Opinión | Análisis

El gen mentiroso

Un análisis de los motivos por los que Fangio desplazó a Maradona en la compulsa televisiva de "El gen argentino". Identidad y corrección.

Por Omar Bello *

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Menudo fallido se mandaron los votantes de "El Gen Argentino". Eligieron a un deportista admirable pero eliminaron al fútbol de nuestra carga genética. Para encontrar al hombre correcto debieron cruzar las fronteras del deporte nacional por excelencia. Así es fácil identificar héroes a prueba de balas. Conozco un par de ciclistas que son una pinturita. Joya, nunca taxi. En el país de la carne premiaron la comida vegetariana. Pícaros. La nariz les va a quedar del tamaño de la avenida Rivadavia. Al lado de estos encuestados, Pinocho es un poroto. Ahora, ¿cómo explicamos los altos niveles de colesterol? Porque semejantes rollos no se acumulan a fuerza de ensalada de zanahoria. No cierra ni sentándose arriba de la valija. La victoria de Fangio sobre Maradona alivia conciencias. Eso sí, el ADN futbolero quedó mocho. Nos insemina Pelé o alguien pone la platita para posicionar a un piloto de fórmula uno en el escenario mundial. De lo contrario el panorama se presenta soporífero. Alentar a un corredor segundón es triste. Ni que hablar de la dimensión temporal. Las glorias de Fangio hay que buscarlas allá lejos y hace tiempo. Cinco décadas es mucho hasta para la audiencia cool de Pergolini. Un verdadero e intrigante milagro que los jóvenes sepan quién es ese señor formal que maneja algo que parece un cigarro cubano metalizado. ¿Será que los mayores votaron en masa? Entonces es un verdadero e intrigante milagro que gente grande maneje la tecnología necesaria para votar en el programa. Aquellos que tenemos más de cuarenta seguimos mandando cartas (sí, con estampilla) a lo de Susana. Hay que reconocer que el club de admiradores de Juan Manuel se la tenía guardada. Juegan de callados. ¿Dónde estaban? Se ve que salieron a votar en malón y de vuelta a la cueva. Falta el club de Fans de Luis Sandrini y estamos todos. De un momento a otro aparece Libertad Leblanc en la tapa de "Hombre". Igual, a todos aquellos que están preparando merchandising del quíntuple campeón les aconsejo cautela. Los gorros de El Chueco más famoso de la historia del deporte argentino podrían no ser un buen negocio.

Parafraseando a Barrionuevo, deberíamos dejar de encuestar por dos años. Tanta voluntad de consulta nos hace olvidar una regla de oro: la verdad rara vez transita el camino de las encuestas. Las personas se ceban y dicen cualquier cosa. Cualquiera que quede bien. Te fotografían y sonreís. Te preguntan algo y tratás de quedar bien. Es fija. Puestos a opinar somos todos ciudadanos del primer mundo. Los publicitarios saben bien de qué estoy hablando. Una vez consultada, la gente tiene convulsiones, espasmos de corrección que la llevan a abrazar causas supuestamente nobles y afirmar que la familia es la piedra fundamental de la sociedad. "¿Por qué no ponen gente común en los avisos?", es el reclamo de todo consumidor que se precie de tal. Les hacemos caso y cuando ven la publicidad recriminan: "¿No había modelos lindas?". Salvo que se trate de una compulsa acerca de quién tiene la mejor cola (ahí es difícil mentir), el encuestado se comporta como la mayoría de los entrevistados. O sea, miente con descaro delante de nuestras narices. "Entré a la política para devolverle a la sociedad parte de lo que me dio", "Vivo a través de mis hijos", "Encontré al amor de mi vida"; paparruchadas a las que les prestamos escasa atención. Letras que se amontonan alrededor de las fotos de las revistas. Son pocos los entrevistadores capaces de arrancar sinceridad. Son pocos los profesionales de la investigación capaces de obtener resultados aceptables. Imaginen qué grado de certeza podemos esperar de un programa de televisión. Mucho más si se trata de uno ligeramente pretencioso, en el que los espectadores buscan estar a la altura de las circunstancias. Acá no se trata de decidir quién sigue frotando el caño. Esto es otra cosa. "No te quedes afuera de esta decisión histórica", sentencian los avisos. Si ellos lo dicen. Fangio le ganó a Maradona. Parece que la nueva Argentina no es sólo un slogan partidario. El cambio recién empieza y ya se llevó puesto al Diego. Por fin aprendimos la lección.

Además de hacernos vibrar de emoción, un héroe hecho y derecho debe comportarse con corrección ciudadana. También tiene que estar muerto. No sea cosa que patine y se mande macanas irreconciliables con las exigencias de esta nueva sociedad perfecta que venimos pergeñando. Empezamos a purificar la raza por televisión. Una pena que no dieran los tiempos. Aguantaban unos días y ganaba el gen de Los Pumas. Tan educados que parecen. Gente bien.

"Perón cumple. Evita dignifica", proclamaba a viva voz un viejo slogan justicialista. Bueno, Diego Maradona te hace vibrar de emoción. Juan Manuel Fangio te hace sentir mejor. El problema no está en los resultados de la encuesta. Es el título del programa lo que no cierra. Debería llamarse "El eslabón perdido".