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	<title>Opinión | Revista Noticias Online</title>
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	<description>Últimas Noticias en Argentina</description>
	<lastBuildDate>Mon, 25 Sep 2023 06:37:27 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Opinión | Revista Noticias Online</title>
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		<title>La democracia del dedo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 22 Sep 2023 07:18:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En países de instituciones políticas anticuadas como los Estados Unidos, los candidatos a los puestos electivos más codiciados tienen que participar de una carrera de obstáculos ardua que elimina a todos salvo los más persistentes. Mal que les pese, se ven obligados a debatir en público en docenas de ocasiones con sus adversarios y rendir examen ante medios hostiles. Por popular que fuera el presidente, cualquier intento de su parte por imponer un candidato determinado resultaría contraproducente; gente supersticiosa, los norteamericanos creen que es necesario respetar a rajatabla las instituciones de su país.</p>
<p>El método argentino es mucho más eficaz y menos costoso. Aunque algunos distritos, entre ellos Santa Fe donde acaban de celebrarse las primarias abiertas, obligatorias y simultáneas que, en teoría, son de rigor, se aferran a tradiciones arcaicas afines a las de los Estados Unidos, si bien son menos exigentes, otros han optado por ahorrarse tiempo, dinero y palabrería dejando todo en manos, mejor dicho, en los dedos, de los jefes, lo que, desde el punto de vista de estos, es mucho más satisfactorio, ya que dan por descontado que encarnan la voluntad popular mientras que los precandidatos del montón son meros subordinados que dependen casi por completo del poder de convocatoria de sus superiores.</p>
<p>Así, pues, por decisión exclusiva de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en las elecciones que se celebrarán el 10 de julio en la Capital Federal, el candidato oficialista a la intendencia será el senador Daniel Filmus, acompañado por el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, el que, según parece, tendrá la misión de vigilar desde cerca a un compañero de fórmula sospechado de deslealtad. De haber confiado más Cristina en los talentos proselitistas del ministro de Economía, Amado Boudou, al rockero le hubiera correspondido procurar arrebatar la ciudad más próspera, y más progre, del país a las garras de aquel neoconservador odioso Mauricio Macri, pero a pesar de figurar entre los favoritos de la corte kirchnerista resultó incapaz de cautivar a los porteños. Aunque Cristina permitió a los suyos jugar a la interna, lo que le interesaba era ver cómo medían en las encuestas. Según los sondeos, Filmus aventajaba cómodamente a Tomada y Boudou y, a diferencia de ellos, podría derrotar a Macri.</p>
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<p>No es que la candidatura de Macri haya sido producto de una interna formal. Al igual que Cristina, el ingeniero se reservó el derecho a elegir entre los aspirantes, que en su caso eran Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti, pero luego de llegar a la conclusión de que no le convendría arriesgarse probando suerte en la competencia presidencial, decidió que lo mejor sería postularse a sí mismo. Huelga decir que la gente de Pro reaccionó ante el anuncio tan mansamente como los oficialistas porteños ratificaron la decisión inapelable de Cristina. Es lógico: Pro es Macri; el oficialismo es Cristina.</p>
<p>La Argentina sigue siendo un país caudillista en que las imágenes respectivas de un puñado de personajes inciden mucho más que sus eventuales vehículos electorales. Cuando de seleccionar a los candidatos a ocupar lugares en las listas partidarias se trata, es normal que los jefes siempre tengan la última palabra. Por razones comprensibles, suelen borrar los nombres de personas de mentalidad independiente que podrían ocasionarles disgustos, reemplazándolas por individuos presuntamente dispuestos a obedecer sus órdenes sin chistar.</p>
<p>Una consecuencia de esta costumbre poco democrática que los dirigentes justifican reivindicando el supuesto principio de que los escaños legislativos pertenecen al partido, no a los individuos de carne y hueso que los ocupan, ha consistido en la consolidación de una brecha abismal que separa de la ciudadanía rasa a la clase política, una casta casi hereditaria que a través de los años ha coleccionado una cantidad envidiable de privilegios corporativos y que incluso en etapas de crisis económica no ha vacilado en votarse aumentos salariales impactantes bajo el pretexto nada convincente de que son necesarios para defender la democracia contra los tentados a subvertirla.</p>
<p>En efecto, el país valora tanto la democracia que para mantenerla gasta más que los europeos o norteamericanos: hace algunos años, se estimó que la Legislatura bonaerense costaba más que las de California o el estado de Nueva York, y que las de provincias paupérrimas resultaban mucho más caras que aquellas de estados norteamericanos con economías cincuenta veces mayores. No hay motivos para suponer que desde entonces mucho haya cambiado.</p>
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<p>La cultura caudillista predominante ha permitido que dirigentes de actitudes anacrónicas se atornillen a los puestos de mando por varias décadas, impidiendo la renovación de los idearios. Puede que las cúpulas partidarias no sean tan resistentes al cambio como los sindicatos, pero quienes logran ubicarse en una también suelen resultar inamovibles hasta que la biología se las arregle para alejarlos de su cargo virtualmente vitalicio. De vez en cuando se producen rebeliones, como la de “que se vayan todos”, contra la hegemonía de una clase política que parece haberse independizado del país real no solo económicamente sino también culturalmente, pero la mayoría sigue votando por sus integrantes estables en las elecciones.</p>
<p>Con todo, gracias al dedo poderosísimo de Cristina, el peronismo parece estar por experimentar un recambio generacional. Por motivos es de suponer estéticos, a la Presidenta nunca le ha gustado demasiado “el pejotismo”, o sea, el conjunto de rudos veteranos, a menudo vinculados con el sindicalismo, que dominan muchos aparatos y que, como sabe, toman el kirchnerismo por una moda pasajera que no tardará en verse reemplazada por otra. Está dispuesta a participar de sus ritos porque aún no puede prescindir de la ayuda de partes del frondoso aparato del PJ, pero, al igual que su marido y a Carlos Menem, preferiría disponer de un partido consustanciado con su propio proyecto personal.</p>
<p>Tampoco quieren mucho al pejotismo los muchachos de La Cámpora, esta agrupación que se asemeja bastante a una tribu urbana que ha crecido últimamente merced a su proximidad a la caja y a miembros influyentes del círculo áulico de Cristina como el secretario Legal y Técnico Carlos Zannini. Los afiliados a La Cámpora no son más progresistas que los compañeros más viejos –por el contrario, muchos fantasean con trasladarse a épocas históricas irremediablemente idas–, pero se han propuesto conquistar “espacios” que les supondrían poder y dinero, descolocando a los ocupantes actuales. En otras latitudes, no se dedicarían a la militancia oficialista, pero en la Argentina, donde las oportunidades escasean, la política ofrece una salida laboral a quienes carecen de aptitud para abrirse camino como profesionales o en el sector privado. Con la ayuda de Cristina, esperan ubicarse en los primeros lugares de las listas electorales peronistas que les asegurarían una multitud de puestos en las legislaturas nacional y provinciales, además de sus equivalentes municipales.</p>
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<p>Como no pudo ser de otra manera, los que creen que, en base a largos años de fervor rutinario y lealtad incuestionable, merecen ser premiados con un nicho lucrativo en la gran corporación política nacional, se sienten indignados por la voluntad de Cristina de fomentar el entrismo de los neocamporistas. Mientras el kirchnerismo siga siendo la facción más fuerte del variopinto universo peronista, las protestas airadas de los desplazados, o de jefes menores que se sienten víctimas de una maniobra presidencial injusta, no les servirán para mucho.</p>
<p>Si no fuera Presidenta, Cristina sería una crítica mordaz del espectáculo brindado por partidos, encabezado por el Justicialista, divididos en facciones irreconciliables, un Congreso marginado, jueces que son funcionales al poder de turno y organismos de control que se han visto colonizados por familiares y allegados de quienes deberían controlar, pero las circunstancias la obligan a limitarse a aprovechar las oportunidades planteadas por la situación en que se encuentra, socavando todavía más las instituciones básicas de la República.</p>
<p>¿Toma Cristina en serio las pretensiones “ideológicas” de los jóvenes y no tan jóvenes que se han encargado de difundir el evangelio kirchnerista? Puede que sí, que quiera creerse jefa de un movimiento coherente destinado a “cambiar la historia” nacional poniendo al país en un camino que lo llevará a la justicia social y la grandeza tan esquivas, pero sorprendería que a veces no se le ocurriera que la aventura que ha emprendido con los aficionados al eternauta terminará en lágrimas, que, una vez más, después de la obertura alegre que está tocando la orquesta estruendosa que conduce vendrá una obra tan trágica como las que nos dieron Menem y otros presidentes que, por un rato, eran electoralmente imbatibles. Desgraciadamente para el país, la Presidenta no tendría más alternativa que la de “profundizar” el presidencialismo caudillista, aprovechándolo al máximo, aun cuando entendiera que es una modalidad política que es esencialmente destructiva, una que, al agotarse, deja atrás nada salvo tierra abrasada.</p>
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<p>* PERIODISTA y analista político, ex director de “The Buenos</p>
<p>Aires Herald”.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/la-democracia-del-dedo/">La democracia del dedo</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Entre Bush y el papagayo caribeño</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/entre-bush-y-el-papagayo-caribeno/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Sep 2023 06:11:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;">Pensándolo bien, George W. Bush tiene motivos de sobra para envidiar a Hugo Chávez.  Mientras que el norteamericano apenas puede salir de la Casa Blanca sin enfrentarse con bandas de manifestantes rabiosos que lo acusan de ser el autor de todos los males del universo, cada vez que el venezolano pisa tierra foránea se ve rodeado de idólatras que lo adulan como si fuera un semidiós, colmándolo de elogios y festejando hasta sus ocurrencias más banales. El contraste sería tolerable si de cuando en cuando Hugo hablara bien de George, pero sucede que no lo hace nunca. Por el contrario, en la dura competencia internacional para decidir quién será capaz de insultar con más vehemencia e ingenio al &#8220;hombre más poderoso del mundo&#8221;, Hugo se las ha arreglado para adelantarse incluso a rivales tan aguerridos como sus amigos Fidel Castro y el mandamás iraní Mahmoud Ahmadinejad, además del mismísimo Osama bin Laden, lo que en opinión de una amplia franja de izquierdistas latinoamericanos, europeos e incluso norteamericanos ha sido más que suficiente como para hacer de él la nueva esperanza de la progresía planetaria a pesar de – o a causa de – su voluntad de desatar una carrera armamentista regional, su intromisión en la política interna de todos los países de su vecindario, su antisemitismo flagrante y el desmantelamiento rápido de lo que aún queda de la democracia venezolana.</p>
<p style="font-weight: 400;">Así las cosas, no sorprende que cuando Bush visita países como Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, la preocupación principal de sus anfitriones atribulados sea impedir que tenga mucho contacto con la gente. A diferencia de Chávez, no le es dado llenar estadios de fútbol como si fuera un cantante de rock. Antes bien, tiene que ocultarse detrás de contingentes de policías antidisturbios, guardaespaldas y agentes secretos cuya misión consiste en salvarlo de la ira justiciera de quienes dicen creerlo la reencarnación de Adolf Hitler. Felizmente para Chávez y sus compatriotas, no lo es: si el Führer alemán hubiera contado con el poder actual de Estados Unidos, ya hubiera obligado a los gobiernos latinoamericanos a liquidar por lesa majestad a sus críticos menos respetuosos y de haberse comportado el mandatario de un país pequeño y débil ubicado en su patio trasero como el caudillo venezolano frente a Bush, la Luftwaffe lo hubiera silenciado antes de que se le ocurriera la segunda bravuconada.  Como entienden muy bien los profesionales del odio hacia los norteamericanos, hoy en día se puede despotricar contra el imperio con la más absoluta impunidad.  Lejos de correr riesgos, los que lo hacen con más fervor suelen verse premiados por su aporte valioso a un género que encanta a buena parte de la intelectualidad mundial.</p>
<p style="font-weight: 400;">
<p style="font-weight: 400;">De todos modos, a juzgar por las apariencias Chávez ya ha ganado sin dificultad alguna la batalla virtual con el imperio estadounidense por las mentes y corazones latinoamericanos y en especial argentinos, por ser éstos, según las encuestas de opinión, los más hostiles a los norteamericanos, y sobre todo a Bush, de todos los habitantes de la región.  Pero la realidad es un tanto distinta.  Hasta aquellos funcionarios que aplauden las salidas del rechoncho ex golpista saben que en el fondo no es muy serio que digamos, y que si bien por ahora está en condiciones de entregar a sus admiradores más astutos cantidades impresionantes de dinero, ningún gobernante cuerdo pensaría en intentar reproducir en casa la revolución bolivariana a menos que merced a la naturaleza dispusiera de un torrente presuntamente inagotable de petrodólares.</p>
<p style="font-weight: 400;">En cambio, Estados Unidos, por antipático que sea a ojos de izquierdistas, nacionalistas, verdes, conservadores, católicos nostálgicos y muchos otros, sí es un país tan serio que en última instancia fija las pautas para todos los demás, razón por la cual es mejor resistirse a la tentación de ensañarse con él.  Por cierto, sería poco probable que la Argentina se opusiera a la llamada iniciativa biocombustible que está impulsando Bush con el propósito indisimulado de liberar a su país y a otros de la dependencia del petróleo importado desde el Medio Oriente y, por supuesto, Venezuela.  En el caso de levantar vuelo el proyecto, la Argentina y Brasil estarían entre los países más beneficiados por estar en condiciones de producir mucho más maíz, cuyo precio aumentaría, para las plantas de etanol, pero Venezuela se vería perjudicada si como resultado comenzara a mermar sus ingresos.</p>
<p style="font-weight: 400;">Aunque para los muchos que lo atacan Bush es un imperialista nato que está resuelto a reducir cuanto antes a América latina, y al resto del planeta, a la esclavitud, las críticas puntuales que se formulan aquí tienen más que ver con el escaso interés manifestado por su administración en el destino de la región que con un supuesto exceso de activismo.  En principio, los molestos por el imperialismo yanqui deberían sentirse muy contentos por el hecho evidente, y comprensible, de que en los años últimos Estados Unidos haya prestado mucho más atención a la evolución del Medio Oriente musulmán, China, la India, Europa y hasta África que a la de América latina. Huelga decirlo que no es así.  Antes bien, los representantes latinoamericanos en Washington y sus simpatizantes, encabezados por los demócratas, se quejan con amargura por la indiferencia hacia la región que a su juicio ha caracterizado al gobierno de Bush a partir de los ataques terroristas que demolieron las torres gemelas de Nueva York y un ala del Pentágono.</p>
<p style="font-weight: 400;">O sea, protestan si Estados Unidos interfiere en sus asuntos y también si se niega a hacerlo por tener las manos llenas en las demás partes de un planeta que reclama el liderazgo norteamericano sin por eso estar dispuesto a soportarlo.  Quieren aprovechar la riqueza y dinamismo de un imperio en que, para más señas, aumenta con rapidez la proporción de ciudadanos de origen latinoamericano, de los cuales muchos son decididamente más patrioteros que los anglos, pero no les gusta para nada la idea de que Estados Unidos pudiera esperar recibir algo a cambio.</p>
<p style="font-weight: 400;">Entre los que son conscientes de que una confrontación abierta con Estados Unidos les ocasionaría problemas mayúsculos pero que también entienden que Chávez, virtual dueño de la caja más grande de América latina, podría resultarles útil, está el presidente Néstor Kirchner.  Quedar bien con ambos no es nada fácil, pero gracias en buena medida al temperamento gruñón que le ha permitido ocultar sus sentimientos reales y lo inasible que para los legos es el peronismo, Kirchner ha logrado seguir siendo &#8220;amigo&#8221; del caribeño parlanchín sin distanciarse demasiado de Estados Unidos, aunque es claro que Bush lo considera un personaje nada confiable por la costumbre de su gobierno de ayudar a los yanquífobos a organizar sus actos.  Chávez tendrá sus dudas también, ya que su homólogo argentino no comparte su entusiasmo ni por la revolución islamista iraní ni, es de esperar, por la dictadura atroz de Corea del Norte, pero por lo de la no interferencia en los asuntos internos de países soberanos Kirchner ha podido echarle algunas flores al afirmar no tener la menor intención de ayudar a &#8220;contenerlo&#8221;.  Se trata de una actitud similar a la asumida por el presidente brasileño Luiz Inácio &#8220;Lula&#8221; da Silva, que tampoco quiere que sus compatriotas de inclinaciones izquierdistas lo acusen de conspirar con Bush para mantener a Chávez en cuarentena.  A Kirchner el equilibrismo así supuesto le resultaría más difícil si Bush ordenara un ataque militar contra Irán con el propósito de privarlo de la posibilidad de fabricar bombas nucleares para uso contra Israel, pero mientras tanto seguirá codeándose con quien es, al fin y al cabo, el mejor cliente para los bonos argentinos.</p>
<p style="font-weight: 400;">
<p style="font-weight: 400;">Así y todo, Lula y Kirchner no pueden sino sentirse irritados por el protagonismo en América latina del mandamás de un país que es más pequeño que los suyos que está cubierto de lacras de todo tipo. Con la excepción de algunos convencidos de que toda la región se ha entregado al socialismo retro, nadie ha calificado a Lula de chavista, pero de vez en cuando dicho epíteto ha sido colocado al lado del nombre de Kirchner, lo que es denigrante por ser él presidente de un país que a pesar de sus desgracias recientes sigue siendo mucho más importante que Venezuela. Por lo pronto, no extrañaría demasiado que un buen día Kirchner se hartara de verse incluido entre los secuaces de quien Carlos Fuentes calificó una vez de &#8220;papagayo tropical&#8221;, sobre todo si  en medio de uno de sus frecuentes peroratas el venezolano cometiera el error de tratarlo como un subordinado leal.  Puede que Kirchner sea un pragmático, pero es tan humano como el que más, razón por la que de enfriarse su relación con Chávez no sería por sus discrepancias ideológicas sino por alguno que otro roce meramente personal.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/entre-bush-y-el-papagayo-caribeno/">Entre Bush y el papagayo caribeño</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Un electorado conservador</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/un-electorado-conservador/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Aug 2023 07:31:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Para sorpresa de nadie, el domingo pasado el electorado argentino subrayó lo que ya nos había dicho en agosto; quiere prolongar el statu quo por un rato más, si es posible un rato bien largo, de ahí el respaldo mayoritario que recibió Cristina Fernández de Kirchner que vio aumentar su proporción de los votos merced [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Para sorpresa de nadie, el domingo pasado el electorado argentino subrayó lo que ya nos había dicho en agosto; quiere prolongar el statu quo por un rato más, si es posible un rato bien largo, de ahí el respaldo mayoritario que recibió Cristina Fernández de Kirchner que vio aumentar su proporción de los votos merced al aporte valioso de los habituados a apostar al presunto ganador. Asimismo, en la provincia de Buenos Aires, que es por lejos el distrito electoral más importante del país, triunfó por un margen todavía mayor sobre su contrincante más cercano el otro paladín del statu quo, el gobernador Daniel Scioli.</p>
<p>Aunque Scioli jura y rejura que es un compañero leal a la señora Presidenta y en ocasiones da a entender que comparte su visión ideológica, mejor dicho, su “relato”, con el entusiasmo debido, nadie ignora que en su persona encarna una alternativa sociopolítica que en verdad tiene muy poco en común con la representada por los kirchneristas. Lo negará mil veces, pero es miembro de la misma tribu política que el jefe porteño Mauricio Macri. Es un conservador de opiniones moderadas, amigo del empresariado y del campo, que sencillamente no toma en serio las doctrinas confeccionadas por quienes se esfuerzan por dotar al kirchnerismo de una base intelectual convincente.</p>
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<p>Así las cosas, tratar de interpretar los resultados de las elecciones en términos ideológicos sería una pérdida de tiempo. En la Argentina tercermundista, para no decir feudal, donde Cristina se anotó las mayorías correspondientes –más del 80 por ciento en Santiago de Estero–, los votantes están acostumbrados a aferrarse al caudillo más poderoso del momento, lo que es lógico porque saben muy bien que es la fuente principal de los subsidios módicos que esperan conseguir. ¿Les interesan a los santiagueños y formoseños las elucubraciones de los esforzados teóricos K? Claro que no. En las zonas que se supone son un tanto más sofisticadas, el electorado también suele hacer gala de una amplitud de miras que debería dejar boquiabiertos a los ideólogos. En la Capital Federal, muchos simpatizantes de Macri como intendente o, si se prefiere, jefe de Gobierno, votaron a favor de Cristina. Del mismo modo, en la provincia de Buenos Aires la mayoría no percibió ninguna contradicción entre la presidenta revolucionaria del relato oficial y el gobernador de instintos conservadores; con escasas excepciones, repudiaron con desprecio la alternativa supuestamente más kirchnerista, o por lo menos más progre, que les fue ofrecida por Martín Sabbatella. En cuanto al compañero de fórmula de Scioli, el comisario político y operador mediático Gabriel Mariotto, es razonable suponer que fue nula su contribución al 55 por ciento de los votos que obtuvo el dúo. Tal actitud puede considerarse paradójica. A la intelectualidad K y a la gente de La Cámpora –dicho sea de paso, los candidatos de la agrupación así denominada no tuvieron muchos motivos para festejar–, les encanta ver a Cristina como protagonista de una gran gesta revolucionaria destinada a poner patas arriba al país, pero sucede que el electorado votó masivamente en contra del cambio. Puede que se haya equivocado, pero confía en que la mera presencia de la misma persona en la Casa Rosada bastará como para asegurar que nada desagradable ocurra en los años próximos, que las advertencias lúgubres de los agoreros de siempre se deban más a sus deseos malignos que a peligros genuinos. Cristina, pues, se ve frente a un dilema. Tanto ella como los personajes que conforman su círculo áulico minimalista quisieran ponerse ya a transformar el país para que se asemejara más al soñado por los gurúes revisionistas de antaño. También saben que acaban de recibir un cheque en blanco multimillonario porque las distintas facciones opositoras, todas –salvo la liderada por Macri– desconcertadas y humilladas, no están en condiciones de hacer valer los contrapesos y controles institucionales que en teoría existen. Pero así y todo, la Presidenta no puede sino ser consciente de que el electorado la respalda porque le gusta el estado actual del país y teme que, en otras manos, podrían esfumarse los beneficios que atribuye al kirchnerato. Quiere defender la situación económica vigente, no emprender una aventura alocada de desenlace incierto de la clase que proponen los jóvenes lobos K que fantasean con reeditar aquí las proezas de personajes como el venezolano Hugo Chávez. En las horas que siguieron a la ratificación formal de su “hegemonía”, la Presidenta adoptó un tono conciliador. ¿Lo mantendrá? Pronto sabremos la respuesta a este interrogante fundamental. Mientras que en otras latitudes democráticas el 54 por ciento de los votos no servirían para instalar un régimen autoritario, en la Argentina la debilidad crónica de una oposición penosamente dividida significa que cualquier mayoría coyuntural es suficiente como para tentar a los oficialistas a procurar blindarse contra disgustos futuros poniendo en marcha un nuevo “movimiento histórico”. En 1983 y 1984, los radicales –tan democráticos ellos– fantasearon con eternizarse en el poder. Aun cuando la Presidenta tenga sus dudas en cuanto a la conveniencia de intentar hacerlo, sus dependientes harán cuanto puedan por convencerla de que sería un error imperdonable conformarse con lo ya conseguido.</p>
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<p>El primer cuatrienio con Cristina en la Casa Rosada –si bien, a juicio de muchos, por casi tres años el poder de decisión fue de su marido, de modo que su propia gestión comenzó aquel día fatídico de octubre pasado–, se caracterizó por el aumento constante del gasto público, de la presión tributaria y de la inflación, además del producto bruto, y por la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos y por el intervencionismo estatal creciente, lo que, entre otras cosas, ha impulsado una huida de capitales que amenaza con adquirir dimensiones fabulosas. Aunque dicha estrategia sirvió para difundir la sensación de que, por enésima vez, el país había entrado en un período prolongado de prosperidad y que por lo tanto hay que continuar por el mismo rumbo cueste lo que costare, los límites ya están a la vista. Para superarlos, sería necesario que “el mundo” comprara cantidades cada vez mayores de yuyo a precios cada vez más altos y que los inversores extranjeros –y los ahorristas nativos– olvidaran lo del default y que la industria local comenzara a conquistar mercados fuera del territorio nacional. Por desgracia, la posibilidad de que “el mundo” cumpla su rol indicado en la epopeya kirchnerista es escasa. Tal y como están las cosas, el segundo cuatrienio de Cristina coincidirá con un bajón acaso catastrófico en Europa, la ralentización de la locomotora china, una etapa muy complicada en Brasil y, tal vez, la recuperación sumamente trabajosa de los Estados Unidos, para no hablar del riesgo de que en cualquier momento estalle aquel polvorín que es el Oriente Medio.</p>
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<p>Aunque la Argentina está mejor ubicada que la mayoría de los países para soportar las ondas expansivas desatadas por las diversas crisis internacionales, dista de estar tan preparada para enfrentarlas como estaba en el 2008 cuando la debacle del banco de inversión Lehman Brothers paralizó el mundo de las finanzas, y provocó aquí la recesión que le costó a Néstor Kirchner una derrota dura en las elecciones legislativas bonaerenses. Así, pues, ha llegado la hora de asegurar las escotillas de la gran nave nacional a la espera de una tormenta que podría adquirir proporciones devastadoras. Compatibilizar dicha necesidad con las expectativas de un electorado que pide más de lo mismo no será del todo fácil –aunque, por fortuna, el próximo “año electoral” vendrá en el 2013–, sobre todo para un Gobierno que siempre ha insistido en que la palabra “ajuste” no figura en su léxico y que debe el apoyo popular que lo acompaña en buena medida a su resistencia a pisar el freno. Hasta ahora, Cristina ha sido la Presidenta del boom consumista, de los aumentos de los haberes modestos de los jubilados habitualmente postergados, de las asignaciones familiares y de una multitud de subsidios que han beneficiado no solo a los más pobres sino también a sectores amplios de la clase media urbana que, a diferencia de sus equivalentes de Brasil y Chile, han pagado muy poco por el gas y electricidad que los protegen contra el frío y el calor. ¿Cómo reaccionará si le toca ser la Presidenta de un período de austeridad relativa? En el transcurso de la no campaña electoral –no hubo debates entre los candidatos– la Presidenta actuó como si diera por descontado que nunca se vería en una situación equiparable a la en que se encuentra su homólogo norteamericano Barack Obama o los atribulados mandatarios de Europa y el Japón, pero nada es eterno en este mundo y sería un auténtico milagro que en los cuatro años venideros la economía continuara expandiéndose al ritmo al que nos hemos acostumbrado.</p>
<p>Es tradicional que los gobiernos recién elegidos o reelegidos aprovechen la oportunidad para tomar cuanto antes medidas antipáticas con la esperanza de que los eventuales beneficios lleguen a tiempo para permitirles ganar las próximas elecciones. ¿Será tan pragmática Cristina? Puesto que la Presidenta se encuentra completamente sola en la cima del poder, todo dependerá de su propio apego al “relato” que, según parece, cree estar protagonizando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>* PERIODISTA y analista político, ex director de “The Buenos Aires Herald”</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/un-electorado-conservador/">Un electorado conservador</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Cristina y el vacío de poder</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/cristina-y-el-vacio-de-poder/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Mar 2023 09:32:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Dice Cristina Kirchner que lo que quiere un conjunto maligno de “intereses financieros, económicos y mediáticos” cuya presunta existencia le molesta es un Gobierno “más light”, o sea, “más débil”. La Presidenta se equivoca. Si hay algo que preocupa a aquellos “intereses” que la desvelan, esto es precisamente la extrema debilidad del Gobierno que ella [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Dice Cristina Kirchner que lo que quiere un conjunto maligno de “intereses financieros, económicos y mediáticos” cuya presunta existencia le molesta es un Gobierno “más light”, o sea, “más débil”. La Presidenta se equivoca. Si hay algo que preocupa a aquellos “intereses” que la desvelan, esto es precisamente la extrema debilidad del Gobierno que ella encabeza. Aún no se ha recuperado del mazazo que le propinó el campo y tal y como están las cosas no lo hará nunca.</p>
<p>Los más conscientes de esta realidad son los peronistas. Saben que el país acaba de experimentar un cambio climático y que a menos que se adapten a las nuevas circunstancias compartirán el destino de los dinosaurios. Sobrevivientes profesionales, en cuanto logren identificar al próximo caudillo no vacilarán en encolumnarse detrás de sus banderas. ¿Entienden la Presidenta y su consorte que la política nacional ha entrado en una etapa agitada en la que está gestándose un orden bastante distinto del que les permitió gozar de un lustro de poder casi hegemónico? Puede que sí, pero puesto que para ellos terquedad es sinónimo de fortaleza y, de todos modos, ya han agotado el contenido de su pequeña reserva de ideas clave, quedarán inmóviles donde están ahora mientras que el resto del país siga su camino, internándose cada vez más en el aún borroso mundo postkirchnerista en el que no habrá ningún lugar digno para el matrimonio antes todopoderoso.</p>
<p>A la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el ex presidente Néstor Kirchner ni siquiera les esperará un retiro tranquilo en sus extensos dominios calafateños. Abogados leguleyos, jueces ambiciosos y otros están preparando listas de preguntas que tarde o temprano tendrán que contestar. ¿Cómo se las arreglaron para enriquecerse tanto comprando terrenos a precio vil para después venderlos casi cincuenta veces más caros, anotándose un beneficio del 4.800 por ciento? ¿Y los fondos de Santa Cruz más los intereses devengados durante su larga estadía en Suiza? ¿Tienen razón los opositores que afirman que están en juego mil millones de dólares? ¿Manipularon las cifras confeccionadas por el INDEC con el propósito de estafar a los bonistas? Y esto es sólo para comenzar.</p>
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<p>Se trata de preguntas incómodas, pero no tan incómodas como las planteadas por los vínculos entre el Gobierno y el empresario de la salud Sebastián Forza, cuyo cadáver fue encontrado con los de dos amigos en una zanja en General Rodríguez, por un lado, y entre Forza y narcotraficantes colombianos y mexicanos por el otro. Es de suponer que los Kirchner nunca supieron que uno de los donantes más generosos a su campaña electoral del año pasado tuviera conexiones de algún tipo con gente nada recomendable, pero con razón o sin ella muchos se resistirán a creerlo. Las dudas son naturales, puesto que ya se había instalado la convicción de que buena parte del dinero recaudado para la campaña proselitista de Cristina fue aportado por chavistas, empresarios cortesanos comprometidos con el capitalismo de los amigos y los contribuyentes a través del Estado nacional. Si agregamos a esta mezcla la sospecha de que también aportó su cuota el crimen organizado, es evidente que la forma de financiar el Frente para la Victoria merece una investigación exhaustiva. El gobierno kirchnerista ha sido salpicado por el triple asesinato y por las revelaciones alarmantes que provocó; no le será del todo fácil sacarle toda la mugre. Por lo demás, si en los meses próximos se intensifican las actividades de los narcos en la Argentina, los Kirchner serán acusados de por lo menos haberles abierto la puerta.</p>
<p>Jaqueado el Gobierno por una multitud de problemas que es incapaz de atenuar, la clase política ha comenzado a darse cuenta de que una vez más se ve frente a un panorama sumamente confuso. Luego de más de cinco años de dejar todo en manos de los Kirchner, ahorrándose así un sinfín de responsabilidades engorrosas, sus integrantes tienen que resignarse a que de su desempeño colectivo dependerá el futuro del país. Aunque casi todos insisten en que lo que más quieren es que Cristina termine bien su mandato porque, nos recuerdan, su eventual éxito sería el del país también, no pueden sino entender que la posibilidad de que el Gobierno se ponga a la altura de las circunstancias se reduce día tras día. El “relanzamiento” soñado no se ha producido: convencidos de que un cambio drástico sería interpretado como una rendición, los Kirchner quieren que todo vuelva a ser como era antes de que Cristina diera comienzo a su gestión. Como un emperador derrotado que se resiste a entender que sus legiones han perecido, siguen procurando movilizar a huestes que ya no les responden.</p>
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<p>Al difundirse la sensación de que hay un vacío incipiente de poder en el país, políticos ambiciosos se han puesto a maniobrar. El ex presidente interino Eduardo Duhalde, motivado quizás por el deseo comprensible de desquitarse por los agravios que le dedicaron los Kirchner cuando la fortuna les sonreía, raramente deja pasar una oportunidad para manifestarles su desprecio. Aunque confiesa que se excedió al comparar el estilo retórico fanatizado de Néstor Kirchner con los de Adolf Hitler y Benito Mussolini, sus palabras contribuyeron a opacar todavía más la imagen ya deslucida de un hombre que hace pocos meses era el político más popular y más respetado del país. ¿Fantasea Duhalde con un regreso triunfal como piloto de tormentas? Es factible, pero en el caso poco probable de que lograra volver se vería frente a una situación bastante distinta de la que siguió al colapso de la convertibilidad, ya que lo que está agotado es la versión kirchnerista del “modelo productivo” que él mismo armó con la ayuda de Jorge Remes Lenikov y Roberto Lavagna.</p>
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<p>También está en la arena el héroe del voto en el Senado que marcó formalmente el fin de la hegemonía de los Kirchner, Julio César Cleto Cobos, pero si bien disfruta de un índice de popularidad muy superior a los ostentados por Cristina y Néstor, convertirlo en poder político no le está resultando nada fácil. Muchos lo consultan, pero pocos quieren comprometerse con él. Para que ello ocurriera, tendría que producirse una emergencia institucional que le permitiera mudarse por algo más que un par de horas al simbólico sillón de Rivadavia, aunque en tal caso la confusión sería tan grande que correría el riesgo de caer por una de las grietas que se abrirían. Mientras tanto, lo único que puede hacer el vicepresidente es charlar amablemente con personas cuya mera existencia fastidia a los Kirchner, correr maratones y esperar a que por algún milagro las estrellas se alineen a su favor.</p>
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<p>Por su parte, Mauricio Macri no puede mostrar apuro. Sería lógico que, luego de una etapa inicialmente esperanzadora pero después decepcionante signada por el populismo revanchista, la resurrección del esquema “industrial” promovido por el primer peronismo y el aislacionismo resultante, la mayoría llegara a la conclusión de que convendría probar suerte nuevamente con recetas menos excéntricas, pero la mutación necesaria aún no se ha producido. Macri tenía los ojos puestos en el 2011, ya que nadie previó que el kirchnerismo se desintegrara en la primera mitad del 2008, pero no podrá darse el lujo de tardar mucho tiempo en elaborar un eventual programa de gobierno encaminado a rescatar al país de las ruinas de un “modelo” que tiene los días contados. Un motivo por el que todas las sucesivas crisis argentinas han parecido ser “terminales” consiste en que antes de que todo se haya venido abajo, ningún dirigente prestigioso se arriesgó planteando una alternativa convincente.</p>
<p>La Coalición Cívica de Elisa Carrió tiene la desventaja de que podría servir de base para un gobierno aceptable en una Argentina más serena y mejor organizada que la que efectivamente existe, pero no parece poseer las cualidades que se requerirían en medio de una crisis tumultuosa del tipo que suele surgir en el intervalo entre el naufragio de un “proyecto” y la botadura del siguiente. Aunque los peronistas están habituados a plantear el tema de la gobernabilidad con el propósito de intimidar a la sociedad, esto no quiere decir que carezca de importancia. Por el contrario, es fundamental, de suerte que para cumplir un papel que no sea sólo el de una comentarista aguda, en la etapa que se ha iniciado Carrió tendría que aliarse con figuras que parezcan poseer la autoridad necesaria para inspirar confianza en la ciudadanía.</p>
<p>¿Y el campo que asestó el golpe de gracia a la siempre precaria hegemonía kirchnerista? En teoría, un partido agrario –como uno de los jubilados– podría adquirir dimensiones significantes, pero se trataría de un fenómeno pasajero porque a pesar de la unidad que ha mostrado frente a un matrimonio que por razones ideológicas la consideró nada más que una fuente de ingresos fáciles, en términos políticos el campo es casi tan heterogéneo como el país mismo, con izquierdistas, centristas, conservadores y algunos adictos a movimientos extravagantes. Con todo, no sorprendería que el grueso optara por respaldar a un conservador centrista como Macri que entiende que en el mundo actual, la libertad de comercio constituye una alternativa decididamente más prometedora que el proteccionismo favorecido por el lobby industrial y sus amigos.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/cristina-y-el-vacio-de-poder/">Cristina y el vacío de poder</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Che: polémica sin fin</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/che-polemica-sin-fin/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Mar 2023 11:56:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Algunos periodistas se sienten satisfechos cuando sus notas dejan contentos a todos. No sé, será un resabio infantil, pero yo siento una alegría íntima cuando sucede lo contrario. Tiendo a creer que cuanto más molesta, mejor; que los textos más equilibrados son los que inquietan a todos los interesados por igual. Hablar es barato porque [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Algunos periodistas se sienten satisfechos cuando sus notas dejan contentos a todos. No sé, será un resabio infantil, pero yo siento una alegría íntima cuando sucede lo contrario. Tiendo a creer que cuanto más molesta, mejor; que los textos más equilibrados son los que inquietan a todos los interesados por igual.</p>
<p>Hablar es barato porque la oferta siempre supera a la demanda. Y decir lo que todos dicen garantiza dos cosas: que nadie saldrá lastimado y que no hacía falta agregar una palabra más a lo que ya estaba dicho.</p>
<p>Hace dos semanas escribí la nota sobre el Personaje del Año 2007, Ernesto Guevara. Y debería decir que desde esta regla profesional, el resultado fue bastante bueno. De la inusual cantidad de mails, cartas y llamados recibidos, una importante proporción –digamos un 40%– me mostró de manera inconfundible (en ese sentido los insultos ayudaron a reafirmar el concepto) que mi columna había provocado, incluso, más inquietud que la buscada.</p>
<p>Entre los que optaron por el elogio, hubo de todo. Desde los que aplaudieron contentísimos porque creyeron encontrar en la nota la ratificación de sus preconceptos (bah, estaban contentísimos con ellos mismos), hasta la chica de 16 años que se sintió impulsada a estudiar sobre el tema para pensar por su cuenta. Desde algunos que me dieron un poquito de vergüenza (un abogado mendocino que reivindicaba a la dictadura y un ex ERP que proponía aplicar hoy el guevarismo), hasta los que me brindaron cierto orgullo, como el de Pacho O’Donnell, el argentino que más conoce de esta historia.</p>
<p>En cuanto a las devoluciones críticas, me sorprende en general el nivel que denotan sus autores tanto para reivindicar a Guevara con un notable bagaje histórico, como para demoler con arte su figura. Con la misma pasión, unos y otros creyeron leer en la nota una obsesión por destruir al comandante. O exactamente lo contrario.</p>
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<p>Me sorprendió que tanto los elogiosos como los críticos pudieran leer cosas tan distintas en un mismo texto. Creo que la controvertida figura de Guevara llevó a algunos a confundir el intento periodístico de acercar una historia más completa del Che con una columna de opinión. En síntesis, la nota pretendía cubrir los baches de una historia que fue contada por la mitad al recordarse en el 2007 los cuarenta años de su fusilamiento. La idea no fue contar sólo la mitad que faltaba, sino la historia completa, en la medida en que eso sea posible en ocho páginas. Allí se recordó la familia de alcurnia del Che, el asma que lo familiarizaría tanto con la muerte, las casi 200 personas a las que ejecutó, su feroz concepción de la violencia, su éxito militar en Cuba, sus patéticos fracasos en el Congo y en Bolivia, sus choques con Castro y la Unión Soviética (y con los Estados Unidos, claro), su idealismo y su pasión por la aventura, entre otros aspectos. De opinión, poco: se arriesgaban un par de hipótesis sobre por qué se convirtió en mito y cómo el mito del héroe violento transmutó en los años de la posmodernidad pacifista a ícono cool. Además de algunas dudas sobre si las ideologías son de verdad un medio para alcanzar el bien común o meras excusas para conseguir objetivos íntimos o defender intereses sectoriales. O todo eso junto.</p>
<p>Entre los lectores más molestos, estuvieron quienes criticaron una “información tan estúpidamente contradictoria”. El textual corresponde a un mail anónimo, pero con otras palabras otros parecieron igual de turbados. No lo dijeron así, pero la bronca parecía esconder esta recriminación: “¡Esperábamos que usted nos dijera si este hombre fue malo o bueno, no que nos llenara de datos tan contradictorios!”.</p>
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<p>Brecht decía: “Esta cerveza no es una cerveza, pero esto queda compensado porque este cigarro tampoco es un cigarro. Si esta cerveza no fuera una cerveza, pero este cigarro fuera realmente un cigarro, entonces habría un problema”. La mente tiende a buscar orden dentro del caos, aun a riesgo de simplificar hasta el absurdo. Si el Che fuera idealista y además valiente, todo estaría claro. O si fuera sólo un asesino y un aventurero delirante. Pero si Ernesto Guevara Lynch de la Serna fuera al mismo tiempo asesino, idealista, valiente y aventurero egoísta, estaríamos en problemas. La realidad sería menos simple de lo que me planteó un taxista esta semana. Y la vida sería mucho más entreverada y misteriosa.</p>
<p>La mala noticia es que si la información expuesta en la nota es correcta (y entre los mensajes recibidos ninguno la cuestionó), existe una alta probabilidad de que los hombres estemos un poco locos o que, al menos, tengamos algunos pliegues de interés psicológico, económico y cultural que nos diferencien de la transparencia logarítmica de una calculadora.</p>
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<p>Es una lástima que las vidas reales no sean tan lineales como la de los personajes de Hollywood. Si Menem fuera un simple ladrón, Kirchner un autoritario y Carrió una republicana altruista, las cosas estarían en su lugar y todos sabríamos quiénes son los héroes y quiénes los villanos. Si Favaloro se suicidó simplemente por el bien común, Maradona es Dios y los argentinos no somos corruptos como nuestros políticos, nos podríamos ir a dormir tranquilos creyendo que entendemos lo que pasa. De verdad, es una pena que no sea así.</p>
<p>Por último, tanto en los mensajes favorables como en los lapidarios, la palabra más repetida fue “violencia”, a raíz de lo que se recordaba en la nota sobre los fusilamientos ordenados por Guevara y su método de “foco insurreccional” que llevó a la muerte a tantos en la Argentina y en América Latina.</p>
<p>Tiendo a dudar de lo “políticamente correcto” porque lo asocio enseguida a un pensamiento único, pero hay preceptos que la corrección política ha instaurado con sabiduría, como el rechazo a todo clase de violencia.</p>
<p>Sin embargo, ese repudio actual a la violencia lleva a veces a mentir(nos) sobre la violencia pasada o a convertir a guerreros en mitos pacifistas. También lleva a considerar a la violencia sólo como símbolo de alienación y eje del mal (sea Bush o Bin Laden el protagonista) y a caer en la trampa de analizar la violencia del pasado con los ojos del presente.</p>
<p>¿Hubiera sido mejor ocultar el sesgo violento de un Guevara multifacético y apostar a la simplificación mediática?</p>
<p>Creo que no. Nos hubiéramos perdido el debate.</p>
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<p>*Jefe de Redacción de NOTICIAS</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/che-polemica-sin-fin/">Che: polémica sin fin</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El club de los enanos tristes</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/el-club-de-los-enanos-tristes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Feb 2023 07:48:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Abrumados por los resultados de la megaencuesta que se celebró en todo el territorio nacional casi dos semanas atrás, los caciques opositores aún no se han recuperado de su estupor. ¿Cómo es posible –se preguntan– que Cristina se haya apropiado de la mitad de los votos, dejándonos compartir, de forma maliciosamente igualitaria, los sobrantes? ¿Dónde [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Abrumados por los resultados de la megaencuesta que se celebró en todo el territorio nacional casi dos semanas atrás, los caciques opositores aún no se han recuperado de su estupor. ¿Cómo es posible –se preguntan– que Cristina se haya apropiado de la mitad de los votos, dejándonos compartir, de forma maliciosamente igualitaria, los sobrantes? ¿Dónde están nuestros indios? Se sienten abandonados, incomprendidos, humillados por el pueblo. Con toda seguridad, muchos comparten la opinión del oligarca rural Hugo Biolcati de que fueron víctimas de una combinación perversa de plasma y Tinelli, pero no se animan a decirlo ya que hay que respetar la voluntad popular a menos que el beneficiado por sus favores sea un “neoliberal” como el Carlos Menem de tiempos ya idos.</p>
<p>Algunos culpan a los candidatos, tan flojos ellos, tan poco carismáticos. Otros, más generosos, dicen creer que tuvo algo que ver con lo difícil que les es comunicarse con la gente. Y los hay que atribuyen lo ocurrido a lo que la jueza María Servini de Cubría califica de “picardías” oficialistas. Un opositor, el trotskista que se hace llamar Jorge Altamira, pudo felicitarse por lo que sucedió aquel domingo terrible; desde su punto de vista, el que el 2,48 por ciento de los sufragios hayan llevado su nombre sí fue motivo de festejos. Otro hombre de izquierda, si bien de una variante menos truculenta que la de Altamira, el socialista santafesino Hermes Binner, también hizo gala de cierto optimismo; tomó su 10,26 por ciento por una señal de que le tocaría encabezar una gran coalición progre que, andando el tiempo, se erigiría en una alternativa genuina al kirchnerismo entre maternal y rabiosamente combativo capitaneado por Cristina. Es una posibilidad, pero antes le será necesario formar un partido o coalición de alcance nacional, una empresa que podría mantenerlo ocupado durante décadas.</p>
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<p>En la Argentina abundan arquitectos políticos que son capaces de diseñar edificios partidarios de apariencia imponente pero que, una vez construidos, se desmoronan dejando nada más que escombros. El puntano Rodríguez Saá, que para envidia de sus rivales logró defender su propio feudo contra los invasores kirchneristas, da a entender que a su juicio el 8,17 por ciento que consiguió fue promisorio, lo que fue una mala noticia para Eduardo Duhalde (12 por ciento y pico) que lamenta no haber logrado sumarlo a su proyecto particular. En cambio, no han podido encontrar consuelo Elisa Carrió, que apenas aventajó a Altamira y por lo tanto se va al descenso, y el radical Ricardo Alfonsín, que para desazón de sus correligionarios y júbilo de los kirchneristas sólo logró empatar con el excaudillo de Lomas de Zamora. Hasta hace muy poco, Alfonsín confiaba en que los votantes, indignados por los escándalos protagonizados por kirchneristas emblemáticos, estarían dispuestos a apoyar a un candidato de perfil afín a aquel de su padre. Ya no: lo suyo fue solo una ilusión. Muchos correligionarios que se han dado cuenta de que no está por repetirse el milagro de 1983 ya están alejándose del hijo de don Raúl. En circunstancias como las actuales, lo lógico sería que los perdedores diesen el consabido paso al costado, pero los votos opositores fueron repartidos de manera tal que nadie tiene derecho a afirmarse ni siquiera el ganador moral. Para colmo, las leyes electorales que se han confeccionado están llenas de trampas para quienes quisieran barajar y dar de nuevo. Aunque parecería que Lilita ha tirado la toalla luego de recibir un baldazo de agua helada, los otros contrincantes son reacios a abandonar la carrera aun cuando se hayan resignado a que el 23 de octubre Cristina triunfe por un margen apoteósico, perspectiva esta que tiene a muchos sumamente preocupados.</p>
<p>Huelga decir que el clima lúgubre que se ha apoderado de las diversas facciones opositoras ayudará a la Presidenta que estará pensando más en romper algunos récords históricos que en la posibilidad de que ocurra algo realmente tremendo que sirva para modificar el panorama onírico que fue desvelado por las primarias. No tiene por qué inquietarse: a esta altura, incluso una crisis económica fenomenal que hiciera estallar el sacrosanto “modelo” le permitiría ganar más votos a expensas de una oposición aturdida aunque, claro está, haría de su segundo período en el poder una pesadilla. Mientras tanto, podrá disfrutar su propia popularidad y, temen sus adversarios, pensar en cómo incomodar todavía más a quienes se niegan a desempeñar los papeles indicados en su relato.</p>
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<p>Por ser la Argentina un país de consensos hegemónicos sucesivos en que los comprometidos con el de turno suelen tratar a sus críticos como traidores a la patria o, cuando menos, como enemigos de la democracia, destituyentes miserables que deberían mantener bien cerrada la boca, muchos prevén que la Presidenta y sus laderos aprovechen su buen momento para imponer un régimen decididamente autoritario que se encargue de castigarlos, siguiendo el camino elegido por el amigo Hugo Chávez. Puede que a Cristina misma no le atraiga demasiado la idea de integrar el lote de gobernantes nada democráticos, pero no cabe duda de que en su entorno hay muchas personas a las que les encantaría emprender una aventura de dicho tipo. En tal caso, la oposición se encontraría en una situación parecida a la que se dio en la fase inicial del peronismo y en los primeros años del Proceso militar cuando, no lo olvidemos, los partidos políticos estaban tan desprestigiados que a pocos les interesaban las opiniones de sus dirigentes.</p>
<p>En una democracia, perder una batalla nunca supone perder una guerra. Ninguna hegemonía es eterna. Por lo demás, los triunfos arrolladores, como el que tantos creen que Cristina se anotará dentro de dos meses, suelen contener las semillas de derrotas futuras. Lo mismo que atletas que no se sienten constreñidos a esforzarse porque sus rivales les parecen irrisoriamente inferiores, los gobiernos elegidos por una mayoría impresionante pueden resultar mucho más fofos que los que apenas contaron con los votos suficientes como para permitirles asumir el poder.</p>
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<p>Con todo, si bien el gobierno de Cristina dista de ser tan fuerte como haría pensar su capacidad para coleccionar votos, la Argentina es a lo sumo una democracia a medias porque a su versión del sistema así denominado le falta una parte imprescindible: una oposición coherente que está en condiciones de controlar debidamente al Gobierno. Lo que es peor aún, por estar Cristina rodeada de obsecuentes que aplauden todas sus ocurrencias, se asemeja a una trapecista obligada a ganarse la vida en un circo tan pobre que ni siquiera posee redes de seguridad. El gran problema que enfrenta el país político no es que la Presidenta tenga ideas raras, que sea autoritaria por naturaleza, que le importen poco los quehaceres administrativos o que propenda a tolerar la corrupción de integrantes de su entorno. Todo lo cual puede ser cierto, pero sucede que a diferencia de los mandatarios de países mejor organizados, Cristina no se ve obligada a convivir con un sistema institucional firme que, en última instancia, le serviría de soporte. Tiene forzosamente que improvisar o depender de los consejos de cortesanos que están más interesados en congraciarse con ella que en asegurar que su gestión sea lo más eficiente posible. Es mucho pedir a una sola persona, por dotada que fuera. Ya es demasiado tarde para que los líderes opositores depuren sus filas sobrepobladas para que queden uno o dos. Debieron haberlo hecho hace años. También lo es para que elaboren ofertas a un tiempo atractivas y realistas que podrían merecer la confianza de los muchos que temen que un nuevo gobierno los privara de la ayuda económica, que puede ser clientelista y discriminatoria pero es lo único que los separa de la indigencia. Así y todo, luego del mazazo que les han supuesto las primarias, podrían empezar a tomar más en serio el papel de la oposición en el distorsionado y sumamente deficiente sistema político nacional.</p>
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<p>En el corto plazo, y es muy corto, los líderes opositores se han propuesto concentrarse en impedir que los kirchneristas dominen por completo el Congreso. Saben que no les será fácil. Aún cuando de resultas de las elecciones definitorias el Gobierno no alcanzara el tan deseado quórum propio en la Cámara de Diputados, podría remediar la deficiencia seduciendo a una cantidad suficiente de opositores para convertirlos en oficialistas fieles. Además de los premios económicos y laborales que se usan para tentar a legisladores de convicciones y lealtades partidarias flexibles, el Gobierno contará que el poder psicológico que le brindaría la sensación de que “el pueblo” se ha hecho tan kirchnerista que oponerse a Cristina equivale a oponerse al país. Conscientes del riesgo así supuesto, dirigentes opositores advierten sobre lo peligroso que sería que el Gobierno termine acumulando tanto poder –para más señas, poder verticalista, manejado a discreción por la Presidenta– que después de diciembre pueda obrar a su antojo, pero puesto que hasta ahora el grueso del electorado no ha manifestado el menor atisbo de interés en los aburridos temas institucionales, sorprendería que en octubre muchos votantes optaran por cortar las boletas para homenajear a Cristina y repudiar a quienes figuran en sus listas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>* PERIODISTA y analista político, ex director de “The Buenos Aires Herald”.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/el-club-de-los-enanos-tristes/">El club de los enanos tristes</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Tanto poder que da miedo</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/tanto-poder-que-da-miedo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Dec 2022 09:06:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En países de instituciones democráticas robustas, a nadie le preocuparía que un mandatario iniciara una nueva gestión con el apoyo de más del 50 por ciento del electorado. Por tratarse de algo que sucede con cierta frecuencia en los Estados Unidos, Francia y otras naciones en que rige el sistema presidencialista, hasta los opositores más [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En países de instituciones democráticas robustas, a nadie le preocuparía que un mandatario iniciara una nueva gestión con el apoyo de más del 50 por ciento del electorado. Por tratarse de algo que sucede con cierta frecuencia en los Estados Unidos, Francia y otras naciones en que rige el sistema presidencialista, hasta los opositores más acérrimos pueden dar por descontado que tanto el beneficiado por el apoyo popular como sus acompañantes acatarán las reglas, aunque solo fuera por entender que no les convendría violarlas ya que en política nada dura para siempre. Pero en la Argentina las instituciones son raquíticas y entre los oficialistas abundan individuos que son reacios a respetar los límites exigidos por la desdeñada democracia burguesa. Por lo tanto, la probabilidad de que en octubre Cristina se vea reelegida por una mayoría absoluta es motivo de inquietud e incluso de miedo.</p>
<p>No se trata de la frustración que por razones evidentes sienten los dirigentes opositores ante la presunta proximidad de otra etapa de “hegemonía” oficialista; el país se ha acostumbrado a períodos en que el gobierno de turno domina el Congreso y cuenta con el beneplácito del grueso del Poder Judicial. Mucho más alarmante es la posibilidad de que los cristinistas puros y duros, militantes que de demócratas tienen muy poco, se las arreglen para aprovechar una oportunidad acaso irrepetible para perseguir a quienes se animen a criticarlos. Persuadidos de que están participando de una especie de revolución popular, se creen con derecho a pisotear todos aquellos que procuren impedirles alcanzar sus objetivos.</p>
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<p>Ya se han provisto de pretextos a su entender convincentes para escrachar, o peor, a sus adversarios. La guerra santa de los kirchneristas contra “el monopolio” Clarín se inspira no tanto en la hostilidad hacia un grupo mediático determinado que antes los había apoyado cuanto en el desprecio por la libertad de expresión como tal que a su juicio es una patraña capitalista, un asunto que solo interesa a empresarios resentidos. Han hecho suyo el apego notorio de Cristina a la teoría del relato que es esencialmente autoritaria, cuando no totalitaria. En base a sus propias versiones de dicha teoría, según la cual es necesario apoderarse del pensamiento ajeno luego de ganar la “batalla cultural” para reducir al silencio a quienes se les opondrían, regímenes fascistas y comunistas, además de dictaduras militares latinoamericanas como la del Proceso de los años setenta y comienzos de los ochenta, y las tiranías execrables que aún pululan en el mundo musulmán, han cometido un sinnúmero de crímenes. A juzgar por lo que dijo hace un par de días, el doctor Florencio Randazzo se ve en el rol del doctor Joseph Goebbels en este capítulo de la novela de Cristina. Puede que exageren quienes toman las esporádicas manifestaciones de intolerancia kirchnerista –la proliferación reciente de afiches soeces con un mensaje maradoniano o, el año pasado, la invitación a los chicos a cubrir de escupitajos imágenes de supuestos enemigos de lo nacional y popular– como señales de que el país está por experimentar una remake de la primera fase triunfal del peronismo, pero así y todo la preocupación que sienten es comprensible. En demasiadas ocasiones, la Argentina ha quedado a merced de iluminados que, por saberse dueños de la verdad, se han esforzado por librarlo de herejes a quienes acusan de no respetar debidamente la sabiduría del pueblo que los eligió para gobernarlo.</p>
<p>Aun cuando, para alivio de las víctimas en potencia de una eventual purga mediática, Cristina no caiga en la tentación de desatar a sus rottweiler para que masacren a quienes se animen a pensar distinto, lo que no tardaría en hacer del segundo período presidencial que se prevé una pesadilla para los disidentes y, andando el tiempo, para ella misma, el exceso de poder que le han brindado la precariedad de las instituciones y el eclipse opositor la expondrá a otros peligros. Uno es que se produzca un estallido de corrupción consentida. Por cierto, la propensión oficialista, y de agrupaciones “progresistas” afines, a solidarizarse con cualquier “amigo” que se ve tocado por un escándalo, como el juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni a raíz de aquellos prostíbulos que resultaron ser de su propiedad, atribuyendo las denuncias a “campañas” mediáticas, hace temer que los transgresores congénitos de todo tipo se sientan impunes.</p>
<p>Al politizar virtualmente todo, encuadrándolo en la lucha entre el bien oficialista y el mal opositor, los partidarios del Gobierno suponen que la ubicación ideológica de quienes se afirman sorprendidos por el enriquecimiento insólitamente rápido de ciertos funcionarios importa mucho más que lo que estos hicieron para acrecentar su patrimonio personal. Desde el punto de vista de los comprometidos con el “proyecto” de Cristina, solo a un enemigo vinculado con intereses oscuros se le ocurriría cuestionar la honestidad de un militante de la causa.</p>
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<p>Para perturbar aún más a los economistas y otros que no comulgan con el evangelio kirchnerista, Cristina parece resuelta a persistir cueste lo que costare con el “modelo” que en su opinión es infinitamente superior a los de otras latitudes como América del Norte, Europa occidental y el Japón. Convencidos como están aquellos de que el modelo ya se ha agotado, no les hace ninguna gracia ni la negativa presidencial a desviar un solo centímetro del camino emprendido ni la voluntad de algunos miembros de su equipo de “profundizarlo” o “radicalizarlo”. Aunque no saben muy bien lo que tendrán en mente quienes hablan así, entienden que el Gobierno pronto tendrá que encontrar nuevas fuentes de ingresos para mantener llena la caja y que, para conseguirlas, se pondrá a “estatizar” diversos pedazos del sector privado para que compartan el destino de Aerolíneas Argentinas que está en manos de los muchachos de La Cámpora.</p>
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<p>Puesto que aquí es tan borrosa la diferencia entre “Estado” y gobierno, es decir, entre lo público y lo apropiado por la cúpula del movimiento político coyunturalmente dominante y sus amigos, de procurar los kirchneristas girar hacia la izquierda como algunos creen posible, el “modelo” entraría en una fase depredadora que se reivindicaría diciendo que se trata de redistribuir el ingreso para que la Argentina sea un país más inclusivo e igualitario. No extraña, pues, que muchos que están en condiciones de hacerlo están trasladando su dinero a lugares que suponen más seguros, de ahí la sangría constante de capitales. Saben que “el modelo” es insaciable, que siempre necesita nuevos aportes y que, ya deglutidos los procedentes del campo, de los fondos previsionales privados y del Banco Central, tendrá que buscar otros, se encuentren donde se encuentren.</p>
<p>Lo que nos espera dependerá en buena medida de la voluntad de Cristina. Según la revista estadounidense Forbes, la Presidenta solo ocupa el puesto número 17 en la lista de las mujeres más poderosas del planeta, muy por debajo de personajes como Lady Gaga, y ni hablar de Dilma Rousseff, pero en la Argentina es la gran titiritera. Lo es no porque parecería que al menos la mitad del electorado la prefiere a cualquier otro político sino porque sin ella el Frente para la Victoria gobernante se esfumaría en seguida y todos los militantes –bien, casi todos, ya que de resultarles necesario Daniel Scioli y algunos otros podrían prescindir de su apoyo– son conscientes de la realidad así supuesta.</p>
<p>En principio, el poder de Cristina es enorme, pero se debe menos a sus propias dotes como líder que a la abdicación, voluntaria en el caso de sus simpatizantes y por falta de respaldo popular en el de los dirigentes opositores, de los demás. La cultura política nacional es caudillista porque escasean los dispuestos a asumir responsabilidades; en la actualidad, Cristina se ha visto a un tiempo beneficiada y perjudicada por la costumbre ya tradicional de colmar al jefe máximo de poder; beneficiada, porque sin duda es muy agradable desempeñar un papel monárquico y rodearse de adulones serviles; perjudicada porque en última instancia no podrá confiar en nadie. A menos que decida lo que hay que hacer, sus dependientes optarán entre privilegiar sus propios asuntos y no hacer nada. En consecuencia, su gestión seguirá siendo decididamente desprolija.</p>
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<p>Con tal que la economía continúe creciendo a un ritmo satisfactorio, Cristina podrá hacer lo que se le antoje con el capital político enorme que ya depositaron en su cuenta las elecciones primarias y que, es de suponer, aumentará todavía más luego del 23 de octubre, pero en cuanto el país comience a enfrentarse con graves dificultades –e incluso el bueno de Joseph Stiglitz cree que de agravarse la crisis internacional el impacto sería fuerte–, podría devaluarse con rapidez desconcertante. En tal caso, ¿cómo reaccionarían quienes se imaginan convocados por el destino a protagonizar una epopeya política, social, económica y, cuando no, cultural? ¿Irán por más, o se batirán dócilmente en retirada? A menos que la suerte siga sonriendo a los kirchneristas como ha hecho desde el día en que Eduardo Duhalde pensó que sería genial reemplazar como su delfín al cordobés José Manuel de la Sota por el patagónico apenas conocido Néstor Kirchner, sabremos las respuestas a estos interrogantes desagradables bien antes de diciembre del 2015.</p>
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<p>* PERIODISTA y analista político, ex director de “The Buenos Aires Herald”.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/tanto-poder-que-da-miedo/">Tanto poder que da miedo</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El bulldog contra la jauría populista</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/el-bulldog-contra-la-jauria-populista/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Nov 2022 09:55:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400;">Puesto que hoy en día parece ser tan difícil oponerse al &#8220;modelo productivo&#8221; duhaldista-kirchneriano como lo era diez años antes hablar mal del uno a uno, desde comienzos de 2003 a esta parte Ricardo López Murphy se ha visto convertido de un presidenciable con un futuro muy promisorio en un dirigente periférico, uno de los escasos representantes confesos de una forma de pensamiento que, según los comprometidos con el consenso de turno, todos los hombres de bien del país han repudiado para siempre jamás.  Que ello haya ocurrido es irónico, ya que las hazañas económicas nacionales de los años últimos fueron posibilitadas por la aplicación exitosa de variantes de la estrategia que recomendaría López Murphy en los Estados Unidos, China, la India y otros países que están liderando el gran boom internacional que tanto nos está beneficiando, pero esto no le servirá de consuelo.  Desgraciadamente para él, la Argentina es diferente.  Ni el grueso de la clase política ni el electorado tienen la intención de dejarse impresionar por la experiencia ajena. Siempre y cuando el crecimiento continúe, se aferrarán con terquedad al statu quo, celebrando el hecho de que a juicio de los demás se trate de un modelo bastante heterodoxo y negando con indignación que un día el país y sus habitantes podrían pagar un precio muy alto por haberse resistido a acompañar los cambios que están modificando el mapa mundial.  Así las cosas, por ahora parece poco probable que en octubre López Murphy logre acercarse al más del 16 por ciento de los votos que le tocó en 2003 antes de que, merced en buena medida a una coyuntura internacional insólitamente benigna, se consolidara la recuperación económica.  Para superarlo, tendría que protagonizar una campaña brillante en medio de una crisis económica fenomenal, desastre que, por fortuna, no parece ser inminente.</p>
<p style="font-weight: 400;">
<p style="font-weight: 400;">Lo que sí podría hacer es complicarle la vida a Roberto Lavagna.  Si bien las ideas de López Murphy son en el fondo muy distintas de las del ex ministro de Economía kirchnerista, que es un partidario de la versión actual del modelo proteccionista y dirigista, asentado sobre un peso baratísimo, que es tan caro a los populistas locales, comparte con él su oposición al gobierno cada vez más caprichoso y vengativo de los Kirchner, de modo que puede confiar en atraer una cuota de los votos de quienes están menos interesados en las teorías económicas que en la salud institucional y que se sienten preocupados por la manía del gobierno de seguir &#8220;construyendo poder&#8221; cuando ya posee más que suficiente.  A esta altura es imposible prever cuántos votos López Murphy podría sacar a Lavagna – la larga campaña apenas ha comenzado y mucho podría suceder antes del domingo último de octubre -, pero cada uno reduciría las posibilidades de conseguir el batacazo soñado del abanderado de la franja del establishment populista que fue desplazado por el presidente Néstor Kirchner.  También tiene motivos para lamentar su participación en la carrera la ex correligionaria radical Elisa Carrió que, como López Murphy, quiere hacer suya la bandera de la honestidad personal y la defensa de las instituciones republicanas.</p>
<p style="font-weight: 400;">
<p><span style="font-weight: 400;">Otro que se sentirá perjudicado por la decisión del bulldog, ejemplar de una raza que es famosa por su tenacidad, es, cuando no, Mauricio Macri, su presunto socio de PRO, el frente bicéfalo formado por sus respectivos minipartidos. Aunque Macri figura como un centroderechista, se trata de un político con menos inquietudes ideológicas que López Murphy y por lo tanto le es fácil pasar por alto las diferencias que en teoría por lo menos debería separarlo de personajes como Lavagna.  Como López Murphy ha señalado, al borrarse Macri de la contienda nacional, lo que llama el &#8220;electorado centrista&#8221; –sabe que en esta parte del mundo &#8220;derechista&#8221; es una mala palabra aun cuando se le agregue &#8220;centro&#8221;– quedaría sin un candidato convincente, eventualidad que no le parece aceptable. Tiene razón porque los esfuerzos del mandatario neuquino Jorge Sobisch por apropiarse del lugar así supuesto no han mostrado señales de prosperar, pero sucede que a Macri le hubiera gustado contar con el apoyo de Lavagna en la ciudad de Buenos Aires para entonces devolverle el favor en la campaña presidencial. </span></p>
<p style="font-weight: 400;">En un país sin partidos políticos serios como la Argentina, tales arreglos tácticos pueden considerarse lógicos, pero por una cuestión de principios López Murphy siempre se ha manifestado reacio a subordinar todo a los meros cálculos electoralistas poniéndose a sumar adhesiones sin preocuparse en absoluto por lo que piensan los dispuestos a colaborar con su proyecto particular. Como el político profesional y ambicioso que es, entiende que le sería inútil exigirles a sus partidarios compartir todas sus ideas y actitudes, pero también es consciente de la necesidad de manifestar respeto por el electorado fijando ciertos límites, razón por la que incluye a Lavagna entre sus adversarios.</p>
<p style="font-weight: 400;">
<p style="font-weight: 400;">Para los Kirchner, la decisión, al parecer definitiva, de López Murphy y también de Carrió de participar de la carrera presidencial es una buena noticia. Al dividir aún más la oposición, hace más probable que el pingüino o pingüina que representa al matrimonio reinante triunfe en la primera vuelta sin tener que arriesgarse en una segunda que podría depararles una sorpresa desagradable.  López Murphy es consciente de esta realidad, pero a diferencia de Macri entiende que sería un grave error permitir que la oposición se viera dominada por quienes a su modo están consustanciados con el pensamiento único &#8220;nacional y popular&#8221; que es típico de la mayoría de los peronistas, radicales, aristas e izquierdistas.  Aunque él mismo es de raíz radical, rompió hace años con aquella forma de afrontar los problemas del país por sentirse más afín a las corrientes primermundistas denostadas por Raúl Alfonsín y sus laderos. Por motivos comprensibles, no se propone reconciliarse con ellos sin otro fin que el de de hacerle la vida más difícil a los Kirchner.</p>
<p style="font-weight: 400;">Entre las muchas rarezas de la política argentina está la ausencia de un gran partido a un tiempo conservador y liberal que no procure disimular su compromiso con el capitalismo tal y como se lo practica en todos los países desarrollados y que, de modo sui géneris, está difundiéndose con rapidez en China y la India, dos países gigantescos que luego de liberarse de la hostilidad tradicional hacia las recetas occidentales más potentes están avanzando a un ritmo tan vertiginoso que hasta los norteamericanos se sienten asustados. Lejos de apurar la formación de un partido así, la debacle de 2001 y 2002 sólo sirvió para demorarla. Por ahora, sigue siendo una ilusión decididamente minoritaria: puesto que incluso cuando la economía nacional se hundía en una crisis tras otra, los partidarios del liberalismo no lograron formar una alternativa genuina a la hegemonía populista peronista-radical, no es demasiado sorprendente que después de cuatro años de crecimiento casi chinesco López Murphy esté predicando en el desierto.  Tampoco lo es que se haya sentido constreñido a suavizar su mensaje, lo que no es necesariamente malo ya que es mejor desempeñar un papel clave en un movimiento amplio que respete sus ideas aunque muchos afiliados las consideren un tanto duras de lo que sería resignarse a ser el gurú de una pequeña secta de creyentes auténticos.</p>
<p style="font-weight: 400;">
<p style="font-weight: 400;">Para que el rol de López Murphy no sea sólo testimonial, tendrá que aliarse con muchas personas que tienen sus dudas acerca de la conveniencia de emprender reformas tan profundas como las que plantearía pero que así y todo reconocen que en términos generales está en lo cierto y que por lo tanto pueden militar en el mismo partido sin que nadie abjure de sus convicciones. Es lo que sucede en todos los países desarrollados donde es normal que los partidos que aspiran a gobernar toleren diferencias ideológicas que aquí se considerarían insalvables.   Por ejemplo, en el Reino Unido, conviven en el laborismo hombres como Tony Blair y George Brown, cuyas ideas básicas se parecen bastante a las de López Murphy, con izquierdistas e independientes cuyas posturas no son muy distintas de las de Carrió, una situación que a pesar del respeto mutuo que sienten estos dos ex radicales parecería inconcebible en el crónicamente fragmentado mundillo político argentino.  Mientras éste sea el caso, el país seguirá gobernado por movimientos caudillistas mayormente peronistas que cuenten con el respaldo de la clase de oportunista que, sin sonrojarse, puede cambiar de camiseta de un día para otro, transformándose de menemista en duhaldista y entonces en kirchnerista sin otro propósito que el de aprovechar en beneficio propio la popularidad pasajera del mandamás del momento.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/el-bulldog-contra-la-jauria-populista/">El bulldog contra la jauría populista</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Nubes sobre Pingüilandia</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/nubes-sobre-pinguilandia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Nov 2022 06:36:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el Japón, los políticos corruptos se suicidan: pocos días atrás, se ahorcaron el ministro de Agricultura y el ex director de la Agencia de Recursos Verdes. En China, corren el riesgo de morir ejecutados, destino éste que le espera al ex director de la Administración Estatal de Alimentos y Medicinas. ¿Y en la Argentina? [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En el Japón, los políticos corruptos se suicidan: pocos días atrás, se ahorcaron el ministro de Agricultura y el ex director de la Agencia de Recursos Verdes. En China, corren el riesgo de morir ejecutados, destino éste que le espera al ex director de la Administración Estatal de Alimentos y Medicinas. ¿Y en la Argentina? Depende. Si la economía anda bien y la clase media dispone de dinero suficiente como para comprar los artefactos que le gustan, pueden obrar sin problemas ya que la mayoría hará gala de su respeto por la ley no escrita de &#8220;roban pero hacen&#8221;. Es por eso que desde hace cuatro años la corrupción no figura entre los temas principales de la política nacional. Aunque dirigentes opositores como Elisa Carrió denuncian con la indignación debida el saqueo sistemático que según ellos están llevando a cabo los kirchneristas encabezados, cuándo no, por el ministro de Planificación Julio De Vido que a su vez acata las órdenes del presidente Néstor Kirchner, la mayoría prefiere no dejarse conmover por lo que se supone está sucediendo. Por cierto, el impacto de las acusaciones formuladas por la jefa de la Coalición Cívica ha sido ínfimo en comparación con el que tuvo el célebre caso de &#8220;coimas en el Senado&#8221;, que sirvió para empujar al gobierno de Fernando de la Rúa hacia el abismo por el que algunos meses más tarde se precipitó. Desgraciadamente para el radical, en aquel entonces la Argentina se hundía en una recesión económica exasperante; de lo contrario, a nadie le hubiera preocupado demasiado la presunta compra de votos senatoriales por ser cuestión de nada más que una modalidad tradicional.</p>
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<p>Por fortuna, en la actualidad las circunstancias económicas son distintas. La gente quiere que el crecimiento casi asiático continúe hasta que por fin los beneficios lleguen a todos, razón por la que no está dispuesta a agitarse por algunos miles de millones de pesos que una opositora jura que terminaron en manos de los kirchneristas. Dicha indiferencia no significa que la mayoría crea que el equipo del presidente Kirchner es relativamente honesto y que de todos modos su jefe no vacilaría un solo minuto en echar a cualquiera que le resultara sospechoso porque sólo se trata del fruto tranquilizador de una especie de pacto de no agresión que se basa en el deseo generalizado de que no ocurra nada que pudiera ocasionar una nueva crisis política. Los más entienden muy bien que la Argentina es un país en que la corrupción es un mal crónico y que por lo tanto sería utópico imaginar que luego de la gran crisis del 2002 los dirigentes optaran por tomar en serio el consejo sabio de Luis Barrionuevo y &#8220;dejar de robar por lo menos dos años&#8221;.</p>
<p>La convicción de que la soñada revolución ética es una asignatura pendiente está compartida por los empresarios y otros que todos los años son consultados por la organización berlinesa Transparencia Internacional, conforme a la cual la Argentina ocupa el puesto número 93, acompañada por algunas naciones africanas como Tanzania, en su lista de los países que son considerados menos corruptos. A juicio de los de Transparencia, los únicos lugares en América del Sur en que es más fácil para un político o funcionario privatizar el dinero de los contribuyentes son Bolivia, Paraguay y Venezuela. Por lo tanto, es razonable dar por descontado que –siempre y cuando no haya ocurrido un milagro silencioso muy poco probable que hasta ahora nadie ha detectado– la corrupción sigue siendo rampante y que son muchos los personajes vinculados con el Gobierno que tienen buenos motivos para rezar para que el país no esté por experimentar una de sus olas periódicas de frío puritano.</p>
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<p>Es por eso que inquieta tanto al Gobierno la evolución del caso Skanska. A raíz de este asunto, el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, ya tuvo que admitir que &#8220;perdió el invicto en materia de corrupción&#8221; porque dos funcionarios, que en seguida se vieron expulsados del redil por Kirchner, fueron citados por la Justicia. El Gobierno no puede sino temer que los resueltos a impulsar la investigación de los sobornos que, de acuerdo con un ex directivo de Skanska y otros, pagó la multinacional sueca a funcionarios del área manejada por De Vido, y de los sobreprecios que en opinión de muchos son moneda corriente cuando obras públicas están en juego, encuentren pruebas suficientes como para asegurar el procesamiento de algunos pingüinos influyentes. En tal caso, a Kirchner le sería difícil evitar ser salpicado. Después de todo, es jefe de un gobierno cuyos integrantes tienen que obedecerle sin chistar. Como dijo Carrió, &#8220;De Vido es Kirchner, no es un personaje corrupto autónomo. En este gobierno hay caja centralizada&#8221;. Dicho de otro modo, si roban es para la corona.</p>
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<p>Según el CEO mundial de Skanska, el norteamericano Stuart Graham, &#8220;en todos los países hay gente que ve un contrato de construcción como un gran botín de dinero del que pueden sacar algo&#8221;. Huelga decir que a nadie se le ocurriría suponer que la Argentina, incluida como está entre los países más corruptos del planeta y que, para más señas, se destaca por el desprecio que siente el Gobierno por quienes se quejan por su falta de interés en que haya al menos un mínimo de seguridad jurídica, constituya una excepción a esta regla deprimente. Puede comprenderse, pues, la confianza de los sabuesos opositores en que si logran seguir avanzando por las pistas que ya se han abierto terminarán topándose con muchos escándalos aún más perturbadores que el provocado por las actividades ilícitas que se atribuyen a funcionarios involucrados en la ampliación de un par de gasoductos.</p>
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<p>Se informa que ya son doce las empresas constructoras que están acusadas de irregularidades, como la de pagar más de lo debido por el derecho a encargarse de distintas obras públicas. Extrañaría que no hubiera muchas más que operan en este negocio cuya contabilidad sobreviviría a un arqueo detallado por parte de profesionales independientes. Si es así, quienes hablan de un plan de saqueo premeditado, no del enriquecimiento veloz de algunos oportunistas sueltos, contarán con las pruebas que necesitan para justificar sus denuncias en el sentido de que en el fondo no hay ninguna diferencia ética entre los kirchneristas y sus enemigos favoritos, los menemistas, salvo la supuesta por los orígenes geográficos de los protagonistas. ¿Ayudará la Justicia a separar los rumores y las hipótesis de la verdad verdadera? El que la relación del Gobierno con ciertos jueces sea polémica, por decirlo así, hace pensar que preferiría dejar las cosas más o menos como están.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es normal que en una sociedad como la argentina, en que la corrupción está arraigada desde siempre, un nuevo gobierno pueda afirmarse impoluto cuando se estrena con la seguridad de que por lo menos sus partidarios fingirán tomar en serio sus palabras, pero que antes de llegar a la hora de partir se haya granjeado la reputación de ser &#8220;el más corrupto de la historia&#8221;, lo que a esta altura sería toda una hazaña. El que la mayoría no haya manifestado preocupación por la conducta de los kirchneristas no quiere decir que los crean más virtuosos que sus antecesores sino que se sienten bastante conformes con la marcha del país. Mientras persista la sensación así supuesta, hasta los escándalos más espectaculares protagonizados por integrantes del Gobierno no perjudicarán las posibilidades electorales del candidato de los pingüinos, sea éste Néstor Kirchner o, como parece cada vez más probable, su esposa la senadora Cristina de Kirchner. De alcanzar su fin el clima de bonanza incipiente, empero, incluso un escándalo menor bastaría como para hacerlo tropezar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He aquí un motivo por el que tantos constitucionalistas latinoamericanos han insistido en la necesidad de impedir que los gobiernos se eternicen, y por el que los gobernantes mismos protestan con pasión contra los límites impuestos. Cuanto más tiempo disfrute un grupo determinado de personas del poder, más sistemática resultará ser la corrupción. Por cierto, escasean en la región los ejemplos de gobiernos que, luego de cuatro años o más en el poder, no se hayan visto frente a una avalancha de denuncias por diversas formas de enriquecimiento ilícito. Demás está decir que el peligro de que los funcionarios caigan en la tentación de anteponer sus intereses particulares o corporativos al bien común es mayor cuando un gobierno está dominado por quienes aprendieron sus artes gobernando una provincia donde las reglas eran más flexibles, como en el caso de Santa Cruz, y los políticos y funcionarios se conocen muy bien. Por una cuestión de lealtad personal, en la Argentina los lazos de complicidad así consolidados siempre han estimulado la corrupción, de ahí la necesidad de renovar una clase política en que demasiados se han acostumbrado a los arreglos neofeudales.</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/nubes-sobre-pinguilandia/">Nubes sobre Pingüilandia</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Rusia otra vez en carrera</title>
		<link>https://www.revista-noticias.com.ar/rusia-otra-vez-en-carrera/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[SoncWunersx]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Nov 2022 06:33:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Eigue teniendo la mirada de aquel niño taciturno que observaba a los demás como desconfiando de ellos, o como si todos cuanto lo rodeaban y pasaban junto a él fuesen una amenaza, un peligro latente. Y sigue siendo callado, como si el silencio lo preservara manteniéndolo intacto y puro en una realidad que condena a [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Eigue teniendo la mirada de aquel niño taciturno que observaba a los demás como desconfiando de ellos, o como si todos cuanto lo rodeaban y pasaban junto a él fuesen una amenaza, un peligro latente. Y sigue siendo callado, como si el silencio lo preservara manteniéndolo intacto y puro en una realidad que condena a la descomposición.</p>
<p>¿Acaso no fue el silencio lo que salvó a su padre en el pantano de Estonia donde se ocultó de las tropas alemanas? Si aquel soldado ruso llamado Vladimir no hubiera paralizado movimientos y sonido entre las matas que lo escondían, lo hubiesen acribillado esos comandos de la Wermarcht que acababan de diezmar su batallón.</p>
<p>Su segundo nombre, Vladimirovich, significa que es el hijo de Vladimir, el soldado al que lo salvó el silencio. Por eso Vladimir Vladimirovich sigue abrazado al silencio. Callado escaló en la estructura del KGB y llegó a dirigir las operaciones de la Stasi en Alemania Oriental, y callado ascendió en la política de la mano de Boris Yeltsin hasta ocupar el despacho principal del Kremlin.</p>
<p>Ahora bien, lo que no dice con palabras lo dice con política y con acciones gubernamentales en un mensaje elocuente. Nunca fue comunista ni anticomunista; su ideología es la grandeza de Rusia, o sea el nacionalismo ruso de dimensiones imperiales.</p>
<p>Desde esa posición se puede reivindicar a los zares que conquistaron territorios y sometieron a los tártaros y otros pueblos turkomanos; así como también a los soviets que doblegaron al III Reich y pusieron a Rusia a competir de igual a igual por el dominio del espacio y del planeta.</p>
<p>Fue desde esa ideología y desde esa convicción que Vladimir Vladimirovich Putin recogió del suelo una Rusia doblegada, la puso en pie y le devolvió su gesto orgulloso, imperial y desafiante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando la derecha evangélica y los neoconservadores depositaron a George W. Bush en la vieja mansión blanca de la avenida Pensilvania, Rusia se arrastraba carcomida por la corrupción, las mafias, la crisis política y una economía que languidecía convirtiendo en escuálido el otrora formidable poderío militar.</p>
<p>Hoy el que languidece es Bush y el ala extremista de su gobierno, mientras Rusia reconstruye a pasos agigantados su economía y su capacidad bélica, recuperando después de una larga afonía su atronadora voz en el escenario internacional.</p>
<p>Con Putin en el Kremlin actuando como un genuino “zar y autócrata de todas las Rusias”, tal como se denominaba al monarca de los tiempos anteriores a la revolución bolchevique, la Rusia de Putin proyecta su soberanía sobre el Círculo Polar Ártico; recupera y defiende su liderazgo regional; somete a sus vecinos colindantes e impone condiciones a Europa usando el petróleo y el gas como instrumento de presión; patea el tablero del Tratado de Fuerzas Convencionales y desafía a la OTAN y a los Estados Unidos reiniciando la carrera armamentista en términos cada vez similares a los de la Guerra Fría.</p>
<p>El último paso del rearme ruso fue elocuente respecto al objetivo de recuperar la influencia de los tiempos soviéticos: el presidente acaba de anunciar el reinicio de los vuelos estratégicos, o sea que nuevamente pondrá aviones bombarderos con misiles nucleares aire-tierra a recorrer largas distancias por tiempos superiores a las veinte horas. Y reforzando el anuncio, a los bombarderos estratégicos Tu-95 (modelo tradicional) se sumarán naves nuevas y también naves tradicionales pero en versiones modernizadas. Por caso, en los próximos diez años se construirán 60 bombarderos estratégicos de largo alcance TU-160 y TU- 95 (versión remozada de viejos modelos soviéticos). También serán modernizados los misiles balísticos intercontinentales además de construirse 36 Tópol- M, que son proyectiles de ojivas dobles y, según Moscú, capaces de eludir escudos antimisiles.</p>
<p>Con esto ya alcanza para volver a hablar de carrera armamentista; pero hay más: Los submarinos recibirán misiles Bulava, que son los proyectiles Tópol pero modificados para que puedan ser lanzados desde el agua. La lista del rearme sigue con 66 nuevas plataformas lanzamisiles y otros elementos bélicos de altísima sofisticación; pero es más significativo el hecho de que el presidente Putin haya anunciado el nuevo impulso al aparato militar ruso en Chebarkul, localidad de los Urales donde se realizaron los ejercicios bélicos conjuntos de la Organización de Cooperación de Shangai, de la que forma parte China.</p>
<p>Paralelo al esfuerzo por reinstalar a Rusia en el puesto desafiante que ocupó durante el período soviético, el presidente se ocupó de cicatrizar las heridas que la debacle política y la crisis económica habían abierto en el orgullo nacionalista ruso.</p>
<p>Lo que buscaba en las profundidades árticas el capitán Strugatsky no sólo tiene que ver con una reivindicación territorial. El pequeño y moderno batiscafo Mir (palabra que en ruso significa paz) iba en busca del orgullo nacional que años atrás se hundió en el Mar de Barents, donde está la tumba de acero de 118 marinos y del orgullo de la flota con la que Pedro el Grande construyó un imperio.</p>
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<p>Lo tenían en claro los expedicionarios del Mir-1 y de su escolta, el mini-submarino Mir-2, al zambullirse en las heladas aguas del Polo Norte. Por cierto, haber dejado una bandera rusa a 4.261 metros de profundidad también será usado en el futuro para reivindicar la soberanía sobre buena parte del Círculo Polar Ártico. Un espacio apetecible por sus inconmensurables tesoros minerales y por lo que implicará cuando los deshielos que provoca el calentamiento climático abran nuevas rutas para la navegación. Valor estratégico que aumenta exponencialmente si se tiene en cuenta el cálculo de la US Geological Survey (Agencia gubernamental norteamericana de hidrocarburos), según el cual allí se encuentra el 25 por ciento de las reservas mundiales de crudo.</p>
<p>De todos modos, en el Kremlin bien saben que plantar banderas no es en la actualidad el método más respetado para establecer soberanía. La política de las expediciones y sus banderas no sobrevivió más allá del siglo XV y Moscú tiene en claro que no es actuando como los antiguos bandeirantes lusitanos que Rusia pujará, en un futuro cercano, contra Noruega, Finlandia, Dinamarca, Estados Unidos y Canadá por la soberanía sobre el Polo Norte. Lo hará a través de sus científicos y geógrafos. Ellos llevan años trabajando en la teoría de que la cordillera Lomonosov, que atraviesa el lecho submarino polar, es una extensión del territorio ruso. Con este argumento librarán batallas en el escenario de la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho de los Mares, que habla de aguas internacionales y de plataformas submarinas.</p>
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<p>Sin embargo, aunque las banderas no hagan soberanía, el presidente Putin quería dejar en claro con un acto visible que Rusia abre la competencia por el Polo. Y también quería suturar la herida que dejó en el orgullo ruso la tragedia ocurrida hace siete años.</p>
<p>Más que por futuras soberanías, los sofisticados batiscafos que navegaron bajo los hielos árticos actuaban por las pasadas heridas que dejó el hundimiento del mejor submarino que tenía Rusia.</p>
<p>Para los rusos, la palabra Kursk evocaba la batalla en la que derrotaron a las divisiones blindadas de la Wehrmacht comandadas por el mariscal Erich Von Manstein, en las estepas del norte del Mar Negro que dieron nombre al histórico combate. Sin embargo, desde agosto del 2000, la palabra Kursk evoca la tragedia del más moderno y poderoso submarino de la armada de guerra rusa.</p>
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<p>Con su capacidad para transportar 24 misiles nucleares y 130 tripulantes, este gigante negro construido en 1995 fue modelo del submarino de la película Operación Delta Force, en la cual comandos terroristas secuestraban una nave tan poderosa que con ella podían amenazar al mundo.</p>
<p>El hundimiento del Kursk no sólo dañó la imagen de Rusia porque su economía ya no daba para un buen mantenimiento de su flota. La dañó también porque los vetustos batiscafos no estaban en condiciones de emprender la misión de rescate en el lecho del Mar de Barents.</p>
<p>Putin era un recién llegado a la presidencia y descansaba en su dacha de Criméa, cuando le tocó afrontar la disyuntiva de aceptar o no la ayuda que ofrecían el gobierno británico y una empresa privada de Noruega. Tuvo en claro el presidente que el modernísimo mini-submarino inglés LR5 estaba en condiciones de rescatar con vida a los marinos atrapados en la profundidad de Barents. Pero aceptar tal salvataje implicaba revelar a la Royal Navy la estructura del arma más letal de la flota rusa. En semejante disyuntiva, Vladimir Vladimirovich eligió preservar el secreto militar al precio de abandonar a los tripulantes del Kursk en esa horrible muerte que los emboscó en el fondo del mar. De todos modos, a esa altura de la tragedia, el poderío naval ruso había mostrado al mundo sus penurias.</p>
<p>Reemplazar la postal de aquella Rusia escuálida y desvalida por el retrato de una Rusia vigorosa y en pie es la obsesión de este presidente cuya ideología es el nacionalismo imperial de su país. Y que para alcanzar tal fin recuperó la única forma de liderazgo político que forma parte de la cultura rusa: la autocracia. Como autócrata que es, Putin deja de lado el Estado de derecho y el pluralismo, aunque cuida la forma y los modales para no parecerse a esa fauna de autócratas impresentables que reina más allá de los Urales.</p>
<p>Lo que logró no es poco. Y lo hizo sin dejar de parecerse a aquel niño callado y taciturno; o sea atrincherado en su mirada fulminante, y haciendo del silencio una fortaleza inexpugnable.</p>
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<p>*Periodista y politólogo</p>The post <a href="https://www.revista-noticias.com.ar/rusia-otra-vez-en-carrera/">Rusia otra vez en carrera</a> first appeared on <a href="https://www.revista-noticias.com.ar">Revista Noticias Online </a>.]]></content:encoded>
					
		
		
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