"A los alemanes, los vuelve locos el contacto físico que se genera en el tango", dice el bailarín y coreógrafo Gonzalo Orihuela (27), radicado en Essen, Alemania, desde el 2005. Como hace regularmente en diversas partes del mundo, este hijo de argentinos nacido en Sudáfrica –donde vivió hasta 1987, cuando su familia decidió volver e instalarse en Río Negro– vino a presentar su espectáculo de tango "El sonido de las caricias”. Gonzalo descubrió el tango y se enamoró de lo mismo que enloquece a los europeos: bailar unos minutos abrazado a alguien desconocido, con el que, sin embargo, se establece una relación especial y, por momentos, mágica. Luego, el hechizo se rompe y la pareja se separa, quizá para no volver a verse. Lo que queda es el recuerdo de "una caricia, un abrazo, en un lugar donde nadie hace preguntas y sólo importa que bailés bien", dice Orihuela.
La observación no es casual: en el 2002, un pequeño angioma que sólo Gonzalo podía distinguir en su pómulo izquierdo, lo mandó al quirófano para un procedimiento, en apariencia, de rutina. Pero la operación salió mal y el lado izquierdo del rostro le quedó deformado. Él estudiaba teatro en Buenos Aires, pero "psicológicamente no estaba preparado para exponerme en los castings, donde además, me preguntaban mucho por mi cara", recuerda con voz pausada y tranquila. Mientras barajaba la posibilidad de volverse a Río Negro, donde pasó su adolescencia, se metió –por curiosidad– en una escuela de tango. Lo que empezó como una actividad para matar el tiempo, lo atrapó, y nunca más dejó de bailar. "En ese momento, el tango me dio un lugar para esconderme, de mí mismo y del mundo", dice este tanguero cosmopolita de 27 años.
Noticias: ¿Qué tiene el tango de especial?
Gonzalo Orihuela: El ambiente tanguero es muy ameno, nadie me hacía preguntas incómodas sobre mi cara. Lo único que importaba era que bailara lindo. Así que tomaba clases desde temprano y a la noche bailaba en la milonga hasta las cuatro de la mañana. En cierta forma, era una búsqueda terapéutica. Con el tiempo, ya abandonado mi proyecto teatral, el tango se convirtió en un laburo. Al año y medio, me volvieron a operar. Todo salió bien y de ese mal trago sólo me queda una cicatriz bien disimulada.
Noticias: No retomaste el teatro.
Orihuela: Podría haberlo intentado, pero el tango ya me había atrapado. A las pocas semanas de salir del hospital, se ve que estaba tan contento con el resultado de la operación, que empecé a tener mucho trabajo como traductor para las clases de tango y, más tarde, como bailarín y profesor. Por esa época, ya había empezado el auge de los extranjeros en Buenos Aires y no había bailarines de tango que supieran hablar bien inglés.
Noticias: Además del inglés, ¿qué otro recuerdo te quedó de Sudáfrica?
Orihuela: Me quedó el inglés, pero olvidé el “afrikáans”, que es otra de las lenguas oficiales y que deriva del holandés. Volvimos a la Argentina cuando yo tenía 7 años, y la mayor parte de mi vida la pasé en General Roca, Río Negro. Pero tengo recuerdos de la escuela Waldorf, en la que estudiaba; era en Pretoria, la capital. A la tarde, me iba a la juguetería de mi viejo, que me regalaba los juguetes fallados. También recuerdo a la mujer negra que me crió, Anna.
Noticias: No llegaste a ver el fin del apartheid.
Orihuela: No, nos fuimos antes. Para ese entonces, la situación económica en Sudáfrica era difícil, peor que la de Argentina en esa época. Muchos comerciantes se fundían. Así que mis viejos decidieron pegar la vuelta e instalarse en General Roca.
Noticias: Y hace dos años volviste a emigrar.
Orihuela: Sí, me instalé en Alemania con Solange Chapperon, mi pareja y compañera de baile, con quien había fundado un centro experimental de tango en San Telmo en el 2004. Pero, enseguida, pasó lo de Cromañón y nos metieron como treinta multas: en el local había telas que podían incendiarse, las escaleras no eran seguras... Como el espacio era prestado, tuvimos que cerrar. Al poco tiempo, decidimos irnos a Essen, una ciudad alemana de 600.000 habitantes. Elegimos vivir allí porque siempre nos fascinó la danza de Pina Bausch, cuya compañía está muy cerca. La escuela donde ella se formó, y donde ahora estudia Solange, también queda ahí. En cualquier ciudad alemana, por chica que sea, hay mucha vida cultural. En la Argentina, en cambio, la oferta se concentra en Buenos Aires y el resto del país queda relegado. Por otro lado, allá hay una excelente calidad de vida, se respira aire puro y no hay ruido.
Noticias: ¿Cómo es un día tuyo en Essen?
Orihuela: Durante la semana, ensayamos junto a otros bailarines en un teatro que nos prestaron. También me dedico a la investigación: busco nuevos aspectos expresivos del tango, nuevos lenguajes y estilos. Hago anotaciones y filmo lo que voy creando e indago qué pueden aportar otras técnicas. Los fines de semana, nos vamos de gira. En Europa hay un circuito tanguero muy desarrollado y cobramos un caché fijo por bailar en milongas. Hemos viajado por Holanda, Lituania, Italia, Francia e Inglaterra. También hemos actuado en Finlandia, pese a que tienen el "tango finlandés", que curiosamente es su danza nacional y cuya música y técnica se diferencian bastante del nuestro. Pero también bailan a la perfección el tango argentino. De hecho, todo lo que pasa en los ambientes tangueros de todo el mundo, tarde o temprano, se procesa en Buenos Aires y luego vuelve a salir al exterior, transformado y resignificado.
Noticias: Como extranjero, ¿te afectan las restricciones europeas a la inmigración?
Orihuela: Tengo visa de trabajo, que debo renovar cada año. Como por ahora sólo tengo pasaporte sudafricano los trámites se hicieron más complicados que si hubiera tenido el argentino. De hecho, para viajar como turistas en la mayoría de los países los argentinos no tienen que solicitar una visa. No es el caso de los sudafricanos, que deben pedir permiso hasta para ir al baño. Recién ahora estoy tramitando el pasaporte argentino. En ese sentido, mis viejos siempre me dieron mucha libertad y no se metieron con mis cosas: recién de grande, decidí que ya era hora de tener la nacionalidad argentina.
Noticias: ¿Volviste a Sudáfrica?
Orihuela: No, desde que me fui, a los 8 años, nunca más volví. Estoy planeando viajar a mediados de este año. Hay un circuito de tango muy incipiente en Johannesburgo y en Ciudad del Cabo, pero no creo que vaya a trabajar. Si viajo, sería para reencontrarme con el lugar de donde vengo.