Información General | Fertilización asistida

El factor masculino

Nuevas técnicas para lograr la concepción cuando no se alcanza por problemas con el esperma. Pareja y psicología.

Por Andrea Gentil

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La dificultad para tener hijos puede provocar separaciones y divorcios. Peleas y culpas que si hasta hace un par de décadas se atribuían en gran medida a problemas femeninos, hoy en día se reparten entre ambos sexos casi por partes iguales. El factor masculino, como lo denominan los especialistas en fertilidad, tiene cada vez más incidencia verificable, y también más posibilidades de manejo y solución.

“Por lo general, cuando hay problemas para lograr un embarazo dentro de la pareja, la mujer prefiere ser la causante de la infertilidad, llegando hasta a ocultar que es el hombre quien tiene el problema", explica Luisa Barón, psiquiatra especializada en familia, al frente de la Fundación para la Investigación Médico-Psicológica, Impsi. "Porque a pesar de que hoy se sabe que la infertilidad no está conectada con la virilidad, sigue habiendo un imaginario cultural en el que se considera menos viril al varón que no tiene sus espermatozoides en condiciones para procrear”.

Dentro de las culturas latinas, sigue siendo mucho más vergonzante socialmente la infertilidad masculina que la femenina. Pero desde el punto de vista de la investigación en fertilidad, muchas cosas cambiaron. De ser ignorado, el factor masculino pasó a ser muy investigado, al punto de que algunos especialistas prefieren que, de haber problemas para lograr un embarazo exitoso, sean los espermatozoides los responsables y no los óvulos. “Uno prefiere tener dificultades con los primeros y no con los segundos, porque los óvulos tienen toda la máquina para lograr el embarazo. Los obstáculos con las células sexuales masculinas son más solucionables”, explica Sergio Pasqualini, director médico de Halitus.

Diagnóstico. Desde el punto de vista de la detección de problemas, el espermograma es el primer escalón, al punto de que algunos especialistas recomiendan que los hombres de más de 30 años que no han tenido hijos se realicen uno. Como para detectar dificultades rápidamente. “Recomendamos –advierte Pasqualini– que si los resultados son baja cantidad y calidad, se haga un congelamiento del material, para utilizarlo en el futuro, previendo que la condición empeore con el tiempo; sobre todo si el índice de anormalidad de las células es superior al 50%”. Hasta un 14% es normal y esperable.

“Lo que se evalúa con el espermograma es la cantidad, la movilidad y la forma de los espermatozoides, como primer acercamiento que permite ser si el factor masculino está presente. Y, si lo está, si es leve, moderado o severo”, resume Sergio Papier, director médico del CEGYR, Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción. En este centro, se acaba de publicar un estudio sobre un nuevo procedimiento de fertilidad masculino aún en estudio, la “separación magnética por columnas de anexina V” que, básicamente, permite separar células sexuales masculinas de aquellas que poseen anomalías en la estructura del ADN. Esta técnica permite rescatar a aquellos espermatozoides que pueden ser utilizados luego en el método de fertilización asistida más empleado actualmente: el ICSI, en el que por medio de micromanipulación se insertan células sexuales masculinas directamente dentro del óvulo.

Y es que hubo un tiempo en el que se pensaba que todo podía resolverse sabiendo si los espermatozoides eran suficientes y estaban bien formados. Ahora, también se analiza si dentro de sí mismos (de su ADN) prometen larga vida al embrión, o muchos problemas. Uno de ellos, por ejemplo, es una gran cantidad de células con apoptosis o muerte programada cuando no hay reacción inflamatoria. La apoptosis involucra a una serie de mensajeros químicos que se activan y terminan en la fragmentación del ADN. “Estudiamos a muchas parejas que no lograban el embarazo y notamos altos niveles de fragmentación del ADN espermático, es decir rupturas o lesiones en el material genético de la célula sexual masculina –describe Vanesa Rawe, bióloga del CeGyR–. Cuanto más comprometida está la integridad del material genético, más pobre será el pronóstico de lograr un embarazo a término”.

Foto íntima. Cuando los especialistas comprueban que el ADN de un espermatozoide está alterado, se lo hace pasar por una especie de desfiladero con anexina (una proteína que permite saber si hay muchas células con muerte celular programada): si las células quedan adheridas, están dañadas; si por el contrario pasan de largo, están sanas y son elegibles para llevar al ICSI y fecundar al óvulo. “Porque si inyecto espermatozoides con problemas en su ADN no podré lograr embriones que concluyan en un embarazo evolutivo, o sea, exitoso”, redondea Papier.

Otra de las técnicas que actualmente se están usando para seleccionar los espermatozoides más aptos antes de un ICSI es analizar si las células sexuales se adhieren o no a la zona pelúcida de los óvulos, algo así como su cáscara, donde se adhieren los espermatozoides. “Cuando esto sucede, el especialista toma una pipeta, introduce una sustancia que se llama hialuronidato y luego los toma uno a uno, para después hacer el procedimiento de fecundación, o, inclusive, para congelarlos. Porque actualmente podemos hasta conservar pequeñísimas cantidades de esperma cuando el hombre tiene un muy mal diagnóstico. Es factible inclusive congelar 4, 5, 6 células sexuales masculinas solamente, algo que antes era imposible”, enfatiza Pasqualini.

Pero, ante las alternativas, ¿qué pasa por la mente del hombre que está en esta situación de estudios y pruebas? “En general, los hombres son más pragmáticos, muchas veces niegan el problema y prefieren pasar más rápidamente a la donación de espermatozoides, por muchos motivos –aclara Luisa Barón–. Uno de ellos es que temen que su compañera se decepcione y los abandone, y antes que eso optan por acelerar los procesos, aún cuando sea doloroso vincular la donación de espermatozoides con la idea de que otro hombre más viril puede lograr lo que ellos no”.

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