Aparece la cara de él contra la lente de la cámara. Termina de calibrar la altura del trípode mientras ella se saca la ropa y sonríe nerviosa. Son muy jóvenes. Cuando le parece que la cama ya está centrada y en primer plano, camina desnudo hacia ella. Entonces la acaricia. Cada movimiento es dubitativo. Ella está rígida y él le dice algo que no se escucha. De repente, un corte de cámara. La siguiente escena muestra dos o tres minutos de sexo. Él sobre ella; nada especial. De repente, él se levanta, camina hasta la cámara, guiña un ojo y la apaga. Esa misma noche, cuando suba el video a internet, es probable que alguien que no conoce lo felicite por mail.
Deseo digital. Es una práctica que oscila entre un nuevo fenómeno de mercado (por la manera en que atenta contra los principios del circuito de producción, distribución y consumo del sexo porno profesional), la última renovación de un antiguo hábito de la vida privada (los modos de representar y registrar el sexo) y el boom del exhibicionismo digital como indiscreta contraparte de la reclusión obligada de los millones de usuarios de internet en todo el mundo. El del sexo amateur convertido en pornografía amateur (imágenes y videos hechos de manera hogareña por el común de la gente, y después colocados en la web), es un horizonte en vertiginosa, cómoda y cálida expansión. Un género particular instalado incluso en la Argentina, donde las páginas virtuales especializadas tienen un promedio de 50.000 usuarios registrados, y "el material" a disposición -como lo llaman sus pseudomercaderes- se renueva casi a diario y desde todos los puntos del mundo y del país.
La premisa fundamental para el éxito del fenómeno amateur es la misma del sexo en general: usuarios y consumidores del deseo -aunque éste se ubica en la zona gris entre la práctica y la mercancía-, son universales. Por otro lado, muchos de estos usuarios y consumidores viven su deseo acordonados en los márgenes de lo imaginario. Por gusto, decisión o -casi siempre- por estrictas razones de edad, son millones los cibernautas que, al calor de la impaciencia, miran pero no tocan; prueban, pero no tragan. Es ante esa carencia que las nuevas tecnologías digitales (cámaras web, videocámaras digitales, celulares con cámara fotográfica), empiezan a encontrar usos novedosos inmediatamente transportables hacia internet, por pistas digitales cada vez mejor asfaltadas. Foros, portales, chats, blogs y fotoblogs son bases de datos casi siempre gratuitas y de acceso inmediato, abiertas a la recepción de imágenes, videos y hasta textos que, en segundos, desde la intimidad de cualquier hogar en el que se encuentre un voluntario dispuesto, pueden convertir a cualquiera en un actor porno.
Como la naturaleza, internet se resiste al vacío. Y donde hay una necesidad, siempre hay un buscador virtual. Por eso cada vez son más quienes quieren mirar y quienes quieren ser mirados. Por mero entretenimiento, morbosidad o egolatría, las distancias en clicks, entre anónimos reunidos por un mismo deseo, se acortan.
Made in home. Siempre a la vanguardia de la tecnología -desde la fotografía hasta el cine, y del video a internet-, la industria del porno supo acaparar una oferta inextinguible, al tiempo que modelaba su propia demanda. La mujer rubia de curvas groseras y el hombre morocho de dimensiones que temer eran, hasta hace muy poco, los íconos impuestos por la industria profesional del sexo. Estandarizadas, hoy esas mismas figuras pierden interés. La tecnología digital, habiéndose hecho cada vez más accesible, había colocado, primero, al usuario tras la lente. Sobre las nuevas costumbres sexuales de la era digital, ese mismo usuario comenzó a colocarse también delante. Con la capacidad de filmarse a sí mismo con nitidez digital en cualquier momento -a pesar de las curvas accidentadas de su pareja-, de fotografiarse y verse de manera instantánea a sí mismo hasta en los momentos más íntimos -a pesar de la modestia comparativa de sus proezas sexuales-, el amante amateur, entre el narcisismo y la desinhibición, comenzó a reconfigurar en internet los modelos de belleza masculinos y femeninos. Con sus coitos módicos y sus pretensiones personalizadas, el amante amateur ajustó los cuerpos a su imagen y semejanza y reformuló, además, qué esperaba ver de ellos. Categorías como "amateur", "voyeur", "upskirt", "chicas de chat", "ups!", "lolitas", "candid" y "playeras", entre tantas otras que pueden descubrirse a través de Google.com, saturan la lista de cualquier explorador mientras demarcan un nuevo mapa de lo que los ciber navegantes esperan del sexo, ahora, made in home.
El pornógrafo. "La foto tiene que ser lo más natural posible, sin edición ni una gran producción, algo casual, amateur. Fotos de estudio o modelos profesionales se descartan, queremos a las chicas como van a la escuela, salen a bailar o a pasear. Gente normal, personas que ves en la calle, mujeres que se sientan al lado tuyo en el colectivo", anuncia Alejandro Sena en el manifiesto estético de Alta Pendeja.com, uno de los sitios argentinos más notorios en las agendas digitales de los últimos tiempos, y en el que son las adolescentes las que suben sus fotos sensuales caseras (solas o acompañadas por amigas), aunque casi siempre posando como modelos. "Entrás a la galería, seleccionás una foto y empezás a disfrutar sin esperar ni gastar una sola moneda del mejor material disponible", explica más adelante, y entonces su manifiesto se vuelve también político. Porque, a contramano del resto de las relaciones de intercambio -incluidas las virtuales-, en el circuito del sexo amateur, en especial argentino, no existe ni la posibilidad de una cacería inmediata del lucro. Como explica un veterano representante de un foro que no quiere nombrar, "las páginas donde se suben las imágenes y los videos son gratuitas. Los servidores de internet sobre las que se montan, -como el popular vBulletin- también". La única presencia comercial alrededor de los cuerpos desnudos se da en las promociones, alrededor de las pantallas, que colocan compulsivamente los servidores de internet para financiarse y mantenerse gratuitas para los usuarios. Suele tratarse de reservados anuncios de sex-shops y, casi siempre, de otras páginas dispuestas a pagar para autopromocionarse. Alta Pendeja.com, sin embargo, no pierde las esperanzas: acaba de inaugurar una "Sección Premium" a la que se accede por la cuota de 50 dólares al mes.
En los sitios norteamericanos, las cuotas para acceder al sexo amateur tienen un promedio de 30 dólares por mes. Muchas de las páginas gratuitas, además, son un canal por el que llegan promociones de otros tipos de sexo virtual: desde España, las ofertas de "universitarias" dispuestas a chatear vía Web Cam con cualquier interesado -hable castellano o no-, por medio euro al día, abundan. Si la evolución del sexo amateur tuvo su gran ascenso con la multiplicación de teléfonos celulares con cámara, la industria de la comunicación intenta ahora reubicarse y sacar su tajada del "material" terminado. En vistas a un negocio mundial de mil millones de dólares, la revista Playboy, en EE. UU, provee a varias empresas su "material para adultos". Solamente por el "sexo online", hubo una ganancia de 2500 millones de dólares en el 2005. En la Argentina, la modalidad recién empieza: ¿tendrán cabida los cuerpos "amateur"? Mientras tanto, los argentinos con intención de cambiar por dinero algo de su sudor privado, ofrecen su cariño a páginas web norteamericanas o españolas por cifras que vibran entre los 500 dólares o 100 euros. A mayor precio, mayor exigencia de "calidad" (una medida, en realidad, virgen para la estética amateur).
En el circuito local del sexo amateur, explica por chat un tratante de imágenes y videos con presencia en casi todas las páginas nacionales, que se apoda a sí mismo "Don H", lo que importa no es "la guita" sino "el orgullo", "jactarse de la mina con la que uno estuvo." Además, añade, hay muchas ramas del amateur. "Los cazadores -aquellos que sacan fotos de gente por la calle o en transportes públicos y las suben a la red- tienen la voluntad de sacarle una foto a alguien. Los voyeur -que recolectan imágenes tomadas desde balcones, ventanas y demás aberturas- solamente miran lo que se les muestra", escribe el pornógrafo, de madrugada, cuando los tratantes de "material" suelen navegar. "Después están las parejitas que se filman, pero eso depende del gusto de cada uno, yo prefiero las famosas nacionales porque tienen más guita para ponerse en el cuerpo".
Amateur nacional. Desterritorializando propiedades y socializando "ganancias", algunos foros de internet son las auténticas bibliotecas eróticas del siglo XXI. El caso más emblemático de la producción de sexo amateur lo protagonizó la argentina Agustina Keyra -al menos como se la conoció-, quien a través de un foro nacional convirtió sus dotes de sensualidad casera en comentarios internacionales y llegó a aparecer en las revistas Maxim y Hombre. El resto del circuito amateur nacional, aunque menor, se expande sin prisas ni pausas. El perfil estándar de los usuarios de estos foros corresponde a personas de entre 15 y 50 años. Con un nivel educativo moderado y costumbres pedestres, la mayoría son estudiantes y profesionales. Vinculados, en general, al área informática. Consumidores y productores tienen perfiles que van de una punta a la otra de la pirámide social: el acceso a un celular capaz de sacar una fotografía puede poner en la misma página -y en la misma balanza de comentarios, si la imagen aparece en un Foro y los usuarios la discuten con fervor- a una chica de Salta junto a una chica de Las Cañitas, en Buenos Aires. A los ojos del módem, el mismo deseo las homogeniza. En general, las imágenes que circulan por la red -local e internacional- no se fijan tanto en ellas como en ellos. Los varones suelen fotografiar, pero no tanto ser fotografiados. Se limitan a "jactarse" de sus relaciones y esperar las felicitaciones de los visitantes. Incluso cuando el principal mérito de la conquista consistió en pagar. Ellas, por su lado, sólo se dejan fotografiar en pleno acto sexual -y hay videos tomados en el Autódromo o en un almacén- si después se les censuran los rostros. Las hay también que posan exclusivamente para la cámara y se sientan a leer los comentarios, pero son las menos. El amateur nacional que empieza a divulgarse por internet, por el momento permanece colonizado por las normas del mercado: casi todos los cuerpos son jóvenes y respetablemente bellos. Les falta la salvaje trasgresión estética que sí hay, por ejemplo, en los videos amateur europeos (en el que hasta las obesas arrugadas se atreven a mostrarse teniendo sexo).
Entre los espacios virtuales más consultados, el Foro de Bailarinas y Porristas (FBP), a pesar de su nombre, es uno de los sitios con mayor caudal de sexo amateur en la red local. No sólo se actualiza casi todos los días; también tiene una sección específica para que productores y consumidores sepan cómo grabar y ser grabados. En la categoría amateur todo vale: desde sesiones privadas de fotografía hechas desde la cama de un hotel -ella, despeinada y deseante, sin maquillaje, mira con los ojos entreabiertos una cámara descuidada que le añade fecha y hora a la imagen-, filmaciones fugaces de encuentros en el baño de un boliche -él camina por un pasillo oscuro, la imagen se nubla por la oscuridad, de repente: una cabellera femenina y un gemido ahogado- hasta imágenes que se titulan "Esto me lo regalaron para el día de los enamorados" o "Compañera de trabajo", que pueden haberse grabado con o sin consentimiento de las partes involucradas. Casi siempre hombres (solteros, comprometidos o casados), suben sus imágenes y videos para después leer los comentarios de los cientos de visitantes diarios. Que suelen ser, casi siempre, otros hombres. En ese punto, el machismo se encierra en una curiosa encrucijada: el goce por la exposición de cada hombre sólo queda reconfortado cuando otro hombre le comunica lo mucho que gozó viéndolo. Cuando ese círculo de intercambio se cierra, la mujer queda afuera. Y la satisfacción, a pesar de las apariencias, sólo se manifiesta de un hombre a otro.
FBP. "Mr. Anderson" es el administrador institucional del FBP. Cuenta por mail que "Por fuera de cualquier cuestión económica, quienes proveen al foro, son todos los miembros que deseen participar de este y deseen compartir e intercambiar material". Sobre el sexo amateur, opina que: "la gente se muestra debido a que en cierto modo, al margen del deseo de exposición que pueda tener o sentir, este medio brinda, por decirlo de algún modo, una determinada impunidad, que tal vez no tendrían de otra manera. Y a su vez, aunque resulte contradictorio, para no quedar muy expuestos. ¿Cuales son las probabilidades de que, por ejemplo, tu madre, o bien, un hermano, asiduo usuario de internet, vea las imágenes que publicaste?"
En el FBP, las discusiones entre productores y consumidores de sexo amateur pueden llegar a ser desopilantes: "Si les preguntáramos a esas mujeres si dan su consentimiento para aparecer en este foro, estoy seguro de que la gran mayoría se negaría. Además, que las "victimas" pueden ser nuestras madres o hermanas o novias, etc.", subraya "Poocmaba", con aire conservador. "No estoy criticando las acciones de nadie, he entrado al foro muchas veces para sacarme el stress del trabajo de encima". "Rodrigo 22" es más directo, viene por la gloria: "Les cuento que en breve subo las fotos de mi novia, sin que ella se entere. Cómo me excita que la miren y opinen de su colita y sus tetas. Espero sus respuestas". Las respuestas: la vara virtual con la que se mide el acervo sexual de los nuevos galanes amateurs. Sus enemigos máximos son "los muditos": aquellos que entran a las páginas, miran lo que quieren mirar y se retiran en silencio.
Porno casero vs. profesional. En los Estados Unidos, los videos amateur más exitosos son los que tienen lugar en los campus universitarios. Casi siempre ella y él, casi nunca él y él: hasta al sexo amateur le cuesta liberarse de las normas heterosexuales-, están en una cama en el centro de una habitación pequeña y llena de libros. Escenografía suficiente para quince, a lo sumo veinte minutos de un encuentro amoroso entre veinteañeros que no quieren escapar del modelo originario del porno profesional: las peripecias de rigor (dos o tres posiciones rigurosas, y se acabó) que repiten el esquema de cualquier película triple X.
Cuando el amateur se convierte en esa versión pobre del porno, baja su cotización. (Al menos así se desprende, aunque en otros términos, de los cientos de mensajes que se escriben en foros y sitios especializados). Porque el género amateur, en esencia, reniega del sólo espectáculo. No sólo porque quien lo produce lo hace sin esperar nada a cambio -a diferencia del productor de cine profesional- sino porque el amateur -"el buen amateur", como dicen en el circuito de intercambio- reniega también de la estética del porno profesionalizado. El porno industrial es fragmentario, focalizado y fascinado con la genitalidad. Cuando el amateur lo copia, adquiere su sola pobreza perceptiva. Entonces cada video e imagen amateur se parece a la anterior: puestas en serie, se olvidan una tras otra. Inmediatamente olvidables, se pierden en el aire voluble de la red (en la que sobreabunda, sobre todo, la pornografía). Qué se hace y cómo se hace entre las sábanas -la naturaleza del sexo-, es siempre igual. Qué se ve y cómo se muestra, cuál es la representación del sexo, parece ser el gancho que arrastra a tantos hombres y mujeres a incursionar en el género amateur. ¿Por qué? Porque el amateur añade historia. Es intimista: como el blog. Cuenta en imágenes un romance, una frustración, una venganza, que es -o juega a ser- real. Por eso, aunque muchos de los videos amateur que circulan en internet suelen remitirse a una relación de pareja, la gran mayoría, en cambio, se remite a una ex-relación. Venganzas, traiciones y deslealtades orbitan intercaladas alrededor de cada historia de satisfacción sexual hogareña. Cuerpos reales unidos a historias reales: esa parece ser la gran innovación del amateur. Un "más allá" de los motivos típicos del porno profesional. Aunque se trate de las aventuras perfectamente lícitas de una azafata de Aerolíneas Argentinas, del video de la noche de bodas de la parejita ñoña recién casada o del último intento de reflotar la pasión de dos veteranos impresentables que no saben ni manejar la videocámara. Por eso -como explica en sus términos un asiduo pornógrafo- es inútil que "el porno profesional quiera adquirir la estética amateur".
En los Estados Unidos, donde el negocio del sexo tiene proporciones industriales y moviliza cifras de hasta 60 mil millones de dólares anuales -internet, por su lado, 2.500 millones de dólares-, muchos videos profesionales, como los que aparecen en Pornotube.com, se filman de acuerdo a los nuevos estándares del amateur: escenarios cotidianos, cuerpos ordinarios y proporciones identificables intentan absorber una demanda que tuvo un giro muy particular en los últimos tiempos. Aún en el campo inagotable de la sexualidad humana, esa lucha por imponer un orden y un mercado donde, de repente, dejó de haberlo, no es de las menos importantes en internet. Los argentinos cuentan con un frente de batalla respetable.