Ser hijo de un famoso no es fácil. Uno siempre compite con los padres, y querer ser parecido a mi papá me llevó por caminos complicados, porque él es un tipo fuera de los parámetros normales, imposible de igualar. Como no podía competir, agarré por otro camino, el del desastre. Ya lo superé, pero me costó mucho”, cuenta Carlitos Páez –hijo del artista plástico Carlos Páez Vilaró– después de su adicción a las drogas y el alcohol y de años de terapia. Él lo llama su “segunda cordillera”, sobre la cual está escribiendo un libro. La primera cordillera de Carlitos fue la historia que recorrió el mundo: ese grupo de jóvenes uruguayos de clase alta que iba a jugar un partido de rugby a Chile, en 1972, y cayó con el avión en Los Andes. Sobrevivieron dieciséis. Fueron 70 días, con temperaturas de hasta 40 grados bajo cero. Una situación límite, extrema, que hace zozobrar los cimientos de cualquier persona.
Noticias: ¿Cómo ve hoy, en perspectiva, esa epopeya?
Carlitos Páez: Lo importante es que fue protagonizada por gente común. Yo no era alpinista, en Uruguay no hay nieve y caímos a 4.200 metros de altura. Permanecimos ahí 70 días, con 18 años. Fue una historia netamente grupal, muy dura. Yo nunca había visto un muerto y tuve que convivir con 29 cadáveres. Pero siempre tuvimos una actitud positiva.
Noticias: ¿En qué lo cambió haber vivido aquella experiencia?
Páez: En primer lugar, no tengo derecho a quejarme de nada. Sabiendo de donde vengo, no puedo quejarme si hay un apagón, si pinché una goma, porque permanentemente recurro a esa historia.
Noticias: Escribió un libro, “Después del día 10”. ¿Qué pasó ese día 10?
Páez: El día 10 fue el peor, porque nos enteramos por la radio de que ya no nos buscaban más, pero al mismo tiempo, a partir de ese día dejamos de sobrevivir para empezar a vivir. Roy Harley era estudiante de ingeniería y había hecho una esfera para poder escuchar la radio, una Spika. Ya habían pasado dos aviones y pensábamos que nos habían visto. De pronto entra Roy, que estaba escuchando la radio, y me dice: “Carlitos, tengo una buena noticia. Dieron por finalizada la búsqueda de nuestro avión”. Yo era un niño caprichoso, consentido, de desayuno en la cama, hijo de padres divorciados que me habían dado todo, y éste me decía que nos habían abandonado ahí... Agregó: “¿Sabés por qué es una buena noticia? Porque ahora dependemos de nosotros”. Eso es actitud frente a la adversidad.
Noticias: ¿En el grupo había líderes que tomaban las decisiones?
Páez: Las decisiones se tomaban por mayoría, pero los que más trabajábamos teníamos más peso. Nunca vas a ver a un líder que sea un holgazán, esa es una de las cosas que aprendí. Yo era un nene frívolo que no hacía nada y mi palabra no pesaba, y de golpe cambié y me sentí importante. Hasta el lado por el que salimos, que fue un error porque tomamos el camino más largo, se decidió en votación.
Noticias: ¿La decisión de alimentarse con compañeros muertos también fue de todos?
Páez: Eso fue muy simple. Les encomendamos a los estudiantes de Medicina que se ocuparan del asunto, y nadie se negó. Era la única posibilidad, en la cordillera no hay alimentos ni vegetales, nada. Es más, hoy no esperaría diez días para tomar esa decisión.
Noticias: ¿Alguien les cuestionó este proceder alguna vez?
Páez: No, jamás.
Aunque parezca increíble, para Carlitos la peor pesadilla llegó cuando fueron rescatados y debió encontrarse con su padre famoso y sin el objetivo claro de tener que sobrevivir día por día en la montaña. “Mi sensación era ambivalente, una mezcla de felicidad con angustia, por dejar eso que habíamos creado. Tenía miedo a enfrentar lo que venía”.
Noticias: ¿Cómo fueron esos primeros días en Montevideo?
Páez: Y... no es fácil ser famoso, menos a los 18 años, y mucho menos cuando no lo buscaste. Va Clinton a Uruguay y quiere conocernos, y todo por el solo hecho de haber vivido, ese es el tema.
Noticias: ¿Y cómo fue el reencuentro con su padre, que tuvo un rol protagónico en la búsqueda?
Páez: Para mí no fue tan especial, yo sabía que ellos estaban vivos. El problema fue para ellos, habrá sido algo así como encontrarse con Lázaro. Mi mamá y mi abuela siempre creyeron que yo estaba vivo, quizá más que papá, que lo usó para que la búsqueda continuara.
Noticias: En su libro usted escribió que su padre se había apoderado de su tragedia. ¿Cómo es eso?
Páez: Bueno, sucede que la vida me dio la oportunidad de tener una historia como para poder competir con mi padre. Y cuando la vivo, papá termina siendo el tipo más importante, junto con (Fernando) Parrado. Escribí eso después de años de hacer terapia.
Noticias: Antes cayó en las drogas y el alcohol...
Páez: Es que agarré el camino equivocado. Hasta darme cuenta de que tras pelear tanto por mi vida no podía meterme en un proyecto de muerte, como la droga y el alcohol. Hace 17 años que salí de eso.
Carlitos pudo rehacer su vida. Se casó, se divorció, tiene dos hijos –María Elena y Carlos–, y ahora está de novio. Después de dedicarse al mundo de la publicidad y luego al negocio del campo, hoy da charlas de supervivencia y motivación en empresas, a partir de la experiencia que vivieron en Los Andes.
Noticias: ¿Siguen en contacto los sobrevivientes?
Páez: Sí, cada 22 de diciembre, que fue el día del rescate, nos juntamos. Es una especie de terapia anual para todos.
Noticias: ¿Sintió o siente culpa por estar vivo?
Páez: No, jamás. Algunos sí, pero yo no. Al principio quizás un poco, pero un día te liberás de esa mochila.
Noticias: ¿Es cierto que hoy su plato preferido es la carne cruda?
Páez: El steak tartare, sí, pero ya me gustaba desde antes.
Noticias: Después de lo que vivió, llama la atención que viaje tanto y no les tenga miedo a los aviones.
Páez: Yo soy más bien de seguir adelante, pero otros sobrevivientes nunca más subieron a un avión. El primer año tenía un poco de miedo, pero el avión es un medio seguro.