Información General | Fernando Zalles

Un sueño roto por la violencia

La historia del locutor boliviano que murió tras un robo. Poca repercusión mediática.

Por Mariano Przybylski

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Fernando Zalles llegó desde Bolivia cuando tenía 16 años. Como tantos otros compatriotas, vino a Buenos Aires buscando mejores posibilidades para su vida y con el sueño de trabajar en el lugar que lo apasionaba: la radio. Si bien siempre fue un agradecido de lo que le brindó la Argentina, el jueves 11, el país que lo cobijó durante 19 años le mostró su peor cara. Zalles fue baleado por dos ladrones que le robaron el Peugeot 206 que se había comprado hacía unos meses. Herido de gravedad, la voz más importante de la comunidad boliviana en la Argentina fue llevado en ambulancia al Hospital Piñeiro, donde no lo recibieron porque no contaban con insumos ni personal idóneo. De ahí lo pasearon moribundo hasta el Hospital Santojanni, donde la respuesta fue idéntica. Finalmente, Zalles murió sin asistencia, abandonado en una camilla.

Su muerte no tuvo la repercusión de otros casos de inseguridad. No ocupó grandes titulares de diarios ni atrajo las cámaras durante largas horas de transmisión. ¿Su condición de boliviano lo habrá pasado más rápido al olvido? Mientras Zalles moría, el rechazo a su comunidad se expandía en Facebook (ver recuadro).

Días de radio. En 1991, Zalles llegó a Buenos Aires de la mano de su hermana mayor -Ana- que ya estaba instalada en la Argentina. "Era un apasionado de la radio. Apenas llegó intentó meterse y aprender todo sobre el medio", comenta Pepe, mano derecha de Fernando y operador de Radio Impacto, el sueño cumplido de Zalles. Él siempre había añorado tener su propia emisora y logró instalarla en el fondo de la peluquería de su hermana Ana.

En 1993, se aventuró a pedir trabajo como conductor en una FM de Pompeya. "Nos gustó mucho su voz y el hecho que conociera perfectamente a la colectividad boliviana, que era a lo que apuntábamos nosotros con la radio, por el lugar en donde estaba ubicada", recuerda Ricardo, dueño de aquella emisora y "padrino" de Fernando de ahí en adelante. "Cuando llegó a Buenos Aires se vino a trabajar conmigo, que tenía un taller de costura", cuenta Darwin, cuñado de Fernando. "A él le venía bien porque yo lo dejaba ir a la radio para que pudiera hacer sus programas. Lo hacía gratis, pero era su pasión. Iba de una radio a otra", agrega el esposo de Ana.

Pasó poco tiempo y el programa de Zalles empezó a tener muchísima audiencia. Era un espacio en el que se pasaba música boliviana.

Entonces, para mantener ese caudal de gente y agrandar el negocio, Ricardo decidió abrir una disco, con Zalles de presentador. Así, entre la radio y las presentaciones en Kory Megadisco, pasaron sus últimos 16 años de vida. Fue entonces la voz más conocida para los bolivianos que viven en Buenos Aires y sus alrededores, hizo presentaciones de artistas en el Luna Park, Ferro y San Lorenzo. Su popularidad no paraba de crecer.

Preocupación. "Tengan cuidado con la inseguridad", les aconsejaba a sus oyentes. "Si les quieren robar, no se resistan, que las cosas materiales no tienen valor", insistía, transmitiendo un tema que lo preocupaba y que terminaría con su vida. Estaba pasando por su mejor momento. Después de haberlo soñado durante muchos años, había logrado abrir su propia radio con algunos ahorros, la ayuda de la familia y del propio Ricardo, que le prestó un transmisor. Desde ese pequeño estudio, Fernando hacía oír todas las mañanas su voz cálida, "con el timbre de Jorge Formento y la chispa de Andy Kusnetzoff", según cuenta Pepe."A él no le interesaba llegar a un medio grande, sólo quería que creciera su radio para ayudar a la comunidad", agrega.

Unos meses atrás había podido cambiar el viejo Peugeot 504 con el que andaba, por un 206 usado que compró aprovechando una oportunidad que le dio una conocida.

Más allá de su carisma, lo que más destacan los miembros de la comunidad eran las tareas solidarias que hacía Fernando. "Aprovechaba los contactos que hacía por la radio y trataba de darle una mano al que necesitaba. Mucha gente lo llamaba para pedirle favores. Ya fueran abogados, pasajes para Bolivia o hasta un cajón para enterrar a un familiar", explica Ana.

Todas estas cosas explican la angustia de tanta gente en el velorio que se hizo en la disco donde Fernando trabajaba y le hablaba a su comunidad. Esa comunidad castigada por la xenofobia y la discriminación, a la que ahora se le fue "la voz".

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