La gira de Cristina Fernández de Kirchner por París fue la primera movida del Gobierno para instalarla como posible candidata "pingüina". Pero lo que en un principio intentó ser un posicionamiento de imagen progre, basado en aspectos culturales y discursos pro derechos humanos, mutó en una rara campaña bricolage, armada a los apurones. Y así fue como terminó en un impensado escenario: sentada al lado del presidente de la AFA, Julio Grondona, mirando fútbol -algo que aborrece-. París se presuponía ideal para Cristina. ¿Qué mejor lugar para brillar que la Ciudad de las Luces, destino soñado de cualquier progresista? Era un escenario a medida para sugerir un lanzamiento. Pero, como se vio, hasta en París puede haber apagones.
(sbt)Problemas. (sbt2)Cerca de 30 personas integraron la comitiva que acompañó a la Primera Dama. Entre ellos, el canciller Jorge Taiana, el vocero presidencial Miguel Núñez, el secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde y el subsecretario Rodolfo Mattarolo. El domingo 4 se alojaron en el señorial hotel Le Meurice, ubicado entre la Plaza de la Concordia y el Museo del Louvre. La suite que ocupó Cristina cuesta más de mil euros la noche y tiene una impactante vista a los jardines de las Tullerías.
Esa primera tarde, la Senadora eligió disfrutar de una visita al museo Nissim de Camondo e ir a ver bailar ballet a Paloma Herrera. Mientras tanto, sus operadores afilaban detalles para lograr una agenda potable en la estadía parisina. Una tarea que recayó en Núñez -su asistente de prensa en los ´90- y en el embajador en Francia, Eric Calcagno. Lo que no esperaban es que fuera tan complejo hacer congeniar las necesidades de campaña de Cristina con las de los candidatos franceses metidos en su propia elección. A juzgar por los resultados, a ellos les servía de poco mostrar que se juntaban con una Primera Dama llegada de Sudamérica.
(sbt)Día 1. (sbt2)El día inaugural del operativo para instalar a Cristina desde Francia a la Argentina -la cobertura mediática fue amplísima- tuvo un claro tinte político. La primera reunión formal de Fernández de Kirchner fue con la candidata a la presidencia francesa, la socialista Sególène Royal, en su bunker parisino. Allí aprovechó para lanzar una sugerente frase, con la ambigüedad suficiente para convertirse en titular de diario: "Éste es el siglo de las mujeres", impuso Cristina, tal vez basada en las posibilidades de su anfitriona, aunque Royal justo empezara a sufrir una merma sutil en las encuestas.
El segundo convite del día se lo brindó el primer ministro francés, Dominique de Villepin, con quien dialogó sobre las futuras condiciones de detención del represor Alfredo Astiz y así incluyó en la agenda mediática el motivo formal del viaje: la política de derechos humanos del Gobierno de su esposo, Néstor Kirchner.
Es que, según la versión oficial, Cristina viajó para suscribir la Convención Internacional para la Protección de las Personas contra las Desapariciones Forzadas, un documento consensuado por 59 países y que comenzó a pergeñarse 20 años atrás. Una de las mentoras fue la titular de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, Marta Vázquez, quien viajó a París invitada por el gobierno francés.
La decisión de que sea Cristina la firmante del documento en nombre del Estado argentino ya había generado críticas antes del viaje. Varios constitucionalistas cuestionaron la decisión, esgrimiendo que como senadora, no tendría esa potestad. Pero la Cancillería arguyó un tecnicismo que la habilitó, al menos hasta que se pronuncie el Congreso. Lo curioso es que el sustento protocolar para poner en escena a Cristina se basó en su condición de esposa del Presidente, un rol del que ella misma siempre renegó. Basta recordar su autoproclamación de Primera Ciudadana. Esta vez, la portación de apellido fue un detalle menor.
(sbt) Interna. (sbt2)La presencia de Cristina desató otra inesperada crítica. Los organismos de derechos humanos radicados en Francia vieron una manipulación proselitista en la maniobra. Tanto CALPA (Comité de Apoyo a las luchas del Pueblo Argentino) como HIJOS París protestaron ante funcionarios argentinos en un almuerzo previo a la firma del documento y, a la vez, les recordaron la desaparición del testigo Jorge Julio López. Para contemporizar la petit diyuntiva, Cristina se encargó de expresar la "desazón" de la sociedad argentina por el caso López en su discurso durante el acto protocolar.
(sbt) Polenta y pilas. (sbt2)Al tercer día de la gira cristinista, las cosas comenzaron a complicarse para sus operadores. Por más intentos que hicieron Calcagno y Núñez no podían encontrar un lugar en la agenda de Nicolás Sarkozy, el ministro del Interior que es el mejor posicionado para las presidenciales francesas de abril. El fracaso de la gestión hizo que la gira tomara rumbos novedosos. De lo cultural-social viró en un instante hacia lo "nacional y popular". Y todo gracias a un inesperado salvador: Grondona. La cintura del presidente de la AFA le cubrió un hueco importante a la agenda de Cristina, que terminó posando con los jugadores del Seleccionado seguida al detalle -y con acceso irrestricto- por las cámaras de la productora La Corte, empresa de vínculos estrechos con Núñez.
La senadora se aggiornó al momento y alentó a los jugadores: "Polenta y pilas que tenemos que ganar", les dijo, en tono futbolero. Como ofrenda recibió una camiseta argentina con su nombre en talle small, como se encargó de detallar, y un buzo del seleccionado para su hijo Máximo. El broche de la jornada fue ver el partido entre Francia y Argentina desde la platea vip del Stade de France. Aunque ya no había entradas, Grondona se encargó de facilitar el acceso. "Don Julio" no iba a perderse de salir en la foto ni en la transmisión en vivo del partido junto a ella: le pidió a Carlos Ávila, dueño del canal TyC Sports, que enviara una cámara para registrarlo junto a Cristina.
Al comienzo del mandato de su esposo, Fernández de Kirchner había sugerido que quienes "entraron con botas deberán salir en alpargatas", en referencia a aquellos dirigentes que se mantenían en sus posiciones de poder desde tiempos de la dictadura. Entonces se leyó como un mensaje para Grondona. Tal vez fue un error de interpretación.
(sbt)Papelón. (sbt2)Antes del salvavidas de Grondona, la comitiva de la primera dama dejó pasar una reunión frente a sus narices. Mientras Fernández de Kirchner, Calcagno y Taiana charlaban, ingresó al hotel el ex presidente francés Valery Giscard D’Estaing, quien fuera mandatario entre 1974 y 1981. Ningún secretario, asesor o funcionario de la embajada argentina en Francia que pululaban por el lobby notó su presencia. Giscard D’Estaing frenó en 1978 al dictador Eduardo Massera, cuando fue a explicarle sus planes políticos; el francés, en cambio, le reclamó por las monjas desaparecidas. Sin embargo, nadie de la comitiva lo reconoció. Cuando el ex presidente se retiró, fue abordado por la corresponsal del diario La Nación a quien le expresó que, de haberse enterado que fueron vecinos de mesa, le hubiese gustado conocer a Cristina. Pero ella ya estaba recluida en su exclusiva suite, decorada al estilo de Luis XVI, con cuarto de baño en mármol y servicio cinco estrellas, donde pasó largas horas entre evento y evento.
Este episodio hizo recordar las críticas que se le hicieran al embajador Calcagno antes de asumir su cargo: el ex periodista y economista no presentaba demasiados antecedentes diplomáticos.
De todas formas, fue Calcagno el organizador de un encuentro con residentes argentinos en Francia, que contó con la presencia de su ex jefe, el director de Le Monde Diplomatique, el periodista Ignacio Ramonet y en la que Cristina recibió otro presente deportivo: una camiseta de Los Pumas de las manos del rugbier Agustín Pichot.
(sbt)Lógica. (sbt2)Ni la estrategia de instalar la imagen de Fernández de Kirchner como presidenciable logró modificar su habitual destrato con la prensa. A excepción de los enviados de la agencia Télam, el resto de los periodistas debió ingeniárselas para, al menos, robarle una declaración o conocer la agenda del día siguiente. Cuando un cronista de una radio consiguió dos frases de Cristina en la previa del partido de fútbol, los corresponsales ironizaron sobre la "nota exclusiva" del día. Esa escena terminó de desanimar a un periodista de un semanario francés que intentaba entrevistarla. En cambio, el resto de los medios galos no tuvo en agenda la visita de la enviada argentina: su única mención fue en el diario Le Monde, tras la firma del documento sobre derechos humanos, en donde la presentaron como "esposa y representante del presidente argentino".
Quien sí consiguió una entrevista exclusiva fue el corresponsal de la revista Debate, fundada por el embajador kirchnerista Héctor Timerman, con la condición de que se hablara sobre el documento firmado. Sin embargo, Cristina fue más allá: "La gente nos quiere ver trabajar y no en campaña". Al día siguiente de salir la publicación, en el meeting de la embajada, la no-candidata criticó las gestiones presidenciales que precedieron a la de su marido, elogió las caídas de los índices de desempleo y pobreza de su Gobierno, y hasta elogió a la selección de fútbol por su triunfo ante Francia. Nada más alejado de un discurso de campaña.