Ofelia Wilheim, la suegra del presidente Néstor Kirchner y fanática de Gimnasia y Esgrima de La Plata, tuvo que masticarse la bronca de ver a Juan Sebastián Verón, capitán de Estudiantes de La Plata, dar la vuelta olímpica y alzar la copa del campeonato de fútbol. Sin embargo suegra e ídolo tienen un futuro común. Porque ahora Verón saltó a jugar en el terreno de la política: para apoyar a los distintos soldados de la Casa Rosada, el jugador ya se comprometió a ser la cara de una campaña publicitaria en la que se promocionará el regreso de argentinos desde el extranjero. Y viajó a Río Gallegos para apoyar al candidato K a la intendencia, Daniel Álvarez.
La invitación tenía sabor a orden: "Te vas a Santa Cruz", le dijeron. Verón no alcanzó a decir nada. Ni siquiera pudo eludir el pedido con una de sus tradicionales gambetas. A la mañana del jueves 21, el futbolista embarcaba en un avión de Aerolíneas Argentinas. En poco menos de dos horas estaba en Río Gallegos.
(sbt)Paseo.(sbt2)Durante su estadía, que se prolongó por 36 horas, Verón fue un kirchnerista más. Se alojó en el hotel Santa Cruz, histórico búnker del Presidente, y lugar de reunión del gabinete cuando Kirchner gobernaba la provincia. Verón recorrió la ciudad custodiado por expertos: su guía fue Leandro, el más joven de los hijos de Lázaro Báez, empresario de la construcción con fuertes lazos en la Casa Rosada. Por las calles de la ciudad circuló una versión que no pudo ser confirmada: Báez sería el nuevo propietario de una lujosa camioneta BMW 4x4 que habría pertenecido a Verón. Y la transacción se habría producido durante la estadía del jugador en tierras patagónicas.
La primera recorrida por las calles de Río Gallegos sorprendió al capitán de Estudiantes. Había carteles y afiches con su figura y un slogan: "Sumate. Dale una mano a Río Gallegos". Formaban parte de la campaña electoral de Daniel Álvarez, actual secretario privado de Néstor Kirchner y candidato a la intendencia de Río Gallegos. Más allá de los equipos programáticos y las propuestas concretas de gobierno, que aún no han dado a conocer, Álvarez optó por crecer impulsado por figuras con rating como Verón.
El aviso paralizó a más de un funcionario en la subsecretaría de Deportes de Santa Cruz provincial: "Va Verón. Hagan algo". Desde Buenos Aires les avisaban que el jugador estaba llegando a Río Gallegos y tenían apenas horas para organizar una conferencia de prensa. Se habilitó el polideportivo del CEPARD (Centro Provincial de Alto Rendimiento Deportivo), donde el jugador brindó una conferencia de prensa y firmó autógrafos a los doscientos chicos que lo escuchaban. Las preguntas estuvieron muy lejos de la política. La prensa y los aficionados querían saber sobre los pormenores de su pelea con el delantero de Boca, Martín Palermo, previo al desenlace del campeonato. Verón se escudó en los "códigos del fútbol" para no responder. Esquivar las preguntas difíciles es un estilo que el oficialismo aplaudirá en este nuevo promotor de las bondades kirchneristas.
Las buenas relaciones entre el futbolista y el Presidente comenzaron en junio, cuando Verón regresó al país. El mediocampista visitó a Kirchner en la Casa Rosada, donde mantuvieron una charla distendida junto a la senadora Cristina Fernández, tan fanática de Gimnasia y Esgrima como su madre Ofelia.
A partir de aquella reunión el Gobierno ejerció una sutil pero fundamental presión para que el intendente platense, Julio Alak, destrabara las obras de remodelación de su estadio. Fue la solución mágica a un tema que parecía empantanado y sin posibilidades de resolverse. La mano del Presidente logró el milagro y el futbolista lo vivió como un nuevo triunfo. Claro que como en la política nada es gratis, Verón parece haber tenido que pagar en especias.