ceguera nacionalista no lleva a los líderes mundiales a tomar decisiones completamente irracionales, la crisis actual no marcará el fin del mundo ni del capitalismo, ni abrirá una época en que la economía mundial se parecerá definitivamente a la argentina. Será, sí, el fin del consenso neoliberalista que sustituyó los maravillosos treinta socialdemócratas de postguerra y la apertura de una era post-Bretton Woods que traerá tantas inestabilidades y preocupaciones como esperanzas de alcanzar un orden político-económico mundial más justo y estable.</p>
<p>Hace al menos diez años que vengo sosteniendo públicamente y escribiendo en libros y artículos que una crisis de la escala de la de 1929 iba a tener lugar más temprano que tarde. Quisiera ahora participar del debate tratando de señalar algunos elementos que no han sido tenidos en cuenta en los análisis neodesarrollistas, populistas, nacionalistas e industrialistas que predominan entre quienes observan con justificado espanto las consecuencias destructivas que puede tener la codicia de unos pocos.</p>
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<p>Capitalismo global Vs. democracias nacionales.</p>
<p>Que no exista capitalismo avanzado en sociedades no democráticas es más que mera casualidad, ya que el sistema político democrático desempeña dos funciones económicas fundamentales: la distribución social y geográfica de los bienes que el sistema económico capitalista es capaz de producir masivamente, pero cuya propiedad tiende a concentrar elitistamente, y el control de las condiciones de producción de esos bienes, lo que implica estándares laborales y ecológicos que regulen la producción industrial de bienes tangibles y de transparencia y sostenibilidad de los bienes intangibles y financieros.</p>
<p>Dado que las democracias nacionales nacidas de las revoluciones europeas y americanas del siglo XVIII son previsiblemente incapaces de desempeñar estas tareas en el marco del capitalismo global del siglo XXI, ¿por qué sorprenderse entonces de que casi la mitad de la humanidad sobreviva hoy con sólo 2 dólares diarios, de que exista un abismo entre los países ricos y los pobres, de que los estándares laborales estén sometidos a un dumping global, de que el cambio climático continúe avanzando sin que se tomen medidas a la altura de la amenaza y, finalmente, de que la volatilidad financiera esté devastando ahora la economía mundial?</p>
<p>Tienen razón los neodesarrollistas cuando señalan que la desregulación de las actividades financieras, con sus consecuencias directas de falta de transparencia, riesgo excesivo y exagerado apalancamiento de las inversiones, es la causa principal del desastre. Más problemático es demostrar que esta desregulación, un objetivo manifiesto de los sectores financieros desde hace siglos, sea el simple producto de la perversión moral de Mr. Bush; perversión cuya existencia nadie niega. Apenas se repasa la historia efectivamente ocurrida se observa que la batalla histórica entre reguladores y desreguladores sufrió un vuelco espectacular a favor de los últimos con la globalización de las finanzas sin globalización de los instrumentos políticos destinados a regularlas, cuya victoria fue sancionada por el Consenso de Washington y mundializada en los noventa… ¡durante la presidencia demócrata y progresista de Bill Clinton! Las razones que permitieron esta victoria de las fuerzas desreguladoras son pues evidentes para todos aquellos que no creen que la globalización sea un mito o un fenómeno pasajero: con la aparición de las redes digitales mundiales, el desarrollo tecnológico hizo posible superar el nivel de organización nacional-internacional del sistema económico y, muy especialmente, el del inmaterial sistema financiero. Los actores económicos no dejaron escapar la oportunidad de globalizar sus organizaciones, estrategias y ganancias, y superando el provincialismo nacionalista de sus adversarios políticos lograron sentar las bases de la hegemonía que define al mundo actual, y que no es la hegemonía imperialista de los Estados Unidos sobre el resto del planeta, sino la hegemonía del unificado capitalismo global que reina sobre un mundo políticamente dividido en doscientos estados nacionales.</p>
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<p>En las condiciones derivadas de la relación de fuerzas completamente desequilibrada que supone la globalización de la economía y las finanzas sin una simultánea globalización de la democracia, todos los estados nacionales, incluido el más poderoso de ellos, están obligados a operar en condiciones de dumping: sacrifican su crecimiento económico a los delirios nacionalistas-proteccionistas-autárquicos (lo que tarde o temprano los lleva al atraso tecnológico, la pérdida de inversiones y de competitividad, y la crisis) o tienen que ofrecer las mejores condiciones de operación a los fugitivos capitales globales, lo que frecuentemente implica una erosión de los estándares laborales y ecológicos para las actividades industriales y un alto nivel de desregulación de las actividades financieras. Nada casualmente, quienes han ido más a fondo en esta última estrategia (los mercados emergentes en los noventa, los Estados Unidos después) han sufrido antes y peor las consecuencias del desmoronamiento (sic) de las burbujas financieras que supieron usufructuar por años.</p>
<p>La división. Lo que ha sucedido y lo que está sucediendo en esta crisis es útil, al menos, para despejar la polémica sin sentido entre dos fracciones fundamentalistas: la de quienes creen que la globalización ha tornado completamente impotentes a los estados nacionales y la de los que piensan que nada ha cambiado y que estos siguen siendo el centro del universo. Lo cierto es que el estado nacional más poderoso del planeta, cuyo poder militar es capaz de destruir siete veces la vida sobre la Tierra, se ha mostrado incapaz de evitar o al menos controlar una mera crisis financiera, que sólo ha encontrado un muro de contención –provisorio o definitivo, se verá más adelante– en la intervención coordinada de todos los estados nacionales europeos y norteamericanos.</p>
<p>No es la globalización en sí misma la que ha llevado a la debacle, sino la mezcla asincrónica entre globalización y nacionalismo institucional y metodológico, esto es: entre un mercado financiero completamente globalizado, un mercado de bienes y servicios en camino de serlo, y un sistema político nacional/internacional centrado en los mismos estados nacionales surgidos en 1648 de la Paz de Westfalia. Quien lo ha dicho más sucintamente es Joseph Stiglitz, un economista al que nadie puede acusar de neoliberal, quien escribió: “En un mercado completamente abierto y transparente las ganancias financieras son bajas… Lo que las hace enormemente redituables son las políticas monetarias nacionales aplicadas por los gobiernos y sostenidas por el Fondo Monetario Internacional” (es decir, por instituciones nacionales e internacionales, y no globales).</p>
<p>Curiosamente, la balcanización de la unidad política del planeta y la consecuente fragmentación de las regulaciones sobre la economía global que permiten las especulaciones financieras son exaltadas hoy por los mismos nacionalistas que pretenden luchar contra la mercantilización de la vida humana.</p>
<p>Al populismo nacionalista del “desacople” y “el vivir con lo nuestro”, que sueña con superar el desequilibrio entre un capitalismo global y unas políticas económicas nacionalizadas haciendo girar hacia atrás la rueda de la Historia, pueden hacerse otras objeciones:</p>
<p>–No es legítimo pasarse cinco años proclamando que el viento de cola no existe, que el aislamiento de la Argentina es una ventaja y que el país está blindado contra crisis externas para, repentinamente, pasar a culpar a la crisis mundial de todos y cada uno de los problemas generados por el proteccionismo neodesarrollista.</p>
<p>–Si se usan exageradamente los instrumentos expansivos (cambio alto, gasto estatal creciente, créditos fáciles al consumo) durante una fase expansiva, con la excusa de no querer enfriar la economía, durante la siguiente fase recesiva, que siempre llega, el recurso imprescindible a estas herramientas conlleva el riesgo de una crisis hiperinflacionaria y de un desequilibro incontrolable en lo fiscal y comercial.</p>
<p>–No se ve cómo se pueda volver a un mundo de economías nacionalmente centradas cuando los medios tecnológicos han superado claramente esa fase, ni existen antecedentes exitosos de retrocesos tecnológico-organizativos de amplia escala que no hayan tenido consecuencias desastrosas (como en el feudalismo que siguió a la caída del Imperio romano o con el fin de la Pax Britannica y la Belle Époque), ni se conoce un solo ejemplo de un estado nacional que haya sido exitoso sobre la base de un proyecto autárquico desde el final de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>–No puede haber regulaciones efectivas de un mundo económicamente globalizado que no sean, por sí mismas, globales; ni puede haber regulaciones globales que contemplen los intereses de todos los seres humanos que serán afectados por ellas sin una paulatina construcción de instituciones democráticas globales, comenzando por una asamblea parlamentaria de las Naciones Unidas capaz de transformarse progresivamente en un verdadero parlamento mundial que represente y defienda los intereses de todos los ciudadanos del mundo.</p>
<p>–Finalmente, si hemos de dar a las cosas un nombre apropiado, la idea de renacionalizar la economía en lugar de globalizar la democracia y de volver al paradigma proteccionista del industrialismo jurásico en lugar de reformar la arquitectura financiera internacional y mundial para adecuarla a un mundo-mundial en cambio acelerado, es una idea que toma el pasado como referencia para la solución de las cuestiones planteadas por el futuro. Por lo tanto, es una idea reaccionaria que no puede ser defendida en nombre del progresismo.</p>
<p>Sobre Keynes. La pretensión de los populistas nacionalistas de presentarse como keynesianos es otra torpeza que sólo puede nacer del desconocimiento de la vida y la obra de Keynes, ese formidable lord inglés que había hecho la mayor parte de su fortuna apostando en la Bolsa, que detestaba el nacionalismo, que decía que cuando veía que sus ideas no funcionaban las cambiaba, que calificaba a las devaluaciones competitivas de “política de empobrecer a los vecinos” y que en Bretton Woods, en 1944, se presentó a la reunión en la que tendrían origen el FMI y el Banco Mundial con una serie de propuestas a favor de la unificación económica del planeta que no estaría de más tener en cuenta en la edificación de un nuevo orden financiero global. Preveían, por ejemplo, la creación de un sistema monetario mundial con vistas a una moneda única y la constitución de una institución de salvaguarda financiera internacional que actuara globalmente como prestamista de última instancia. Si Keynes viviera hoy, el que se quiera usar su obra como fundamentación del nacionalismo populista le provocaría, supongo, la misma sorpresa y decepción que se llevaría Marx si resucitara y viera las cosas que se han hecho en su nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*periodista y Diputado Nacional por la Colación Cívica. Autor de “¿Qué significa ser protagonista en la Argentina del siglo XXI?, Editorial Sudamericana, 2009</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/ser-progresista-en-la-argentina-del-siglo-xxi/">Ser progresista en la Argentina del Siglo XXI</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Religión y ciencia: ¿un falso conflicto?</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/religion-y-ciencia-un-falso-conflicto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Apr 2020 08:58:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>eguramente el futuro recordará al siglo XX no por sus despiadadas guerras sino por sus grandes contribuciones al conocimiento científico básico. La Genética fue reducida a la Química, y ésta a la Mecánica Cuántica de átomos y moléculas. El proceso mismo de creación de los átomos en el seno de las estrellas llegó a ser [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>eguramente el futuro recordará al siglo XX no por sus despiadadas guerras sino por sus grandes contribuciones al conocimiento científico básico. La Genética fue reducida a la Química, y ésta a la Mecánica Cuántica de átomos y moléculas. El proceso mismo de creación de los átomos en el seno de las estrellas llegó a ser bien entendido. Los orígenes del mismo Universo comenzaron a conocerse en bastante detalle, etcétera. Sin embargo, a pesar de sus grandes logros intelectuales y prácticos, importantísimos en la recientemente completada centuria, la Ciencia es pobremente entendida tanto por legos como por muchos de los que la practican. Su carácter contra-intuitivo constituye una barrera importante a superar.</p>
<p>Aquí discutimos uno de los aspectos de la Ciencia que es generalmente visto desde una perspectiva ilógica. Es lugar común, señalado a menudo, que Religión y Ciencia son irreconciliables. Se trataría de visiones incompatibles de la realidad. Estas notas intentan mostrar, en breves líneas, que tal conflicto es lógicamente imposible, aunque históricamente encontremos abundantes manifestaciones de su existencia. Comenzamos esta apretada síntesis con algunas palabras sobre, precisamente, que se entiende por &#8220;realidad&#8221;, pues ello conduce inmediatamente a discernir la falsedad del conflicto.</p>
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<p>Niveles de realidad</p>
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<p>Nuestra vida transcurre inmersa en un complejísimo entorno que solemos llamar &#8220;realidad&#8221;. Se comienza nuestra discusión con una puntualización importante. Se puede afirmar que existen cuatro niveles de &#8220;realidad&#8221;, a saber:</p>
<p>1. Realidad medible</p>
<p>2. Realidad sensible</p>
<p>3. Realidad existencial</p>
<p>4. Realidad trascendente</p>
<p>Los tres primeros niveles se refieren a lo que nosotros podemos medir con instrumentos apropiados, asignando números; experimentar a través de nuestros sentidos; experimentar en nuestras vidas, pero no a través de nuestros sentidos sino subjetivamente como, por ejemplo, dudas, perplejidad, curiosidad, asombro, etcétera.</p>
<p>Se habla de estos distintos niveles de realidad desde el siglo XVII, época en que nace la Ciencia Moderna de la mano de Galileo y Descartes. Como anticipara el gran filósofo y matemático francés, la realidad sensible llega a coincidir hoy con la medible.</p>
<p>El cuarto nivel, la realidad trascendente, se refiere a todo aquello que pudiese existir, pero que no es accesible dentro de los tres primeros niveles. Es un hecho sociológico irrebatible el de que la mayoría de las culturas y sociedades han (y continúan) prestando mucha atención a este cuarto nivel.</p>
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<p>La Ciencia trata exclusivamente con el primer nivel, lo medible y cuantificable. La Religión se concentra (o debiera hacerlo) en el último, en lo trascendente. No puede pues haber, desde un punto de vista lógico, conflicto alguno entre ellas, pues se ocupan Ciencia y Religión de ámbitos enteramente diferentes.</p>
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<p>La ciencia es ante todo un método,</p>
<p>no una serie de contenidos</p>
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<p>La Ciencia no es, aunque suene paradójico, un vasto conjunto de conocimientos. Es, en cambio, esencialmente, una metodología teórico-experimental repetible, predictiva y falseable (términos a aclarar en lo que sigue), aplicable sólo a fenómenos medibles. Se interroga a la Naturaleza por medio de procedimientos estrictamente protocolizados llamados experimentos, que deben poder ser repetibles indefinidamente. Es de vital importancia señalar que toda aseveración científica conlleva la existencia de un experimento que pudiera llegar a contradecirla (en términos más técnicos, falsearla). Una teoría científica debe poder predecir acertadamente el resultado de futuros experimentos. Aserciones no falseables, o teorías que no predicen, quedan fuera del ámbito de la Ciencia Cartesiana.</p>
<p>Puede generar alguna confusión el hecho de que, dado el enorme prestigio que la ciencia moderna ha ganado en los últimos tres siglos, muchas otras disciplinas del pensamiento se hayan atribuido a sí mismas el carácter de científicas (el Marxismo, por ejemplo). En esta clase estamos hablando solamente de actividades científicas en las que se sigue el llamado Método Científico, inventada por Galileo y Descartes en el siglo XVII.</p>
<p>Insistamos: lo fundamental de la Ciencia es el método, que permanece invariante. Los contenidos cognoscibles son cambiantes y transitorios, siempre provisorios. Ningún científico serio piensa que, en 100 años, los problemas más importantes a investigar vayan a ser los de hoy, así como los actuales eran inimaginables hace un siglo.</p>
<p>El campo científico está pues acotado a lo medible. La Ciencia no puede entonces adoptar, por su intrínseca naturaleza, posición frente a problemas teológicos. Estos son trascendentes y por ende no medibles. No hay entonces conflicto posible entre Religión y Ciencia, desde un punto de vista lógico.</p>
<p>Claro está que han existido enfrentamientos, y que los hay aún hoy, en la interfase Religión-Ciencia. Pero al estudiarlos con cierto detalle pronto advertimos que se trata siempre de temas de carácter personales y/o políticos. Chocan entonces entre sí algunas personalidades de la Ciencia con otras de la Religión. Pero ningún científico, por eminente que sea, representa a la Ciencia. La última está representada exclusivamente por publicaciones técnicas (popularmente llamadas &#8220;papers”) en revistas internacionales acreditadas y sujetas al juicio de referís especializados, en las que es muy difícil encontrar temas teológicos.</p>
<p>La Ciencia no está representada por charlas de café, artículos periodísticos, declaraciones a los medios, etcétera. En el lenguaje cotidiano vernacular exageramos, extrapolamos, generalizamos, no somos suficientemente rigurosos. Los dichos de Juan Pérez, astrónomo. no son los de “la Astronomía&#8221;. Son meramente de Juan Pérez. Los dichos de Juan Pérez sacerdote, predicador, pastor, no debieran ser “la Religión”. Son personales. Costaría mucho encontrar ecuaciones y diagramas en los Textos Sagrados de las distintas Religiones que pudiesen generar controversias científicas.</p>
<p>La Ciencia es pues una empresa colectiva llevada a cabo, desde hace unos 300 años, por miles de investigadores que siguen un Método. Tratemos ahora de precisar un poco más que es lo que estos investigadores hacen.</p>
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<p>Una historia de dos mundos</p>
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<p>Una posible respuesta al interrogante arriba planteado es ésta: la ciencia puede ser vista como una red de puentes que conectan dos mundos estrictamente separados: el Topos Uranus y el de los fenómenos Naturales. El Topos Uranus es un invento Platónico. Consideremos cualquier aseveración de la Matemáticas, cualquier Teorema (el de Pitágoras, o el de Tales, por ejemplo). Su validez no depende de ni de Pitágoras, ni de Tales, evidentemente. Era válido mucho antes de que éstos nacieran. ¿Cuánto antes? Obviamente, indefinidamente&#8230; Valía aún antes de que apareciera sobre el planeta el Homo sapiens, hace unos 200.000 años. También antes de que existiera el sistema solar.</p>
<p>En realidad, su validez no depende de nada, ni siquiera de la existencia del espacio, el tiempo o la materia. Este extraño tipo de validez, tan robusto, fue denominado trascendente por Platón (el más grande filósofo de todos los tiempos según Bertrand Russell) quien, 400 años antes de Cristo, postuló la existencia de un &#8220;mundo&#8221; especial en el que residen los objetos trascendentes. Lo llamó Topos Uranus. No está ni en el espacio ni en el tiempo, no lo encontraremos en ningún aquí, en ningún ahora. Trasciende al espacio-tiempo.</p>
<p>Extrañamente, el Homo sapiens puede acceder al Topos Uranus, vía la imaginación, la razón y/o la intuición. San Agustín, primer gran filósofo cristiano, ubicó en el siglo IV a Dios en el Topos Uranus: desde allí, el Dios del Cristianismo, un Ser infinitamente racional, habría creado el tiempo, el espacio, la materia y la energía.</p>
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<p>Nuestro mundo, el de los fenómenos naturales</p>
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<p>Nuestro mundo es aquél en que nos sentimos inmersos, y al que accedemos mediante nuestros sentidos, a veces amplificados por nuestros instrumentos de medición. Se trata de lo que llamamos &#8220;nuestro Universo&#8221;. La Ciencia puede ser vista como una red de conexiones.</p>
<p>Construye puentes entre el Topus Urano y los fenómenos naturales siguiendo prescripciones de Galileo (el primer Físico Moderno) y Descartes (el padre de la Filosofía Moderna, de quien Ortega y Gasset nos dice que fue el primer hombre moderno). Ni más ni menos que esto. Hay que aclarar sin embargo que se trata de muchos puentes entre el Topos Uranus y porciones muy limitadas y diminutas del mundo de los fenómenos naturales, a las que llamamos ámbito experimental.</p>
<p>El dictum a seguir fue establecido por Galileo: “MEDIR LO QUE SE PUEDA MEDIR Y HACER MEDIBLE LO QUE NO LO ES DE MANERA INMEDIATA”. Se procede en el ámbito de la Ciencia en varias etapas.</p>
<p>En un primer paso, del fenómeno que nos interesa describir seleccionamos algunas pocas variables que nos parecen (elección subjetiva) importantes, y que son medibles, es decir, les podemos asignar números (¡con barras de error!).</p>
<p>En un segundo paso, imaginamos algunas relaciones matemáticas entre tales variables pre-seleccionadas. Tales relaciones están en el Topos Uranus, por supuesto, dado que son ecuaciones. Se las denomina el “modelo” del fenómeno a describir.</p>
<p>En el tercer paso, realizamos experimentos repetibles y controlables para verificar si el modelo predice correctamente el valor numérico de algunas variables suponiendo que conocemos el de otras. Si esto es así hablamos a veces de LEYES. Estas se consideran válidas sólo en el contexto modélico. Fuera del mismo carecen de sentido. Históricamente, la primera de estas &#8220;leyes&#8221; fue establecida por Galileo: es la de la caída de los cuerpos y relaciona la variable “tiempo” de duración del proceso de caída con la variable “altura” desde la que el cuerpo cae. Si conocemos una de ellas podemos predecir la otra. Hoy contamos con miles de estas leyes en diversas disciplinas.</p>
<p>Si un conjunto de aseveraciones abstractas, llamadas axiomas, es capaz de explicar simultáneamente varios modelos distintos, entonces tenemos una teoría. Si varias teorías se construyen sobre una visión particular de la naturaleza, hablamos de un paradigma. Por ejemplo, el paradigma evolutivo de Darwin trata de entender los fenómenos biológicos desde el punto de vista de la supervivencia y competencia entre sí de estructuras diminutas llamadas genes, que tiene la capacidad de replicarse. Las famosas tres leyes de Newton pueden ser consideradas como los axiomas de una gran teoría: la Mecánica. Todos los fenómenos electromagnéticos, cuyo dominio fue la base de la tecnología del siglo XX, pueden ser cabalmente entendidos a partir de cuatro axiomas denominados ecuaciones de Maxwell, un físico escocés del siglo XIX. De los axiomas de una dada teoría se pueden deducir, usando matemáticas y lógica, consecuencias verificables experimentalmente, llamadas predicciones. La teoría es aceptable en la medida en que sus predicciones no sean falseadas. Aunque haya muchos éxitos, basta una sola predicción falseada para que la teoría se derrumbe. La teoría más importante hoy se llama Mecánica Cuántica (MC). A partir de ella surgen las fantásticas tecnologías computacionales y de comunicación que signan nuestras vidas a comienzos del siglo XXI.</p>
<p>Para dar un idea del carácter abstracto de los axiomas científicos reproducimos acá el primer axioma de la MC: “El estado de todo sistema está representado por un vector en el espacio de Hilbert”. Este axioma nos dice que cualquier estado posible de todo sistema del Universo está representado en el Topos Uranus por un ente matemático perteneciente a una sub-sección del mismo llamada espacio de Hilbert (matemático de fines del siglo XIX y principios del XX que lo descubrió).</p>
<p>La Ciencia trata básicamente con modelos matemáticos o algorítmicos que, en tanto modelos, se encuentran localizados en el Topos Uranus, pero predicen consecuencias medibles en los laboratorios. La Ciencia habla de la Realidad sólo a través de Modelos de aspectos muy parciales de ésta. Si un modelo es exitoso por su poder predictivo se torna sumamente creíble, pero no es nunca “verdadero”en forma definitiva. Puede en cambio ser falso.</p>
<p>Enfaticemos pues: la Ciencia trata NO con la &#8220;realidad&#8221; misma sino con modelos de aspectos muy especiales de ésta. Tales modelos evolucionan con el tiempo y cambian. Son muchas veces abandonados y reemplazados por otros, lo que viene sucediendo desde que Descartes publicara su Discurso del Método en 1637. Son siempre provisorios. Esta circunstancia impide el dogmatismo en Ciencia, aunque, claro está, los creadores de modelos sientan la humana tentación de aferrarse a ellos.</p>
<div class="cban468"></div>
<p>El origen de la Ciencia Moderna</p>
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<p>Ahora bien, es un dato de la Historia que la Ciencia Moderna se origina en el seno de la Iglesia Católica, básicamente en la Catedral de Chartres. Esto está abundantemente documentado. Puede consultarse, por ejemplo, el excelente libro de Thomas Goldstein, prologado por Isaac Asimov, “The Dawn of Modern Science” (1988, Houghton, Boston). Citemos, como ejemplo, algunos pronunciamientos de interés de Padres de la Iglesia, y luego notables citas que encontramos en la que es tal vez la mejor Enciclopedia Biográfica de la Ciencia, la de Isaac Asimov, el más importante divulgador científico del siglo XX, quien en esta obra incluye a estos Padres entre los primeros científicos, lisa y llanamente.</p>
<p>En el siglo XII, el filósofo cristiano William of Conches dijo que “buscar la razón de las cosas y la ley de sus orígenes es la gran misión del creyente. No es el rol de la Biblia enseñar sobre la naturaleza de la cosas. Tal tarea corresponde el dominio filosófico&#8221;. El matemático y filósofo escolástico, Adelard of Bath, dijo desde la catedral de Chartres que “la Razón nos hace humanos. No podemos dar la espalda a la sorprendente belleza racional del universo&#8221;. Entre los 1.197 grandes científicos que cita Isaac Asimov en su “Enciclopedia Biográfica de Ciencia y Tecnología”, Asimov incluye a figuras de la Iglesia como Tomás de Aquino (1225-1274), Alberto Magno (1200-1280), Roger Bacon (1214-1294), Guillermo de Occam (1280-1349) y Nicolás de Cusa (1401-1464).</p>
<p>Los ejemplos arriba citados ilustran el hecho de que, tal vez paradójicamente, la Ciencia Moderna tiene origen religioso católico. Entonces, resulta que una religión a la que se acusa (no sin razón) de haber perseguido a la Ciencia, es la que la crea.</p>
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<p>La ciencia: actividad extraña</p>
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<p>Desde otro ángulo, no podemos dejar de mencionar el carácter extraño de la actividad científica. No llegan a 400 los años transcurridos desde que Galileo miró el cielo por vez primera con un telescopio o de que las Matemáticas descubiertas por Descartes, Newton y Leibnitz hicieran posible la Ciencia e Ingeniería modernas. Poco más de un siglo ha transcurrido desde que se descubrió la naturaleza evolutiva de la vida. 50 años desde que se descubrió la estructura molecular de los genes, etcétera.</p>
<p>Los modernos seres humanos existen desde hace unos 200.000 años, habiendo evolucionado desde un ancestro común a nosotros y a los chimpancés desde hace unos 7 millones de años. Pero la Ciencia Moderna existe desde hace sólo algo más de 300 años. ¿Por qué tanta demora en aparecer? ¿Por qué tanta ignorancia durante casi toda la existencia del Homo sapiens? Como es indudable que la Ciencia Cartesiana existe debido a que los antiguos Griegos inventaron la Filosofía y la Matemáticas deductivas hace unos 3000 años, el misterio puede replantearse trasladándolo al porqué hicieron esto los Griegos y no otros pueblos antes. Tres mil años son una mínima fracción de los 200.000 de existencia de nuestra especie. Hay muchas especulaciones al respecto, pero el tema sigue básicamente abierto.</p>
<p>A nuestros presentes propósitos es lícito preguntarse por la razón de que, dado que la Filosofía y las Matemáticas deductivas existen desde hace unos 3000 años, la Ciencia Moderna sólo haya aparecido hace 300, el último diez por ciento. La respuesta ha sido dada por el máximo filósofo español, don José Ortega y Gasset en su obra “En torno a Galileo”, que nos remite a San Agustín, ferviente Platonista, a quien hemos mencionado arriba.</p>
<p>Entre las grandes religiones monoteístas, sólo el Cristianismo acredita adorar a un Dios infinitamente racional, cuyo reino no es de este Mundo y que dota a los humanos con la facultad maravillosa del libre albedrío. Por eso la Ciencia Moderna surge sólo en el Occidente Cristiano.</p>
<p>La Creación es entonces necesariamente racional y por ende accesible a la razón humana. Se tiene una garantía divina de que esfuerzos racionales en entender el Universo han de fructificar. Vale pues la pena dedicarse a tratar de entender la naturaleza. Pero es necesario, antes, separar Razón de Fe, para que tales esfuerzos no sean perturbados por el Dogma.</p>
<p>Esta separación la hace en forma magistral el más grande filósofo católico: Santo Tomás de Aquino, que distingue caramente entre los dos respectivos dominios y despeja así el camino para que la Ciencia se desarrolle libremente. Como la filosofía Tomista es doctrina oficial del Catolicismo, no hay vuelta atrás. Vemos pues que el origen de la Ciencia Moderna es necesariamente Cristiano.</p>
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<p>Las persecuciones a científicos</p>
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<p>Sin embargo, muchos científicos han sido perseguidos por su actividad, y algunos aún perdieron la vida. Por ejemplo, Giordano Bruno fue quemado vivo, luego de un proceso que duró siete años, el 17 de febrero de 1600. Miguel Servet, quien describió por vez primera el rol de los pulmones en la circulación de la sangre, sufrió la misma suerte a manos del gobierno de Calvino el 27 de octubre de 1553. El gran anatomista Vesalio casi corre la misma suerte en 1564, de la que sólo se salva por ser médico del Rey de España. El gran matemático Girolamo Cardano (1501-1576) pasó largas temporadas en la cárcel, condenado por hereje.</p>
<p>En mi opinión, estos terribles hechos son consecuencias de la vida política, que acompaña siempre la evolución de toda sociedad de seres humanos. Donde hay Poder hay Política. El liderazgo en cualquier actividad, aún la religiosa, incluye ingredientes políticos, inevitablemente. El poder político poderoso que se sienta amenazado puede reaccionar a veces recurriendo a la violencia. Se debe señalar que las grandes persecuciones a científicos por las religiones tuvieron lugar en la época de las Guerras de Religión Reforma-Contrareforma, que fueron conflictos netamente políticos y no enfrentamientos Religión-Ciencia.</p>
<p>Muchos científicos fueron perseguidos también por Hitler, Stalin, Mao, etcétera, que no eran precisamente líderes religiosos. Aún en pleno siglo XX se ha enjuiciado en los Tribunales de los Estados Unidos a profesores que enseñaban la obra de Darwin. Acusaba, en el más célebre de tales episodios, un gran populista, ex-candidato a la presidencia de USA. Este mismo 2007, ciertos grupos de activistas, usualmente considerados &#8220;progresistas”, están intentando prohibir investigaciones genéticas sobre &#8220;ovejas gay&#8221; en el Estado de Oregon, Estados Unidos.</p>
<p>La rueda sigue girando&#8230; La Ciencia suele molestar al Poder porque sigue su camino independientemente de los prejuicios, convenciones, supuestos o supercherías en los que pueda caer la opinión mayoritaria.</p>
<p>Para finalizar, dejamos planteado un interrogante. La mayoría de los científicos tienden a dedicar largas horas de cada día a sus Laboratorios, con remuneraciones que son en todas partes bajas respecto de los promedios nacionales. Buscan apasionadamente descubrir resultados nuevos. ¿Porqué? Porque los mueve un anhelo irresistible de lograr que su obra trascienda (¿y pase tal vez al Topos Uranus con su nombre adosado?). Vemos acá como el nivel de realidad número 3 se conecta con el número 1. Pero, ¿de dónde proviene tal ferviente anhelo, que ha motivado en ocasiones a arriesgar hasta la misma vida? Esto es, claro está, muy difícil de entender desde el nivel de realidad número 1, dentro del paradigma de la Selección Natural de Darwin. Por ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>* Doctor en Física. Profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata e Investigador Superior del Conicet. Premio Konex por sus aportes a la Física Nuclear.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/religion-y-ciencia-un-falso-conflicto/">Religión y ciencia: ¿un falso conflicto?</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La República Europea I</title>
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		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2020 10:42:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El siglo XX europeo –con una primera mitad basada en la autarquía nacional y una segunda en la integración supranacional– es el marco ideal para observar los efectos de la globalización. En esta primera parte, el autor analiza las enseñanzas y peligros que el modelo europeo pueden dejarle a la humanidad. Por Fernando Iglesias as dos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>El siglo XX europeo –con una primera mitad basada en la autarquía nacional y una segunda en la integración supranacional– es el marco ideal para observar los efectos de la globalización. En esta primera parte, el autor analiza las enseñanzas y peligros que el modelo europeo pueden dejarle a la humanidad.</h3>
<h4><b>Por </b>Fernando Iglesias</h4>
<p>as dos mitades del Siglo XX europeo. La construcción de Europa no ha sido un proceso simple, ni lineal, ni completamente democrático. Sin embargo, basta mirar el siglo XX europeo y comparar su primera mitad, basada en la autarquía de las naciones-estado y las soberanías nacionales absolutas, y su segunda mitad, sostenida en el desarrollo progresivo de instituciones supranacionales, para sacar algunas conclusiones evidentes sobre los efectos de ambos paradigmas –el de la autarquía nacional y el de la integración supranacional– en un mundo crecientemente globalizado.</p>
<p>El año 1950 no divide a dos Europas diferentes, sino opuestas: la del hambre, la guerra y el genocidio, por un lado, y la de la paz, la democracia y el progreso, por el otro. Más allá de los errores evitables e inevitables cometidos, los resultados de la unidad europea han sido impresionantes: aproximadamente 15 de los 20 países en los cuales las condiciones de la vida humana son las mejores en el mundo se encuentran hoy en el continente que fue escenario de las mayores tragedias de la humanidad. A la velocidad sorprendente del ritmo de su integración, el continente del cual millones de personas escapaban buscando refugio en el Tercer Mundo se ha convertido en el principal espacio de atracción de emigrantes del planeta. Además, los efectos políticos de la construcción de la Unión Europea han sido tan profundos como sus sorprendentes resultados económicos y sociales. Veamos algunos de ellos.</p>
<p>La capacidad de la UE para establecer un contexto pacífico y cooperativo para la coexistencia humana fue coronada por la derrota del último de los sistemas totalitarios creados durante el siglo comandado por las naciones y por la caída del Muro de Berlín y la Cortina de Hierro, las mayores barreras territoriales existentes entonces en el mundo. En cuanto a las crisis recurrentes que desde su origen siguen surgiendo en el proceso de unificación continental, basta comparar su gravedad con los sanguinarios conflictos y las guerras civiles que han formado parte indivisible de la construcción de las grandes naciones del planeta para concluir que el proceso de unificación europea ha sido extraordinariamente pacífico, rápido y exitoso. Aún más ejemplificador del extraordinario potencial de la unidad federal como vehículo de superación del estado de guerra en una era progresivamente globalizada es el hecho de que los países europeos, llevados a la catástrofe por su ceguera nacionalista y que debido a ella dejaron de ser el centro económico y político del globo, son los mismos que mejor logran hoy defender su estado de bienestar y sus conquistas sociales en un contexto determinado por la globalización de la tecnoeconomía sin simultánea globalización de las instituciones democráticas.</p>
<p>Los resultados extraordinarios obtenidos por la primera experiencia de unificación de escala continental sugieren que la inexistencia de un proceso similar en otras regiones del mundo y la ausencia de un proceso de unificación política global federal y democrático son causa principal de la enorme diferencia entre las condiciones de vida en Europa respecto al resto del mundo; diferencias que eran mucho menos marcadas cuando el proceso de integración europea comenzó desde las ruinas dejadas por las guerras internacionales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El fin del nation-building en la era global. La historia del éxito de la Unión Europea es simultánea al creciente fracaso de los proyectos de nation-building en un mundo crecientemente globalizado. Esta divergencia puede ser demostrada por un somero análisis comparativo. Entre 1947 y 1951, tres grandes penínsulas fueron reorganizadas políticamente: la península india, la palestina y la europea. Mientras que la Comunidad Europea del Carbón y el Acero fue el primer intento consistente por trascender las estructuras nacionales a través de su integración en una unidad superadora, las otras dos reorganizaciones fueron fundadas en la unidad étnica y cultural del Estado, es decir: en los mismos principios nacionalistas que habían gobernado la reorganización de las fronteras europeas después de la Primera Guerra Mundial, y conducido a la Segunda. Palestina fue dividida en un Israel judío y una Palestina musulmana, e India en una India hindú y un Pakistán musulmán. Los resultados de estos procesos inversos –unitario el primero, separatista los otros dos– fueron los habituales: paz y progreso en Europa e infinitos conflictos en Palestina e India, cuyos efectos directos e indirectos siguen amenazando la paz del mundo.</p>
<p>Esta lección sobre el éxito de la integración regional y el fracaso del nation-building tradicional resultan de especial importancia a inicios del siglo XXI, en momentos en que los dilemas que enfrenta la humanidad se asemejan cada vez más a los que enfrentó Europa a principios del siglo pasado, originados en la tensión creciente e irresoluble entre un aparato tecnoeconómico que tiende a la expansión de sus estructuras, sus capacidades y sus efectos, y un sistema político anclado a las dimensiones territoriales de la nación-Estado. Por motivos comprensibles, esta contradicción resultó ser particularmente destructiva en el continente que era, a inicios del siglo XX, el más avanzado tecnoeconómicamente y el dividido en unidades políticas más pequeñas.</p>
<p>Hoy, cuando las tecnologías han hecho al planeta mucho más pequeño de lo que entonces era Europa, las consecuencias de la inexistencia de la unidad política federal mundial, del carácter meramente nacional/internacional de las instituciones con poderes de alcance global y del consiguiente déficit democrático mundial se miden en términos de cinco grandes crisis: la económica, la ecológica, la demográfica, y las de pérdida de control de la tecnología y debilitamiento del monopolio estatal-nacional de la violencia a gran escala. En este marco, el modelo de la Unión Europea ofrece dos grandes proyectos superadores a la humanidad: 1) el de la construcción pacífica de unidades políticas democráticas continentales y regionales; y 2) el de la ampliación progresiva de la experiencia federalista al plano mundial. Ambos se basan en una mecánica inesperada por quienes siguen pensando en términos nacionales de suma cero, según los cuales las naciones que transfieren parte de sus potestades y poderes a organismos supranacionales los pierden. Es esta una rara idea, según la cual los países europeos deberían ser pobres, injustos y subdesarrollados a diferencia de los sudamericanos, que habiendo sabido preservar sus sacrosantas soberanías nacionales pueden defender mejor los intereses nacionales y el bienestar de sus ciudadanos.</p>
<p>Lo cierto es que la Unión Europea demuestra que la cesión de soberanía hacia entidades supranacionales no lleva a un menor poder nacional, sino todo lo contrario. La fácil objeción de que Europa ha sido siempre un continente rico, y Sudamérica uno pobre, es simple de refutar recordando las masivas migraciones europeas hacia Sudamérica que han constituido la base demográfica de nuestro continente, y que han durado siglos hasta interrumpirse por completo –precisamente– con la creación (1957) de la Comunidad Económica Europea. Dicho lo cual no está de más considerar los aspectos potencialmente peligrosos del proceso de unificación europeo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Del nacionalismo-nacional al nacionalismo continental? (la Unión Europea como fortaleza)</p>
<p>Sin excepción, las peores experiencias de la historia humana se han basado en la reificación y sacralización del binomio surgido de la conjunción entre la nación y el Estado; extensión de las peores características de la etapa tribal en un mundo determinado por el avance tecnológico acelerado. No por casualidad, tanto el énfasis hegeliano en el Estado como la obsesión fichteana por la nación expresaron en el plano filosófico la apertura de una era de rechazo al anterior paradigma humanista kantiano por el cual cada hombre era un fin en sí mismo. El nacionalismo, que fue una ideología y práctica progresista e inclusiva durante el pasaje de las comunidades agrarias, monárquicas y feudales a las sociedades nacionales, democráticas e industriales, se transformó en fuerza reaccionaria apenas la segunda revolución industrial sobrepasó los estrechos límites nacionales.</p>
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<div class="cban468"></div>
<p>Fue el fin de la Belle Époque en 1913 y el sucesivo auge del proteccionismo comercial, de la exaltación de las especificidades étnicas y culturales nacionales y del nacionalismo belicista, los que llevaron en 1914 a la Primera Guerra Mundial de la Historia y los que reorganizaron después Europa bajo paradigmas similares; como si los valores que habían llevado a la tragedia fueran capaces de repararla. Significativamente eliminados de la memoria colectiva, inmediatamente después del fin de la Primera Guerra tuvieron lugar cuatro congresos paneuropeos (Viena 1926, Berlín 1930, Basilea 1932 y Viena 1935) que fracasaron en su intento de construir una Europa unida e inmune a nuevas tentaciones bélicas. Su fracaso fue parte indivisible del crecimiento del nazifascismo y del comienzo del proceso que llevó a la Segunda Guerra, definida por el intento de unificar Europa bélicamente por iniciativa de su Estado nacional más poderoso. Hoy, repitiendo la parábola del mal reprimido que, expulsado por la puerta, retorna por la ventana, la Unión Europea corre el riesgo de olvidar sus fundamentos abiertos y cosmopolitas y caer en su negación mediante la construcción de un nacionalismo continental reconocible bajo el proyecto “Fortaleza Europa”.</p>
<p>La construcción de la Unión Europea, el acontecimiento social y políticamente más progresista del siglo pasado, representa hoy tanto un paso hacia la universalización de la democracia y la superación de los marcos nacionales como la última forma de mantener contenida dentro de marcos territoriales la regulación y coordinación de procesos sociales que los están sobrepasando. El Apartheid continental a través del cual los europeos intentan proteger sus prerrogativas a la residencia y el empleo; la criminalización de los emigrantes ilegales; los pogromos en contra de los extra comunitarios; la difusión de un nuevo tipo de antisemitismo pseudoizquierdista; la reaparición de sectas neonazis y el ascenso de líderes populistas y autoritarios, entre otros muchos episodios preocupantes, constituyen una señal de alarma sobre el carácter que puede asumir un nacionalismo continental europeo, y son una traición escandalosa a los principios políticos en los cuales fue fundada la unidad del continente: derechos humanos universales, paz, cosmopolitismo, libre circulación de personas y bienes, democracia supranacional y abolición de fronteras.</p>
<p>No es la disgregación el único mal que amenaza el futuro de Europa. Mediante el método de resucitar a nivel continental los dos demonios inseparables que gobernaron la primera parte del siglo XX: la nación y el Estado, una Unión Europea concebida como nacionalismo estatizante y continentalmente extendido puede repetir en el siglo XXI la parábola descendente descripta por sus propios estados nacionales en el siglo XX. El éxito obtenido por la Unión Europea constituye hoy la principal amenaza a su continuidad y existencia. Previsiblemente, su desarrollo repite el ambivalente doble sentido que caracterizó la construcción de naciones. Por un lado, el proceso de ampliación de las fronteras políticas a la escala continental es un decisivo paso adelante en el camino hacia un orden político mundial mejor coordinado y más universal e igualitario. Por el otro, una vez consolidado, el nacionalismo continentalista que expresa el proyecto Fortaleza-Europa puede destruir –como ayer hicieron sus antecesores nacionales– los valores sobre los cuales ha sido fundado.</p>
<p>En este contexto, resulta significativa la polémica sobre el verdadero carácter de la Unión Europea. Se trata de un Estado en formación, sostienen algunos. Es un Imperio, dicen otros. Hemos creado Europa, debemos ahora crear los europeos, sostienen muchos defensores del Demos europeo, parafraseando –acaso sin saber– la célebre frase de Massimo D’Azeglio en la primera sesión del Parlamento Nacional Italiano e ignorando adónde llevó esa aventura en pocas décadas. Modestamente, sostendré aquí la idea de que la Unión Europea no es un Estado, ni una nación en formación, ni mucho menos un imperio. La Unión Europea es una República; esto es: un sistema integrado de toma de decisiones políticas basado en una estructura institucional regida por el estado de derecho; la primera de su tipo de escala continental, cuya historia reciente ha demostrado la posibilidad de construir poderes democráticos supranacionales sin necesidad de crear ningún tipo de Leviatán estatal.</p>
<p>Contrariamente al sentido común nacionalista-estatista de la época que fenece, todo movimiento hacia la proliferación de una burocracia centralizada europea, hacia la promoción de una identidad cultural uniforme, hacia la creación de un ejército strictu sensu y la militarización de fronteras constituyen un retroceso de la naciente República Europea hacia la nación y el Estado sobre cuya superación paulatina se edificó su unidad cosmopolita y progresivamente federalizada. Por eso, cada vez que Europa enfatiza su unidad económica y política, su estado de derecho, la centralidad y empoderamiento de su Parlamento, la soberanía de sus ciudadanos, su corpus de derechos ligados a una ciudadanía supranacional y su federalismo subsidiario, encarna una potente fuerza progresista capaz de modificar sustantivamente el paisaje global. En cambio, cada vez que la Unión se refugia en su supuesta identidad colectiva, impulsa su uniformidad cultural, apuesta por su seguridad territorial y militariza sus fronteras, traiciona su propio legado y desencadena eventos material y simbólicamente destructivos.</p>
<p>Visto en términos globales, la generalización a escala global de unidades continentales de grandes dimensiones regidas por una ideología nacionalista-continental llevaría además a un escenario global potencialmente explosivo. Un planeta dividido en tres grandes unidades (digamos: la Unión Europea + África, el NAFTA + Sudamérica, y el ASEAN liderado por China y Japón), todas ellas definidas por sistemas de toma de decisiones continentales, mercados económicos proteccionistas, recursos militares unificados y un fuerte llamado a la identidad cultural conllevaría otra vez a la convergencia territorial de economía, cultura, política y ejércitos que fue la base de las convulsiones bélicas del siglo XX.</p>
<p>Dado que Europa y Japón difícilmente acepten seguir siendo gigantes económicos y enanos militares, la oposición a la hegemonía militar estadounidense ofrece pues dos alternativas opuestas. La primera alternativa lleva a una militarización supuestamente equilibrada de la sociedad mundial a través de la continentalización de la estatalidad y el nacionalismo, ampliando a escala mundial las líneas que propone el proyecto de la Fortaleza-Europa. Difícilmente su resultado sería diferente del obtenido hace un siglo. La segunda debería llevar a una progresiva desmilitarización del planeta a través de etapas consecutivas gobernadas por el paradigma de “paz mediante la unidad” que constituye el legado principal de la Unión Europea al mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Fernando A. Iglesias. Diputado nacional de la Coalición Cívica y autor de “Globalizar la democracia”.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/la-republica-europea-i/">La República Europea I</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Papá, dejame respirar</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/papa-dejame-respirar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Apr 2019 09:12:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Clases Magistrales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La “hiperpaternidad”, el control excesivo del tiempo y el futuro de los hijos, es un mal mundial. El autor de “Elogio de la lentitud” y “Bajo presión” alerta sobre el “secuestro de la infancia”. Por Carl Honoré odo empezó en una reunión de padres en una escuela de Londres. Las observaciones de los maestros sobre mi [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>La “hiperpaternidad”, el control excesivo del tiempo y el futuro de los hijos, es un mal mundial. El autor de “Elogio de la lentitud” y “Bajo presión” alerta sobre el “secuestro de la infancia”.</h3>
<h4><b>Por </b>Carl Honoré</h4>
<p>odo empezó en una reunión de padres en una escuela de Londres. Las observaciones de los maestros sobre mi hijo eran buenas, pero, en la sala de arte, el elogio fue mucho más que favorable. Uno de sus trabajos, el dibujo de un mago hecho al estilo de Quentin Blake, estaba colgado en la pared como modelo para los otros alumnos. En la parte inferior del retrato, mi hijo había pintado la cabeza del hombre desde distintos ángulos. La maestra de arte lo descolgó para mostrármelo.</p>
<p>“Es increíble que a un chico de siete años se le ocurra por cuenta propia algo que juega de esa manera con la perspectiva”, me dijo entusiasmada. “Su hijo realmente se destaca en clase. Es un artista dotado”.</p>
<p>Y ahí estaba, la bomba D, la palabra de seis letras que llega al corazón de todo padre. Dotado.</p>
<p>Esa noche entré en Google y me puse a buscar cursos y profesores particulares de arte para estimular el talento de mi hijo. Me imaginé estar criando al próximo Picasso &#8230; hasta la mañana siguiente. “Papá, yo no quiero un profesor particular, sólo quiero dibujar”, declaró mi hijo en el desayuno. “¿Por qué los grandes siempre tienen que controlar todo?”.</p>
<p>La pregunta me dolió como un cintazo en la espalda. A mi hijo le encanta dibujar. Puede pasarse horas encorvado sobre una hoja, inventando formas de vida extrañas, diseñando complicados libros de historietas o dibujando a Lionel Messi pateando un tiro libre. Dibuja bien y eso lo hace feliz. Pero eso, por alguna razón, no era suficiente. Una parte de mí quería sacar provecho a esa felicidad, afilar y pulir su talento, convertir su arte en un logro. Mi hijo tenía razón: yo estaba tratando de tomar el control.</p>
<p>Aquel enfrentamiento en la mesa del desayuno resultó ser uno de esos momentos reveladores que nos cambian la vida. Me hizo ver que yo estaba perdiendo mi equilibrio de padre. Y me llevó además a escribir Bajo presión: cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente.</p>
<p>Para documentar el libro, estuve dos años viajando por Europa, las Américas y Asia, investigando la situación de la infancia en la actualidad. Visité colegios, guarderías, clubes deportivos, laboratorios y ferias de juguetes; entrevisté a maestros, entrenadores, asesores, publicistas, policías, terapeutas, médicos y toda clase de expertos en desarrollo infantil; analicé cuidadosamente las investigaciones científicas más recientes. Y hablé también con cientos de padres y de niños.</p>
<p>Lo que descubrí es que los adultos han secuestrado la infancia de una manera jamás vista en la historia. Bajo presión analiza por qué está fracasando el enfoque moderno de la niñez, y propone respuestas de todos los rincones del mundo para ayudarnos a encontrar un enfoque mejor. El libro no es un manual para padres –ya es suficiente con los que hay–. Mi objetivo apunta más hondo que eso: redefinir lo que significa ser niño y ser padre en el siglo XXI.</p>
<p>Por supuesto, el impulso de controlar exageradamente a los niños no es nuevo. Hace 2.000 años, en las aulas de la antigua Roma, un maestro llamado Lucius Orbilius Pupillus identificó esa actitud avasalladora de los padres como un riesgo del oficio. Cuando el joven Mozart hacía prodigios en el siglo XVIII, muchos europeos educaban a sus hijos con la esperanza de crear un wunderkind. Pero, hoy, la presión para sacar el máximo provecho a nuestros hijos parece consumirlo todo.</p>
<p>Como padres, sentimos la presión de alentar, pulir y proteger a nuestros hijos con un celo sobrehumano, para darles lo mejor de todo y hacer de ellos los mejores en todo. Pensemos en los DVDs de Baby Einstein y las niñeras que hablan mandarín; en el último modelo de iPod; en la mochila con GPS; en los horarios repletos de clases de ballet, fútbol, cerámica, de yoga, tenis, rugby, piano, yudo&#8230; Si nuestros hijos no brillan como artistas, académicos o atletas, si sufren de algún modo, sentimos que fracasamos.</p>
<p>Este enfoque extremo de la crianza de los hijos se conoce alrededor del mundo con diferentes nombres. Algunos lo llaman hiperpaternidad. Otros hablan de los padres helicóptero, que siempre están vigilando. Los canadienses, en tono humorístico, hablan de los padres quitanieves, que despejan un camino de vida perfecto para sus hijos. Incluso en Escandinavia, donde se supone que todo el mundo está maravillosamente relajado, se habla de padres curling: mamá y papá barriendo frenéticamente el hielo delante de su hijo.</p>
<p>Claro está, no todas las infancias son iguales. Uno no encuentra muchos niños con “hiperpadres” en los campos de refugiados de Sudán o las villas miseria de Latinoamérica. Incluso en el mundo desarrollado, es más probable que millones de jóvenes, sobre todo entre las familias más pobres, padezcan de atención insuficiente antes que excesiva. Seamos honestos: la mayoría de los padres helicóptero pertenecen a la clase media. (Aunque eso no significa que este cambio cultural afecte únicamente a la gente acomodada). Cuando se trata de cambios sociales, generalmente la clase media marca las pautas. Y la hiperpaternidad ya está erosionando la solidaridad social, dado que, cuanto más se obsesiona la gente con sus hijos, menos se interesa por el bienestar de los demás.</p>
<p>Los padres, sin embargo, son sólo una parte de la ecuación. Aparte de ellos, todo el mundo, desde el estado hasta la industria publicitaria, trata de manipular la infancia para ajustarla a su propia agenda. Recientemente, una comisión del parlamento inglés advirtió que demasiados niños sueñan con llegar a ser princesas o estrellas de fútbol. La solución propuesta: orientación vocacional para los niños de cinco años.</p>
<p>Lentamente, el consumismo ha invadido rincones de la vida infantil que alguna vez parecieron intocables. Hasta el humilde pijama party es hoy una oportunidad publicitaria, con empresas como Girls Intelligence Agency, que patrocina fiestas en las que las adolescentes prueban nuevos productos y llenan cuestionarios. Empleados de McDonald’s visitan los pabellones infantiles de hospitales, donde reparten juguetes y globos junto con folletos que promocionan sus comidas. Se estima que, sumando todo, muchos chicos ven hoy unos 40.000 anuncios por año.</p>
<p>Al mismo tiempo que entregamos a nuestros hijos a la orgía del consumismo, los envolvemos entre algodones y les impedimos correr la clase de riesgos que en realidad les harían bien. En muchos países se han prohibido oficialmente actividades “peligrosas” tales como el juego de la mancha, las canicas o la guerra de bolas de nieve. Casi la mitad de los niños ingleses de entre 8 y 12 años jamás se han trepado a un árbol porque sus padres lo consideran muy peligroso. No importa que en la mayoría de los países la pedofilia ya no sea tan frecuente como lo que era hace una generación (sólo que tiene mucha más cobertura en los medios): hoy en día hay tanto pánico que recluimos a nuestros hijos en casa como si fueran gallinas de criadero para que no se conviertan en la próxima Madeleine McCann.</p>
<p>Y veamos qué ha sucedido con la educación. Se llena a los niños de conocimientos cada vez más temprano, y luego se les toman exámenes constantemente, hasta que las notas se vuelven más importantes que el aprendizaje en sí mismo. Hoy en día, como nunca antes, a muchos chicos se les recetan medicamentos como el Ritalin para ayudarlos a calmarse y concentrarse en clase. Pero, ¿qué es la medicación sino la máxima forma del control extremo?</p>
<p>Actualmente, donde sea que nos fijemos, el mensaje es el mismo: la infancia es demasiado valiosa para dejársela a los niños, y los niños son demasiado valiosos para dejarlos solos. Pero, ¿esto es malo? Tal vez todo ese control obsesivo valga la pena. Tal vez estemos criando a los niños más brillantes, sanos y felices que jamás haya visto el mundo.</p>
<p>O tal vez no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Padres &#8220;helicóptero&#8221;. Por supuesto, debemos tomar con reservas los informes que anuncian la muerte de la infancia. El niño que crece en el mundo desarrollado de comienzos del siglo XXI tiene muchas ventajas: tiene menos probabilidades de padecer desnutrición, abandono, violencia o muerte que en ningún otro momento de la historia. Está rodeado de comodidades materiales, impensables hace tan sólo una generación. Legiones de académicos, políticos y empresas se esfuerzan para hallar nuevas maneras de criarlo, alimentarlo, educarlo y entretenerlo. Sus derechos están consagrados en la legislación internacional. Es el centro del universo de sus padres.</p>
<p>Y sin embargo, algo está mal. Todo ese sobrecontrol, aunque bien intencionado, está fracasando. Los niños necesitan mucha orientación y, de vez en cuando, un empujón firme, pero cuando los adultos mandan en todo, cuando cada momento está programado, supervisado y estructurado, hay un precio que pagar.</p>
<p>Comencemos por la salud. Encerrados en casa y llevados a todas partes en el asiento trasero del auto, los niños están creciendo más gordos que nunca. La Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad calcula que, para el año 2010, el 38% de los niños menores de 18 años de Europa y el 50% de los de América del Norte y América del Sur serán obesos. Los kilos de más ya están condenando a niños a enfermedad cardíaca, diabetes tipo 2, arterioesclerosis y otros trastornos que en otra época se restringían a los adultos.</p>
<p>Los niños deportistas también sufren. El entrenamiento excesivo a una edad muy temprana los está desgastando. Una lesión como la rotura del ligamento cruzado anterior, que antes sólo se veía entre atletas universitarios y profesionales, es muy común ahora en la escuela secundaria y se vuelve cada vez más común entre niños de 9 y 10 años.</p>
<p>Y otro tanto vale para la mente. La depresión y la ansiedad infantiles –y el consumo de drogas, el auto-daño y el suicidio que a menudo las acompañan– son hoy en día más comunes no en los guetos urbanos, sino en los elegantes edificios céntricos y en los suburbios residenciales donde la emprendedora clase media acumula presión sobre sus hijos.</p>
<p>Los chicos hipercontrolados por sus padres pueden terminar con problemas para valerse solos. Los servicios de orientación universitaria informan que los estudiantes sin control sobre sí mismos están alcanzando cifras récord. Y algunos profesores cuentan de jóvenes de 19 años que, en el medio de una entrevista, les pasan su celular diciendo: “¿Por qué no habla de eso con mi mamá?”.</p>
<p>El cordón umbilical permanece intacto incluso después de terminar la carrera. Para reclutar egresados universitarios, importantes empresas como Merrill Lynch han comenzado a lanzar “paquetes para padres”, o días de puertas abiertas en los que mamá y papá puedan inspeccionar sus oficinas. Incluso hay padres que van a las entrevistas de trabajo para ayudar a sus hijos a negociar el sueldo y las vacaciones.</p>
<p>En el camino, también se está perdiendo algo precioso y difícil de medir. El poeta inglés William Blake resumió espléndidamente lo mágico y lo maravilloso de la niñez en esta estrofa:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“Para ver un mundo en un grano de arena</p>
<p>y un cielo en una flor silvestre,</p>
<p>sostén el infinito en la palma de tu mano</p>
<p>y abarca la eternidad en una hora”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div class="cban468"></div>
<p>Hoy en día, muchos niños están demasiado ocupados corriendo a ensayar violín o a la clase particular de matemáticas como para sostener el infinito en la palma de sus manos. Y esa flor silvestre suena un poco aterradora&#8230; ¿y si tiene espinas, o si el polen provoca una reacción alérgica?</p>
<p>La verdad es que los niños necesitan tiempo y espacio para explorar el mundo con sus propias condiciones: es así como aprenden a pensar, inventar y socializar; a obtener placer de las cosas; a descubrir quiénes son, en vez de ser lo que nosotros queremos que sean. Cuando los adultos controlan exageradamente la infancia, los niños se pierden las cosas que le dan textura, significado y alegría a la vida: las pequeñas aventuras, los viajes secretos, los reveses y contratiempos, la maravillosa anarquía, los momentos de soledad e incluso de aburrimiento. Sus vidas se vuelven extrañamente sosas, llenas de acción, de logros y de consumo, pero de algún modo vacías y artificiales. Les falta la libertad de ser ellos mismos, y los niños lo saben. “Yo soy como un proyecto en el que mis padres trabajan todo el tiempo”, dice Jessie Cartwright, una niña de 12 años, de Nueva York. “Incluso hablan de mí en tercera persona cuando estoy delante de ellos”.</p>
<p>Y no olvidemos lo que toda esa presión les hace a los adultos: cuando criar a un hijo se vuelve una cruza entre el desarrollo de un producto y un deporte de competencia, ser padre pierde su encanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiempo de cambio. Pero basta de malas noticias. La buena noticia es que el cambio ya ha comenzado. Por toda Europa, Asia y América, la gente busca maneras de dar marcha atrás, de dar a los niños mayor libertad para explorar el mundo a su propio ritmo, de permitirles ser niños nuevamente.</p>
<p>Muchas escuelas están poniendo freno a la obsesión con los exámenes y reducen la carga de trabajo académico&#8230; y descubren que los alumnos aprenden mejor cuando tienen más tiempo para relajarse, reflexionar y hacerse cargo de su propio aprendizaje. No hace mucho, una escuela privada escocesa, el colegio Cargilfield, prohibió los deberes para los alumnos de entre 3 y 13 años. En un año, las notas de los exámenes de matemáticas y de ciencias subieron casi un 20%. La medida les da además a los niños más tiempo para distenderse y jugar. “Tiene mucho que ver con que los niños disfruten cuando son pequeños y no conviertan su día en una larga y única tarea”, dice John Elder, el director del establecimiento. “Estamos aquí para disfrutar, y nunca volveremos a tener la oportunidad de revivir nuestra infancia”. Este año, Toronto se ha convertido en la primera ciudad de América del Norte en suprimir por completo los deberes para los niños de cualquier edad.</p>
<p>Para dar un respiro a los niños sometidos a horarios recargados, en ciudades de todo el mundo se fijan ahora días especiales en los que todos los deberes y actividades extracurriculares se suspenden. Para muchas familias, ir una sola tarde a karate o a hockey sin tener que salir corriendo es un alivio tan grande que recortan su agenda durante el resto del año. Algunas universidades de élite están enviando un mensaje similar. El Instituto Tecnológico de Massachusetts modificó recientemente la solicitud de ingreso, poniendo menos énfasis en el número de actividades extracurriculares en las que puede inscribirse el aspirante para hacer más hincapié en aquello que realmente le despierta su pasión. Incluso la poderosa Universidad de Harvard recomienda a los ingresantes revisar su lista de actividades antes de entrar. Publicada en la página web de la universidad, una carta abierta del ex decano Harry Lewis advierte a los estudiantes que sacarán más de la universidad, y ciertamente de la vida, si hacen menos cosas y se concentran en aquellas que realmente los apasionan: “Tendrán más posibilidades de sostener el intenso esfuerzo necesario para realizar un trabajo de nivel en una determinada área si se permiten cierto tiempo libre, cierta recreación, cierto tiempo para estar solos, en lugar de llenar su agenda con tantas actividades que no tienen tiempo de pensar por qué están haciendo lo que están haciendo”. Lewis también apunta a la idea de que todo lo que hacen los jóvenes debe tener una retribución apreciable o contribuir a forjar el curriculum perfecto. “Equilibrarán mejor su vida si participan en algunas actividades por pura diversión, y no para alcanzar un rol de liderazgo que –ustedes esperan– les pueda servir como credencial distintiva para un empleo de posgrado. Las relaciones que construyan con sus amigos y compañeros de habitación en su tiempo libre quizá tengan una mayor influencia en su vida futura que el contenido de algunos de los cursos a los que están asistiendo”. El título de la carta suena como un desafío directo a la cultura de la programación excesiva: Bajen el ritmo: Sacar más de Harvard haciendo menos.</p>
<p>Familias de todo el mundo hacen caso del llamado. Para los Kessler, de Berlín, el punto de inflexión se produjo cuando sus hijos –Max, de siete años, y Maya, de nueve– empezaron a pelearse constantemente. La madre, Hanna, juzgó que el exceso de actividades extraescolares –violín, piano, fútbol, tenis, esgrima, vóleibol, taekwondo, badminton y clases particulares de inglés– los estaba distanciando. “Cuando yo era chica tenía mucho tiempo libre para estar con mis hermanos”, nos dice. “Nos llevábamos bien, y seguimos llevándonos bien. Al ver los horarios de mis hijos, me di cuenta de que Max y Maya prácticamente no pasaban ningún tiempo juntos, porque uno o el otro siempre estaba yéndose deprisa a alguna actividad”. Hanna decidió reducir la agenda a tres actividades extraescolares por niño. Los chicos no echan de menos las clases que abandonaron, y la armonía entre los hermanos parece haberse instalado en la casa de los Kessler. “Ahora nos llevamos mejor”, dice Maya. “Nos divertimos mucho juntos”. Max pone los ojos en blanco, Maya le lanza una mirada feroz y, por un instante, parece que las viejas hostilidades podrían reanudarse. Pero entonces los dos se echan a reír. Hanna sonríe con una expresión radiante. “Jamás volvería a estar ocupada todo el tiempo”, dice.</p>
<p>Para devolverles los deportes juveniles a los jóvenes, las ligas están tomando fuertes medidas contra los padres que gritan insultos desde el costado del campo, y ponen ahora el acento en que los chicos aprendan y disfruten el juego, y no en que ganen a toda costa. Un equipo de hockey sobre hielo de Toronto formado por niños de 10 años dejó de llevar estadísticas personales, controlando que todos los chicos, independientemente de su capacidad, jueguen la misma cantidad de tiempo. El resultado: los niños volvieron a enamorarse del hockey, mejoraron su nivel y ganaron casi veinte torneos en tres años.</p>
<p>Hasta los padres fanáticos están aprendiendo a relajarse. Vicente Ramos, un abogado de Barcelona, solía controlar desde el costado de la cancha a su hijo Miguel, de 11 años, cada vez que éste jugaba al fútbol. La mayor parte del tiempo se la pasaba gritando: “¡Corre al área! ¡Pasa la pelota! ¡Marca a ese jugador! ¡Vuelve a tu posición!”. Después, mientras volvían a casa en el auto, analizaba el partido y le ponía a su hijo una nota, de uno a diez. Un día, Miguel, un niño fuerte, rápido y dotado de una excelente izquierda, le dijo que quería abandonar el fútbol. “Me quedé duro”, cuenta Ramos. “Hubo un montón de gritos, de discusión y llanto, y al final salió con que estaba harto de mí porque yo siempre le estaba encima”.</p>
<p>Ramos decidió tomarse las cosas con más calma. Ahora, se limita a veces a llevar a su hijo al club y se va a un bar a tomar un café mientras lo espera. Cuando se queda a verlo, reduce al mínimo sus indicaciones. En el camino de vuelta, ya no califica la actuación de Miguel, y, con frecuencia, hablan de cosas ajenas al fútbol. Ramos se siente sorprendido y aliviado al comprobar que su humor de la semana ya no está teñido por la suerte de su hijo en la cancha. Y lo que es más importante, Miguel ha redescubierto su amor por el fútbol y siente que juega mejor. “Ahora sólo pienso en el juego y en lo que voy a hacer con la pelota, en vez de preocuparme por lo próximo que va a gritar mi papá”, dice. “Es un gran alivio”.</p>
<p>Nuestra tendencia a envolver a los chicos entre algodones para protegerlos del más mínimo riesgo también está siendo reconsiderada. En un nuevo jardín de infantes de Escocia, los niños de tres años pasan el día en un bosque, negociando con el clima riguroso, los fogones y los hongos venenosos. Por supuesto, sufren algún que otro raspón o quemadura, pero van al jardín más contentos, más seguros y menos propensos a enfermedades y alergias que sus pares de los jardines de infantes tradicionales. O fíjense sino en el éxito mundial de El libro peligroso para niños, un manual lleno de ideas para que los chicos disfruten todo tipo de pasatiempos de alto riesgo, desde carreras de carritos hasta hacer hondas y catapultas.</p>
<p>Todos estos cambios implican criar a los niños con un toque más liviano, permitiendo que las cosas sucedan en lugar de forzarlas. Pero hay mucho más por hacer. Necesitamos tener escuelas, deportes, publicidad, tecnología y planificación urbana mejor pensadas para los niños. Debemos rescatar la idea de que el simple juego, cuando se deja a los chicos hacer lo que tienen ganas sin metas ni objetivos, es una parte esencial de la salud infantil. Un buen punto de partida es reservar una o dos horas diarias para que se entretengan ellos mismos sin ayuda de la tecnología o de los adultos.</p>
<p>Para lograr que algo de esto ocurra, los padres tienen que aprender a relajarse. Pero, ¿cómo saber si estamos presionando demasiado a nuestros hijos? No siempre es fácil, pues el límite entre la paternidad comprometida y la hiperpaternidad puede ser muy delgado, si bien hay señales de advertencia indicadoras. Si uno le hace los deberes a su hijo o se queda ronco de gritar cuando va a verlo a una competencia deportiva, si espía su página de MySpace o no lo dejar correr tantos riesgos como los que uno corría a su edad, si lo ve dormido en el auto cuando lo lleva a su siguiente actividad extraescolar, o si le cita textualmente manuales para padres, puede que esté pasándose de la raya.</p>
<p>El primer paso para relajarse es sacarse de encima el perfeccionismo. No hay ninguna receta mágica para ser padres. La ansiedad y la duda son parte natural de la crianza de los hijos, y no una señal para empezar a sobrecontrolarlos más todavía. La infancia no es una carrera que sólo los niños alfa pueden ganar. Cada niño es diferente. Fíjese en las personas de su propio entorno social a las que más admira y que más le agradan: lo más probable es que hayan llegado a la aldultez por caminos distintos. Muchas quizá maduraron tarde. Y la mayoría de ellas prosperó en la vida sin que las sobrecontrolaran desde su nacimiento.</p>
<p>Sin embargo, un toque más liviano no siempre es la mejor política. En lo que atañe a proteger a nuestros hijos del consumismo, necesitamos actuar con mano más dura. Por eso es que en todo el mundo hay campañas de padres para impedir que las empresas pongan anuncios publicitarios en las escuelas. Hay también una fuerte reacción contra la tendencia a las fiestas de cumpleaños cada vez más costosas. Muchos padres ponen ahora un límite de gastos para los regalos y el cotillón, o directamente los eliminan. Otros acuerdan un límite de invitados. En otras palabras, los padres están reaprendiendo el arte perdido de decir NO.</p>
<p>Hoy, muchos niños necesitan realmente escuchar más seguido la palabra no. Mientras invertimos tiempo, dinero y energía en ayudar a nuestros chicos a tener un curriculum ganador, en materia de disciplina tendemos a vacilar un poco. Simplemente, parece más fácil decir que sí a otra hora más de Nintendo o a un cuarto de-sordenado. Pero los niños a veces necesitan disciplina y una mano firme. Los límites los hacen sentirse seguros y los equipan para la vida en un mundo construido en base a reglas y acuerdos. A veces, los niños necesitan que les digamos NO.</p>
<p>Lo fundamental es que, respecto de la crianza de los hijos, debemos aprender cuándo hacer menos y cuándo hacer más, cuándo emplear un toque suave y cuándo ser duros. Lamentablemente, los padres no podemos comprar ni alquilar esa sabiduría: eso viene de adentro. Nosotros conocemos a nuestros hijos mejor que nadie, lo que significa que la mejor manera de ser padre es confiar en nuestro instinto. Escribí “Bajo presión” para dar a los lectores la confianza que les permita bloquear la presión de los pares y los mensajes confusos, tanto de la industria del asesoramiento para padres como de los medios de comunicación, a fin de que puedan hallar el equilibrio que mejor convenga a su familia.</p>
<p>¿Y qué hay de mí? Bueno, voy mejorando en cuanto a hallar ese equilibro. Hace poco, mi hijo me anunció su intención de entrar en el club de dibujo que hay en la escuela. Me las arreglé para sonar complacido sin hacer un gesto de victoria ni decirle “Yo te lo dije”. Fue su decisión, y yo sabía que debe seguir siendo así.</p>
<p>Sólo espero recordar esa lección cuando llegue el momento de organizar su primera exposición&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Periodista y escritor, autor de “Elogio de la lentitud”</p>
<p>y “Bajo presión”, Ed. Del Nuevo Extremo.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/papa-dejame-respirar/">Papá, dejame respirar</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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