La base del PBI

La base del PBI

“Nuestras carreras son muy egocéntricas”
Una vida sin límites

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Trenes al borde del colapso

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“De joven hacía cinturones”
“Este año me volví piadosa y tierna”
La neurosis del ahora o nunca
“Nos fuimos, para decir lo que queremos”
Oyarbide público y privado

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El profeta de la indignación

Shakespeare tempestuoso

El estreno mundial de “La Tempestad” de Mauricio Wainrot sobre música de Philip Glass, contribuye al realce de la temporada 2006, que venía alicaída hasta que una serie de relevantes estrenos conmovió el panorama. Wainrot ha llevado a la escena una obra de compleja estructura según su visión de la homónima de Shakespeare. El director-coreógrafo atraviesa la etapa donde mitología griega y antigüedad ejercen profunda seducción. Antes fue “Medea”, ahora “La Tempestad”. Para poner en movimiento su idea creó varios protagónicos y más de diez solistas sometidos al ritmo vertiginoso impreso a la acción. Allí hay drama, y también muchos efectos buscados que logran la neoclásica coreografía, e iluminación de Eli Sirlin; la minimalista música de Glass aporta buscada reiteración en el movimiento culminado a veces en dinámica ascencional. Los desplazamientos de la masa de bailarines están precisamente determinados asignándoles vital lugar en la trama, definió los caracteres de los personajes y la danza y expresión corporal de ese ser animalesco tan peculiar como Calibán. Propone situaciones de conmovedora ternura entre Miranda y Fernando y, tal como el escritor inglés, logra mostrar la belleza en su forma más serena, más mágica, más feliz: como verdad. Claro está… Wainrot debe haberse abocado con tanta dedicación -apreciable a simple vista- que olvidó que ciento cinco minutos continuados, sin cortes de ninguna especie, hoy día producen fatiga imposible de sobrellevar. Esta obra extraordinaria en el repertorio del Ballet Contemporáneo, y en la nómina de las creaciones del coreógrafo cuenta con notabilísima actuación del elenco de la Compañía. La preparación es de tal nivel que escasísimos precedentes podrían citarse; aunque resulte difícil mencionar a todos, no podemos omitir a los más destacados: Ernesto Chacón Oribe gran bailarín y actor, Silvina Cortés reiterando su excelencia, los distintos “Ariel” que Wainrot creó en cabeza de Wanda Ramírez, con los infatigables Syzard, Barreras y Poblete, el gallardo Antonio de Ariel Caramés, su bella cónyuge Bettina Quintá, el notable Antonio de Lucio Rodríguez Vidal, el casi simiesco Calibán de Adrián Herrero y todo el elenco que mostró profesionalidad excepcional. Capítulo aparte el exacto y bello vestuario, y la imponente y enigmática escenografía de Carlos Gallardo.